Aitor Arregi: "Si Fernando Roig en vez de ir a Villarreal hubiera venido aquí, ahora el Getaria sería un equipo de Champions"
El 'Príncipe del Rodaballo' abre las puertas de su restaurante Elkano a Relevo para repasar su trayectoria deportiva y los secretos de los fogones de su casa.

Aitor Arregi (Getaria, 1971) nació entre pescadores y parrillas, viendo cómo toda su familia se dedicaba al negocio familiar. Se le daba bien el fútbol. Tan bien que cuando tenía 18 años y comenzó a estudiar Ingeniería en San Sebastián, el Alavés llamó a su puerta porque quería ficharle. Estuvo jugando al fútbol de forma profesional durante 11 años. Primero en el conjunto gasteiztarra, al que se fue en 1991, después en Eibar y en 1997 acabó en el Villarreal, con el que consiguió el ascenso a Primera División. Antes de colgar las botas en 2002 pasó por el Elche y por Burgos, momento en el que volvió a sus raíces, a los fogones que tanta impronta le habían dejado de niño rodeado de sus padres y su abuela Joxepa.
¿Cómo definiría Aitor Arregi al restaurante Elkano, templo gastronómico por antonomasia?
Como casa. Me he criado en un hogar que es parte de una comunidad marinera que ha desembocado en una forma de cocinar. Las parillas estaban en la calle y veías a los marineros que asaban y a mi padre, también. Luego estaba el matriarcado, que se encargaba de la casa y que cocinaba también. Mi abuela, mi madre… La casa era algo descriptivo de un entorno marinero. Yo me he criado ahí. Luego mi padre empezó a dar de comer a la gente, a los que llamaba clientes, pero lo hacía en su casa. Cuando venía alguien y estaba lleno, siempre se le hacía sitio. Y seguimos con ese concepto, queriendo que sea una casa que da de comer, que describe mucho la idiosincrasia de un pueblo marinero para que todo aquel que venga se sienta en casa y podamos compartir eso, casa.
¿Cómo termina un exfutbolista en los fogones de un restaurante?
No, yo empecé aquí. Lo que no pensaba es que en algún momento dado me iba a ir fuera. Me he criado aquí pensando en la manera en la que nos han enseñado a nosotros y a los anteriores a nosotros a defender el linaje. Mi abuelo Joxe no era mayorazgo, pero iba a ayudar a su hermano Alberto al caserío para que no se perdiese. En casa, mis dos hermanas y yo ayudábamos a mis padres porque la necesitaban. A eso nos han enseñado, a ayudar y a defender la casa hasta que pudiéramos salir fuera. Uno, cuando se cría en un espacio así, lo ama, lo siente y lo quiere cuidar. Llegó un momento en el que hubo que decidir. Mis hermanas se decantaron por otra dinámica, pero a mí siempre me gustó el mundo de la gastronomía y como me sentía en casa, la idea era seguir aquí, sin pensar que iba a hacer otra cosa.
Pero en tu camino se cruzó el fútbol...
Me gustaba mucho, pero jugarlo, no verlo. Me gustaba el deporte. Por cierto, me gustaba más el balonmano que el fútbol. Disfrutaba mucho de todo lo que hacía, del fútbol también y hubo un momento dado en el que se alinearon los astros, me fui a Gasteiz y empezó una nueva andadura en mi forma de vivir.
Una carrera de once años como profesional…
Sí, pero antes de serlo ya jugaba a fútbol en la playa de Zarautz, con los amigos en el Zumaiako, en el Zarautz, en el Antoniano… Pero con ese paso, cuando fui a Vitoria, me di cuenta de que ese formato profesional era algo muy distinto. Como no tenía ninguna presión, lo di todo pensando que en junio me iba a ir a casa a ponerme a trabajar, pero ese junio llegó once años más tarde de lo que pensaba. Disfruté y aprendí mucho, pero no solo de fútbol.
