"Me puse una banda gástrica porque estaba tremendo, me costaba atarme los cordones. Llegué a pesar 121,5 kilos"
Javi Moreno, exfutbolista internacional, narra a Relevo sus problemas con el peso antes y después de colgar las botas.

En julio de 2019, diez años después de colgar las botas en el Córdoba al verse "con cuatro, cinco o seis kilos más de los que debía", Javi Moreno tomó otra gran decisión en su vida: operarse y ponerse una banda gástrica que regula su ingesta de alimentos.
El peso fue su enemigo durante la etapa final de su carrera como futbolista, que vivió en equipos como el Alavés, el Atlético de Madrid o Milan, pero sobre todo, después de dejar el fútbol en activo. "Me dio por comer, por viajar, por conocer mundo; encima, me acababa de separar. Una serie de cosas que me pasaron en mi vida y engordé, engordé bastante", reconoce el exjugador valenciano, que llegó a pesar 121,5 kilos. "Me puse la banda gástrica porque que vi que me ponía tremendo, que ya me costaba agacharme a atarme los cordones, me costaba hacer cualquier ejercicio físico. Me veía muy pesado, siempre quería estar en el sofá, sentado, ahora estoy mucho más activo", asegura el actual entrenador de la SD Tarazona, donde vive el fútbol desde el otro lado de la báscula.
¿Qué tal, Javi? ¿Cómo va tu vida de entrenador por Tarazona?
Pues la verdad es que muy bien, muy contento. Feliz, porque encima estamos ahí entre los cinco primeros [en Segunda RFEF], aunque todavía queda mucho. Y la verdad es que tenemos un reto muy importante, porque no deja de ser un pueblo, un equipo muy humilde, y estamos ahí metidos en la pomada. Vamos a ver si somos capaces de llegar hasta el final en las mismas condiciones.
¿Pensabas en ser entrenador cuando aún jugabas?
No, ni lo pensaba ni lo dejaba de pensar. He tenido siempre la suerte o la fortuna de vivir al día y lo que me ha deparado la vida, pero la verdad es que creo que he acertado de lleno porque me apasiona. Es lo que me gusta, me gusta estar con los jugadores, enseñarles mis vivencias, las cosas que yo viví en primera persona. En ese aspecto, estoy contento y satisfecho.
¿A qué juegan los equipos de Javi Moreno?
Todo depende de los jugadores que tenga. Este año he tenido la suerte de empezar desde el inicio, desde la pretemporada, y hemos firmado jugadores del estilo que me gustan a mí. No he tenido la suerte otros años de tener esa posibilidad, tenía que coger equipos en descenso y cuando coges equipos en descenso y tienes mucha necesidad, la forma de jugar es muy diferente. Mis equipos me gusta que sean muy verticales, con gente rápida en las bandas, me gusta llegar por banda, que haya centros laterales... Dependiendo siempre del rival que tengas delante, me gusta jugar al balón desde atrás pero intentando asumir los menos riesgos posibles. Al final, el entrenador lo que quiere es eso, no asumir riesgos en campo propio y asumir riesgos en campo contrario, pero todo va a depender siempre del futbolista. Los futbolistas son los que te marcan la dirección de cómo va a ser tu equipo: si tú tienes buenos futbolistas, sabes que puedes jugar a fútbol; si no tienes buenos futbolistas o la necesidad es otra, pues a lo mejor eres mucho más práctico de lo normal.
De los entrenadores que has tenido, ¿quién es el que más te ha marcado y te ha podido influir ahora en tu nueva etapa?
Siempre lo he dicho y siempre lo voy a decir, he tenido la suerte de tener muy buenos entrenadores: Luis Aragonés, Mané, Ancelotti, que son los más conocidos, pero a mí que me haya marcado en su día, Mané, por el trato que tenía con el futbolista. Era un tío muy serio, muy seco, pero a la misma vez muy cercano. Y otro que me marcó para muy bien fue Paco Jémez. Lo tuve de entrenador en el Córdoba y me identifico mucho con él. A lo mejor tenemos una forma diferente de ver el fútbol o de asumir riesgos, pero me identifico mucho en la forma de tratar al futbolista, de ser cercano con él, en empatizar con ellos mucho. Al final, nosotros hemos sido como ellos, y la verdad es que me dejó marca Paco Jémez. También, con la energía que nos transmitía antes, durante y después de los partidos. Tanto si ganabas como si perdías te transmitía buen rollo, pasión por el fútbol, te transmitía que había que ir siempre a una, y eso es lo que yo intento también transmitirle a mis jugadores. Era un tío muy directo a la hora de decir las cosas al futbolista, muy claro, y los entrenadores que me gustaban eran así. A mí el entrenador que te dice una cosa y luego hace otra, prefiero que no me diga nada y que él haga lo que tenga que hacer.
