OSASUNA 2 - GRANADA 0

La conexión Chimy-Budimir resucita el fortín rojillo ante un Granada que lleva siete jornadas sin ganar

Osasuna cosecha su primera victoria de la temporada en El Sadar gracias a su dupla atacante. El conjunto andaluz sigue hundido en la zona baja de la tabla.

Los jugadores de Osasuna celebran el gol de penalti de Budmir./EFE
Los jugadores de Osasuna celebran el gol de penalti de Budmir. EFE
Raúl Rodríguez

Raúl Rodríguez

Volvió a rodar el balón en LaLiga Santander, en un estadio que buscaba recuperar ese fortín capaz de decidir puestos europeos. Con necesidad de una noche redonda, tras una sequía de victorias en casa. Y apareció la dupla estelar de Chimy Ávila y Budimir a escena para cumplir la hazaña y atropellar a un Granada colapsado por la frustración.

Bryan Zaragoza trajo el ímpetu de la selección, mostrándolo desde el primer minuto y dejando claro a los rojillos que por ahí estaba el dolor de muelas. Una energía que contagió a los granadinos durante ese arranque, monopolizando la posesión de forma muy vistosa. Sin embargo, la inspiración iba a correr a botas de Chimy Ávila para romper el fortín nazarí. Pase filtrado al más puro estilo de '10' para habilitar al croata, que definió con la punta del exterior volviendo a demostrar su clase y el por qué de su renovación. Los de Paco López reclamaron a los asistentes por posición antirreglamentaria, pero las plegarias al VAR acabaron sin éxito.

Quisieron seguir con esa garra inicial, y contestaron de forma relámpago con un zurdazo de Gumbau. Pero el crono pasaba y la inspiración nazarí fue disipándose. Osasuna empezó a construir ese fortín que tanto extrañaba. Chimy siguió con la flecha para arriba, haciendo mucho daño por la banda de Neva. Incluso pudo casi repetir la jugada del gol, con otro pase tocado con la varita que dejó a Budimir en el corazón del área pero a dos centímetros de acabar golpeando. Bryan, por su parte, sacó esa rabia callejera para a implicarse en cada sector del campo. Aceptó cargar a sus hombros a un equipo perdido en términos de control.

Pero el muro rojillo dejó cualquier posibilidad rota. Porque, a nivel de pizarra, Arrasate llevaba la partida muy encarrilada cargando de control y solidez la defensa. Cuando Gumbau y Melendo parecían desbloquear el cerrojo, entró en escena Sergio Herrera para mantener el muro. Doble parada que sacó la ovación en El Sadar, y provocó más impotencia en el conjunto nazarí. Ese sentir se demostró en la siguiente jugada de ataque, donde Bryan consiguió descolgarse con su culebreo por la banda izquierda, y tras un magnífico recorte en el área sobre el Chimy, buscó agua en el área. Y el colegiado, cargado de personalidad, enseñó la tarjeta. El Granada se marchó a túnel de vestuarios con la rabia e impotencia de no conseguido mantener 5 minutos de buen fútbol.

La segunda mitad arrancó cargada de revoluciones, con un equipo andaluz más agresivo. Una intensidad que empezaba a notarse también en los enfrentamientos, saltando las primeras chispas del partido con Gumbau y Moncayola. El de Campllong acabó perdiendo el duelo, viendo una amarilla que le deja fuera para la próxima jornada. La temperatura en Pamplona iba subiendo por momentos, y el dúo favorito de la noche quiso reventar el termómetro. Otra vez el Chimy, que seguía destrozando al Granada por la derecha, con un pase al corazón del área que dejó a Budimir frente a André. El portugués derribó al punta con la rodilla, tras ver cómo se quedaba plantado ante un gran recorte. Algo que, primero, no vio el colegiado. Pero sí el VAR. Y desde los 11 metros, el cisne volvió a abrir sus alas demostrando una finura que hace olvidar su edad.

Paco López empezó a buscar respuestas en el banquillo con perfiles ofensivos como Uzuni, pero seguía desesperado sin descifrar el área de Herrera. Los rojillos bajaron al barro, aprovechando el descontrol para desangrar más al equipo nazarí. Gumbau y Villar, de nuevo, totalmente desbordados sin conseguir poner orden. La falta de oxígeno, sumado al marcador, se notaron en el último clavo en la tumba del Granada. Lucas Boyé perdió el control, con un pisotón duro sobre el tobillo de Aimar que le mandó directo a túnel de vestuarios.

A falta de 15 minutos, el partido ya estaba dictado para sentencia. Arrasate lo notó, y empezó a dar descanso a sus pilares. Budimir se llevó la ovación de El Sadar, y Villar se fue al banquillo granadino dando patadas de impotencia a la nevera. Raúl García, vestido de Budimir, quiso aprovechar los brazos caídos del Granada para incidir en la yaga. Gran envío directo de David García hacia un Kike Barja que le gana en el recorte a Miguel y acaba habilitando para el gol. Sin embargo, estaba la pierna de Kike Barja adelantada, y la gran definición de Raúl acabó invalidada. El muro rojillo acabó siendo un rodillo casi excesivo, consiguiendo tras el pitido final el objetivo: El Sadar vuelve a ser un fortín, con los primeros tres puntos de la temporada. Lluvia sobre mojado para Paco López, que vivirá su primera final por el puesto de entrenador ante el Villarreal.