¿Qué recuerdos tienes de esa época futbolística?
Todo era ilusión. Me acuerdo de que estaba estudiando ingeniería en Donostia y un jueves por la noche me llamaron para decirme que tenía que jugar en Vitoria. Vinieron a buscarme con las botas a Elgoibar, fuimos a Vitoria, jugamos un partido y al día siguiente se firmó el contrato. Era un campo más grande, balones nuevos, más gente… Me ilusionaba todo porque me gustaba el mundo del fútbol, pero no tenía la sensación de ponerme retos y exigencias, sino de dar todo, como nos han enseñado siempre dentro de los niveles que teníamos, que alguno ya se reirá. Todo lo que me ha traído la vida ha sido constructivo, también el fútbol. Crecí mucho cuando salí del pueblo a Vitoria.
"Me acuerdo de que estaba estudiando ingeniería en Donostia y una noche me llamaron para decirme que tenía que jugar en Vitoria. Vinieron a buscarme. Jugué un partido y al día siguiente firmé el contrato"
Exfutbolista y dueño del restaurante Elkano¿Qué más te ha aportado el fútbol?
Una forma de ser, que ya venía forjada desde casa, muy interesante. El deporte colectivo trae objetivos muy importantes luego para la vida. Cuando estamos hablando de compromiso, de compañerismo, de equipo, de mejorar… Son conceptos que en la vida te sirven para mucho, para saber que prevalece el uno como equipo que el uno individual. Y ser lateral izquierdo te enseña mucho para saber que esos elementos son muy importantes.
Y te llega la oportunidad del Villarreal. ¿Cómo te lo tomaste?
Como una aventura. Antes me llamó el Eibar, un espacio del que disfruté mucho, humanamente hablando, de Champions League. Era increíble aquel vestuario. Desde los 19 a los 24 años, en mi opinión, son los momentos más interesantes de tu vida. Yo lo que viví allí fue muy enriquecedor. Desde el momento en el que ya sales de tu zona de confort y vas a Villarreal, el cambio ya es considerable: vives el Mediterráneo, otra forma de pensar. Era un formato en el que apostaban a todo por la mejora entre Fernando Roig y José Manuel Llaneza. Llevo 26 años yendo allí y todavía no hay año que no haya visto una grúa. Le digo: 'Presi, otra vez con grúas'. Siempre mejorando lo que tienen, apostando ni más ni menos que nadie, pero intentando ser el mejor. Villarreal fue un movimiento interesante, otro paso. Íbamos a entrenar a campos de fútbol de Zirconio, un grupo de empresas. No había nada, pero existía un grupo humano muy potente que aspiraba a eso, a darlo todo hasta llegar a donde fuere. Fui uno más en ese conjunto humano con esa forma de pensar y que alcanzó cotas tan interesantes.
¿Cómo recuerdas el ascenso a Primera División?
Había entrado una forma de pensar en la que daba igual lo que había, pero con la que se podía llegar a cualquier lado. Yo jamás pensé que podía debutar en Primera. Lo más interesante fue el nexo que se creó con ellos. Cuando te llaman por ejemplo para hacer la comida de fin de año, cualquier cosa que pase, nos llamamos. Si tuviera que cambiar una baldosa, no tengo ninguna duda de que sería de Pamesa. Aquello fue algo más que fútbol.
¿Cuánto echas de menos a Llaneza?
Demasiado. Yo sí. Nunca hablaba de fútbol porque no tengo ni idea pero de comer y de beber, sí. Le decía: 'Tú eres bueno José Manuel porque te criaste en Bilbao'. Aparte de su lucidez mental y laboral, exigía todo pero dándolo él todo. Si estabas a su lado, nunca te fallaba. Yo creo que todavía no se ha ido.
