ATHLETIC 0-BARÇA 1

El Barça de los duelos se hace fuerte en San Mamés

Los de Xavi vuelven a sumar una victoria por la mínima en la que ya es una constante en las últimas semanas.

El Barça celebrando el gol de Raphinha. /AFP
El Barça celebrando el gol de Raphinha. AFP
Albert Blaya

Albert Blaya

El Barça se ha acostumbrado en las últimas semanas a transformar el césped en una trinchera que es bombardeada constantemente, aunque sin acierto por parte de sus rivales. Los de Xavi han aceptado que sea el contrario quien dicte el ritmo del partido, no sabemos si por impotencia o por sentirse más cómodos allí donde tienen mejores jugadores (defensa) que en zonas en las que no tienen tantas certezas (ataque). El Barça vuelve a sumarse al carro del unocerismo como forma de supervivencia. ¿Se reconocerá el equipo en este caos?

El líder de La Liga está compitiendo las últimas jornadas como si el minuto 1 de partido fuese, en realidad, el 85 y el marcador fuese mínimo. En vez de superioridad (como la que decreta la clasificación), se muestra al exterior una ansiedad propia de quien no está acostumbrado a ganar. El Barça ganó en San Mamés basándose en dos principios: acciones defensivas ganadoras sobre la bocina y un dominio escénico a través de los duelos individuales que empujaron hacia arriba al equipo de Xavi.

Debemos mirar con lupa a Alejandro Balde y Pablo Páez Gavira, dos adolescentes que están compitiendo de forma prematura, imponiendo su ley y su vigor en campos que suelen retorcer al rival. El primero fue el MVP de la noche desde el lateral, ganando duelos a campo abierto, comiéndole el terreno a su par y siendo un cuchillo por su banda cuando el equipo le permitía lanzarse al ataque. El Barça tiene en Balde a un lateral que es a la vez un extremo, un futbolista que se alarga tanto como le pide el equipo, aunque a veces parece arriesgado.

En las acciones de Gavi metiendo la cabeza allí donde nadie pensaría ni en meter la parte menos valios de su cuerpo está la radiografía de un jugador que entiende el juego como algo trascendental y que imprime tal nivel de intensidad a cada acción que acaba por dotar al que tiene al lado de su misma energía. San Mamés fue testigo de un liderazgo pueril, de dos niños que han asumido un vacío como suyo, sin miedo alguno a lanzarse al vacío. El Barça gana renqueante y sufriendo, como si cada punto fuese un parto, y donde otrora hubo abundancia ahora hay una escasez que es imposible que solo sea atribuible a Pedri.

Los últimos tres partidos, el Barça los ha acabado defendiendo en su portería, tres 1-0 que simbolizan perfectamente el momento futbolístico del equipo, incapaz de reconocerse en el balón salvo tramos muy concretos. Es como si cuando el rival lanzase su ofensiva final, al Barça solo le quedase colocarse allí donde se siente más fuerte, que es, paradójicamente, el sitio del que debería huir: su punto de penalti. Mientras las victorias marquen el rumbo, el juego siempre parecerá una cuestión menor. Líder y a 9 puntos del segundo no parecen cuestiones menores, pero el Barça de Xavi lleva un mes alejándose del campo contrario en una huida hacia atrás constante, como si la ausencia de Pedri hubiese dejado un hueco que amenazase en engullir a quien lo pise.