El fútbol de tierra se apaga incluso en la España más humilde: "Escuchamos mucho lo de 'esto es una mierda"
Más de 200 equipos continúan compitiendo en campos de tierra. El Campamento anhela la hierba: "Es mi ilusión antes de mi largo viaje".

"Es el undécimo material más duro del mundo". Wurtzita, Lonsdaleíta, Dyneema... Probablemente, no los habrán escuchado jamás. Balón Mikasa... Ahora sí, ¿no? Pura nostalgia. Aquella roca en forma de pelota fue un icono del fútbol de toda la vida, el de la calle, el de nuestros abuelos y padres. Una especie en peligro de extinción. El fútbol tierra. Lo que fue y lo que ya no es. Salvo en contados campos. Rincones recónditos. Cantera de leyendas, el origen del deporte. Un discurso, una epopeya y grandes recuerdos.
"Cuando llovía, dolor". "Ibas a recibir más golpes que nunca". Un flash rápido en la redacción invita a pensar que cada imagen bélica esconde una parte de belleza y otra de catástrofe. El Campamento representa, a su pesar, la resistencia de la tierra. El Ministerio de Defensa, el Ejército, un plan urbanístico y un barrio obrero. Un mejunje imprevisto para dar comienzo a la historia de un club que sobrevive desde lo más bajo y pese a habitar en la inclemencia.
El Campamento es un club situado en un barrio con el mismo nombre en Madrid. Sus orígenes obreros le llevan a ser uno de los lugares con menor renta per cápita de la capital. En sus alrededores se ubican cuarteles militares en desuso y que se encuentran en proceso de recalificación como terreno urbanizable. En mitad de esas instalaciones se encuentra la sede del Club Deportivo Campamento. Que es, precisamente, un terreno militar.
El actual campo del equipo es de tierra y, a día de hoy, es imposible de remodelar. El motivo no es otro que la propiedad de los terrenos. Pertenecen al Ministerio de Defensa, que realizó una concesión por cuatro años al Ayuntamiento y este, a su vez, al Campamento. Precisamente, la propiedad militar impide a este convertirlo en un campo de fútbol de hierba artificial, tal y como se ha hecho en decenas y decenas de instalaciones en los últimos años. Es un caso similar al de otros tantos así a lo largo del país. Quizás sin el Ejército de por medio, pero sí con dificultades económicas y de concesiones que ralentizan la modernización del fútbol.
"El Campamento es como nuestra ONG"
Presidente del CampamentoDe vuelta a Campamento, pese a existir una concesión, si Defensa decide vender los terrenos, el club debe marcharse. Afortunadamente para ellos, años y años de negociaciones invitan al optimismo: en unos años, llegará la hierba. Hasta entonces, el barrio humilde debe lidiar con las leyes de sus calles. No hay polideportivo, por lo que los niños no tienen otra alternativa que adaptarse a la tierra para poder hacer deporte y alejarse de la mala vida que, en ocasiones, existe en la zona, tal y como reconoce el presidente: "Nuestro mayor motivo para seguir compitiendo son los jóvenes. Que puedan desarrollar otro deporte y por lo menos no estén en la calle y se puedan quitar de aquello que no es bueno. Que en la calle existe, por desgracia".
Otros muchos padres, dada la calidad de las instalaciones, deciden llevar a sus niños unos kilómetros más lejos, en busca de campos de hierba que les permitan crecer y jugar bajo otras condiciones. Eso, los que se lo pueden permitir. En pleno 2023, los más pequeños deben pagar para jugar al fútbol. Incluso en el Campamento, que solo pide una pequeña cuota para la ficha y el pago a los árbitros. Sin embargo, alejarse de la naturaleza del deporte va en contra del bienestar de los más jóvenes.
