Los nervios en el avión y la ausencia de Laporta que presagiaron la tercera marcha de Xavi
En el viaje a Almería, el entrenador comenzó a tener dudas sobre su continuidad a pesar de que el club no le había comunicado nada.

El golpe de realidad que dio Xavi en la rueda de prensa previa al partido en Almería fue, para la junta directiva, su sentencia. El club le dejó solo en el desplazamiento. Deco, en Portugal por temas personales, a pesar de que algunos medios comentaron la posibilidad de haberse reunido con Sergio Conceiçao. Laporta, en Barcelona, por recomendación médica. En el avión, apoyado únicamente en Rafa Yuste, su máximo -y entonces ya único- apoyo, empezó a sentir que algo no iba bien.
A los presentes en el aeropuerto antes de embarcar les comentó que él no tenía ninguna novedad, que el club le seguía transmitiendo confianza. "Puedo confirmar al 100% que seré el entrenador del Barça la próxima temporada. Tengo muchas ganas de que empiece. Seguimos planificando la temporada con Laporta y Deco", aseguró unas horas antes, después de derrotar al Almería. El silencio institucional, que se repitió en la previa del partido contra el Rayo, aumentó la incerteza.
Durante la semana, el entorno de Xavi fue reiterando que no tenían novedades. Pero todo el ruido exterior empezó a tocar al entrenador. El jueves entró a la ciudad deportiva con un rostro serio. Por la tarde, intentó evadirse asistiendo a un evento de Louis Vuitton con su mujer. La mañana del viernes llevó a cabo su penúltima sesión como entrenador del Barça, justo antes de que se reuniera con el club para que le anunciaran su decisión.
La tercera vez que se divisó una despedida
La de este viernes fue la tercera vez que se 'anunció' una marcha de Xavi. La primera fue a finales de enero, en la sala de prensa de Montjuïc tras la dolorosa derrota contra el Villarreal. Aquella noche, el presidente se vio empujado por su junta a hacerlo saltar, pero fue el mismo el entrenador quien puso las condiciones: lo anunciaría él y sería a final de temporada. Laporta accedió. "Esta fórmula solo la aceptó porque es Xavi", reconoció el presidente.
Fueron pasando las semanas y el Barça empezó a reaccionar en cuanto a resultados. La afición dejó de lado los temores que desprendía la Champions y pasó a ilusionarse con la eliminatoria contra el Paris Saint-Germain. Xavi volvió a convencer a Laporta. Pero los cimientos eran poco sólidos y las caídas en Europa y en el Santiago Bernabéu volvieron a nublar su futuro. En la noche del sushi, en casa del presidente, la intención era echar al técnico. Pero el discurso inicial del entrenador, que duró un par de minutos, volvió a convencer a Laporta. Nuevo cambio de rumbo.
A los pocos días, el bochorno en Montilivi volvió a abrir la herida. La división de opiniones en la comisión deportiva se mantuvo desde el primer momento. Ni siquiera el acto en que se escenificó la fe en Xavi sirvió de nada. Los pilares resultaron ser de cartón y el despido del egarense era cuestión de tiempo. También de dinero, porque todavía tienen qué resolver cómo será el reparto, si lo hay, del año de contrato restante firmado entre entrenador y su cuerpo técnico y el club.
Desde que Xavi anunció a finales de enero que no continuaría a final de temporada, "ni ganando la Champions", su final de ciclo se fue ensuciando. Hasta en tres ocasiones bordeó el técnico el despido. Finalmente, llegó un viernes al mediodía. Con un comunicado frío y a las puertas de la final de la Champions League femenina, algo que el club quería evitar a toda costa.