OPINIÓN

Inaceptable: los jugadores del Getafe desobedecen a Bordalás de mala manera

Bordalás, técnico del Getafe, en el partido de ayer ante el Barcelona. /EP
Bordalás, técnico del Getafe, en el partido de ayer ante el Barcelona. EP

"Nosotros no salimos al campo a hacer faltas. Mi mensaje es todo lo contrario, que tengamos cuidado, que no lleguemos tarde, que si llegamos tarde nos paremos. Que no hagamos faltas innecesarias..."

"No hay entrenadores que digan a sus jugadores que salgan a dar patadas y hacer faltas. Ojalá pudiéramos tener el balón, tener a los jugadores que tuvo Del Bosque. Si tienes el balón no haces faltas, te las hacen a ti..."

"Me gustaría tener un equipo que pudiera tener posesiones largas y que el rival no tuviera la capacidad de quitarme el balón. Pero tenemos los jugadores que tenemos. No hay una única forma de jugar al fútbol..."

Estas palabras y muchas más, como que el estilo de juego de su equipo se había convertido en un ejemplo que otros estaban copiando, salieron de la boca de José Bordalás en abril de 2021, en vísperas de que su Getafe de entonces se enfrentara al Real Madrid. La entrevista realizada por quien esto firma se publicó en El País y a lo largo de toda la charla el técnico intentó reivindicar su manera de entender el juego. Ya entonces, a aquellos azulones se les criticaba por su agresividad malentendida, sus constantes faltas, sus interrupciones, sus pérdidas de tiempo...

Bordalás sobre el juego violento y las justificacionesLALIGA

Comentando en directo en Onda Cero el partido contra el Barça de este domingo y viendo el comportamiento de bastantes de sus jugadores, todas aquellas frases del técnico alicantino comenzaron a revolotear en mi cabeza y no tuve más remedio que releerme aquella entrevista. Una vez revisada, es evidente que, o Bordalás piensa una cosa y predica otra, o que sus futbolistas le desobedecen de mala manera y de forma reiterada. Especialmente en el encuentro en cuestión. Que suceda esto en el fútbol de la inteligencia artificial es inaceptable. No se puede consentir que el entrenador marque unas líneas de conducta y Damián Suárez, Gastón, Mitrovic, Duarte, Mata y compañía hagan todo lo contrario de lo que se les recomienda y peguen patadas con balón y sin balón; con los pies, los puños, o los hombros; en el marco de la jugada o con el balón alejado.

Alguien en el Getafe tiene que tomar medidas. O su omnipresente presidente, o el propio entrenador, que no debe ni puede consentir que su mensaje futbolístico sea malinterpretado por sus futbolistas hasta el punto de cometer 20 faltas, ver ocho tarjetas amarilla y una roja y solo tener el 25 por ciento de posesión, a pesar de estar media hora con un hombre más. Es imperdonable e inadmisible que Bordalás le diga a Damián Suárez "que tenga cuidado, que si va a llegar tarde a un balón, se pare" y el uruguayo le pegue un crochet en el estomago a Gundogan, un codazo en el cogote a Lewandowki y alguna que otra caricia más al rival de turno que pasara por su lado.

En esa materia, la desobediencia a su entrenador, Damián Suárez saca matricula de honor en todos los partidos y todas las temporadas. Se ha leído todos los libros de texto escritos sobre aquel Estudiante de la Plata de los 70 con Zubeldía en el banquillo y Pachamé y Bilardo afilando tacos y no puede disimular que, como buen uruguayo, por sus venas corre sangre espesa y caliente, esa que es capaz de ganar un Mundial (1950) en Maracaná ante 150.000 brasileños y que llevó a Nacional y Peñarol a la cima del fútbol sudamericano.

Para desgracia de Bordalás, además, el ejemplo de Damián está siendo seguido casi al pie de la letra por otros compañeros, que entre sorbo y sorbo de mate, aprenden de su ídolo lo bueno y lo malo. Defender bien pegadito, con anticipación y colocación, pero también dominar el arte de pegar sin que el árbitro te vea -no vio la tarjeta amarilla gasta el minuto 83-, huir rápido de la escena del crimen o hacerse el muerto para crear el enigma de la duda en el colegiado.

Para el Getafe hubiera sido una verdadera pena que la mala interpretación, por parte de los jugadores, de las consignas recibidas desde el banquillo, pudieran haber tirado por tierra los puros planteamientos tácticos del entrenador: su ordenada línea defensiva de cinco hombres, que con el marcaje de Maksimovic a Pedri era prácticamente de seis, es decir la mitad más uno de los hombres de campo. Sus objetivos se vieron cumplidos. Primero, que el rival no pudiera desarrollar su juego y segundo que además se fuera del partido por la 'bronca' constante en la que se había convertido y que acabó con Raphinha y Xavi en la calle.