OPINIÓN

El Barça de Xavi en la confusión máxima: el resultado antes que el juego

Xavi Hernández durante el partido. /GETTY
Xavi Hernández durante el partido. GETTY

En un club en el que el qué siempre estuvo supeditado al cómo, entendiendo el resultado como una consecuencia al juego desplegado, las últimas dos victorias del Barça en Liga saben a muy poco a la vez que saben a absolutamente todo, porque el equipo de Xavi se encuentra en un momento de confusión máxima, hiriéndose a sí mismo en cada inicio de partido para tener que jugar no solo contra el rival, sino contra los demonios que le persiguen. Mientras se encuentra, el Barça se agarra al qué para saber cómo narrar de nuevo el cómo que le hizo tan grande.

"Hay un nerviosismo exagerado".

Dijo Xavi tras el partido ante el Shaktar que tenía claro qué estaba fallando y el equipo se conjuntó. Es uno de esos actos que siempre terminan siendo un sprint delante del público en un balón imposible, antes de enfrentarse al Alavés en el partido que tenía que servir para recuperar sensaciones y cerrar una semana para olvidar. Porque el fútbol no tiene memoria a corto plazo, es un animal amnésico que vive siempre en el aquí y el ahora. Y los de Xavi, lejos de ahuyentar a sus fantasmas, les han abierto la puerta de par en par. Samu Omoridion marcaba a los 18 segundos como lo hiciese Bryan Zaragoza en Granada o estuvo a punto de hacerlo Barrenetxea hace una semana: todas las veces con el Barça sacando del centro del campo.

Una vez llegado a este punto, los jugadores del Barça es evidente que no están disfrutando del juego. No lo hacen porque en sus decisiones no hay convicción, sino un hilo de duda que se pasa al compañero para probar suerte y ver si este es capaz de eliminarla. La pelota es un interrogante cuando debería ser un regalo, un tesoro, y el Barça, que junta toneladas de calidad en espacios reducidos, no pudo reconocerse con pases cortos porque los jugadores eran islas que vivían separadas y no sabían encontrarse cerca. El Barça es lo que sus nervios le permiten.

Xavi vuelve a criticar al entorno.

El aficionado debate entre si al equipo le falta intensidad o si la intensidad no brilla porque la pizarra no es capaz de dar confianza. Como todo en este deporte, la respuesta nunca tiene una vertiente, sino que vive en ambas preguntas. Que el rival sea capaz de marcar a los 18 segundos con el equipo sacando del centro del campo es indudablemente una cuestión de poca tensión competitiva, pero que el Barça busque una jugada en la que inicia el partido con un balón a nadie es, también, pizarra. La táctica es confianza, y el Barça no la tiene en nada de lo que hace.

Al volver del parón aguardan Oporto, Girona y Atlético de Madrid en unos test que tienen pinta a decisivos, a encuentros que dibujan y marcan temporadas por su relevancia y las experiencias que el equipo pueda sacar. Lo ideal sería llegar a estas fechas con un Barça que supiese el "cómo" como algo suyo, pero lo hará con la necesidad de encontrarlo justo cuando el qué importará más que cualquier otra cosa.