REAL MADRID

Así se gestó el bombazo de Benzema, que incluso dijo en el vestuario: "¿Yo? Me quedo"

El Mundial y la oferta de Arabia cambió su estabilidad. Alternó su convicción por irse con sus amagos de continuar. Hasta que el plan del futuro (Kane) le abrió los ojos.

Carlo Ancelotti abraza a Benzema tras un partido esta temporada./Getty Images
Carlo Ancelotti abraza a Benzema tras un partido esta temporada. Getty Images
Alfredo Matilla

Alfredo Matilla

Hoy, con la oficialidad de la marcha de Benzema en la mano, varias fuentes que rodean al Real Madrid aseguran que estos últimos cinco meses podrían haber sido un simple teatrillo entre Florentino Pérez y el delantero, para ganar tiempo y encarrilar los planes de futuro, y que su salida ya estaba pactada desde Navidad. Con perspectiva, no está mal tirada.

Fue justo en esa época, cuando ya había renovado su contrato mediante un pacto de caballeros por haber sido Balón de Oro, el instante en el que se origina un sorprendente seísmo que todos han negado pero que muchos han ido alimentando. Ése fue el momento preciso en el que el ambiente alrededor del francés empezó a enrarecerse. Desde entonces, y a través de cuatro publicaciones clave, Relevo ha venido contando con pelos y señales lo que estaba sucediendo y lo que tantos no querían ver. Valga el recordatorio general -y una única cita- para no llenar el texto de autobombo en cada capítulo de esta historia.

El 20 de febrero de este año las dudas se hicieron públicas. 'Algo pasa con Benzema' fue el titular más comentado por el que el madridismo puso las orejas tiesas por primera vez. Benzema tenía una oferta en su poder (que había desvelado días antes El Mundo). Los acercamientos, se supo después, se habían realizado a través de intermediarios del gobierno saudí, por la que recibiría 200 millones de euros -libres de impuestos- por dos temporadas y en la que se incluía un proyecto en torno a su figura como imagen del país rumbo al Mundial 2030. Una mega propuesta que le llevaría a ser un abanderado de la candidatura junto a otras estrellas. Lo que parecía un guiño más, hizo cosquillas al 9. Demasiadas.

De hecho, entonces su convicción por marcharse era firme. En plena previa de la eliminatoria ante el Liverpool, el capitán comenzó a bromear con varios de sus hombres de confianza en lo atractivo que iba ser vivir en Yeda, sede del Al Ittihad. El hecho de que Ancelotti, su máximo valedor, estaba en aquellos momentos en el alambre reforzaron esa idea. El ariete no estaba dispuesto a tener que volver a ganarse la confianza de un nuevo entrenador en caso de que el italiano no siguiera y cortase de raíz un contrato que expira en 2024. Prefería salir a ver -para él- tal injusticia. De ahí que sus declaraciones fuera escasas y esquivas. En la Supercopa de España celebrada en Riad se le notaba demasiado tibio: "¿Seguir en el Madrid? Yo disfruto día a día". De hecho, el club, tuvo que apostar por la inacción. En vez de anunciar a bombo y platillo la renovación de su estrella, guardó silencio como si fuera un papeleo más.

Lo que se dice vs lo que pasa

Desde aquel runrún, todo fueron gestos de cariño, confianza, "ya hablaremos", odas a sus goles y vista gorda a sus lesiones. Total, lo importante era "centrarse en la competición". Sólo algún editorial con buenas dosis de información entre líneas mantenían latente la línea de investigación de que algo potente se estaba cociendo. Hasta que la eliminación en Champions a manos del Manchester City a mediados de mayo comenzó a acelerar la planificación deportiva, obligó a la directiva a multiplicar las reuniones y, lo más importante de todo, a tener que poner día y hora para solucionar muchos frentes abiertos que no acababan de tener respuesta. Sobre todo en cuanto a las renovaciones.

Así, el pasado miércoles 28 de mayo, otro titular removió los corazones de la hinchada: 'Arabia insiste con Benzema... a pesar de que ya se daba por cerrada su continuidad'. El internacional, cercano y bromista casi siempre, había mutado en Valdebebas en un hombre hermético, pensativo y huidizo. Sus continuas bajas en varios partidos, por problemas menores que no le hubieran impedido jugar por ejemplo una final, pusieron en alerta a los que mandan. Pero fue su ausencia en el Real Madrid-Getafe, donde la plantilla ofreció la Copa del Rey lograda ante Osasuna, lo que más mosqueó al personal. Varios pesos pesados se enfadaron, ya que tres días después el equipo se jugaba la temporada ante el City en la vuelta de semifinales y convenía hacer piña. "Ha cogido los peores detalles del último Cristiano, mirando más por él que por el grupo", se atrevió a murmurar más de uno en la caseta.