¿Y qué te decía Luis Aragonés?
Luis Aragonés también era un tío muy directo, era muy campechano, muy cercano, con su humor a veces un poco raro, pero era un tío muy llanote, que sabía medir muy bien los tiempos con la prensa, con la gente que tenía alrededor, con los propios jugadores. Los que hemos sido jugadores primero y luego entrenadores, la ventaja que tenemos es el trato con el futbolista, que sabemos lo que piensan o lo que dejan de pensar. A veces Luis venía y se ponía al lado tuyo: "Yo ya sé usted lo que piensa de mí". Son anécdotas, pero tenía toda la razón. Yo ahora muchas veces como entrenador miro a los futbolistas y pienso "estás pensando esto de mí aunque no digas nada, y lo sé". Sí que es verdad que nuestras generaciones no tienen nada que ver con las de hoy en día, nosotros hemos pasado más calamidades, nos hemos criado en la calle, que es una de las ventajas que teníamos nosotros. Nos hemos criado en la calle, hemos jugado al fútbol en la calle. Hoy en día no ves a niños jugando en la calle, y nosotros cogíamos cosas de la calle que eso no se aprende en un campo de fútbol, se aprende en la calle. Es la gran diferencia de antiguamente al fútbol moderno, de hoy en día.
¿Cuál es tu reto como entrenador?
El mismo que de jugador: intentar llegar lo más alto, lo más arriba posible. Cuando era pequeño tenía una cosa metida en la mente que me la inculcaron desde que era pequeñito, que era ser internacional con la Selección absoluta y jugar en uno de los mejores equipos del mundo. Y he tenido la suerte de ser internacional por mi país, que es lo más grande que te puede dar el fútbol, y jugar en un equipo grande como fue en su día el Milan. Entonces, como entrenador, por aspirar, quiero aspirar a lo más grande, pero hay que tener los pies en el suelo, seguir trabajando, seguir siendo humilde y al final el fútbol te pone donde tienes que estar.
Hablas de aspiraciones, de llegar a lo más alto. ¿Te fijas en Ancelotti? ¿Cómo fue tu etapa con él?
Ancelotti llegó en la undécima jornada, antes teníamos al turco, a Fatih Terim. Era un tío muy cercano con el jugador, hablaba con nosotros mucho. Sí que es verdad que tenía un equipazo, veinticuatro, veinticinco futbolistas a cual mejor, y eso es difícil de gestionar, pero él fue un tío muy claro, un tío muy directo, y a pesar de que cuando vino no estábamos muy bien, al final nos metimos en Champions y al año siguiente el Milan ganó la Champions. Es lo que veis, un tío muy educado, muy cercano, que cuando te tiene que decir algo te lo dice, no se calla. Y es un tío muy respetuoso en todos los aspectos del fútbol.
"Ancelotti es lo que veis, un tío muy educado, muy cercano. Cuando te tiene que decir algo, no se calla"
Exfutbolista y entrenador de la SD Tarazona¿Cómo de estricto eres tú con los jugadores? Ya has dicho que te gusta hablar con ellos, ser cercano también.
Lo que tengo muy claro y les digo es que me considero uno más de ellos. En lo que es fuera del campo, quiero intentar ser uno más de ellos, aunque es difícil y complicado, porque al final tú eres el entrenador y ellos te ven como esa persona, pero dentro del campo, en el verde, no conozco a ninguno. En el verde hay que entrenar a full, desde el minuto 1. ¿Una hora y media? Una hora y media. ¿Una hora y veinte? Una hora y veinte. ¿Una hora? Una hora. Esa hora hay que entrenar. Y ahí no conozco a ninguno. Siempre lo he dicho, que voy a hacer lo mejor para el equipo, no para el jugador, aunque le tenga más cariño a unos que a otros. Si uno no está bien, por mucho cariño que le tenga no va a jugar. Lo siento, pero es así, es lo que he mamado desde pequeñito.
"No pienso que un partido lo vayas a ganar o perder porque te comas un trozo más de pan o porque te bebas una Coca-Cola"
Exfutbolista y entrenador de la SD TarazonaLuego, fuera, hay entrenadores que le dan mucha importancia a muchas cosas. Yo a lo mejor no se la doy tanto: que estén con el móvil en las comidas o en el vestuario antes de que yo entre a dar la charla o en el autobús… Muchas cosas que hay muchos entrenadores que son muy estrictos, y es respetable, yo a lo mejor no lo soy. No pienso que un partido lo vayas a ganar o lo vayas a perder porque estés hablando por el móvil o porque te comas un trozo de pan más que otro o porque te bebas una Coca-Cola o no te la bebas. Ahí soy más de soltar la mano. Luego en otras cosas sí que soy más estricto, pero fuera de lo que es el verde la verdad es que no soy muy estricto.
