Iván Alejo y el tuit de Vinicius: "Es la primera vez que perdí la ilusión por el fútbol"
Iván rompe su silencio en Relevo tras unos meses "muy jodidos" que le han llevado a ponerse en manos de un psicólogo.

El mismo niño que un día escondió las llaves de una iglesia en Valladolid antes de cuatro comuniones que tuvieron que aplazarse es hoy uno de los jugadores más polémicos del fútbol español. Mismos ojos azules y mirada de pillo, este castellano de gatillo fácil, en el campo y en las redes, se está haciendo mayor en Cádiz, donde ha aprendido que una máscara es a veces necesaria, aunque no sea Carnaval. "Soy Iván Alejo y mi cabeza no me ha dejado demostrar lo que realmente soy".
Mientras pasea por la playa del Puerto, el flequillo va y viene con el levante de febrero, sin encontrar su sitio, acomodado cada dos por tres por sus manos, metáfora del momento que ha pasado y está viviendo Ivi, 28 años, un torbellino que necesita límites, contar hasta 10 y borrar tuits antes de publicar. No falta autocrítica en su discurso, la base del proceso que inició el 9 de diciembre cuando un tuit que pretendía ser de "salseo y vacile" sobre Vinícius por la eliminación de Brasil del Mundial se convirtió en viral en segundos por la inclusión de dos monos tapándose la boca. Aquello fue el clic que ha cambiado a Alejo, que se ha puesto en manos de un psicólogo y ha cerrado temporalmente sus redes sociales.
Pero para llegar al apagón hay que alumbrar momentos que fueron construyendo el camino de Iván hasta llegar al punto actual. De la cantera del Valladolid a la del Atlético, Villarreal B, Alcorcón y Eibar. Un viaje de los 16 a los 22 años. "Con 17 ó 18 todo el mundo hace tonterías y cosas que no están bien. Yo en algunos momentos de mi vida no estaba centrado, no sabía por dónde iba. Pensaba que el dinero caía de los árboles y no valoraba lo que eran 100, 200 ó 300 euros. Me iba de cena, no descansaba las horas necesarias, todo el día en coche viajando… ¿Consejos que no seguí? Sobre todo de mis padres. Me decían que no perdiese la humildad ni mis valores. Y por momentos la humildad la perdí. No pretendo engañar a nadie ni a mí mismo. Yo me creía que era el rey, que era mejor que nadie, por encima del bien y del mal. Y al final, pues la vida me ha acabado dando hostias y al final no he llegado donde podía haber llegado".