Por ello, el Campamento mantiene su filosofía de que los niños, a toda costa, puedan jugar. Incluso sin pagar, como relata el presidente: "Tenemos 160 niños y hay unos 25 que no pagan. Vamos a la calle y nos los encontramos, que no suben a entrenar y les preguntamos por qué. Nos dicen que su madre no puede pagar los diez euros mensuales porque no tienen. Se te cae el alma a los pies. Les decimos que vengan a entrenar, que no se preocupen. 'Lo tuyo es el fútbol, hacer deporte y lo que haga falta, ya sacaremos de donde sea la parte económica'". Y define: "Es como nuestra ONG".
El sueño antes del largo viaje
Cruzar una puerta con incertidumbre. El panel previo a la entrada de la instalación marca un cartel que pide deportividad y respeto. Tras él, una zona imprevisible. Sin hierba, ¿qué habría ahí?, ¿estaría perfectamente pintado el campo?, ¿surcos, baches? A una hora del arranque de la jornada, ya se respiraba ambiente de fútbol. Apenas una decena de personas había llegado, para vivir la previa. Tino, presidente, nos acogió con gusto. Mientras, pedía en el bar una copa con una Coca-Cola. "Cuidado con este, que lo disimula, pero lleva whisky". Entre risas, nos presentaba a Emilio Durán.
Emilio Durán es una leyenda del Campamento. Fue uno de los fundadores en los años 50 y, a posteriori, delegado y entrenador. A día de hoy sigue ligado al club y visita el campo siempre que puede. A sus 94 años, la ilusión por el equipo de su vida se mantiene intacta. Horas antes de la final copera en La Cartuja, posaba con un chándal de su Real Madrid, aunque los chavales que llenaría 'su' campo tenían la misma importancia.
Él ha nacido en la tierra, pero espera no morir allí. "Mi ilusión ha sido siempre que los niños hagan deporte, ver a más de cien niños entrenando aquí todas las tardes. Y otra ilusión mía es esa: no quiero irme al viaje largo sin ver el campo de hierba en Campamento. Son las dos ilusiones que tengo. Cuando voy a otro barrio y veo hierba me da envidia. No sé por qué en este barrio es así", reclama.
Habla la voz de la experiencia. Durán, como allí todos le conocen, asume con naturalidad el curso de la vida. Solo espera que antes de fallecer vea el campo que siempre ha querido. En su voz, hay centenares de anécdotas. Saca su cartera y muestra las imágenes como futbolista, los Campamentos de la historia.
"Nuestra misión ha sido siempre que las juventudes de la barriada, de Campamento, hicieran deporte porque no había costumbre. Yo he jugado en Tercera División en tierra en los años 50. Pero hoy en día ni en otros países se juega en tierra como aquí. Hemos tenido mala suerte con no tener unas instalaciones deportivas en la barriada y haber dependido siempre. Todos los barrios tienen, pero nadie se acuerda de Campamento", lamenta.
Él, militar de alto rango, siempre vivió el fútbol con pasión. Ya con la cámara apagada, recordaba entre risas sus anécdotas con el Campamento mientras estaba en el cuartel. "Me las he jugado muy gordas", apuntaba con nostalgia. Es la historia de un hombre que se ha desvivido por su barrio y que lo sigue haciendo. Por ver a los jóvenes patear el balón, como en su infancia y, sobre todo, por el sueño que no dejaba de repetir: "Hay que hacer todo lo posible para conseguir la hierba antes de que me marche de viaje".
«Una decadencia» con tejados de amianto, aseos fuera del vestuario...
"Nuestro objetivo es que los jóvenes de Campamento tengan unas instalaciones dignas de este siglo". Así de rotundo se mostraba Constantino Fernández, el presidente, nada más arrancar su intervención. La palabra "digna" ya resulta reveladora. El primer vistazo ya resultaba fatal: un calor atronador, sin gradas, solo unos pequeños bancos recibiendo de lleno los rayos del sol... Un campo de tierra y una zona de vestuarios, a priori, con un deber de chapa y pintura.