Me alegra que hayas nombrado tú mismo el tema alimenticio porque precisamente te iba a preguntar cómo de estricto eres también con el peso. ¿Pagan muchas multas o no es algo que controles especialmente?
Yo soy una de las personas que, en su día, cuando ya era más veterano, tuve problemas con el peso y yo se lo digo a ellos, que tienen que estar en el peso. Los suelo pesar una vez cada dos semanas. Tengo la suerte de que en el equipo en el que estoy no tengo ninguno así muy elevado. Siempre hay alguno que viene con medio kilo más, un kilo más, pero son cosas circunstanciales y que tampoco pasa nada porque una noche uno cene un poco más o desayune un poco más. No pasa nada. El problema es cuando un tío pesa cuatro o cinco kilos de más. Tiene mucho riesgo de que tenga cualquier lesión o de que tenga cualquier percance. Ahí sí que soy duro. Pero lo demás es que es la vida, es así. No hay que ser militar. Esto es fútbol. Militar hay que ser en el campo, que es donde realmente el futbolista es donde se está exigiendo y está disfrutando también.
Dices que tuviste problemas con el peso durante tu carrera, ya de veterano. ¿Cuándo empezaste a lidiar con la báscula? ¿Cómo lo viviste?
En la recta final. Te metes con 33, 34, 35 años, ya vienes de vuelta, la exigencia ya no es tan grande como cuando eres joven, vienes de jugar en equipos grandes y tal y te dejas ir un poco. Y cuando te dejas ir y el sacrificio no es tan grande, pues empiezas a coger kilos y cuando empiezas a coger kilos, empiezas a tener lesiones, y cuando empiezas a tener lesiones llega un momento en que te tienes que retirar. Yo con 35 años me tuve que retirar por eso, porque me había puesto con cuatro, cinco o seis kilos de más y ya me pasaban. Cuando te pasan por al lado dices: 'Voy a dar un paso para atrás y que jueguen los chavales'. El fútbol es así, el fútbol tiene una edad. La gente que se cuida mucho y que se cuida al límite de todo, pues seguramente estire mucho más su carrera, y el que no, 34, 35, 36 años, ahí acaban.
Sobre si es estricto con la alimentación de sus jugadores: "No hay que ser militar. Esto es fútbol. Militar hay que ser en el campo"
¿Cuál era tu peso, tu buen peso, cuando jugabas?
Entre 78, 80, 81 kilos. Es la época mía del Alavés, del Milan, del Atlético de Madrid, Zaragoza. Entre 78 kilos y 82 kilos. Me manejaba por ahí, y la verdad es que en esa época me encontraba muy bien y tuve la suerte de hacer grandes años.
¿Te costaba mantenerte en ese peso, Javi? ¿Para ti era un sacrificio grande controlar la alimentación y ajustarte a esas cifras?
No, en aquella época no, porque era mi genética y sólo con el deporte que hacía entrenando… Pero una vez empiezo a tener 31 o por ahí ya empiezo a ver que el peso ya no me lo quito con tanta facilidad, que empiezo a meterme con 84, 85, 86 kilos. Y llegaba el verano y querías quitarte cuatro o cinco kilos y te quitabas sólo uno y medio o dos, ya era más difícil. Pero bueno, es que eso es parte de la vida. Está claro que la gente que se cuida mucho dirá: 'Si no hubiera comido, no habría engordado'. Es evidente, si no hubiera comido, no habría engordado, pero en ese momento el cuerpo me pedía eso, me apetecía eso y lo comía. Y la verdad es que más acertado o menos acertado, los futbolistas cuando ya tienen una cierta edad hacen menos hincapié en otras cosas.
¿Qué comidas eran ésas que te apetecían y que eran menos adecuadas?
Yo era buen comedor, me gusta casi todo. La paella me encanta, el arroz me encanta, cualquier tipo de arroz. La verdad es que era buen comedor, no tenía peros a la hora de comer.
En ese momento en el que te das cuenta de que tu cuerpo está cambiando, que estás cogiendo peso, ¿cómo lo gestionas? ¿Hablas con los médicos del club, con el nutricionista del equipo…? Porque no creo que hayas padecido ningún tipo de trastorno alimenticio, ¿no? De haberte dado un atracón y vomitarlo.
