FÚTBOL FEMENINO

Cuando el Barça no ganaba Champions y el fútbol femenino era un estorbo: "Hasta pedimos un crédito para ir a jugar a Málaga"

Raquel Cabezón atiende a Relevo para repasar su carrera y explicar cómo sucedieron a la generación que impulsó el deporte femenino.

Cabezón jugó en Espanyol, Barça y Levante y fue internacional./RCDE
Cabezón jugó en Espanyol, Barça y Levante y fue internacional. RCDE
Lu Martin

Lu Martin

Raquel Cabezón (Barcelona, 1978) jugó a fútbol toda su vida. De niña, por los pasillos del campo de Sarrià, cuando acompañaba a su padre Manolo, periodista de los buenos, a las ruedas de prensa de Xabier Azkargorta, y en el colegio, con sus compañeros de clase, en L'Hospitalet, donde vivía. Desde 1994 en el equipo del Espanyol, donde jugó doce temporadas, donde llevó el brazalete y ganó dos Copas de la Reina, hasta que fichó un año por el FC Barcelona, volvió a su equipo del alma un año y colgó las botas en el Levante, donde ganó la Liga.

Forma parte de una generación de futbolistas entre las pioneras y las que ahora han roto moldes, llenan estadios, han ganado un Mundial y ganan Champions, una generación que tiró del carro en momentos duros, cuando el futbol femenino no llenaba estadios, ni portadas. Pero gracias a jugadoras como ella, dignas y llenas de orgullo, esas lluvias trajeron estas flores.

¿Usted cómo empezó a jugar a fútbol?

Con los niños de mi cole, en el Frederic Mistral de L'Hospitalet. Les acompañaba a los entrenamientos y me quedaba chutando contra la pared hasta que el coordinador, Antonio Polo, me invitó a jugar con ellos, con mis amiguitos, pero en teoría no me dejaban, legalmente no podía. Pero me gustaba tanto jugar a futbol que todo me dio igual.

¿Qué quiere decir?

Que no fue fácil.

¿Qué hicieron?

Imagine, de entrada me tuvieron que hacer una ficha de vóley, o de balonmano, no me acuerdo. Porque no me dejaban jugar con chicos. Hasta que acabé octavo de EGB, con trece o catorce años, y le comenté a mis padres que quería seguir jugando. Mi padre, por su trabajo, investigó, preguntó y encontró que el Espanyol tenía un club como asociado.

¿Asociado?

Bueno, le dejaba usar el nombre, el escudo y la camiseta, pero no pertenecía oficialmente al club. Era una organización bastante precaria. El coordinador de los viajes era el padre de una del equipo. Me hicieron una prueba y me cogieron.

Usted ya era muy perica, de familia reconocidamente perica, ¿no?

Sí, claro.

¿Cómo era aquel equipo?

Pues estamos hablando de principios de los 90, jugábamos lo que se llamaba por entonces Superliga. Tenías que tener mínimo 14 años, porque no había categorías inferiores, así que entré en un vestuario donde menos una niña de 16 y una chica de 18, el resto tenían de 20 para arriba: 25, 30, 32... gente mayor para una cría de 14, pero bueno, yo quería jugar y me dejaban jugar con ellas.

Además del Espanyol, ¿quién jugaba ese campeonato?

Yo estuve 12 años en el Espanyol y fueron cambiando los equipos, pero recuerdo que al principio estábamos nosotras, el Barça, el Sabadell, En el País Vasco el Añorga, el Sondika, el Orquieta Villaverde en Madrid, que era puntero entonces. Luego el San Vicente, que se convirtió en el Levante, fue el primero en entrar a formar parte de verdad de la estructura de un club, el primero en hacer faena de verdad, el primero en ser mínimamente serio. Por ejemplo, estaba el Málaga, pero no tenía nada que ver con el Málaga de Primera, entonces el masculino estaba en Primera. El Puebla de Extremadura...

Jugó 12 temporadas en el Espanyol. AGENCIAS
Jugó 12 temporadas en el Espanyol. AGENCIAS

¿Dónde se entrenaban, dónde jugaban?

¡Donde nos dejaban un campo! En el campo del Pubilla Casas, en el del Hospitalense, en el Pau Negre de Montjuïc... donde nos dejara el Ayuntamiento un campo gratis, donde podíamos... A veces jugábamos a las doce, otras a las seis, algún día a las dos... Dependía de cuando el campo quedaba libre. Éramos las últimas en coger horario claro. ¡Buff! ¿Y entrenar? Aquello era un drama, igual entrenábamos a las 10 de la noche, primero porque era la hora que quedaba libre el campo y porque evidentemente la mayoría trabajaban o estudiaban y poníamos ese horario o no podía ir casi nadie.

"Una vez tuvimos que pedir un crédito para ir a jugar a Málaga"

¿Os costaba pasta?

Normalmente, no... Bueno, ¡una vez tuvimos que pedir un crédito para ir a jugar a Málaga!

¿Perdone?

Sí, te cuento. Yo pagar por jugar, no he pagado nunca, pero claro, para movernos sí. Por ejemplo, a Oviedo o para jugar contra el Sondika íbamos en coches particulares y teníamos que pagar la gasolina. Y un día nos fuimos a jugar a Málaga y la mitad salimos en tren el viernes y la otra mitad, como trabajaban, salieron en avión el sábado por la mañana. Y para poder pagar los gastos de desplazamiento y de hotel, pedimos un crédito a nombre de la portera, Joana.

