El emotivo gesto del Real Valladolid con un joven seguidor tras su sufrimiento: "El fútbol fue mi búnker"
El deporte y la concienciación ayudaron a Miguel, aficionado acérrimo del Pucela, a escapar de la violencia infantil y juvenil: "Aconsejo alzar la voz y no callarse". Jamás olvidará este sábado.
Miguel tenía seis años cuando sintió por primera vez las garras del monstruo del bullying. Ahora, con casi 18 y sensibilizado, evita mentar la palabra: "Prefiero llamarle de otra manera: es violencia infantil". La sufrió en el colegio, cuando empezaron a hacerle sentir que sobraba; en el instituto, donde el acoso verbal y gestual llegó incluso más allá; y en el ciclo de Formación Profesional que comenzó y abandonó a los pocos meses por culpa de las burlas del resto de estudiantes. Durante esa década de sufrimiento inmerecido, injusto y cruel, a Miguel, además del sostén de su familia, le salvaron el fútbol… y su Real Valladolid: "Los profesores solían decirnos a mi madre y a mí que estaba en mis mundos… y creo que ya he pillado esa frase: mi mundo era esperar al sábado o al domingo y que jugase el Pucela".
La campaña #LALIGAVSBULLYING, la iniciativa de la competición esta temporada, permitió que Miguel viviese un día "inolvidable" antes del partido ante el Rayo Vallecano de este sábado. Sin esperárselo "ni un poquito" ni imaginarse a un club volcado con él, sus ídolos le obligaron a guardarse el abono de Tribuna en el bolsillo y le invitaron a colarse en los vestuarios y el césped en los minutos previos. Su cara y miradas cómplices con Thalía, su hermana pequeña y el hombro en que refugiarse en los peores momentos, parecían decirlo todo: "¡No me lo creo!". Las pulsaciones aumentaron cuando Javi Sánchez, uno de los capitanes, le tocó el hombro en pleno verde: "¿Cómo estás, Miguel? Esto es para ti". Su eterna colección de camisetas blanquivioletas ya puede presumir de una más: la de Pucelanos VS Bullying firmada íntegramente por una plantilla que le apoya y estará para lo que necesite. "Aquí nos tienes", le dijo el central.
Porque Miguel, de apellido Monje, encontró en la pelota su vía de escape, divertimento y olvido. La madurez con la que relata sus pesadillas impresiona. "Sufro esta violencia desde Primero de Primaria. Veía cómo los niños me dejaban de lado, no jugaban conmigo, no se sentaban a mi lado en clase… Digo: 'Bueno, pues éramos chavales…'. Pero, según fui escalando en edades, el asunto no giró demasiado", lamenta: "Era como un bucle. Ha habido noches de pararme y pensar: 'Oye, ¿por qué? A lo mejor el problema soy yo, que tengo que cambiar'. Nadie debería pasar por algo así. Debemos hacer énfasis en que es algo muy malo y pelear para que desaparezca de los centros".

En la ESO, más mayor, también hizo frente al acoso: "Me hacían el vacío por no vestir como los demás, por que no me gustase beber, salir de fiesta, fumar en el patio". La lluvia de episodios indeseables se extendió hasta a su afición por el Real Valladolid: "Se metían conmigo por llevar la camiseta del equipo de mi ciudad. A los demás, como a mí de pequeño, les gustaba ganar y ver a los grandes levantar títulos. A mí me encantan los valores que me transmite el Pucela. Pensaba: 'Pero, ¿por qué se meten conmigo por presumir del Real Valladolid?'. Me decían: 'Es un equipo muy malo, que pierde siempre'. Y me insultaban por eso". La dinámica se repetía hasta en los espacios de ocio: "En el patio yo iba a la portería porque era malo y el resto, a jugar. No me dejaban salir".
La agresividad del exterior no alteró ni un ápice la pasión de Miguel, un libro abierto en lo que a historia de su club se refiere: le emocionó el regreso a Zorrilla este sábado del croata Alen Peternac, que se retiró cuatro años antes de que él naciese; y se conoce al dedillo la vida y obra de cada futbolista del primer equipo, del filial y hasta de los juveniles. "Recuerdo todas las victorias: el 3-1 al Barcelona, los triunfos contra la Real, el 2-3 en Santander, el gol de Escudero para el 3-2 contra el Mirandés… Y el ascenso de la temporada pasada. ¡Qué día!". Seguir al Real Valladolid, más acostumbrado a dejar de ganar que a sumar de tres en la máxima categoría, también le ha deparado momentos de menor felicidad: "El descenso a Segunda de 2022 fue una de las primeras veces que lloré en mi vida".
"Algunos dicen que esto se limita a 22 tíos corriendo detrás de un balón… pero me parece que esa gente no sabe. El fútbol ha sido mi búnker"
Aficionado del Real ValladolidY así, entre sonrisas y alguna lágrima, visitar el estadio cada dos semanas se convirtió en su ritual y abrigo cuando lo demás no funcionaba. "En el fútbol sólo existe el fútbol. Desaparece todo. Estáis tú, la pelota, los 22 que juegan y 24.000 personas que comparten tus gustos. Me paso la semana deseando que llegue el partido. Los de fuera los escucho por la radio; me encanta". Y tiene algún pequeño toque de atención guardado para los que cuestionan su pasión: "Algunos dicen que esto se limita a 22 tíos corriendo detrás de un balón… pero me parece que esa gente no sabe. No hay nada como ir a Zorrilla, ha sido mi búnker contra el exterior".
Un calor que libera
La emoción con la que Miguel vive el fútbol va cada año a más. El ojo lo tiene entrenado: "Me encanta hablar de cómo bascula el Valladolid, de qué bien marcaron dos canteranos como Fresneda y David Torres a Vinicius o Lewandowski o de cómo juega Lucas Rosa a pierna cambiada en el lateral izquierdo. Nunca se rinde". A su madre, María José, se le agiganta la boca del asombro: "No sé dónde ha aprendido todo eso…". La respuesta está en las paredes de su habitación: periódicos guardados, fotos con los futbolistas que le inspiran y zamarras con significado especial. Jura agradecimiento eterno a Masip, su tótem y con quien alardea de varias instantáneas; y su amor por los porteros, una posición que encierra bastante de lo que él ha tenido que experimentar: "A veces están solos ante el peligro". No olvidará nunca cuando Fer Pérez, del filial, le regaló los guantes y su camiseta con el '26': "Es el mejor".