No, eso no, eso no. Cuando estoy en el Córdoba y empiezo a notar que me iba de peso un poco más sí que me puse con una dieta, perdí peso. Justamente fue el año que me lesioné. El Córdoba ascendió a Segunda división, y me lesioné porque tenía a lo mejor cinco o seis kilos de más. Me lesioné en lo mejor, en la liguilla de ascenso, con los cuatro últimos partidos de liga. Me lesioné y ahí me cuidé, y la verdad es que el año siguiente en Segunda división volví a jugar con el Córdoba y más o menos estaba en mi peso. Estaba bien y volví a meter siete u ocho goles en Segunda división, y lo disfruté ese año.
Hay una frase que le oí hace poco a Aimar hablando de la movilidad del cuerpo que me gustó mucho. Dice que "con 20 años el cuerpo es un violín". Conforme pasan los años, eso va cambiando, y más aún si le añades una problemática con el peso. ¿Cómo asumiste ese momento en el que te das cuenta de que te pasan por al lado y que el violín es más bien un violonchelo?
La suerte que tenemos los que hemos jugado al fútbol a nivel profesional es que mentalmente pensamos muy rápido con el balón en los pies. Yo a día de hoy me pongo a jugar con mis futbolistas y es difícil que me la quiten. Si me la quitan es porque fisicamente no estoy y cuando yo doy cuatro pasos él ha dado dos, y me la quitan por eso. Pero nosotros agilidad mental tenemos mucha y muy rápida, y ésa es la gran ventaja que tiene el futbolista que ha sido profesional. La diferencia entre los profesionales de Primera división es ésa: la agilidad mental, la toma de decisiones, a la hora de decidir en el campo, saber decidir rápido. Y eso sí que se entrena, se entrena en espacios muy reducidos, en hacer hacer ejercicio muy reducidos. El futbolista, aunque no lo crea y piensa que no lo mejora… Yo lo veo en mi equipo hoy. Suelo meter muchos ejercicios reducidos y ves futbolistas a principio de temporada y ahora y dices, han cambiado, no pierden el balón tanto como lo perdían antes. Eso sí se entrena. La calidad no se entrena, quien la tiene la tiene, y quien no la tiene no la tiene. Pero es verdad que cuando te haces mayor, que ya tienes 34 o 35 años, y ya vienes un poquito de vuelta y tal, ves que haces un regate y enseguida lo tienes al defensor otra vez y dices: 'Ya no me voy como me iba antes'. O una carrera larga. Una simple carrera a lo mejor de veinte metros que tú le llevas ventaja al defensa dos o tres metros, y llega el defensa antes que tú, ahí es cuando realmente te estás dando cuenta de que te tienes que quitar del medio, porque no estas físicamente bien, porque no estás bien mentalmente, porque estás mayor, estás cansando, tienes niños y a lo mejor no descansas… Todo eso influye.

Tú te retiras con 35 años y, ¿cómo fue tu vida a partir de entonces respecto al peso? Porque tú y yo nos conocimos personalmente con amigos futboleros en común, con una paella muy rica en tu casa, en València, y ese día nos contaste que te habías operado, que te habías puesto una banda gástrica.
Sí. La verdad es que cuando dejé de jugar al fútbol me dio por comer, por viajar, por conocer mundo; encima, me acababa de separar. Una serie de cosas que me pasaron en mi vida y engordé, engordé bastante. Hace unos años [julio de 2019] decidí operarme, ponerme una banda gástrica, y me ha ayudado. Es verdad que ahora mismo no la llevo muy drástica o muy estricta. Tampoco voy a hacerme muchos controles, porque tampoco quiero estar tan flaco, porque me encuentro bien. No estoy gordo pero tampoco estoy flaco, estoy bien. Me puse la banda gástrica porque hubo un momento en mi vida que vi que me ponía tremendo, que ya me costaba agacharme a atarme los cordones, me costaba hacer cualquier ejercicio físico. Me operé y, de momento, me está yendo muy bien. Sí que es verdad que hay momentos que a la hora de comer según qué comidas pues me cuesta mucho, pero aún así estoy contento porque me permite no estar engordando habitualmente como yo engordaba antes. Yo antes me comía una cosa y engordaba, y ahora a lo mejor esa cosa me la como, pero si antes me comía diez, ahora me como tres. Ésa es la diferencia, que ahora no me puedo comer diez porque el cuerpo no me lo permite.
"Cuando dejé el fútbol me dio por comer, por viajar"
Has dicho que hay alimentos que te cuesta comer.