"Echo mucho de menos a Llaneza. Nunca hablaba de fútbol porque no tengo ni idea pero de comer y de beber, sí. Aparte de su lucidez mental y laboral, exigía todo pero dándolo él todo"
Exfutbolista y dueño del restaurante Elkano¿Y cómo es Fernando Roig?
Más de una vez le he dicho: 'Si hubieras venido a Getaria en vez de a Vila-real, Getaria hubiera jugado en Champions League'. Todo lo que toca lo prepara para que llegue a cotas superiores, no pisando a nadie, eso sí, siempre compartiendo. Si estás a su lado, tampoco te fallará nunca. Y probablemente todos los que están a su lado, a nadie le escucho hablar mal de él. No solo eso, todos queremos estar a su lado. Algunos son capitanes porque llevan brazalete, pero el capitán de verdad es aquel al que se le quiere seguir. Una persona de la que todos tenemos que aprender en la materia de mejorar y no solo estoy hablando de industria, lo estoy haciendo a nivel de persona. Siempre está a tu lado. Un hombre recto que apuesta no por lo que hacen los demás, sino por lo que él cree. Muchas veces toma vías que parecen que son impensables y siempre es él el que llega antes. Mira limpio y te habla claro.

¿Cómo era aquel equipo?
Yo guardo relación con mucha gente, pero me suelo llamar mucho con 'el potro', con Pascual Donat. Era alguien muy descriptivo de ese equipo, darlo todo desde una forma de 'altius y fortius', queriendo ser mejor que nadie. Ahí estaba también un chaval que debutó, Andrés Palop, gente que vino y que nos enseñó como Roberto Fernández, Serer, Chato Arroyo…Teníamos uno pequeñito de Aragón, Paco Salillas. Compartía habitación con Ángel Luis. No me quiero olvidar de nadie… Javi Sanchís. Yo fui allí por el míster, José Antonio Irulegi, con el que ya había compartido vestuario en el Alavés.
Háblame del míster...
Un hombre a imitar. El humanismo total. Es de las personas con las que uno se quiere encontrar en la vida y no estoy hablando de fútbol. Las mejores charlas que he tenido en mi vida son suyas y hablaba del fútbol desde el humanismo. Es alguien queridísimo por todos los compañeros. Hay que utilizar el superlativo de querido cuando me refiero a él. Tenemos un grupo de Whatsapp y el año pasado decidimos venir a Getaria todo el equipo a darle una sorpresa al míster. Fue súper emotivo, después de 25 años. Él no lo sabía. Nos juntamos todos para recordar lo que vivimos. Todos hablamos desde el cariño, el amor, el respeto a una persona que nos ha enseñado mucho para luego tomar decisiones en la vida.
"Irulegi es hombre a imitar. Es de las personas con las que uno se quiere encontrar en la vida. Las mejores charlas que he tenido en mi vida son suyas, hablando del fútbol desde el humanismo"
Exfutbolista y dueño del restaurante Elkano¿Te gusta este fútbol?
Lo envidio. Me pregunto: '¿Aquello que jugábamos era fútbol o lo es esto?'. Es muy diferente, no tiene nada que ver. Hay muchos excompañeros que están ahí metidos como Mikel Antía, Javi Gracia, Roberto Olabe… Cuando yo fui a Vitoria, el portero del Alavés era Olabe. Cuando hablo con ellos, es otra película. No tiene nada que ver. Me gusta mucho técnicamente, ver qué fácil lo hacen ahora. Es increíble la capacidad metódica que hay ahora y la que había antes. Con perdón, y salvando las distancias, son muy elegantes y lo hacen muy fácil. La capacidad física que tienen ahora es envidiable. Van a una velocidad tremenda, no solo ellos, también la pelota. Me parece mucho más estético, más poético que hace años.
"La capacidad física que tienen ahora los jugadores de fútbol es envidiable. Van a una velocidad tremenda, no solo ellos, también la pelota. Me parece mucho más estético, más poético que hace años"
Exfutbolista y dueño del restaurante Elkano¿Disfrutarías jugando ahora?