No es procedente fiarse de las primeras impresiones. "Digamos que nuestras instalaciones son vintage", ríe Tino. Puede sonar atractivo, pero no es más que esos nuevos conceptos que tienden a romantizar compartir piso hasta los 67 años o vivir en medio metro cuadrado. Más contundente suena aquí: "Esto es una decadencia...".
El Campamento cuenta con vestuarios en los que no hay aseos. Sí hay en la instalación, un total de dos, y fuera de la zona de los jugadores para cambiarse. Además, los vestuarios cuentan con unos pequeños calefactores, comprados en propiedad por la propia directiva, realizando un esfuerzo económico. También continúan con bombonas por los costes de instalación.

Los tejados, repletos de plásticos, se deben al esfuerzo de comercios y trabajadores del barrio, unido al siempre compromiso de la directiva. "El club se tiene que encargar de todo el interior: limpieza, podar, el mantenimiento de las instalaciones... Hacemos de todo para poder seguir funcionando", desvela el presidente.
Mientras los terrenos no pertenezcan al Ayuntamiento, todo continuará igual. Aunque, al menos, hay progresos: "Hace unos cinco años conseguimos hablar con el Rey, que hizo una concesión de cuatro años al Ayuntamiento y el Ayuntamiento nos lo hizo a nosotros. Así conseguimos que esto se reconociera como Polideportivo y así conseguir que nos abonaran la luz y el agua de las instalaciones".
Alrededor de Campamento, el Ayuntamiento está forjando parte del bosque metropolitano que rodeará Madrid. El barrio está dentro de esos límites, lo que podría poner en jaque la supervivencia de la instalación. No será así, ya que la entidad ha conseguido el compromiso de la clase política para que, una vez sea posible, la tierra brote en hierba.
"La gente del barrio nos ha ayudado. Lo que hacen es altruismo"
Presidente del CampamentoHasta entonces, unas instalaciones de miedo atentan contra el bienestar deportivo del barrio. Relativamente cerca se encuentra también el polideportivo de Aluche, saturado. Los niños de la zona tienen pocas opciones para practicar fútbol y los problemas económicos tampoco juegan a favor: "Este es un barrio muy desestructurado, de familias humildes. Parece mentira, pero aquí es todo 'Don Dinero'".
El dinero, el dinero. Tejados de amianto, luces LED financiadas por el club, plásticos para paliar goteras, vigas de madera... "La gente del barrio nos ha ayudado a que los niños puedan practicar el deporte que quieren. Lo que hacen es altruismo. Por aquí hay muchos chicos pobres", cierra.
La leyes de la tierra
Sentimos el tremendismo. Si se han pasado por aquí esperando una historia nostálgica de sus tiempos mozos pateando el balón, entendemos que hasta ahora no la hayan encontrado. Sin embargo, hay motivos para la esperanza. El Campamento sobrevive desde los años 50, pese a no contar con unas instalaciones de hierba convencionales. Y otros muchos clubes a lo largo del país, también.
Tino llegó al Campamento hace seis años. Entonces, apenas mantenían equipos y él, junto a sus personas de confianza, se propusieron ampliar la cantera: "No sé qué medicina usamos, porque medicina no tenemos ninguna, más bien mucho polvo". Paradójicamente, los niños y niñas se adaptaron a la tierra, pese a las lluvias, el barro, las heridas. A la suya y a la de otros tantos campos...

"El beneficio de la tierra es que aquí te haces una herida con sangre y en la hierba te quemas. Pero no hay color. Esto ha quedado obsoleto. Cuando Madrid y Barcelona jugaban en barrizales, ahí sí que prefería mi campo, pero esto ha cambiado mucho", reflexiona Tino, tratando de encontrar, sin éxito, puntos positivos. Lo halló, finalmente, aunque no por la tierra exactamente: "Nuestro campo tiene 100 metros de largo por 68 de ancho. Es un campazo. Existen así muy pocos en Madrid".
