OPINIÓN

Dos astros se alinearon antes de la presentación de Bellingham

Luka Modric, durante el partido de Nations League contra Países Bajos. /GETTY
Luka Modric, durante el partido de Nations League contra Países Bajos. GETTY

La imagen que ven en la parte superior fue posible gracias a que los astros se alinearon. No pretendo ser metafórico, responsabilizando del éxito a la fortuna, pues los fotógrafos no engendran por azar sino, como decía Baudelaire, por trabajar todos los días. Cuando se ha tenido la suerte de capturar la belleza, uno dedica el resto de su vida a buscarla de nuevo. El miércoles, Sebastian Frej se reencontró con ella en un Países Bajos-Croacia de Nations League, en el Stadion Feijenoord, y con una rodilla fijada sobre el césped (o eso me gusta imaginar). La misión estética, convengamos, se facilita si se manifiesta Luka Modric.

No hay mejor hora para que una instantánea permanezca para siempre que el atardecer. En ese momento, cuando los cuerpos absorben el último sol de la tarde, todo es más bonito, más delicado. Lo supo ver Frej, que cazó dos crepúsculos: el del cielo neerlandés y el de Croacia. Porque Modric es la claridad que hay cuando la estrella se pone. Con 37 años, transita por los últimos kilómetros de su carrera, aunque eso no significa que el jugador del Real Madrid vuelva de los desafíos al trote, como un soldado que no sabe si ha ganado o ha perdido. Con más arrugas que nunca, juega con el estómago vacío.

La fotografía inmortalizó el partido en el minuto 15, con 0-0 en el marcador. Todo estaba aún por sufrir. Países Bajos se adelantó, pero Luka rechaza la derrota con tanta elegancia que parece que la acepta. Volvió a cargar a su selección al lomo y, como un sherpa, la impulsó al triunfo, otra vez en la prórroga, con la piel pegada a la quijada. Un amigo mexicano me dijo una vez: "No tengas piedad de un moribundo, tenle miedo porque nadie ama tanto la vida como él". Modric despeja la muerte con el exterior.

El día antes de la presentación de Bellingham con el Real Madrid, el croata volvió a dar con la clave de la caja fuerte. Como ese policía que, a unos días de jubilarse, resuelve un crimen complejo y deja a su compañero novato con la boca abierta y una mirada de admiración. Un partido, embellecido con una asistencia y un penalti forzado, que le vuelve a empoderar. A este nivel, jugando 118 minutos en junio después de una temporada extenuante, ¿quién le dice que está en retirada?

Modric tiene un año más firmado con el Madrid. En su cabeza está cumplirlo. Y hacerlo sin sentir que se lo regalan y sin verse como objeto decorativo. Por motivos biológicos, es obvio que no puede ser titular todos los encuentros del año. Pero por motivos futbolísticos, es irrebatible que sigue mejorando todo lo que le llega. Y en un equipo en el que se ha ido Benzema, es necesario más que nunca que alguien tenga la cabeza fría. No hay mejor maestro que él para los jóvenes que se disponen a heredar un equipo que ha marcado época. Porque no hay aprendizaje sin experiencia. Es curioso que mientras en España se pone el foco en su anochecer, en Arabia le ven como el amanecer para alumbrar una liga que pretende el impacto.

Como grita la imagen de Frej, Modric es una bombilla natural permanentemente encendida. Un futbolista que está en todas partes, atmosférico. Cuando en Madrid se apague su luz, repararemos en cuánta oscuridad hay a nuestro alrededor.