Sí, por ejemplo, el pan, la carne. La carne, sobre todo, me cuesta mucho. La bollería. Todo lo que son cosas que se puedan hacer pastosas, me cuesta. La bollería, el pan Bimbo, el pan, la carne. Depende de qué tipo de carne, tú masticas y la carne llega un momento que se hace bola, pues ese trozo de carne yo no me la puedo tragar porque se me queda aquí en el esófago y no me pasa, y al final la tengo que vomitar, la tengo que echar. Entonces, dependiendo de qué comidas, puedo comer o no. Hay otras cosas que sí puedo comer, pero tengo que masticar mucho, tengo que masticar bien para que me pase. Aún así, hay momentos cuando estoy nervioso, cuando estoy acelerado porque me viene un partido o lo que sea, se me cierra el estómago y da igual lo que coma, que no me entra nada. Hasta que no me relajo y estoy tranquilo, no me entra nada.
¿En qué consiste como tal llevar la banda gástrica?
El balón gástrico va dentro del estómago, la banda va por fuera del estómago. La banda es como si fuera un reloj que te aprieta al comienzo del estómago y te lo estrechan. El conducto por donde pasa la comida, si antes lo tienes así abierto [lo explica con las manos] y te pasa todo, pues ahora te lo cierran y te lo hacen pequeñito para que pase menos comida. Te sigues alimentando, pero en vez de comerte una vaca, pues te comes un cuarto de vaca. Y eso te lo aprietan ellos dependiendo de la necesidad que tú tengas, de cómo te sientas cuando te entra la comida. Eso te lo van reajustando hasta que tú te encuentras bien o si quieres perder más peso. Si yo ahora quiero perder más de peso, voy y me la aprietan un poquito más, la reajusto, con lo cual tengo que comer todo mucho más lento, mucho más despacio. A lo mejor tú comiendo tardas una hora y yo tardo dos.
¿Y te operan cada vez?
No, no, es un pinchazo. Tú aquí dentro de la piel tienes como una ventosa, donde te pinchan, pero no duele, ¿eh? Te pegan un pinchacito y ahí te meten el líquido en la ventosa esa. Ponen el agua fisiológica y eso va por un conducto donde te aprieta la banda. Es una operación curiosa. No hace daño, no molesta, te operan y en el mismo día estás en casa.
Y una vez te pusieron la banda, ¿cuánto tiempo tardaste en volver a comer?
Los primeros días tienes que comer lo que te digan ellos, pero luego puedes comer lo que quieras.
¿Te puedo preguntar cuánto llegaste a pesar? ¿En qué momento dices hasta aquí?
Pues mira, llegué a pesar antes de operarme 121,5 kilos, más o menos. Y a día de hoy estoy pesando 102-103, a veces 98, pero no estoy pesando más de 103. Dependiendo a lo mejor de lo que ceno o como cada día, peso un poco más o un poco menos, pero llevo así ya un par de años que no estoy engordando, no engordo. Me he estancado en ese peso. También es verdad que me rompí la rodilla jugando un partido con los veteranos y ahora no estoy haciendo mucho deporte, y a lo mejor por eso tampoco estoy perdiendo peso, pero tampoco estoy engordando. En ese aspecto estoy contento, poder hacer una vida normal, a pesar de no poder hacer deporte. Puedo meterme a hacer un rondo con los jugadores o jugar un fútbol-tenis, que es prácticamente estar en parado. Todo eso sí lo puedo hacer. lo que no puedo hacer, porque me da miedo, es meterme a jugar un partido a un ritmo alto, no lo voy a hacer porque no tengo la rodilla en condiciones.
¿La derecha? ¿La izquierda?
La derecha, la derecha.

Has bajado casi veinte kilos desde la intervención.
Sí, ahora estoy bien. Hará quince días que no me he subido a la báscula y no sé lo que peso, pero yo me lo noto, que más o menos estoy en el mismo peso. Me lo noto sobre todo en la ropa, cuando te la pones. Yo me veo bien, no me veo pesado como me veía antes. Me veía muy pesado, siempre quería estar en el sofá, sentado, ahora estoy mucho más activo. Al final, aunque no lo creas, coger peso no es bueno.
"Me veía muy pesado, siempre quería estar en el sofá, sentado, ahora estoy mucho más activo"
Cuando ves partidos de fútbol, ¿te fijas en la forma física de los futbolistas en cuanto al peso? ¿Es algo que a ti te llama especialmente la atención?
