Radiografía del Frente Atlético, la grada en la que los violentos conviven con las esencias del club
El grupo perdió el nombre y oficialidad, pero sigue siendo un factor a tener en cuenta en la vida social del Atlético de Madrid. Ahora LaLiga insta a su disolución definitiva.

El Frente Atlético no existe porque tras la última muerte en el fútbol de élite español, la de Jimmy en el Manzanares, algo tenía que pasar. El club rechaza su existencia, la pancarta desapareció y no hay una entidad legal que lleve ese nombre. El Frente Atlético no existe pero ahí está, y nadie con ojos y cerebro sería capaz de negar su existencia sin sonrojarse.
El Frente Atlético existe, tiene web y merchandising, también algunos chavales que hacen tifos y coordinan los cánticos. Una búsqueda superficial en Twitter es suficiente para encontrar cientos de evidencias de una existencia que solo terminó desde un punto de vista administrativo. Ahora LaLiga quiere que ni siquiera eso exista y ha comunicado que denunciará a los alborotadores e instará a la disolución definitiva del grupo.
Ahora es un fondo más o menos heterogéneo, con más ruido que el resto del campo y unos pocos radicales: 60, 100 o 200, según a quien se pregunte. Una minoría, pero una de esas importantes, porque esa violencia forma parte también de la definición del grupo. Es, en todo caso, algo muy distinto a lo que fue cuando todo empezaba.
Borja Bauzá explica en su libro La tribu vertical que el Frente Atlético llegó en los 80 con la aquiescencia de Vicente Calderón, que incluso fue importante para que tomase ese nombre. Antes existía otra formación, la Rubén Cano, que se considera un antecedente. Fue Frente Atlético y no Rossoblanco porque el presidente no quería extranjerismos.
Manuel Rodríguez Montserrat, profesor de Derecho en la Universidad de Málaga, ha estudiado la historia de estos grupos y su intersección con la sociedad. "Cuando esto se inicia, principalmente en Inglaterra, está relacionado con los barrios que están oprimidos, marginados, incluso desde el punto de vista obrero, es decir, las clases más bajas. Muchas veces el estadio de fútbol es un reflejo de la sociedad y entonces encuentran un sitio donde poder destacar y a través del grupo se crean incluso una serie de valores", explica. Esta función social, por así decirlo, es importante siempre y lo es desde luego en el Atlético de Madrid actual. Más adelante se explicará por qué.
Algunos jóvenes españoles empezaban a embelesarse con dos fenómenos distintos pero cercanos, los hooligans ingleses y los ultras italianos. Los primeros eran violentos, algo anárquicos en sus formas, muy bullangueros. Los segundos, además de algunas de esas características, aportaban también color, banderas y tifos. Y todo eso es lo que se empezó a extender en España, también en el Calderón. Una manera de que el fútbol pasase de pasatiempo a pasión, con más ruido y vitalidad. De hecho, se data en el año 90, en un partido en el Calderón contra la Politehnica de Timisoara rumana, el punto de inflexión en el que de repente el grupo se convirtió en un coro durante todo el partido. Con todo lo bueno y lo malo que tiene eso.
Desde el principio hubo relación con los dirigentes del club, aunque fuese con altibajos, como sigue ocurriendo. Un par de pinceladas de Jesús Gil, presidente noventero por antonomasia, da para saber que en esa relación podía haber amor y odio. Lo hubo sin duda, y la época quizá no llegó a plomo, pero en toda España el problema fue mayúsculo. Peor todavía, había un nivel de violencia tan constante que solo las tardes más desaforadas llamaban la atención. Un puñado de mecheros tirados al césped, lo que hoy razonablemente resulta escandaloso, eran símbolo de una tarde apacible.

La existencia de estos grupos, también del Frente, tiene una vertiente en la grada, pero a veces es secundaria. Lo explica Iñaki Domínguez, autor del libro Macarras interseculares: Una historia de Madrid a través de sus mitos callejeros: "Los clubes empezaban a tener a esta gente porque son un apoyo psicológico para los jugadores y un apoyo para llenar el campo, pero había mucho dinero también. La gente que lideraba el Atlético o Ultras Sur tiene también un negocio legal en lo que es venta de merchandising, por ejemplo". También durante años fueron organizadores de viajes y distribuidores de entradas. El movimiento ultra es muchas cosas, también un negocio.