Yo no podría jugar así. Ahora no sería futbolista. Tendría que jugar a otra cosa. Mis cualidades no eran la técnica... Ahora mismo yo sobraría. No tendría cabida en ninguna categoría. Ni comentarlo quiero. Ese concepto de técnica, de velocidad que hay ahora… Me atrevería a decir que equipos de Segunda, podrían ganar la Liga en los 80. Luego, claro está, hay otras capacidades, pero a la velocidad que van y la técnica que tienen sería muy difícil en aquel momento. El fútbol ha mejorado muchísimo.
¿Hubo alguna posibilidad de recalar en la Real?
No tengo ni idea. Por fortuna la Real tuvo grandes jugadores siempre por la izquierda. Estamos hablando de Agustín Aranzabal y Javi de Pedro. Todos los demás estábamos de sobra. Y antes López Ufarte. La banda izquierda de la Real siempre ha tenido gente muy buena como Manu Urbieta, de Zarautz, elegante como ninguno. Unai Emery estaba en mi quinta. Zigor Aranalde… La Real tuvo a los mejores y los demás intentamos disfrutar de lo que hacían ellos. De todos modos, en el momento que estaba en el Elgoibar, antes de fichar por el Alavés, tenían que pedir permiso. Dijeron que el chaval tenía vía libre como diciendo: 'No creo que esté hecho para nosotros'. Pero no habiendo pertenecido nunca a la Real, estoy súper agradecido. Cualquier cosa que pasaba en lo deportivo o en lo humano, siempre mandaban un escrito interesándose, por ejemplo, cuando me operaron de la nariz. Mi primera camiseta fue de la Real.
¿Disfrutas viendo a esta Real?
Veo poco fútbol. Hasta que llegó el Covid, cero. A partir de ahí he empezado a ver algo y lo peor es que me está gustando. Disfruto de cómo se mueven y le llamo a Mikel Antía para preguntarle cómo lo ha visto él. Me vuelven a decir que no tengo ni idea, pero disfruto mucho ahora del fútbol actual.
Tal y como está el conjunto blanquiazul, ¿qué tipo de pescado asociarías con la entidad blanquiazul?
(Se lo piensa) Esta es buena, no me la esperaba. La Real está en su momento más umbilical. De la mano de Roberto Olabe han traído el formato de arraigar una forma de ser guipuzcoana, de tirar de casa para llegar a las mayores de las cotas. No solo un formato de fútbol, sino de forma de ser. Y eso es, primero, admirable, y segundo, muy difícil de debatir. No te voy a decir imbatible porque todavía no son primeros, pero ahí están, llegando a grandes cimas. No creo que estemos hablando ni de técnicas… Lo estamos haciendo de formatos, de gentes, de costumbres y de culturas. Espero, creo y deseo que Imanol sea el entrenador más querido de la Real Sociedad porque lo lleva dentro, lo ama, con lo cual lo defiende y transmite a esos chicos que les ha tenido desde jóvenes durante tantos años, quiénes somos, de dónde venimos y qué tenemos que hacer. En el campo están demostrando que no solo son personas, sino que, como jugadores, están dando una talla tremenda. Aparte de la velocidad y de la técnica, el valor añadido diferenciador de todos los otros que ahora tiene la Real es la forma de ser.
¿Es más fácil ser buen parrillero o ser buen futbolista?