De toda esa admiración se intuye lo que brotó por sus venas al pisar la hierba por la que corretearon los protagonistas del Real Valladolid-Rayo, cruzarse con un ex como Sergi Guardiola en los pasillos, ver de cerca a los Moro, Latasa, Hein y compañía, compartir confidencias todavía en shock con Javi Sánchez y que en su camino de regresar hacia la Tribuna, cuando ya enfilaba el fondo del túnel que conecta el campo con los asientos, un miembro del staff de Pezzolano le agarrase y le emocionase con un discurso sensacional que se quedará entre los dos por voluntad de un técnico que se dejó llevar por el corazón. El tembleque de manos y el brillo en los ojos jamás engañan.
Luego, desde su asiento y con Thalía, Miguel vibró con el gol de Amallah, dudó con el empate de De Frutos y resopló con el 1-2 definitivo que, empujado por la emoción de su jornada, espera que suponga un punto de inflexión para tirar hacia arriba a la vuelta del parón. El resultado, al fin y al cabo, nunca le ha importado: "Para ganar me hubiese hecho de otro equipo… Aquí se viene a animar, pase lo que pase".
El mayor triunfo de todos será que el 'bullying' jamás vuelva a entrometerse en el camino de nadie.

"Y el fútbol ayudará", cree. "El único día que he salido, con mi primo, se nos cruzó un chico. Su respuesta me sorprendió: 'No sé quién es, pero lleva una camiseta de fútbol; ahora es mi amigo". Él tiene claro el mensaje y está en disposición de aconsejar a los que ahora sufren lo que antes le intimidó: "Les diría lo mismo por lo que estoy haciendo yo este reportaje: que lo cuenten, que lo manifiesten". Algunos recuerdos no se borran ("bajaba a la calle con la capucha puesta para pasar desapercibido; no me gustaba que me viesen") y todavía condicionan: "Mi hermana sabe que prefiero no ir solo por el riesgo a lo que me pueda pasar y por eso, aunque no le guste el fútbol, viene conmigo al estadio. Tiene el cielo ganado".
Afortunadamente, el deporte ha favorecido que su escenario cambie: "Estoy empezando a jugar al fútbol de portero; me encanta desde que Fer Pérez me dio sus guantes. Siempre me moló estar entre los tres postes, ser valiente, saber cómo actuar y tener reflejos. Mi afición nació gracias a mi primo, que formaba parte de la cantera del Pucela. Todo esto me llena". Las amistades que le han auxiliado últimamente del bullying también nacieron en un campo: "Ocurrió cerca de mi casa. Mientras peloteaba con unos chavales, llegaron unos árbitros a entrenarse. Hablamos, nos caímos bien y al final me pidieron el número. Ahora ya he salido dos veces con ellos; son personas muy sanas, espléndidas. Ser colegiado requiere una mente firme y hecha, como la de un portero. Es de las primeras veces que me siento dentro de un grupo".
"El 'bullying' nunca está justificado. El que lo ejecuta y el que lo ve y no dice nada producen el mismo daño"
Aficionado del Real Valladolid"Si me dejan", promete, "espero irme con ellos a jugar un torneo de árbitros a Lugo en diciembre": "Fíjate en cómo es este deporte…". Con Miguel ha ejercido de tabla de resistencia y de fuente de la felicidad que desapareció de forma obligada en otros aspectos: "Me flipa cuando se gana y veo a la gente contenta por la calle. Cuando Sylla marcó el gol del ascenso en mayo empecé a abrazarme a todo el mundo que pillé a mi alrededor, a dar brincos con señores mayores, con niños; fue una locura".
Ahora, sin pretender borrar el pasado y queriendo ser "ejemplo" para los que arrastren su mochila, agradece la visibilidad contra la violencia infantil y juvenil y se congratula de poner, a través de su experiencia, un granazo de arena para detener de una vez por todas al monstruo que atormenta a siete de cada diez jóvenes españoles según la Organización Mundial de la Salud (OMS): "De esto se puede salir, pero hay que alzar la voz, no quedárselo para sí".
LaLiga, el Pucela y sobre todo Miguel dan un paso al frente para demostrarlo. Él, que ahora trabaja como carpintero, sigue peinándose como Roque Mesa y sueña con su equipo ("iremos a Europa; apúntalo"), pasa página sin olvidar ninguna enseñanza: "En la vida, como en el fútbol, ganas o aprendes. El acoso infantil y juvenil te construye y te hace ver cosas que otros no. Pero que recuerden: el 'bullying' nunca está justificado. El que lo ejecuta y el que lo ve y no dice nada producen el mismo daño". Que tomen nota los culpables… y los que se callan. Miguel ya ha decidido no hacerlo más y ha encontrado el respaldo de todos.