De tanto decir que se parece a Kimmich, Casadó se lo está creyendo

Y mientras Gavi no estaba, apareció Casadó. En el Barça, La Masia funciona como una cadena de producción masiva, abasteciendo la alta exigencia de los aficionados, como si fuese una tienda artesanal, siempre al punto para sorprender a quienes ya están acostumbrados a su excelencia. Nada define mejor a La Masia que en la ausencia de un talento genuino como Gavi el primer equipo pueda contar con una figura como la de Casadó, joven pero con un juego que se empeña en resaltar una experiencia que niega sus 21 años. El canterano es la viva imagen de un Barça que no es sino una máquina de generar confianza.
En el fútbol los estados de ánimo son capaces de redefinir las percepciones ajenas y propias, de construir o destruir jugadores y, en definitiva, de generar un marco de expectativas u otro. De ahí que cuando en la anterior temporada se apuntaba al pobre rendimiento de los jugadores, la lectura no debía quedarse en un nivel bajo, sino en por qué esos futbolistas estaban jugando de esa forma. Raphinha se atreve con todo, en un estado de confianza total que le permite estar, en muchos momentos, por encima del partido, demostrando que hasta hace no tanto se le leía como algo que no era, por lo que siempre daba la sensación de faltarle algo. Su voracidad, agresividad, precisión y lectura son oro molido para un Barça que exprime sus pasillos interiores para abrir las puertas de la defensa contraria. Nadie entra mejor en la casa ajena que el brasileño.
Si las lesiones cambian proyectos, para Flick no parece haber una que no pueda subsanarse. Inició el partido con Ferran de extremo y, a los cinco minutos, tuvo que cambiarlo por Eric. Un central haciendo de mediocentro. No hubo dudas ni amagos de caída para el equipo, sino una respuesta coherente, coral y hambrienta, de un equipo que entiende cada varapalo como una oportunidad para probarse y recuperar su orgullo perdido. Y nada de ello existe si el plan trazado no es el correcto. Y lo correcto no se encuentra en un manual, sino en la capacidad de cada uno para convencer al resto. Lo único que funciona es aquello que el otro compra. Y Flick podría pararse en medio de Barcelona vendiendo biblias que toda la generación de Tik Tok se las compraría.
En Casadó luce la virtud de querer estar en un sitio. Una cualidad a ratos menospreciada por otras muchas que son complementos de lujo, pero Marc demuestra tener aquello que se necesita para sobrevivir. A su competitividad enfermiza celebrando una entrada con 0-3 se le añade el don de la ubicuidad, de estar siempre presente para un pase que agreda al rival, como si las ideas de Flick hubiesen estallado en su cabeza y Casadó ya no pudiese pensar en otra cosa que en un pase rompiendo una línea. Así nació el 0-2 o fabricó el gol de Pedri en Girona. De tanto alabar su entrega y su compromiso se corre el riesgo de obviar que él ha compensado la ausencia de Pedri en la base y ha paliado la de Olmo en la mediapunta, todo en un Barça sin Gavi ni De Jong. Que de tanto explicar su entrega no se nos pase ponderar un juego que nace de quien ha estado siempre al servicio de algo más grande que uno mismo. De tanto decir que se parece a Kimmich, Casadó se lo está creyendo. Si Flick pone a Casadó de delantero centro, el canterano se va con doblete. Porque el fútbol a veces es más lo que uno cree que lo que uno es.