OPINIÓN

Denis es feliz, el Celta es feliz y todos deberíamos ser felices: ayer se acabó su caso

Denis Suárez con el Espanyol. /GETTY
Denis Suárez con el Espanyol. GETTY

Denis Suárez ya camina de otra manera. Lo hace con la cabeza erguida y con una sonrisa dibujada en su cara. Ayer, en la Ciudad Deportiva Dani Jarque, atendió a Relevo durante media hora en una entrevista en la que no sólo respondió a todo, sino que lo hizo con ganas. Tras muchos meses callado, a la sombra, le tocaba hablar a él. Y el ánimo que traía era distinto al que llevaba arrastrando desde el pasado verano.

"El mítico Óscar Méndez, ¿a qué en Madrid no tenéis este tiempo?" Así llegó a mi posición mientras yo trataba de encajar el teléfono móvil en un trípode que mis compañeros me habían prestado tremendamente dubitativos. Nunca he sido ni mañoso ni avanzado en el mundo tecnológico, lo que le despertó alguna que otra mueca de gracia. Precisamente eso es lo que ha ganado ahora, felicidad.

Como decía al principio, Denis tenía ganas de hablar, de desahogarse, de explicar con detalles cómo ha vivido él una difícil situación que le llevó a estar apartado del equipo y, durante seis meses, a no ir a ninguna convocatoria. Reconoció que ha vuelto a ser feliz, algo que desprende en su mirada y en su atrevido cambio de look.

El centrocampista es una persona herida, ya no sólo un jugador molesto. No se mordió la lengua a la hora de llamar "mentiroso" a Carlos Mouriño, presidente del Celta y el hombre que decidió apartarle del equipo. Lo hizo sin alterarse, tranquilo, con un discurso que se nota que llevaba meses en la cabeza. Ya no sonreía, pero tampoco se enfadaba, simplemente parecía disfrutar de una conversación que llevaba mucho tiempo queriendo soltar. Más que una entrevista, me pareció una conversación coloquial, como la que habrá podido tener con muchos conocidos.

Y seguramente sea su manera de cerrar un capítulo agridulce en su vida, uno que comenzó con ilusión y que terminó con una mezcla de rabia y pena. Él ya tiene claro que con esto pone el punto y final a su segunda etapa en el Celta, y aunque no descarta que haya una tercera, en el fondo da a entender que sabe que es un imposible. Y él, ahora mismo, desprende que está mucho mejor lejos del club de su vida.

El Celta también respira mejor sin Denis. Lo reconocen en privado y se lamentan de no haber podido encontrar una solución antes. Sin embargo, las cosas llegan cuando llegan y este divorcio, producido hace año y medio, se consumó el 31 de enero. Y la tercera pata en discordia, la afición, también ha conseguido pasar página en un tema que había dividido al celtismo y que ayer en Relevo se puso el punto y final. Bueno para todos, que hoy son ya un poco más felices.