Kylian Mbappé (25 años) no arranca. O, al menos, no lo hace al nivel de potencia que se espera de un campeón del mundo, autor de 342 goles en 473 partidos a lo largo de su carrera y fichaje más deseado en el Real Madrid en la última década y media. A pesar de que sus números sí parezcan aceptables (ocho tantos en 14 encuentros), sus errores en la definición en el Clásico, además de su tendencia a caer en fuera de juego, llevaron al Bernabéu a la desesperación con el francés en el tramo final. Aficionados y periodistas le colocan en el centro de la crítica y su influencia en el ataque no se corresponde con las expectativas que generó su incorporación. De sus ocho dianas, por cierto, tres han llegado de penalti.Lo cierto es que en el club también piden más a su segunda estrella (a la que esperaron pacientemente durante tres temporadas) y que Mbappé, a pesar de ampararse en el lógico proceso de adaptación y en que aunque no marque tanto sí genera, también acabó el choque contra el Barça tocado en lo anímico, como compartió con varios compañeros nada más enfilar el túnel y volver a la calma en el vestuario. Su primer duelo de envergadura se saldó con un 0-4 y la sensación de que el Madrid, en general, ha empeorado a nivel colectivo desde su aterrizaje.Ancelotti le defendió y mantendrá de puertas para fuera un apoyo inquebrantable: «A veces le pillaron adelantado, pero eso es bastante normal por cómo juega el Barça. Ha creado tres o cuatro oportunidades claras«. En varias de esas ocasiones se topó con Iñaki Peña (sacó un par de menos duras) y en otras dos le frenaron los colegiados; primero el del VAR, que invalidó el que hubiese sido el 1-0 por apenas centímetros, y luego el asistente, que levantó la bandera después de que el delantero fusilase al meta culé en la segunda mitad.Aunque el francés complique a las defensas y evidencie muchas de sus virtudes (velocidad al espacio, capacidad de desmarque…) en cada jornada, Kylian viaja con un extraño runrún a su alrededor que ayer llevó al Bernabéu a desesperarse con él; en la grada se escucharon comparaciones hasta con Morata, un experto consumado en incurrir en posición antirreglamentaria, y las redes se convirtieron en un hervidero. Si las negativas de Mbappé al Madrid en años anteriores, especialmente la del 2022, ya generaron un minoritario clima contrario a su contratación posterior, los que se oponían entonces a su fichaje encuentran ahora motivos para cargarse de razón. El ruido (críticas en Francia por borrarse de la selección tras ascender a la capitanía, el episodio que le vinculó con una investigación por violación en Estocolmo, demandas y disputas constantes con el PSG, sus problemas físicos…) tampoco le ayuda a mostrar la versión súper que todo el planeta aguarda de él.El asunto sería distinto si Mbappé hubiese salido un milisegundo después en la acción que estuvo a punto de significar el 1-0 y su gol hubiese subido al marcador. Ahí sí se mostró acertado (picó el balón sobre la salida de Iñaki) y, en realidad, supuso un quebradero de cabeza para Cubarsí e Iñigo Martínez durante los 90 minutos por su rapidez y ganas de mostrarse. Por eso, entre otras cosas, Ancelotti echa agua al fuego e invitar a confiar en que ya queda un día menos para disfrutar del Mbappé que asombró al planeta con el PSG y la selección.Los optimistas tiran del recuerdo de Zidane, al que también le costó unos meses desplegar su repertorio después de convertirse en el fichaje más caro de la historia del fútbol y luego acabó instalado en el Olimpo de las leyendas. Mbappé, con amigos en el vestuario y el soporte de Vinicius, Camavinga, Tchouameni o el staff, sabe que debe elevar sus prestaciones para liderar al equipo junto a Vini y reponerse del golpe del Clásico.Por ahí viene otro de los puntos de mejora de Mbappé: todavía no goza de los suficientes galones como para jalear, animar y levantar a sus compañeros como sí hacen el '7', Bellingham o incluso Valverde. El calendario que se viene, con seis puntos de desventaja en Liga y la visita a Mestalla (2-N) y el cara a cara con el Milan (5-N) en el horizonte, le obligará a dar un paso al frente. La pelea por el Pichichi, uno de sus objetivos individuales, ya se le escapa: lleva seis en la competición doméstica… y Lewandowski, 14. Hasta Ayoze (7) suma más pese a haberse perdido tres jornadas por lesión.En cualquier caso, el astro de Bondy goza de tiempo, margen y confianza como para recuperar el plan arrollador que arrasó en Europa y que aguarda Carletto. Su adaptación al puesto de delantero centro todavía está en desarrollo; y, después de un curso difícil en el PSG y limitado por alguna dolencia, debe terminar de coger el tono y maravillar. El madridismo así lo espera.