Una foto de despedida

Ha pasado una semana desde que se consiguió la permanencia. Rubén Baraja seguirá entrenando al Valencia Club de Fútbol. En realidad la sorpresa habría sido lo contrario, puesto que pese a que el entrenador puso determinadas exigencias que aludían a un cambio en la manera de funcionar del club, su implicación con 'su' Valencia y con 'su' Mestalla es total. Ahora Miguel Corona (reafirmado y que tendrá mayor poder que cualquier año), deberá llevar a cabo muchos cambios en el vestuario con los que Rubén está de acuerdo y que, sin desviar que el gran culpable es Peter Lim, han empujado más si cabe al club casi al precipicio.
Vaya por delante que es imposible decir que el vestuario tiene la culpa de todos los males, el gran mal del Valencia es Peter Lim. Dicho lo cual, esta temporada ha habido actitudes, situaciones y momentos poco profesionales en el vestuario che. Es cierto que algunos han llegado tarde a entrenar, también que otros han protagonizado 'desencuentros' con integrantes del cuerpo técnico que han supuesto su desconvocatoria o, también, que algunos jugadores han salido entre risas de Mestalla tras perder 0-2 ante el Sevilla y tener al equipo a tres puntos de la permanencia a solo un mes de acabar la competición.
Es cierto que ha habido menos química que otros años. Que donde antes habían campeonatos de karts en el equipo y cenas en común, esta temporada o bien no ha habido nada, o bien ha habido cenas de equipo a las que no han acudido la totalidad del mismo. En parte, esa falta de unión derivó de la ausencia de dos pesos pesados del vestuario che: Carlos Soler (que fue vendido al PSG) y Jaume Doménech (que se ha pasado el año lesionado y sin poder hacer apenas cosas). Y, en parte, esa falta de unión derivó de tener un equipo en el que seis jugadores sabían que a final de curso volaban del club. "Así es complicado hacer piña", esgrimían desde dentro.
Dicho todo eso, no, no es cierto que toda la plantilla del Valencia haya sido poco profesional. Ha habido jugadores que fueron diagnosticados con lesiones para un mes y que han hecho un esfuerzo para volver a los siete días, conscientes de la situación. Ha habido jugadores que han sentido tanto la situación del club que se han planteado buscar ayuda externa para que pudieran levantar la moral. Ha habido jugadores que han hablado con otros no tan profesionales para pedirles que arrimaran el hombro y ayudaran al equipo a sacar la situación adelante. Ha habido veteranos que sí han tratado de hablar con los más jóvenes para decirles, precisamente, que no tomaran como ejemplo a otros compañeros.
Y luego está lo de las primas por la permanencia, que pese a que Relevo lanzó la información de una manera, se ha interpretado como la contraria. No, no todos los jugadores necesitaron ese 'incentivo' -para un servidor bien puesto por el club tras meterse en un problema que el propio club provocó-. Pero la realidad es la expuesta: había jugadores que empezaban a desconectar pese a que otros tantos querían ayudarles a 'subirse al barco' y el club quiso apoyar en esta situación para que hubiera más jugadores en la causa.
Vamos, que ha sido un año donde han pasado mil cosas y donde muchos integrantes de ese vestuario lo han sufrido como lo que era: un drama. De ahí, la foto que se hicieron todos en el Benito Villamarín tras lograr la permanencia, una foto que generó mucha polémica entre los aficionados al entenderse como una foto triunfal, pero que no lo era ni mucho menos. Era una foto de despedida.
Todos en ese vestuario saben que el año que viene la mayoría no seguirán juntos. Ya sea porque acababan contrato (seis jugadores), ya sea porque están en venta (dos jugadores), ya sea porque ellos mismo buscan una salida. Por ello, tras todo el sufrimiento que ha tenido la plantilla a lo largo de esta temporada, quisieron inmortalizar un momento feliz, el único quizás en todo el curso: el de la permanencia. Al final, como dijo Gayà, los jugadores intentan "aislarse de todo lo que ocurre en el club", y la realidad es que esos jugadores con mejores o peores comportamientos, sacaron del atolladero al club en Sevilla y después se dijeron adiós. "Ojalá tener un club en el que no necesitara aislarme para jugar bien, sino que el club acompañara y nos empujara", debe pensar con razón Gayà. Siempre le quedará la foto de despedida.