¿Por qué se fue al Barça? ¡La Cabezón ficha por el Barça! ¿Qué pasó? Sonó a traición...

En todo caso la traicionada fui yo. Yo no he traicionado a nadie en mi vida, y menos aún al club de mi corazón. Yo soy perica desde que nací, socia y moriré perica. Lo he dado todo por el Espanyol, y más, por el escudo y por el club. Las personas responsables de mi salida ya saben a qué fue debida. Allá cada uno con su conciencia.

Raquel, durante un partido con el Barça. AFP
Raquel, durante un partido con el Barça. AFP

Ganó dos copas con el Espanyol y una Liga con el Levante

Sí, con el Espanyol ganamos dos, la primera contra el Oroquieta Villaverde de Madrid, en el campo del Terrassa, y la segunda en Madrid contra el Málaga. Y con el Levante una Liga. Después de ese año en el Levante me retiré.

Allí jugó con Montse Tomé, la actual seleccionadora. ¿Cómo era como futbolista?

Era una jugadora muy técnica, con buen desplazamiento de balón y muy buena compañera.

¿Qué le parece como seleccionadora?

De momento está sacando buenos resultados.

¿Y transmitieron por la tele esas finales de Copa?

La primera en Terrassa sí que la dieron por la tele. Pero quitando algún derbi catalán, no daban partidos por la tele. ¡Si a mi padre, que trabaja en el Mundo Deportivo le costaba publicar cosas nuestras! Pero en aquella época no daban ni los partidos de la selección.

¿Usted jugó en la Selección?

Sí, me convocaron a los 18 años y jugué casi 70 partidos.

¿Con Ignacio Quereda de seleccionador?

Sí, claro.

¿Lo dejamos?

Hace mucho tiempo ya de eso y no puedo aportar nada que no se haya dicho ya. Prefiero quedarme con todo lo bueno que me llevé, compañeras, amigas, viajes…

Cuando ve cómo ha cambiado todo, ¿se alegra o se muere de envidia?

Hombre, envidia sientes porque me hubiera gustado vivir esta época, claro, poder trabajar como trabajan ellas ahora, tener sus medios. Pero enseguida te alegras un montón al ver que el futbol femenino ha llegado a donde ha llegado. Claro que me alegro muchísimo. Y lo siento porque pienso que sin nuestro esfuerzo, sin la piedrecita que colocamos nosotras, esto no existiría. Estoy muy orgullosa de ellas, de esta generación, pero también muy muy orgullosa, mucho, de lo que peleamos nosotras, de mi generación. Porque si las pioneras no lo arrancan y nosotras no lo continuamos, esto no existiría. No lo puedo disfrutar, pero nuestro esfuerzo y nuestro trabajo ha servido de algo. Hicimos locuras porque nos gustaba jugar a fútbol. Y lo volvería a hacer. De todas maneras...

Raquel regresó al Espanyol tras su paso por el Barça. AGENCIAS
Raquel regresó al Espanyol tras su paso por el Barça. AGENCIAS

De todas maneras, 8-0 en la final de Copa, ¿le sorprende?

A ver, se ha mejorado muchísimos, es verdad. Por eso somos campeonas del mundo. Yo recuerdo mi debut con la selección, en Motril, contra Suecia, la jugadora que se emparejaba conmigo era un submarino amarillo. No recuerdo su nombre, pero era tremenda, por preparación física y calidad técnica. No sé, supongo que ellas tenían más medios. Bueno, seguro. Por eso se ha de seguir invirtiendo, que no dependa de un único patrocinador. Porque si este cierra el grifo, igual volvemos a donde yo empecé y eso no puede pasar. No podemos perder esta oportunidad, pero no solo en el futbol, en el deporte femenino en general.

¿A qué se refiere?

Al futbol, al waterpolo, al balonmano, al baloncesto... A las mujeres. Es espectacular. O las del hockey. Eso no se debe perder, pero el deporte español no puede depender de la inversión privada. El estado ha de invertir siempre.

¿Ganó dinero del fútbol?

¡Un pastón! Mientras estudié un grado superior de preparación física, trabajé de lo que pude: de administrativa, en una tienda de deportes... Un día, viajando a Madrid en un avión para jugar con la selección, hable con un internacional muy conocido. Alucinó cuando se enteró de que nos pagaban 50 € al día de dietas. En una convocatoria de la selección podía ganar 200 euros. En los últimos tres años de mi carrera, el año que más cobre podría estar entre los 1.300 o 1.400 €, ya con 29 años.

¿Jugadora a destacar de mi época?

Marimar Prieto, una delantera madrileña a la que descubrí jugando contra ella y fue después mi compañera en la selección. Buenísima. Era pequeñita de estatura, pero iba bien de cabeza. Llevaba la pelota pegada al pie siempre, era espectacular.

¿Usted jugaba como Lauridsen?

¡Bueno, aquella melena rubia no se olvida, es irrepetible! Yo era pequeña, pero iba a Sarrià y supongo que algo se me pegó, pero era muy cría. Y Zidane era Zidane, a él sí le vi. Espectacular. De toque y buenos desplazamientos. No sé, ¡me gustaba tanto jugar a futbol...!

Y entrenadores, ¿por qué nunca lo fue?

No me vi en eso. En otras áreas sí, pero no de entrenadora. Y los tuve muy buenos, de los que aprendí mucho, Sagi, Ramón Català, Xavi Álvarez, Santi Fernández, Jordi Bransuela ¡Manolo Marquez, que está en la India!, muy buenos...