Lo que era y lo que es
Todo eso define lo que fue en su momento el Frente, lo que fueron casi todos los muchos grupos que poblaron las gradas en España. El presente ha cambiado, porque la sociedad ha cambiado. Para la realización de este reportaje se ha contactado con muchos aficionados atléticos, observadores curiosos que miran a la grada, conocen y, en cierta medida, comprenden lo que ocurre en ese fondo sur del Metropolitano. Sin nombres ni apellidos, explican cómo funciona y qué representa todavía el Frente Atlético. No representan todas las sensibilidades del club, pero sí algunas importantes.
La definición general sí tiene nombres y apellidos. La da Borja Bauzá, que en una conversación reciente con Relevo ayudaba a explicar por qué el Frente sobrevive más que otros grupos, por qué sigue siendo importante en un momento en el que los grupos de este estilo están de capa caída en los estadios.
Explica Bauzá, y muchos otros asienten, que el Frente forma parte de la vida social del Atlético. Donde los de fuera solo ven un grupo de violentos, desde dentro la cosa cambia. "El Frente al Atlético también ha tenido sus enfrentamientos con la directiva. Es un grupo muy grande y luego es un grupo que, por ejemplo, con el tema de volver al escudo, ha sido importante. Cuando se hizo la votación salió que era mayoritario, pero quienes estaban a la vanguardia de esa iniciativa, supongo que también con más peñas y gente importante, era el Frente Atlético. Es un grupo que mantiene una sintonía con parte de la afición del Atlético", explica el experto.
Esta definición de Bauzá es repetida por muchos de los que cogen el teléfono, todos ellos aficionados de ir cada domingo, pero ninguno actualmente con abono en ese fondo sur. Hay sintonía, entre otras cosas porque esos aficionados (como conjunto, no solo los radicales) representan un espíritu que gusta en buena parte del hincha medio del estadio. Los que responden recuerdan que un aficionado atlético nace en minoría, que eso marca una identidad y que el Frente Atlético es, en buena medida, uno de los garantes de que esa identidad no se pierda.
Siempre se repite lo del escudo, pero no es solo eso. Si ahora existe una estatua a Luis Aragonés es, dicen, por el impulso de esa grada y de sus líderes. Son los que organizan los cánticos, los que le dan personalidad al campo e incluso aparecen en cuestiones logísticas, como la organización de viajes. Y en tiempos recientes ha pasado algo que antes, según cuentan, no existía, y es que el Frente, en sus cánticos, ha intentado incluir al resto del estadio, como si buscasen afianzarse como una parte más de la sociedad, y no como una diferente. Esa vertiente social, casi vertebral, forma parte de la cultura del club.
La violencia, que ha existido y según Rodríguez Montserrat siempre estará ahí porque es cíclica, es lo más llamativo para todos los de fuera, pero para muchos de los de dentro es solo un rasgo más, un añadido desagradable pero quizá indisociable. José Manuel Ríos Corbacho, profesor de Derecho en la Universidad de Granada, también cree que la violencia no tiene solución, forma y formará parte del fútbol y de este tipo de gradas.
Hay, eso sí, un matiz importante. Manuel Rodríguez Montserrat, que ha estudiado el fenómeno, explica que con el análisis de los datos del Consejo Superior de Deportes se ve que dentro del recinto los problemas han decrecido en la última década, pero que más que desaparecer se han trasladado a los aledaños.

Los conocedores del Frente también introducen el fútbol moderno en la conversación. El Atlético de Madrid, con Simeone, se ha consolidado en la élite europea. Eso significa más dinero, más estatus y también atraer a algunos que solo llegan al calor del éxito. Algunos habitantes de las gradas del estadio ven con miedo esa transformación. Es fácil ver en otros estadios cómo ahora la parte comercial prima, la presencia de turistas y, en general, se ha convertido más en un espectáculo que en una pasión. El Frente, dicen, ayuda a que el Atlético y su bullanguera grada no pierda esas esencias.
Algunos creen que el fútbol será peor si no hay gritos, cánticos y banderas, si se pierde ese color, y que los movimientos de Florentino o Laporta para echar a los violentos de sus estadios derivó en un acelerón de esa mercantilización del fútbol.