A nivel profesional o semiprofesional como estamos jugando nosotros, tienes que estar en el peso, si no, no puedes jugar al fútbol. En nuestra época a lo mejor estabas dos o tres kilos por encima y no pasaba nada, pero hoy en día la estética hace mucho y el estar tres o cuatro kilos por encima de tu peso te va a hacer no rendir a tu máxima nivel. La gente tiene que cuidarse, tiene que estar fina, porque encima te están pagando para ello, te están pagando para cuidarte. Lo tienes que hacer. Lo que pasa es que cuando tú estás ahí, como están ahora mis jugadores, pues no te das cuenta, porque eres joven y tal y dices: 'Ahora me como esto y no pasa nada y mañana lo quemo'. Y yo se lo digo a ellos: 'Vamos a ver, que lo que hacéis vosotros lo he hecho yo, que no me vengáis con excusas, que no me vengáis con tonterías, que me ha pasado a mí. Que las mentiras que me estáis diciendo las he dicho yo también'. Y se lo digo: 'Os tenéis que cuidar, que si os cuidáis vais a alargar más vuestra carrera y os vais a encontrar mejor dentro del campo'. Pero al final la gente joven muchas veces cuando le dices las cosas dicen: '¿Y este tío qué me está contando, si no tiene ni puta idea?'. Y es la realidad, pero es que es la vida, en todos los aspectos. Como cuando tu padre te dice: 'Hijo, ten cuidado, no te juntes con éste, que éste no sé qué…'. Y tú: 'Papa, jolín...'. Y luego resulta que tenía toda la razón del mundo. Pero te tienes que equivocar y te tienes que dar un cabezazo contra la pared para darte cuenta de que te estás equivocando.
¿Alguna mentira de ésas que colaras tú en su momento y que nos puedas contar como anécdota?
Lo típico: 'No, es que he desayunado mucho o es que anoche me bebí dos litros de agua para cenar, antes de irme a dormir'. Tonterías. Eso son chorradas. Cuando uno llega y pesa cuatro o cinco kilos de más no es porque te hayas bebido dos litros de agua el día de antes, es porque llevas días haciendo cosas que no debes hacer.
"Les digo a mis jugadores que no me vengan con excusas, que las mentiras que me están diciendo las he dicho yo también"
Cuando estáis jugando, estáis bajo muchos controles y miradas, pero cuando se acaba el fútbol, ¿cómo se gestiona el autocontrol? Porque muchas veces da la sensación de que se deshumaniza al futbolista, que sólo se os ve como tal, pero sois personas con todas vuestras vicisitudes y características. Aún más cuando colgáis las botas, ¿no?
Cuando dejas de jugar al fútbol, al final es la personalidad que tenga cada uno, la educación que le hayan dado. Yo he tenido la suerte de tener unos padres que me han dado una educación muy buena y cuando dejé de jugar a fútbol, lo tuve muy claro, que ya no iba a volver a jugar y no hice ninguna locura, no hice ninguna trastada. Sí que es verdad que era joven y quería pasármelo bien y quería viajar, quería conocer mundo, pero no hice ninguna locura. Tengo 48 años y en 48 años que tengo no sé lo que es ningún tipo de droga. Muchos futbolistas, cuando dejan de jugar, hacen cosas que no deben de hacer y ésa es la pena. Pero eso es la mentalidad que tú tengas, la fuerza mental también. El irse por esos derroteros es lo fácil. Eso va en la personalidad de cada uno. Está claro que cuando estamos jugando te ven como si fueras un robot o una persona muy importante y, al final, somos personas. Somos personas. Personas que tenemos los mismos problemas que puede tener cualquier otra. Pero eso es lo que demanda el fútbol, la gente nos ve así y hay aceptarlo y respetarlo de esa manera. Yo siempre lo he dicho, que sigo siendo la misma persona que cuando tenía 15, 20 o 25 años. Sí que es verdad que el fútbol me ha dado la oportunidad de vivir mejor y tener mejores cosas, pero sigo siendo la misma persona que era antes.
"Tengo 48 años y no sé lo que es ningún tipo de droga. Muchos futbolistas, cuando dejan de jugar, hacen cosas que no deben"
Exfutbolista y entrenador de la SD Tarazona¿Crees que durante vuestra carrera tendríais que recibir algún tipo de consultoría, por no decir ayuda, para planificar y afrontar la vida después del fútbol? Por todos los cambios que conlleva, para prepararos para ese día de mañana a todos los niveles y evitar problemas posteriores y mantener una vida ordenada: desde el peso hasta la economía o el estilo de vida. En Estados Unidos empieza a ser común en muchos deportes.
Yo creo que el fútbol es un deporte pero que no deja de ser un trabajo como cualquiera, y en otros trabajos no los ayudan tampoco. No somos tan importantes. Somos importantes mientras jugamos, pero cuando dejamos de jugar, cada uno tiene su vida, sus problemas, sus historias. Y cada futbolista es un mundo. Hay futbolistas que a lo mejor necesitan ayuda, pero otros no quieren ayuda, quieren vivir su vida y disfrutar de la vida. Entonces, eso tendría que ser libre, que el futbolista pidiera ayuda. Hay psicólogos que te ayudan después de jugar al fútbol. Eso es algo personal de cada uno. Para eso están los psicólogos, tu familia, tus hermanos, tus padres, tu gente y tú mismo, que tienes que hacerlo. Y si te equivocas, te equivocas tú.
