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...Y a la mañana siguiente de la manita al Real Madrid, dos huevos fritos con patatas

Relevo se sienta con varios integrantes del Dream Team de Cruyff para recordar la memorable noche del 5-0, 30 años después.

Romario marcó un hat trick en el 5-0 ante el Madrid. /FCB
Romario marcó un hat trick en el 5-0 ante el Madrid. FCB
Lu Martin

Lu Martin

Zubizarreta; Ferrer, Koeman, Sergi Barjuan; Nadal, Guardiola, Amor, Goiko; Bakero, Stoichkov y Romario. Luego, al inicio de la segunda parte, Laudrup salió por el búlgaro. Ya casi al final, minuto 76, Iván Iglesias, por Bakero. En el banquillo se quedaron Busquets, Eusebio y Txiki Begiristain, que cosa curiosa, siendo uno de los jugadores de confianza de Johan Cruyff no jugó en los que probablemente sean dos de los partidos más históricos de aquel inolvidable dream-team: la victoria en Wembley el 20 de mayo de 1992 contra la Sampdoria, el día que el FC Barcelona ganó la primera Copa de Europa y el 8 de octubre de 1994, cuando el conjunto azulgrana, un sábado por la noche, le metió cinco al Real Madrid. Ayer se cumplieron 30 años.

El Barça ganó la Liga 1993-94 en la última jornada y con otra manita en el Camp Nou contra el Sevilla (5-2) el 14 de mayo de 1994, la cuarta Liga consecutiva del Barça de Johan Cruyff. "¿Treinta años ya?", se preguntaban ayer sorprendidos varios de los protagonistas al recibir la llamada de Relevo. Fueron, probablemente jugadores de reparto en aquel partido y en muchos otros durante aquel curso, internacionales todos, imprescindibles en aquel partido y en muchos.

«El pase de Pep desencadenó la tormenta del pequeño»

Andoni Zubizarreta, por ejemplo, capitán natural de aquel singular grupo, mientras preparaba lentejas en su casa, en el casco viejo de Bilbao. Zubi, como muchos de sus compañeros, confiesa que de aquel partido no tiene "un recuerdo excesivamente presente, más allá de aquel pase de Pep que desencadenó la tormenta del pequeño y que desencalló un partido que, como siempre contra el Madrid, estaba siendo denso, trabado, como solían ser los derbis, porque entonces creo que no se llamaban todavía Clásicos". El pequeño, claro, es Romario, y la jugada, la mítica cola de vaca que dejó sentado a Alkorta, compañero en la Selección del entonces portero del Barça, que dejó de serlo a final de aquel curso, despedido la mañana después de perder la final de la Copa de Europa en Atenas contra el Milan, en un autocar camino del avión en el aeropuerto de la capital griega. "Con el tiempo tengo el recuerdo de los goles, claro, y de la imagen de Toni Bruins con la mano abierta, con los dedos extendidos, que claro, en el campo no vi, la vi después por la tele". Toni era el segundo de Johan Cruyff, un tipo entrañable, que falleció hace poco más de tres años y al que todos los que le trataron recuerdan con agrado: "Era un tipo divertido, positivo, que solía preparar los informes de los equipos rivales, que conocía el juego y nos ayudó mucho", admite Zubi.

"Muy buena persona", admite Guillermo Amor que en su día le afeó el gesto al técnico holandés. "No me gustó, es verdad, porque siempre he creído que hay que ser muy respetuoso en la victoria, será porque siempre he pensado que el rival debe serlo contigo cuando pierdes, Y es que nunca sabes cuándo te tocará perder". Y cierra entre risas: "Porque a todos nos toca perder alguna vez, menos a Laudrup, que al final es el único que ganó siempre. Porque al año siguiente, fuimos al Bernabéu y nos metieron cinco. Y Michael, que jugaba con ellos, volvió a ganar 5-0. Un crack", se ríe Guillermo, que sale de una comida con su buen amigo Toni Marfil, y otros, mientras atiende a Relevo.

Asume que saber que hace 30 años de aquel partido, del que tampoco recuerda demasiado salvo que "el ambiente en el campo era brutal y que estábamos muy contentos", le genera una sensación: "Nos hemos hecho mayores". Admite que si algo ha dejado para el recuerdo aquel partido es el gol de Romario: "Imposible olvidarlo. Además fue el 1-0, porque hasta entonces, el partido estaba complicado, el Madrid tenía un gran equipo y lo estaba poniendo tan difícil como suelen siempre esos partidos. Ese gol quedó para la historia, como el resultado del partido". Guillermo recuerda a Romario como "un futbolista especial, que regalaba cosas diferentes. Un tío tranquilo que estuvo poco con nosotros, pero que marcó a los compañeros y a los entrenadores. La pena es que se fue al Mundial y ya no volvió. Bueno, él sí, pero su cabeza se quedó en Brasil", resume uno de los referentes históricos de la cantera azulgrana.