El club ya sospechaba que tramaba algo serio y le veían fuera. Por eso, la reunión que tenían que mantener en Valdebebas al día siguiente (29-M) Florentino Pérez, José Ángel Sánchez y Ancelotti cobraba mucha fuerza. No era una más y convenía rascar entre bambalinas. En esa cumbre salieron muchos nombres. Decisiones impactantes, como la rescisión ahora confirmada de Hazard. Los planes para la delantera, con Kane como primera opción y con Havertz en una carpeta de honor. También sobrevoló por encima de todos el nombre de Mbappé, como claro objetivo (con detalles para el optimismo) de cara a 2024. Y, claro, se consensuó que había que pensar en organizar la campaña 2023-24 sin esperar a lo que iba a decidir Benzema, presumiblemente que se iba a marchar.

"Lo que se dice es internet, e internet no es la realidad"

Karim Benzema Tres días antes de su despedida

Sin embargo, esa misma tarde Karim tenía un acto de enjundia en Madrid. Recibía el Marca Leyenda. Y allí, en mitad de un decorado amable con niños haciendo de periodistas, con un presentador incisivo como Miguel Quintana y con un rapero que le animó a unirse a ese ritmo vacilón, Benzema dejó una frase para el recuerdo con un mensaje subliminal que creó algo de confusión: "Lo que se dice es internet, e internet no es la realidad". Pocos minutos después, el propio medio que organizó el prestigioso acto publicó con contundencia que Benzema se quedaba en el Madrid. El círculo más íntimo y cercano del futbolista estaba acompañándole en el Casino, al que por cierto no acudió ningún representante del Real Madrid, y por tanto Karim y los suyos estuvieron a solas toda la tarde con los periodistas de la casa... Como no hay imágenes de VAR, quedan los análisis: el famoso "entorno" mintió o cambió de opinión con la velocidad que un camaleón muda de piel.

Un caso que nunca se cerró

Lo cierto es que casi todo el mundo dio por cerrado el caso. Marca siempre fue Marca. Y, además, pese a que hasta hoy no se ha desvelado, dos detalles alimentaban el despiste. Por un lado, Karim estaba tramitando a través del club la renovación de su visado para poder acudir a la próxima gira en EEUU y, además, ya había sido contundente en el vestuario esa misma mañana cuando contestó a algún compañero que llegó a preguntarle con sorna y descaro en el gimnasio por su futuro: "¿Yo? Me quedo". Parecía la confirmación de un caso sin más recorrido.

Hasta que todas las partes implicadas en el mismo, al ser consultadas pocas horas después del bombazo, seguían transmitiendo inseguridad. Los nombres de Kane y Havertz habían enseñado el camino al galo. Ahí acabó de entender que no sólo él, sino el club y los técnicos, estaban encantados con que Arabia hubiera aparecido en sus vidas. Lejos de enfadarse, le alivió. Iba a ser mucho más sencillo sellar la despedida. Así que pidió el teléfono de Nuno, técnico de su futuro equipo, para prometerle compromiso y preguntar mil dudas, y volvió a decirle a su gente que igual había que ir haciendo las maletas.

Karim Benzema aplaude a la afición tras un partido en el Bernabéu. Reuters
Karim Benzema aplaude a la afición tras un partido en el Bernabéu. Reuters

Por eso, este mismo sábado, vio la luz una información que ratificaba que las dudas iban a más y que en el Real Madrid-Athletic podría haber un emotivo e inesperado homenaje: 'En el Madrid aún no dan por cerrado el caso Benzema'. El texto anunciaba que Karim se reunió con Ancelotti antes de entrenar, conversaciones que se repitieron al acabar, y que también tuvo palabras de nuevo con el presidente. El jugador estaba tan tenso que, una entrada a destiempo de un compañero, le hizo daño en su tobillo derecho maltrecho -hoy le quitan los cuatro puntos-, por lo que salió a relucir su peor genio. Los nervios. Sin mediar palabra, dejó el entrenamiento y se fue a la ducha, donde se enfrió.

Para entonces ya le había dicho a Ancelotti que entendía que quisiera reforzar la delantera y que fuera a tener de nuevo, en caso de seguir, más competencia. Él, como deseo personal, pretende en el futuro trabajar para el Madrid debido a su excelente relación con el presidente. Y ve con buenos ojos ser un embajador. Así que, sin saberlo, ese fue su estreno. El primer día en el que empezó a pensar más en el futuro que en el presente, más en el grupo que en él, como un verdadero hombre de club. Dio el visto bueno a Kane, su relevo natural, así como a otros objetivos en mente (Havertz, Joselu, Bellingham..), a refuerzos que ya no podrá recibir (Fran García, Brahim...) y todos los fichajes que están por llegar.

Esa fue su despedida de Valdebebas. Con sus galones intactos de capitán. El adiós definitivo será distinto, tras impulsarse hace unas horas con un comunicado oficial bastante más cariñoso que el que redactaron, por ejemplo, con la salida de Mariano. El fin a a 14 años de relación, mezclará el rugido de agradecimiento del Bernabéu con la solemne despedida institucional preparada para el martes. Un final que pareció que nunca iba a llegar y que, sin embargo, fue la crónica de un divorcio anunciado.