Los hay que se mantiene más ordenados, otros menos. También en cuanto al peso.
Hay algunos que los ves y están igual que yo, y otros están peor que yo y otros parece que siguen jugando al fútbol. Al final, es normal de la vida. Cada uno tiene su forma de ser, su constitución, a unos les gustarán más unas cosas, otras menos. Es que es la vida.
Vi en tu Instagram que en la comida de Navidad les hiciste dos paellas a tus jugadores. ¿Eres cocinillas?
Sí, la verdad es que me gusta, se me da bastante bien, según qué cosas. No pienses que soy ningún cocinero de hacer cosas elaboradas. Pero las cosas que he visto a mi madre hacer o a mi hermana, se me da bien, tengo buena mano para eso y de vez en cuando, cuando me piden hacer una paella, la hago. El otro día los invité a los jugadores a comer dos paellas y la verdad es que me salieron súper buenas.
¿La paella, con la banda, la puedes comer bien?
Sí. Puedo comer de casi todo, pero tengo que masticarlo mucho. Lo que está claro es que antes a lo mejor me comía media paella y ahora me como un plato, ésa es la diferencia.
"La banda es como si te operas de las tetas o te pones culo. Si no te molesta, no te la quitan"
¿Y cuál es el procedimiento ahora con la banda, la vas a llevar siempre o te la quitan en algún momento?
Sí, en principio es una cosa que llevas ahí, como si te operas de las tetas o te pones culo o te pones cualquier cosa. Eso está ahí y si no te molesta, no te lo quitan. De momento no me está dando ningún problema. Estoy contento.
Es paradójico pero al final, Javi, tanto como con el peso como en el fútbol, lo importante no es llegar sino mantenerse.
Sí, eso es así. Siempre lo decía, que cuando llegas arriba, lo difícil es seguir estando ahí arriba. Y en el peso pues lo mismo, tener una edad y seguir en el mismo peso que cuando tenías 20 años, pero conseguir eso es muy difícil.
¿A ti cuál de las dos cosas te costó más?
Las dos, las dos me han costado. Yo no tuve la suerte llegar con 18 años, llegué ya con 24 o 25 años a Primera división. En Segunda sí que debuté mucho antes, pero llegar a Primera me costó y luego tuve seis o siete años ahí y contento por todo ello. Fueron años bonitos donde conseguí ascensos, jugar la final de la UEFA, la semifinal de la Copa del Rey, una Curling Cup. Jugar y ganar cosas, que al final los jugadores lo que queremos es eso.
Y al principio dijiste, Javi, y no te había repreguntado, que llegar a jugar en un grande y en la Selección era algo que te habían inculcado desde pequeñito. ¿Quién te lo inculcó?
No, no, yo, me lo inculqué yo de pequeño. Sí que es verdad que mi padre, que era el que más hincapié me hacía con el fútbol, era súper español también, el típico hombre a la antigua usanza, y me lo decía. Pero mi padre nunca me ha dicho cuando era pequeño: 'Qué bueno eres, hijo'. No se metía en nada. Jamás me ha dicho una buena palabra delante de la gente, nada. Sólo hubo un partido que me dijo 'qué bueno eres' y fue un partido con el Numancia, que ganamos 3-0 y ascendimos a Primera. Marqué el primer gol y saltó toda la gente a celebrarlo con nosotros y yo me fui donde estaba mi padre en paz descanse. Me acerqué, le di un abrazo y un beso y me dijo al oído: 'Qué bueno eres, hijo'. Es la primera vez que me dijo que era muy bueno. Al revés, todo lo contrario. Si me tenía que llamar la atención por cualquier cosa que hacía mal, me la llamaba. Mi padre ha sido mi máximo valedor, mi máximo amigo, fan, todo. Desde que tengo uso de razón ha venido conmigo a todos los campos del mundo y eso es algo que siempre llevaré conmigo.
¿Te apretaba también para que te mantuvieras en forma, con el peso?