P. ¿Y dónde crees que podías haber llegado?
"Si realmente hubiese tenido la cabeza amueblada en los momentos claves de mi vida… Cuando me ficha el Getafe (2018) si llego a estar centrado 100% en el fútbol, no pensando en discotecas, en salir con amigos que realmente no son tus amigos, en cuando alguien te corrige creer que te están corrigiendo por tu bien y no para perjudicarte, en escuchar a mis padres o mis representantes y no mandarles a la mierda… Mi cabeza no ha sabido estar a la altura de lo que requiere un futbolista profesional de élite. Antes era un futbolista de Primera división con una cabeza de un niño de 12 ó 13 años. Ahora soy un futbolista de Primera división con cabeza de un chaval de 28 años. Estoy encontrando la madurez necesaria, a pesar de que a veces siga cometiendo actos que no hablan propiamente de mi edad".
Siguiendo por esta línea, Alejo, ya lanzado como cuando arranca por la banda, aquí no regatea con eufemismos. "No acabo de encontrar nunca una estabilidad que me haga rendir ni ser realmente la persona que soy. Unas veces por circunstancias ajenas y muchas veces por circunstancias propias que yo no sé manejar de la mejor manera. Pocas veces he sido un jugador indiscutible. Y eso a lo mejor me hace ver que el problema lo tengo yo y no los entrenadores. Estoy intentando mejorar ciertas cosas a nivel mental, sobre todo para no ser una persona tan inestable emocionalmente y no ser siempre de blanco o negro. Porque cuando las cosas van bien me creo que soy el rey del mundo y cuando las cosas van mal me derrumbo muy fácil. En lo difícil lo veo todo negro y pienso que el problema es de los demás. Tengo que tener grises en algunos momentos de mi vida. Sin perder obviamente mi esencia".
El caso Vinicius
Y esa esencia es la de "un chico al que le gusta que se hable de él y meterse en charcos", generar debate y ruido, entre likes y hate, una fina línea que se puede torcer muy fácilmente, y cuyas consecuencias sigue pagando. La esencia que le arrastra a buscar los pitos en campo ajeno o provocar al rival para minimizarlo. Así empezó el episodio Vinícius, en el Madrid-Cádiz previo al Mundial en el que Alejo buscó al brasileño desde el primer segundo. "Yo tenía claro que a la primera pelota que tocase iba a hacerle falta y a decirle que allí estaba yo, que si quería jugar el Mundial estuviera tranquilo. Obviamente nunca vas a lesionar a un compañero, pero que no se pasara de la raya", recuerda. Aquel partido fue un continuo pique entre ambos, con el post partido en redes sociales, un fuego que Iván, días después, quiso avivar, yéndosele de las manos.
No he salido a pedir perdón, porque yo no tengo que pedir perdón. Yo no soy una persona racista y nunca lo he sido"
Jugador del CádizEs 9 de diciembre, Brasil acaba de ser eliminada del Mundial y Alejo dice 'esta es la mía'. "Iba en el tren camino de Valladolid con un amigo y le comento que voy a poner un tuit con unos chicos bailando y la cara de alguien tapándose la boca, mostrando como que estoy contento. Lo subo y a los cinco minutos empiezo a recibir contestaciones y en ese momento me percato de que ese tuit puede tener una interpretación racista. En ningún momento en mi cabeza lo digo aquí, lo digo ahora y no tengo que esconderme, lo subo con esa intención. Por eso no he salido a pedir perdón, porque yo no tengo que pedir perdón. Yo no soy una persona racista y nunca lo he sido, pero entiendo que se pueda malinterpretar como algo racista. A partir de ahí se genera una campaña de acoso y derribo contra mí por el hecho de que sea Vinicius, de que sea futbolista del Madrid y de que piensen que soy racista. No me considero, vuelvo a repetir, para nada racista".
Lo que viene después ya no se le olvida. Una discusión con sus padres, una cena con su chica en la que siente el peso de las miradas ajenas, un rifirrafe tomando una copa después… Y una ola gigante que recorre las webs de medio mundo, con tres palabras clave: Alejo, Vinicius y racista. "A mí me dolió. Lo he pasado mal, he sufrido mucho porque ha habido amenazas, faltas de respeto a mi familia, a mi pareja, a mis amigos, hacia mí... Y ya tengo el sambenito de ser racista. Iré a los campos y me lo dirán, como a veces me lo dicen por la calle".
Silbado en casa
Pero lo que no esperaba Alejo es que le pitaran en su propio campo. "Es un tema sensible. A mí o me amas o me odias y creo que eso tiene que ver con lo que pasó. Quiero decir que yo nunca he votado, pero me han acusado de ser de extrema derecha. Y a partir del tuit mucha gente ha aprovechado para matarme. Un cierto sector de la grada, no todos, por supuesto, porque me siento muy querido en Cádiz por la gran mayoría de la gente. Y eso es lo que a mí me ha dolido, porque yo espero que mi afición, que mi gente, salga a defenderme, salga en defensa mía y así un poco al revés. Me he sentido menos respaldado que nunca. A mí me ha dolido mucho, mucho, porque podré estar más o menos acertado, pero soy un futbolista que se deja siempre la vida. Y cada vez que he jugado, me la he dejado por el Cádiz".
Pensé que era más fuerte de lo que realmente soy. Es complicado decirlo y es jodido, pero no tenía ganas de siquiera ir a entrenarme"
Jugador del CádizTodo esto metido en una coctelera acabó implosionando. "Lo he pasado muy mal, han sido dos meses muy jodidos a nivel anímico. Meses de salir del campo llorando, de coger el coche y llamar llorando a mi familia. Y eso yo nunca lo he vivido. Pensé que era más fuerte de lo que realmente soy. Fue la primera vez que perdí la ilusión por el fútbol. Es complicado decirlo y es jodido, pero no tenía ganas de siquiera ir a entrenarme". Y por eso Alejo se puso en manos de un psicólogo, con el que lleva trabajando unos meses. "Estoy viendo la parte positiva de las cosas y aprendiendo a gestionar mejor la crítica. Tengo que tener más tranquilidad, no ser tan impulsivo, no meterme en tantos 'fregaos', aprender a morderme la lengua… Y quiero aprender a no ser transparente. Que no se me noten los días malos".

Su apagón en las redes sociales le ha aportado calma. Volverá, pero por ahora asegura dormir más tranquilo, sin esa adicción que le llevaba después de cada partido "a buscar comentarios de la gente para estar mal cuando en realidad estaba bien", sin exponerse a los insultos… y a recaídas. "Cuántas veces he escrito tuits y respuestas y antes de publicar los he borrado... Así ya no tengo la oportunidad. Quiero un perfil más bajo ahora", centrado en jugar con el Cádiz, lograr la salvación y mostrarse al mercado ahora que lleva ya cuatro temporadas en la Tacita. "Hay trenes que solo pasan una vez", decía recordando momentos en los que no estuvo a la altura. Si consigue domar el potro que lleva dentro, habrá oportunidades en nuevos andenes. Con un destino en especial. Estación de Campo Grande. "Todo el mundo sabe que uno de mis sueños es jugar en el Valladolid. Tuve la oportunidad, hace un año estuve más cerca que nunca. Hice todo lo posible, no se dio y sí que es verdad que es una espina que tengo clavada y espero que antes de retirarme pueda lograrlo".
Acaba la entrevista sudando, síntoma del esfuerzo que le ha supuesto ponerse ante la cámara para confesarse, como si de aquel niño que robó las llaves de la iglesia se tratara, yendo al día siguiente a hablar con el cura. Una cosa queda clara. Si no quiere ser transparente, tiene trabajo por delante.