Francia pasa casilla, pero Mbappé queda enmascarado en su primer partido como madridista

Francia ya está en cuartos con un gol de rebote a cinco minutos del final. Pura chamba. Me suena. Ante una Bélgica 'cagona' de principio a fin, la ley del mínimo esfuerzo. Francia en estado puro. Mi puerta a cero y ya llegara la ocasión de turno. Y luego, accederá, ya lo verán, las semifinales. Y después, ya lo verán también, la final a poco que Griezmann salga del ostracismo al que le somete la pizarra y el cambio constante de posición y Kylian Mbappé se desenmascare para recuperar su relación con el gol. Que la recuperará.
En su primer partido como jugador del Real Madrid, Kylian vistió de blanco, con finas rayas azules, pero de blanco. Escorado a la izquierda, un tanto estático. Poco participativo. La mascara, sin duda, le confunde. Hasta el minuto 53 no hizo su primera y última mbappada, su acción individual clásica en diagonal de izquierda a derecha con desborde y remate. Mientras el madridista no recupere su ser, su selección se vulgariza partido a partido. Deschamps, 12 años después de llegar al cargo, ya no se ruboriza por nada. Ante Bélgica, un 1-4-3-3 ramplón. Sin profundidad, sin amplitud. Francia juega andando. Sin intensidad. La presión justa. Balones al pie. El único capaz de acelerar el pulso del equipo es Kanté. Los demás esperan que llegue el momento y aparezca el oportunista de turno. En esta ocasión, Kolo Muani, un suplente.
No me gustaría ser aficionado 'bleu'. Me cabrearía que mi equipo, que aspira a todo, sea tan rácano cuando debería marcar territorio. Claro, que mucho peor es ser red devils. ¡Qué empanada de mejillones tenía encima Domenico Tedesco! En teoría montó un once de corte ofensivo... para defender en su campo en espera de no se sabe qué. Colocar a De Bruyne de mediocentro defensivo a 50 metros del área rival suena a herejía. Y dejar en el banquillo a Tielemans, Trossard, De Ketelaere... suena a especular sin pensar que Bélgica, históricamente, ha ganado a Francia más partidos de los que ha perdido y que a este equipo galo le podría haber presentado batalla a nada que lo hubiera intentado. Ya están en casa. Es el castigo a su conformismo y falta de identidad. Fue la última oportunidad de una generación de futbolistas que nunca supo entender que una selección necesita un punto de sentido común entre valones y flamencos.