Al menos, queda el ingenio. Observar partidos evidenciaba una ventaja competitiva. Los jugadores del Campamento conocían perfectamente las leyes de su tierra. El bote fatal lo controlaban. Sabían a dónde iba a parar la pelota. El portero salía cuando correspondía y resguardaba cuando entendía que el balón le podía jugar una mala pasada. Qué importante es la colocación en el fútbol base. Mientras los rivales se perdían entre la superficie, los locales lo aprovechaban. aunque no ocurre siempre, claro: "Puede ser a veces deportivamente un factor a favor de nuestros equipos. No es del todo verdad. Quien es bueno, llega aquí y nos gana".
El árbitro que dirigió el partido de la tarde también estaba curtido en mil batallas. Él, veterano de esto, ya había arbitrado y jugado sobre la tierra. Por tanto, no le resultaba tan peculiar vivir bajo esas reglas. "Este campo está muy bien. No sé cómo estaba hace tres meses, pero se nota que está muy cuidado. Aquí la principal diferencia es el balón y el bote. Esto es porque tienen que jugar con esta pelota, pero si tuvieran el Mikasa de toda la vida... Ni se notaría. El problema es que te exigen jugar con el mismo balón en los campos. Puede que haya otros que estén peor y entonces ya si se note, pero este está liso y muy bien", reflexiona.

Al menos, la diversión está asegurada. Y el dolor de cabeza a los padres, también. Los dos hijos de Tino juegan con el club y llegan a casa perdidos de barro. "Se tienen que meter en la bañera a quitarse todo. También se quedan chinitas de arena en la puerta y tienes que coger el cuchillo jamonero para quitarlas. Los niños ven los charcos y si ves cómo juegan y se tiran... Encantados de la vida, como si fuera la piscina y en pleno invierno. A los dos días están aquí otra vez entrenando. A mí me alucina", ríe.
Javier Minaya, técnico del Alevín B, también lo padece en sus propias carnes: "Como padre lo sufro y la madre también se echa las manos a la cabeza. No tenemos otra opción. Lo que hacemos es que se quiten la ropa en la puerta. Son niños. A veces hasta lo disfrutan, se tiran a los charcos y hacen de todo. Para los padres es un marrón".
Lo que a veces provoca hasta una carcajada fruto de la costumbre, no resulta así para rivales. El entrenador del Alevín B, cuenta alguna experiencia: "Hemos escuchado mucho lo de 'esto es una mierda'. A lo mejor el entrenador no te lo dice, pero muchos padres sí. Al entrar o al salir lo comentan, no entienden que un campo esté en esa situación. Le echan la culpa al club de que las instalaciones estén mal. Hay que verse aquí para que sepan realmente lo que está pasando".
Los niños, tal y como desvela, sí son más conscientes de ello. A Javier también le cuesta encontrar una ventaja de contar con unas instalaciones arcaicas: "La principal diferencia es la velocidad del balón. En la tierra va mucho más rápido. En cuanto caen cuatro gotas, se queda todo embarrado. A los niños les gusta la hierba. Es mucho más fácil aprender allí. Notas que en los entrenamientos es un impedimento la arena. Les hace ir más lentos en el aprendizaje. Es lo que tenemos. Cuando hacemos torneos, nadie quiere venir aquí, te invitan a que vayas a sus instalaciones".
Filomena, una calamidad
¿Recuerdan? Filomena en Madrid fue como el gol de Iniesta. Todos nos acordamos de qué hicimos, cómo nos afectó y en la condición que quedó la ciudad durante días. Pero no imaginamos las consecuencias para aquellos que lo padecieron de verdad. El Campamento es uno de ellos. Instalaciones que se caen a pedazos y un campo de tierra en condición impracticable. Sin dinero, sin recursos, sin posibilidad de ayudas. El apocalipsis para un club modesto que solo quería jugar.
Entonces, hicieron un llamamiento para los padres de los niños de la cantera para sacar "como locos" la nieve del campo. Tras días y días de esfuerzo, descubrieron que no habían logrado retirar ni una cuarta parte de lo necesario para poder competir. Y otro golpe directo: quitar nieve implicaba también quitar tierra.