La relación con el club
El Frente es, por lo tanto, representante de ciertos valores que la grada aprecia. También es, quizá más que sus homólogos en otros grandes equipos, un grupo incardinado dentro de la estructura del club. ¿Cuál es la relación del Frente Atlético con la directiva, los jugadores o el cuerpo técnico? Es difícil de saber exactamente cuáles son los canales de comunicación, pero la comunicación existe.
Los ejemplos son diversos, pero también muy visibles para quien va cada quince días al Metropolitano. Desde hace años, LaLiga endureció su política con las gradas españolas y fijó multas importantes para los clubes que permitiesen esos cánticos. Tras cierta zozobra, en el fondo sur del Metropolitano se remodeló el repertorio y ahora rara vez esas canciones son constitutivas de delito. Teniendo en cuenta que es el club quien carga con esas multas, en última instancia sus accionistas, quienes pagarían aquello, esa sofisticación reciente del Frente no pudo ser más que bienvenida. Es verdad, en el derbi todo esto saltó por los aires, desde el principio del partido comenzaron canciones de esas que terminan en el acta de un partido, pero no es lo habitual.
Explica uno de los observadores que en el Frente hay una persona que dirige los cánticos con un megáfono, tiene una estructura montada para situarse y es él quien elige las canciones. Hasta hace poco era un chico llamado Gorka, pero una denuncia por racismo contra los Williams le ha quitado de la circulación. El propio hecho de que exista un pequeño andamio para esa posición ya muestra cierta connivencia con el club. Y, en Twitter, algunas voces frentistas discuten la importancia de hacer caso al speaker, porque en este grupo existe jerarquía y mando.
La relación no siempre es sencilla. Hace un par de años hubo una huelga de animación del Frente Atlético. La justificación que dieron por Twitter fue el escudo, pero los aficionados rojiblancos no terminaron de comprarla. Fue un tiempo turbulento, con Griezmann pidiendo que volviesen a animar y un rechazo mucho más sonoro del resto del campo que en otras muchas ocasiones. Como llegó se fue aquella huelga, sin solventarse lo del escudo, que fue algo más tardío. Algunas fuentes apuntan a que el motivo más probable de aquella pataleta fue algún problema interno con el club.
No solo es el club. En el derbi se hizo evidente una conversación de Koke y Simeone con algunos de los miembros menos recomendables de la grada de animación. La mera charla deja claro que existe cierta relación y además en la historia reciente del club hay otros momentos en los que se entendió una cercanía entre el grupo radical y los jugadores.

El más llamativo es, probablemente, el momento en el que Godín fue a hablar con el Frente en 2018. El colectivo estaba gritando durante todo el partido, uno de los últimos de la temporada, a Griezmann. El francés tenía en marcha un documental en el que deshojaba la margarita de irse al Barcelona o permanecer en el club. Godín acudió al fondo y, como si de una confidencia se tratase, les comunicó que se quedaba, como finalmente sucedió. El Frente no lo puso en duda, lo único que hizo fue cambiar las críticas por aplausos y abrazar de nuevo al jugador francés. Un intercambio directo y difícil de imaginar sin cierto conocimiento previo.
Es cierto que, como en todo grupo, en sus entrañas no solo está el fútbol, desde luego. La ideología de extrema derecha ha formado parte de la historia del grupo, pues aunque no era exclusiva —dentro del grupo, por ejemplo, estuvieron unos aficionados de izquierda llamados Red Star— era desde luego hegemónica. Ahora ya no hay simbología nazi, pero la pulsión existe. Hay una historia reciente, mucho más turbia, con una lucha de poder en la que un grupo de nazis intentó hacerse con el control del Frente, incluso propusieron una alianza con Ultras Sur, pensando que la ideología está por encima del fútbol. De fondo latía no solo la ideología, sino también un negocio criminal, casi mafioso. Porque todo eso también está presente en los grupos de hooligans por el mundo.
Todo ha cambiado y seguirá cambiando. Hoy la grada es un lugar más manso, mucho más tranquilo de lo que fue en el pasado. En parte porque la sociedad es menos violenta y esos grupos son cada vez más rechazados. También por una pura evolución tecnológica, las cámaras de circuito cerrado son capaces de encontrar sin mucho margen a la duda a todos aquellos que utilizan el fútbol para comportarse como vándalos. No solo la capacidad de distinguirlos, sino también una legislación mucho más eficaz que en el pasado para sancionarlos, con importantes multas. Eso también es hoy un motivo para el Frente Atlético, el grupo ultra que no existe pero está.