Lo más fácil o lo más difícil es ser bueno en lo que sea. Lo más importante es darlo todo. Yo lo daba todo, pero cuando me daban una pelota, me costaba controlarla. La rosca nunca me llegaba a la escuadra, se iba al cuarto graderío. Pero casi nunca me fui con la sensación de que podía dar más. Hombre, hacerlo mejor, siempre, pero dar más… Yo no he estudiado cocina, ni soy cocinero, pero me he criado aquí. La sensación es darlo todo y luego, en ese dar todo, cuanta más información tengas y más quieras aprender, seguro que tienes más margen de mejora en todo lo que hagas, fútbol, hostelería o lo que fuera. He tenido la suerte, desde que tengo uso de razón, de poder hacer lo que he querido o lo que me ha gustado. Me gustaba el fútbol y tuve la oportunidad de estar once años ahí y vivirlo desde dentro. Me he criado en una casa donde damos de comer, que me encanta, y ese formato lo llevo dentro y día a día lo puedo compartir con gente que viene aquí y que nos gusta. La que viene lo hace con una disposición tremenda a compartir contigo la experiencia. Más fortuna que esa, qué. Luego, entre olas navegando. Difícil es todo y fácil lo es todo.
¿Has cambiado mucho por los elogios o sigues siendo la misma persona que empezó jugando a fútbol en la playa de Zarautz?
Seguro que he cambiado porque ya no me peino, me levanto por las mañanas y me cuesta un poquito más. La energía te dispone a hacer otras cosas, pero la forma de ser es muy difícil de cambiar y eso está muy marcado en la vida. Aprendí a no leer los rotativos deportivos los lunes pensando que según el número que nos habían puesto, habíamos jugado bien o mal. Siempre he pesando que el trabajo empieza desde casa y que ahí habría un míster que te diría si te has movido bien o mal. Hay que construir desde casa para que los ruidos de fuera sean eso, de fuera, pero los ruidos de verdad son los de casa, y las cosas del domingo se corrigen en el vestuario. Los ruidos externos están para el que los quiera escuchar, pero no tienen que ser la base de una forma de ser. Y ahora, en el restaurante, es lo mismo. Tengo mucho que aprender. Estamos en un pueblo en el que desde hace 500 años tenemos datado al primer parrillero, a Juan Sebastián Elkano, que deja en 1526 una forma de cocinar. Ya tenemos una base. Históricamente ha habido una evolución y lo mejor que tenemos es el margen de mejora para seguir evolucionando. Eso es lo que nos da la parrilla. Si empiezas a mirar que si las estrellas, que si los soles, que si estás entre los mejores 50 restaurantes y empiezas a pensar qué tienes que hacer para ser parte de ellos, vas por el mal camino. Yo, todavía no soy de los que opinan, aunque tiene que haber esa gente también, pero tengo la suerte de ser de esos que tenemos la oportunidad de crear. La fuerza de un equipo está en el vestuario y en casa y los ruidos de fuera, desde el cariño, tienen que ser eso, elementos para tener en cuenta, pero no para perderse en ese hilo.
¿Qué es más importante, una estrella Michelín o los ascensos conseguidos, por ejemplo, con el Villarreal?
El éxito es cuando alguien, en mesa, te dice que se ha ido contento a casa. El desastre es cuando no pasa eso y lo pasas mal. El éxito es un gol y un abrazo con tu compañero y el fracaso es una lesión. Todo lo demás son ruidos. Los reconocimientos diarios son los que te otorgan una forma de vivir. Me acuerdo del primer ascenso con el Villarreal, que veníamos en el autobús y era una locura. Al año siguiente descendimos y había 14 personas. Siempre pensé que tenía que haber cogido el nombre de esa gente porque al año siguiente hubo otro ascenso, solo para recordarles y darles las gracias. Para mí los premios son disfrutar de lo que te gusta. A veces son estrellas y otras, estrellados. Nosotros queremos compartir una forma de ser en el día a día.
¿Esperabas este crecimiento de Elkano cuando llegaste?
Habrá crecido en unas cosas y habrá decrecido en otras. Un cambio sí ha dado. En el 64, cuando viene mi padre, hace una revolución social. Que los ruidos de ahora sean mayores, igual es verdad, pero ya cambiará. Estoy convencido de que la baliza tiene vuelta, pero la forma de remar nuestra, no. Y eso es lo que tenemos que hacer. Mi preocupación es otra: que el Elkano siga siendo lo que ha sido. Eso sería el triunfo.
