CÁDIZ - REAL MADRID

El camarero de Chipiona que alberga en su sótano el mayor tributo a 'El Buitre': "Macho, Butragueño tiene que ver lo que hay aquí"

Visitamos el museo de Antonio Jaen Romero cuando casi se cumplen 40 años del debut del '7' blanco en el por entonces Ramón de Carranza.

El camarero de Chipiona que alberga en su sótano el mayor tributo a 'El Buitre': «Macho, Butragueño tiene que ver lo que hay aquí»
Raúl Rodríguez

Raúl Rodríguez

Todos tenemos un héroe. Una figura que, desde aspectos más profundos como los valores que defiende hasta por los más terrenales como su forma de peinarse o levantar la ceja, nos enamora. Un ídolo que, en este deporte inherente a las emociones, puede hacer que lo más básico de un balón cambie tu vida hasta límites insospechados donde la obsesión se convierte en una llave de la felicidad, y sobre todo, en una fábrica de sueños. En la grada visitante del Nuevo Mirandilla, a falta de pocas horas para ver si las ausencias de los nuevos ídolos del presente como Vinicius atascan la lucha liguera del Real Madrid, acudirá un camarero de Chipiona que sonríe de forma especial. Y lo hace mirando al pasado, concretamente 40 años, a la figura de uno de los '7' más influyentes del club que ahora viste de traje por Valdebebas. Porque, en unos meses, se cumplen 40 años del debut en el antiguo Carranza de Emilio Butragueño con el Real Madrid, una fecha que marcó el origen de la afición de Antonio Jaén Romero, y también, despertó el afán de completar la colección más extensa y completa de la figura del jugador a lo largo de su carrera.

"Tenía 12 años. Ese día nosotros no estuvimos allí. Mis padres trabajaban en Alemania, y teníamos que escuchar los partidos del Madrid por la radio. Pero ese momento lo recordaré siempre", menciona Antonio mientras baja las escaleras de su casa. Son doce peldaños, como los años que tenía en ese 5 de febrero donde el Madrid visitaba el Carranza para jugar contra el Cádiz. "Nunca habíamos oído hablar de él mi padre y yo, fíjate. El Madrid va perdiendo 2-0, veo a mi padre afectado, no llegaba a estar enfadado, pero estaba ahí ahí… y de pronto salta Butragueño en la segunda parte, marca el primer gol, más o menos da el segundo y marca el tercero. Me acuerdo perfectamente el comentario de mi padre que dice '¿quién carajos será el Butragueño ese?'. Pues quién me iba a decir que, si no fuera por esa tarde, no tendría esta colección".

Como cada día, casi a modo de ritual, acude a la sala del sótano donde guarda más de 40 años de emociones, recuerdos, y sobre todo, sueños. Una sala donde notas el silencio, el aislamiento, pero no la soledad. "Es mi refugio natural, donde vengo para estar tranquilo y relajarme", mientras se sienta en la barra de bar de cerámica a contemplar una colección de camisetas, figuras, trofeos, banderines, y sobre todo, fotos de su vida. "Me gusta mucho mirarlas, tienen algo especial porque te llevan a esos instantes de la vida".

Antonio en la barra de bar, junto a partes de su colección. Relevo / Raúl Rodríguez
Antonio en la barra de bar, junto a partes de su colección. Relevo / Raúl Rodríguez

De capataz de quiosco a comercial de merchandising

Suele ser costumbre, pero al acercarse una fecha especial, Antonio decide acercarse a las estanterías centrales. Ahí es donde tiene el pilar de su colección, la punta de lanza. Es un archivo, o mejor dicho, un fichero. "Desde ese partido empiezo a seguirlo, y empiezo con los periódicos, los recortes de prensa... Era cuestión de buscar todos los días, comprar la prensa deportiva, Don Balón semanalmente, las revistas de Real Madrid, tener un chaval en un quiosco trabajando que te haga el chanchullo con los periódicos que sobraban… Recortaba las fotos, hasta que mi madre se enfadó y decidí archivarlo. Trabajaba en hostelería echando muchas horas, pero empezaba a recortar a la 1 de la mañana y tenía que acostarme ya a las 4 de la mañana, porque me dolían los dedos de recortar fotos".