No, él me decía: 'Hijo, cuídate', pero sí que es verdad que cuando yo era pequeño, cuando empezaba a jugar a fútbol, con 14 o 15 años que jugaba en mi pueblo, en el Silla, y los sábados jugaba con los infantiles o los cadetes y el domingo, con los juveniles, esa época es jodida, porque ves que tus amigos salen por ahí y él me decía: 'Hijo, a dormir, que mañana hay que jugar', y yo a las diez me iba a dormir para jugar al día siguiente. Eso sí que es verdad que mi padre me lo ha llevado a rajatabla. Luego ya cuando era más mayor, tampoco me decía mucho: 'Ten cuidado, hijo mío. Cuídate. No salgas. No esto, no lo otro', pero no era el típico pesado que estaba encima. Era más de pequeño, también por controlar, porque tenía 15 años y no quería que yo me desmadrara, que nadie me llevara por el mal camino y él lo veía, que a mí me gustaba el fútbol, que tenía condiciones y él indirectamente me lo decía: 'No, no salgas, quédate a dormir y descansa para mañana estar fresco, para mañana estar bien, cena bien'. Que entonces en mi época no es como ahora que te ponen tu ensalada, tu arroz a la cubana y tal. Antiguamente, mi madre ponía un bocadillo de tortilla de patata para todos los hermanos que éramos, o gachamiga o lo que fuera. Lo que había en casa eso comíamos para jugar al día siguiente. Hoy en día un crío ya come su ensalada, su platito de arroz, su pescadito, todo eso. Eso antiguamente nosotros no lo teníamos.
Y en aquel momento no tenías problemas de peso, ¿no?
Yo era una raspa. Con 15 años era flaco, flaco, flaco. Tuve la suerte de con 15 años irme a jugar a las categorías inferiores del Barça, a la Masía, y allí me educaron, me dieron unos valores como futbolista y como persona y encima, a la misma vez, me dieron la posibilidad de educarme a la hora de la alimentación. Yo vivía en una masía y teníamos unos horarios de cena, de comida, de desayuno. Y esos horarios los tenías que llevar. Había un menú cada día y lo tenías que comer. Menú controlado por gente profesional. Teníamos nuestro cocinero y nuestra ensalada, pasta, nos ponían arroz, pechuga de pollo, pescado, nos ponían legumbres… Luego, el fin de semana, la cena era mucho más enfocada a prepartido, la comida típica que suelen comer los jugadores de fútbol.
¿Crees que haber pasado por La Masía y haber adquirido esos hábitos te dio la posibilidad de llegar a ser profesional?
Me dio la posibilidad de que mi cuerpo cambiara, sobre todo, físicamente a ser mucho más fuerte, porque es verdad que cuando yo estaba en mi pueblo y me alimentaban mis padres yo era flaco. Era fuerte pero flaco, y no me alimentaba bien, la verdad. Y cuando me voy a La Masía me alimento bien y el tipo de alimentación que llevo más los entrenos que hacía en Barcelona, que quieras o no eran mejores que los de mi pueblo, pues todo eso hizo que mi cuerpo fuera mucho más fuerte y mejor.
¿Por qué dices que antes de La Masía no te alimentabas bien? ¿Por los bocadillos de tortilla de los que hablabas?
No es que no me alimentara bien, porque mis padres me alimentaban bien, pero que no comía la comida que tenía que comer. Mi madre hacía comida y hacía comida para todos, no me hacía a mí un menú especial. Durante la semana, mi madre hacía macarrones, y hacía macarrones para todos. Y hacía lentejas, y hacía lentejas para todos. Y hacía gachamiga o tortilla, y era para todos. Ella no nos hacía a cada uno un menú. Hoy en día cada jugador tiene un menú diferente, y ésa es la realidad.

E igual que tú te metiste en la cabeza jugar en un grande y ser internacional, ¿hay algún banquillo que te haría especial ilusión y que tengas entre ceja y ceja?
Me gustaría entrenar a muchos equipos, pero me gustaría mucho entrenar al Córdoba. Yo aspiro siempre a lo máximo, y lo máximo a lo que puede aspirar un entrenador desde mi punto de vista es entrenar a la Selección española. Eso es lo más grande que puede un entrenador nacional, entrenar a tu país. Y entrenar a un grande, por supuesto. Pero a algún equipo que le tengo cariño, al Córdoba. Me gustaría mucho entrenar al Córdoba. Es una ciudad que me gusta mucho, que me tienen un cariño tremendo, y me gustaría el poder entrenar allí, trabajar algún día allí. Veremos si tengo la suerte o no de poder trabajar allí y si no, pues no pasa nada, esto es la vida, esto es el fútbol, trabajaremos por otros lados. Está claro que el Alavés, el Numancia, que tuve un año espectacular también me gustaría, pero Córdoba, por el cariño con el que me tratan, por cuando voy cómo me quiere y me recibe la gente, me gustaría. Pero el fútbol y la vida dirá, veremos a ver.