Le llaman el 'Príncipe del Rodaballo'…
Eso fue en Vitoria. 'Si tu padre es el rey, tú serás el príncipe', me dijeron. Mi padre hizo ese movimiento de poner el primer pescado entero con piel y ha marcado mucho a un entorno y a una casa. Pero el formato es mucho más interesante que un rodaballo, intentando transmitir todos los días el conocimiento de las gentes que pescan, poniendo encima del fuego lo que nos da el entorno, siendo nosotros parte de ello pero sin dominarlo, sino interpretando lo que nos ofrece. Estamos muy marcados por ese animal que es el rodaballo. Pero es una parte. Perdón por la comparativa. Messi es el número uno, pero sin otros diez no es nadie. Aquí es lo mismo, el Rodaballo sin otros elementos no es nada.
"Uno, cuando se cría en un espacio así, lo ama, lo siente y lo quiere cuidar. La parrilla es un acto de desnudez. ¿Cuándo te desnudas? Cuando estás bien, a gusto. Es un acto muy valiente y la parrilla lo es"
Exfutbolista y dueño del restaurante Elkano¿Cuál es el secreto para hacer un buen rodaballo?
La frase es muy clara: 'Compra bien e intenta no estropearlo'. Eso me dijo mi padre. En el compra bien hay un decálogo muy largo. Frescura, dónde han comido… El punto más al sur del Golfo de Bizkaia es Getaria, punto cero, a desovar a este golfo vienen todos los pescados azules (verdel, antxoa, sardina, txitxarro…) y cuando lo hacen es el momento más graso de los animales. Nuestro rodaballo come pescado azul por eso está tan graso, antes del desove los animales están grasos, después están hilosos y fibrados, si es el último de la red está vivo, pero si lleva 24 horas está ahogado y será para otra división… Son muchas cosas. La parrilla es un acto de desnudez. ¿Cuándo te desnudas? Cuando estás bien, a gusto. Es un acto muy valiente y la parrilla lo es. ¿Cuál es el secreto? Estar bien para desnudarte.

¿Primera División o Champions?
No lo sé. Estamos hablando de un equipo de fútbol que lleva un montón de años con una forma de ser que no vamos a cambiar. Si nos toca jugar en Primera, lo haremos. Si nos toca jugar en Tercera, en Tercera, pero sabemos a qué jugamos y eso no se cambia. Se sigue haciendo lo mismo durante muchos años, pero en constante evolución. La raíz es muy importante, porque si no sabemos de dónde venimos, es complicado saber a dónde vamos. Pero que los esquejes se refresquen y estén en el tiempo, es tan importante como la raíz. Jugamos en el mismo campo de siempre. ¿En qué categoría? Si bajamos no pasa nada. Ya volveremos a subir. Si subimos, no pasa nada. Seguiremos trabajando, pero la cuestión es tener claro quiénes somos y qué tenemos que hacer. Ya iremos navegando.
¿Corazón dividido para hoy?
Empate. No, no quiero un empate. Vamos a pedir a la Federación que ganen los dos. Tres puntos para el Villarreal y tres para la Real. Cualquier cosa que le pase al Villarreal, me preocupa. Yo llevo a la Real en el ADN, con esa primera camiseta y ese escudo cosido por la abuela Joxepa. Están Olabe e Imanol Alguacil Barrentexea, un chaval alucinantemente imitable. A la Real ya no la veo como una camiseta y un escudo, le veo como un formato de gentes de tu entorno, tu gente, a la que les deseas lo mejor. No ves un escudo y un territorio, ves a gente, compañeros que están y a los que quieres que les vaya bien. Y al Villarreal, también. No hay que olvidar que soy de Getaria y que cuando íbamos a la playa de Zarautz, íbamos todos con la camiseta de la Real.