"Tras Filomena esto parecía un bici cross, como un campo de patatas"
Presidente del CampamentoCon el paso de las horas, la nieve fue desapareciendo por el clima. Mientras los campos de hierba apenas se veían afectados, el terreno de juego del Campamento quedaba impracticable. "Mucha tierra se compactó y el campo se quedó con unas oscilaciones impresionantes. Esto parecía un bici cross, como un campo de patatas. Este año nos hemos vuelto locos y hemos pedido presupuestos para arreglar el campo. Conseguimos un proveedor que entró aquí con maquinaria pesada para alisar el campo. Nos echaron doce camiones de arena. No hemos conseguido echar la arena que corresponde, evidentemente. Tenemos piedras pequeñas en el campo", explica Tino. Otro capítulo más. Supervivencia.
La esencia
Dícese de aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas. Lo que hace que algo sea lo que es y no otra cosa. Y el Campamento es eso. Tradición, barrio. Modestia. Y tierra, claro, fútbol en tierra. Su presidente, sus entrenadores, los jugadores, Durán... Todos quieren la hierba. Es su reto, por lo que tanto llevan pelean años. Debemos reconocer que la parte nostálgica nos invadía antes de visitar al club en cuestión. Ese balón Mikasa. Cómo no. Chocar contra oleadas de inconformidad supone una narrativa contraria al discurso base. "Joder, si la tierra no tiene nada bueno", nos salió decir.
Insistimos, de nuevo, en apelar al lado emocional de las cosas. Tino, entonces, hizo recapitulación de su etapa al mando: "El campo de tierra representa para el Campamento la esencia. Si ves la de gente que viene a venir al Campa, a su nostalgia, a ver esta tierra. No ha cambiado nada. Cualquiera que viene al barrio de vuelta, viene. El Campa es de toda la vida. El Campa es Campamento. Ha existido siempre y es un referente en el barrio. Es como la Pilarica en Zaragoza. El club es un referente total para muchos de los mayores y ahora también para muchos jóvenes. Sé que muchos volverían. Esto representa el club de los padres, de los abuelos. Esto tiene mucha solera, por aquí han pasado muchísimos jugadores. El vino, el bocadillo de panceta… Es una maravilla venir aquí y a mucha gente le encanta. Si me voy de aquí y un día vuelvo, se me pondría la piel de gallina. Nos habla mucha gente. En ese sentido, se me cae la baba".

Niños de diferentes zonas de Madrid se desplazan hasta Campamento para jugar en tierra. Mientras algunos ya han vivido la experiencia en alguna ocasión, otros no han tenido oportunidad. "Se quedan alucinados. Hay algunos a los que les sienta mal. Incluso nos dicen cosas con falta de tono. 'Qué malo es esto' y por no poner un calificativo peor", cuenta Tino. Pese a la hospitalidad, un cierto grado de molestia es natural por el riesgo físico que supone para los niños. Siempre quedarán esas imágenes históricas en sus retinas: "Nosotros les decimos que van a ser de los pocos que cuando lleguen a adultos tendrán el lujo de decir que han jugado en un campo de fútbol tierra".
Siempre nos quedará la nostalgia. Y el valor de seguir en pie. Porque el Campamento también tiene que lidiar cada año con la posibilidad de que no salgan equipos. Normal. Los padres prefieren que sus hijos jueguen en hierba y el barrio es pequeño. Javier Minaya desvela las dificultades que tienen en ocasiones para alcanzar el mínimo exigido: "Antes empezábamos la temporada con siete justos para jugar Fútbol 7. Tenemos la suerte de que el colegio está cerca y que el barrio no es muy grande. Se han ido apuntando amigos del colegio".
Y continúa: "¿Somos siete? Pues un equipo de siete. A ver si con suerte después se apuntaba alguien más. Estando juntos se ha ido creando una estructura y hasta hoy en día hemos conseguido formar dos equipos. Es a base de esfuerzo y querer mantener esto a toda cosa". Dicho de otra manera, como define Tino, esencia: "Lo que has sido y eres lo tienes ahí. Nuestra esencia es nuestra antigüedad y eso no lo vamos a perder nunca".