Son decenas de archivadores, con más de 5.000 fotos del jugador, crónicas, noticias... categorizadas por fechas. Pese a los 40 años de su fabricación, siguen intactos del cuidado y mimo que le otorga Antonio. Recortes donde hay delicadeza hasta para firmar la fuente y el periodista en cuestión (algo que ahora cuesta hasta dentro del propio gremio). Para él, el valor está en esos archivadores. Pero la sala brilla por la variedad de artículos, desde los más destacados como pueden ser las camisetas, hasta los más rebuscados como una barra de pegamento o un videojuego. "Ya entré en esa dinámica de colección, de coleccionar, y ya todo lo que ves lo necesitas comprar. Y siendo un camarero humilde, porque tener esta colección con dinero no tendría ningún tipo de mérito".

Mientras repasa esa colección, incluso narrando cómo era cada jugada de las fotos coleccionadas, llega al primer contacto que tuvo con 'El Buitre'. Fue más pronto de lo que él soñaba, concretamente en 1987. Antonio, fruto de la esencia atrevida y el desparpajo de su personalidad, ya empezó a hacer contactos y amistades siendo adolescente. Una personalidad que ha sido clave para que estos 30 metros cuadrados tengan más mérito que muchos museos oficiales. "A través de Martín Vázquez, por mediación de un amigo, conocí a un 'Buitre' que en aquella época era muy calladito, poca cosa. Y conseguí bajar al vestuario, meterme dentro. Ese día mi tío, el que me inyectó el madridismo en vena, me compra esta bandera del Madrid. Y consigo que muchos jugadores, incluido Emilio, me la firmen" Pero al mostrarla, por sorpresa, apenas se notan esas firmas. Es el único elemento de la sala que desentona. "Al llegar del viaje, fui al colegio y conté a mis amigos que Butragueño me había firmado en el escudo. Pero cuando llego a casa, mi sorpresa es que la bandera estaba tendida en la azotea sin ninguna firma. Mi madre me había borrado ya una a una todas las firmas".

Una locura que no frenó con la aventura azteca

Rebuscando en la sala, empiezan a aparecer piezas que no forman parte del Real Madrid. Tampoco de la Selección Española. Provienen de un fútbol más exótico, concretamente de México. Emilio, tras pelear el puesto a un joven Raúl que acabaría como el nuevo ídolo de Concha Espina, decide cruzar el charco para seguir su carrera en fútbol azteca, en el Atlético Celaya. El momento se presentaba como punto de inflexión para Antonio, bajo la incertidumbre de cómo seguir la colección y el contacto con Butragueño. La realidad es que no lo fue, todo lo contrario. 

"Coleccioné todas las jornadas, que en aquella época era una cosa muy difícil. Había que tirar del teletexto de RTVE, y cuando no aparecía nada en el periódico ni aparecía nada en el teletexto, llamaba a un chaval mexicano amigo de aquí que me daba los resultados de la liga". Pero la insistencia de su fanatismo haría posible otro encuentro con su ídolo, incluso, en su tierra. El Celaya, fruto de una gira, tenía que venir al Carranza a jugar una semifinal con el Betis. Él ya intentó, antes de ese acontecimiento, volver a ver al '7'. Pertenecía a la 'Peña El Buitre', y el jefe llegó a darle un presupuesto para viajar a México y cumplir el objetivo (papel que sigue conservando hoy). No pudo ser, pero a través de un amigo fotógrafo, Antonio conseguiría infiltrarse bajo la fachada de periodista para estar a pie de campo en esa visita.

De soñar con tomar un café a estar con tu ídolo en la sala de juntas del Bernabéu

Emilio colgó las botas en el año 98, pasando al plano que conocemos hoy en día. Ese portavoz que diseñó Florentino, que mantiene la elegancia del campo en los micrófonos. El directivo al que nunca le sacarás nada que no quiera contar. Antonio, en esa época donde se hace socio del club (a punto de cumplir 25 años en 2024), ya empezaba a construir la sala de este sótano. Un espacio que se pensó desde el primer plano que hizo el arquitecto. Ahí ya había conocido a muchos jugadores, presidentes, y cercanos. Una colección que acabaría teniendo camisetas, botas, entradas, balones, archivos en vídeo de más de 800 partidos… hasta el Libro de Oro del año 52, banderines únicos y fotos históricas de la época del régimen. Todo un museo del Real Madrid. Aun así, él seguía guardando aquello que encontrara de su ídolo. Y una gran amiga suya, cercana al círculo del jugador, le plantea una idea: "Macho, Butragueño tiene que ver lo que tú tienes aquí". Digo, bueno, pues mira, invítalo a casa, para dormir hay sitio y no le va a faltar de comer. Y me dice: "Antonio… yo me puedo llevar estos álbumes, para que los vea y para que te los firmes y te los dedique'. Imagínate, ¿no? Darle unos álbumes a una persona que, aunque yo quiero mucho, es algo de mucho trabajo que le tengo mucho aprecio y estima... pero acepté".