"Romario se fue al Mundial y ya no volvió. Bueno, él sí, pero su cabeza se quedó en Brasil"

Guillermo Amor Jugador del Barcelona (1988-1998)

Iván Iglesias marcó el quinto

En aquel partido, Romario marcó el primero y dos más. "Cuando estaba inspirado era imparable. Nos regaló un año espectacular. Disfrutamos todos", insiste Txema Corbella, el histórico utilero del Barcelona. Acaba de jugar a golf –"es la suerte del jubilado", se ríe el de Lleida- y también se sorprende: "No fotis! ¡¡¡30 años ya!!!", se exclama al enterarse. Y avisa: "No te podré ayudar. Porque de aquel día es que no me acuerdo de nada. Me acuerdo de aquel grupo, claro, era gente irrepetible, extraordinaria, muy muy buena gente. Pero del partido... Hombre sí, del golazo de Romario y de Toni feliz como pocas veces con la mano levantada, eso sí que lo vi desde el banquillo, pero poco más".

De los dos habla maravillas: "Toni era un tipo encantador, divertido, cercano, amable, majo de verdad. Y Romario no daba un problema. A mí por lo menos. Amable, cariñoso... Nada, cero manías. Siempre las mismas botas, si se le rompían te traía otras y te decía, estas para entrenar, estas para jugar si llueve, si no llueve estas... y punto. No hablaba mucho, se reía con Stoichkov.... Todo fácil, muy poco ego en aquel vestuario, cero. Gente muy buena y futbolistas fantásticos" les recuerda Corbella, que añade: "Muchos de casa". "Dios ha jugado a mi lado", dijo Romario aquella noche, tras el hat-trick.

"Romario no daba problemas. Era amable y cariñoso. Tenía cero manías"

Txema Corbella Utilero del Barcelona (1982-2014)

Los otros dos goles los marcaron Koeman y un chaval asturiano que se sacó de la manga por sorpresa Johan Cruyff; Iván Iglesias, que firmó el quinto: "Me hizo especial ilusión, porque éramos compañeros de habitación", recuerda Sergi Barjuán, que a día de hoy ejerce como director de las academias internacionales del FC Barcelona, tras haber sido responsable del Barça B antes de la llegada de Rafa Márquez al banquillo del filial. Explica que Iván era un futbolista "muy completo, técnicamente brillante y con una llegada enorme. No paraba durante el partido, tácticamente era inteligente... era un Guillermo Amor salido de Mareo, la escuela del Sporting, muy buen futbolista y muy buen chaval", le descubre el de Les Franqueses.

Y a la mañana siguiente, dos huevos fritos con patatas

El que fuera lateral del primer equipo y de la Selección española recuerda de aquel partido que se lo pasó "corriendo la banda, de arriba abajo, como siempre" y que fue su segundo duelo contra el Real Madrid. "El primero en el Camp Nou. Había debutado el año antes en el Bernabéu, el día que ganamos 1-0 en el Bernabéu con gol de Amor, en un partido crucial, porque ganábamos o perdíamos la posibilidad de conseguir el título". Tampoco es que se acuerde mucho del partido, solo lleva clavada en la memoria un momento del partido: "después del 4-0 el campo se incendió. Fue el público el que nos llevó al 5-0. ¿Si hubo fiesta? No te creas, en el vestuario no recuerdo mucho. Estábamos contentos, pero tampoco mucho. Luego sí, me fui de fiesta con mis colegas, de esa sí me acuerdo. La liamos gorda, pero con los colegas. Piensa que yo era muy jovencito. Creo que al día siguiente estábamos todos mucho más contentos que el día partido".

Pep Guardiola especialmente. Aquella noche le dio el primer beso de su vida a Cristina. Lo ha contado muchas veces. Lleva 30 años con ella. La tuvo que dejar antes de medianoche en casa, porque ella, una jovenzuela, vivía en una residencia de estudiantes, así que se fue a dormir muy pronto y en consecuencia, madrugó camino del entrenamiento en el Camp Nou. Antes, paró en el Hotel Princesa Sofía, compró la prensa en el quiosco de la puerta y antes de entrar leyó la portada del Sport: "¡Otro 5-0". Se sentó en el bar y, al día siguiente de meterle cinco al Madrid, se comió dos huevos fritos con patatas para celebrarlo. Era domingo y en Barcelona hizo un día fantástico. Han pasado 30 años.