Leyendas bajo la tierra
Forjados bajo un sol abrasador, Tino abre las puertas de la oficina del club. Es una sala pequeña, con un techo bajo que fácilmente se puede alcanzar estirando el brazo y parte de una instalación antigua. Está plagada de reliquias. Centenares de trofeos, banderillas de clubes insignia de nuestro fútbol y fotos y más fotos. Cada una de ellas guarda su historia. Incluso en varias aparece el ministro Félix Bolaños, en su día capitán del club.
Protegida bajo llave, esa sala guarda tesoros que pasarán a la posteridad. Emilio Durán, delegado y uno de los fundadores del club, cuenta historias de cada marco. La tierra desde el inicio de los tiempos ha sido huésped de un barrio que quiso sentir el deporte como otros tantos. Y en la tierra también se forjaron leyendas.

Incluso integrantes de la 'Quinta del Buitre': "Rafael Martín Vázquez jugó aquí cuando tenía 14 o 15 años. Es casi familia mía. Me lo trajeron un día y dije que era un fenómeno. Le dije a su padre que lo llevara al Madrid, que tenía madera de futbolista. Él me decía que no había visto fútbol en su vida y le insistí en que lo llevara. También tuvimos aquí a Ricardo, el portero de Osasuna y del Manchester. Tuvimos a Mesa, del Sporting; a Segundo, a Rivera… Han salido muchos chavales de aquí".
Carteles de partidos contra el Real Madrid y el escudo del Atleti. Esos duelos contra el Getafe cuando Campamento y Getafe vivían en el mismo estrato. Durán, entrenador y lo que medie, copa varias fotografías. De cuando era jugador, de cuando era delegado y de cuando era técnico. La tierra le dio la vida, pero no le apartó de su sueño: "Mi ilusión es no irme al viaje largo sin ver el campo de hierba en Campamento". Un sueño compartido por otros tantos niños de este país...
¿Cuántos equipos de fútbol tierra quedan en España?
Pese a que ya no es nada habitual, aún quedan muchos campos de tierra a lo largo del país. Curiosamente, la Comunidad Autónoma en la que más se compite en esta superficie es en Galicia, donde juegan 117 equipos (varios pueden pertenecer al mismo club) en 54 campos diferentes.
CANTIDAD DE CLUBES CON CAMPOS DE TIERRA POR COMUNIDAD
Cataluña y Madrid les siguen de cerca, con 53 y 15 equipos respectivamente. Aunque Castilla-La Mancha se cuela por medio, con un total de 17 compitiendo aún sobre la arena.
Los campos de tierra viven sus últimos renglones de vida. El contacto con algunas territoriales revela la duda en torno a la cuestión por la cantidad de clubes y campos que están en el proceso de cambio. Aragón cuenta con 12 campos sin conocer cuántos equipos compiten allí; en Valencia, entre cinco y diez campos; en Asturias, tres...
"Martín Vázquez estuvo con nosotros. Le dije a su padre que lo llevara al Madrid"
Uno de los fundadores del CampamentoNavarra cuenta con dos clubes, pero no todos sus equipos compiten en la misma superficie. Andalucía, Ceuta, Extremadura y Murcia no cuentan con referencias inmediatas y otras tantas Comunidades Autónomas han puesto fin a la vida sobre la tierra: Islas Baleares, Islas Canarias, Castilla y León, Cantabria, País Vascos, La Rioja y Melilla.
Ya son pequeños rincones y su nostalgia. La tierra que nos vio nacer, nos vio crecer y tantos momentos dio con una pelota de por medio. Los tiempos cambian y ya hasta los ejes más humildes le dan la espalda al origen del balón. Nada nuevo. Es el progreso. Disfruten mientras puedan con las imágenes de Salva. Puede que sea el último beso a aquel primer fútbol. El de siempre.