Firmas de Michel y Emilio Butragueño de uno de sus dosieres de la colección del Atlético de Celaya. Relevo / Raúl Rodríguez
Firmas de Michel y Emilio Butragueño de uno de sus dosieres de la colección del Atlético de Celaya. Relevo / Raúl Rodríguez

Ahí consiguió que su ídolo ya empezara a ver cuánto amor había en ese aficionado. Pero fue a distancia. Algo que gracias a Miguel Pardeza, exfutbolista de esa 'Quinta del Buitre', y director deportivo de la mano de Florentino y Valdano, se convertiría en un cara a cara. "Miguel es gran amigo mío. Y, a veces, coincidíamos con 'El Buitre' en el Txistu o en el Asador Donostiarra. Un día, Pardeza se lo dijo "Antonio tiene una colección tuya impresionante de un montón de fotos". Pero Butragueño ya sabía el caso de una mujer de Málaga que pudo conocer, con una colección amplia de imágenes suyas. "Yo también tengo alguna foto tuya, le contesté". Y en la mesa mencionan: "No, algunas, no. Tiene bastantes". En ese momento, sorprendido, Emilio decide ponerle a prueba, preguntando algo que pensaba que no iba a saber. "Me dice, "¿Te puedo hacer una pregunta que nadie es capaz de contestarme?" Digo, "Bueno, ¿a qué nivel? ¿Académico?" Dice, "No, no, a nivel mío… ¿Cómo se llama el estadio del Atlético Celaya?"". Antonio, que llevaba años apuntándolo en cada crónica e imagen que coleccionaba, acertó de forma relámpago. "Me hizo una reverencia, fui la única persona que se cruzó en saberlo". Otro hito que también inmortaliza en fotografía como oro en paño. Sin embargo, existe una más que se gana el premio de valor.

Mientras camina al lado derecho de la sala, recordando la amabilidad cauta en palabras de cada encuentro con su ídolo, se planta ante esa instantánea que roba toda la importancia de su historia con 'El Buitre'. Fue en 2018, con una de las noches mágicas europeas: Real Madrid-Paris Saint Germain. "Después del partido, por mediación de Fernando Montenegro y Miguel Pardeza, consigo una visita a puerta cerrada del estadio, incluida la Sala de Juntas. Y ahí apareció él". En la foto, se ve a Butragueño junto a sus hijos y su mujer, pero la sonrisa sincera de Antonio ilumina la instantánea. "Ese momento no lo supera nadie, son un cúmulo de cosas. Estas con tu ídolo en una sala donde nadie entra, solo algunos jugadores a firmar contratos o altos mandatarios. Que yo no firmé por el Madrid y estaba allí… delante de 11 copas de Europa, en el equipo de tu vida y con dos camisetas firmadas ese día…".

Emilio junto a Antonio y su familia en la Sala de Juntas del Santiago Bernabéu. Relevo/Raúl Rodríguez
Emilio junto a Antonio y su familia en la Sala de Juntas del Santiago Bernabéu. Relevo/Raúl Rodríguez

Con motivo de la cita tan especial, mientras recoge la sala y prepara su camiseta blanca para poner rumbo al Nuevo Mirandilla, suena una confesión: "Todo esto que he vivido ha sido gracias a él. Son 40 años que celebro yo también. Todo esto es por Emilio, yo no creo que hubiese cogido esa afición al Madrid, ni hubiese coleccionado, ni hubiese conocido o estado con tanta gente influyente dentro del fútbol". Al final, él no hace alusión a lo material. Pasará de generaciones sin ninguna directriz. "Mis hijos, si consideran que quieren regalar algo porque esa persona se lo merece, lo harán. Y sin problema. No deja de ser material". Porque la historia de Antonio define qué es capaz de hacer un ídolo. Porque aquel jugador delgado que se paraba delante de los defensores de forma chulesca, y dibujaba zigzags como si sostuviera un pincel por el lienzo, acabó convirtiendo a un joven chipionero en alguien que no era. Una afición que marcó un corazón, y sobre todo, una vida. Una carta de amor a modo de argumento para aquellos detractores que dicen que solo son 22 tíos detrás de un balón.