El socio más longevo de Las Palmas se harta del rumbo del club: "Es una gestión de amiguetes"
Néstor Doreste lanza en Relevo un duro mensaje sobre la angustiosa tesitura del equipo insular en su 75 aniversario.

Néstor Doreste Padilla (Gran Canaria, 1939) es el socio más longevo en vida de la UD Las Palmas. Desde la primavera del 50 es un testigo fiel de cada triunfo y cada desilusión que ha atravesado el club a lo largo de más de siete décadas. Los títulos de dos de sus más de diez obras literarias -"El Pozo Negro" y "Hacia el Abismo"- son, a su juicio, los espejos que mejor reflejan el estado actual del conjunto grancanario. Para él, la relación con la escuadra insular es un compromiso que ha perdurado por pura tenacidad y amor sincero. "Las victorias han sido escasas y las derrotas frecuentes, pero pese a todo, esta pasión sigue intacta, viva y profunda. Es algo imposible de arrancar del corazón", declara a Relevo con total franqueza.
A sus 85 años, Doreste contempla con melancolía el presente de su equipo, colista con solo 3 puntos de 27 posibles en su peor arranque histórico en Primera División. Aquella UD Las Palmas que en su juventud fue sinónimo de profesionalidad y elegancia ha quedado reducida, según sus palabras, a un buen puñado de decisiones erráticas y una gestión "más empresarial que deportiva". La defensa, afirma, es más un colador que una muralla, y la plantilla, descompensada y falta de calidad, le impide competir en la élite.
Pero, ni la crisis actual, ni la pérdida del Estadio Insular -ese "alma del equipo" que aún evoca con nostalgia-, ni sus problemas de salud que le impiden asistir al estadio "han mermado mi lealtad", insiste. Ahora sigue los partidos desde casa, desde ahí resiste con pundonor al paso del tiempo y a las vicisitudes del fútbol moderno.
Néstor, su relación con la UD Las Palmas ha sido tan profunda como longeva. ¿Cómo definiría el vínculo que ha sostenido durante más de siete décadas?
Mi relación con la UD Las Palmas es de amor eterno, una pasión que me fue transmitida por mi padre, uno de los fundadores del club. Desde niño, he sentido este fervor por los colores amarillo y azul, y aunque los tiempos han cambiado, ese sentimiento permanece intacto. Las dificultades no han afectado mi lealtad. Es algo imposible de arrancar de mi corazón.
Ha presenciado innumerables momentos históricos en la vida del club. ¿Qué figuras y encuentros destacarían en su memoria como los más inolvidables?
Son tantos los jugadores que han dejado una marca legendaria en el club… Desde leyendas como Tonono, Guedes, Alfonso Silva y Molowny hasta figuras más recientes como Pedri y Jonathan Viera. Pero si tuviera que elegir un momento cumbre, sin duda sería el 4-0 contra el Torino en la UEFA.
Las crónicas de la época lo definen como el mejor partido de la historia de la UD.
Absolutamente. Fue una exhibición de superioridad futbolística que pocas veces he vuelto a ver. El Estadio Insular vibraba, y la UD Las Palmas se consagró como un equipo de clase mundial ante uno de los gigantes de Italia. El 4-1 al Málaga, resultado que fue el billete al primer ascenso del equipo a Primera, o el 4-0 ante el Real Madrid son también momentos que han quedado grabados en la historia como si fueran capítulos de una novela épica.
Ahora al presente. La gestión actual, encabezada por Miguel Ángel Ramírez, nuevamente parece ser objeto de controversia tras los vulgares resultados y tras el adiós de Luis Carrión. ¿Cómo valora usted su mandato?
Ramírez ha gestionado bien el aspecto económico, pero en lo deportivo el balance es devastador. Solo cuatro temporadas en Primera en veinte años no es algo de lo que se pueda estar orgulloso. Ya no se siente la elegancia ni la seriedad que antaño caracterizaban a la UD. Antes, los presidentes, como Juan Trujillo Febles, entendían lo que significaba el club para la afición, dejaban trabajar y permitían un entorno profesional. Ahora parece que la gestión está dominada por intereses empresariales, y eso le ha pasado factura al equipo, como lo demuestra este inicio tan lamentable, el peor en la historia del club.
El «marrón» histórico acaba de pasar a manos de Diego Martínez. Mirando su historial, llevó al Granada a la UEFA, cierto que no fue tan feliz en el Espanyol y Olympiakos. Parece generar expectativas.
Es un buen entrenador, sí. Ha competido en Europa y eso es meritorio, pero honestamente no sé si aquí podrá obrar un milagro.

¿Y por qué no? ¿Ve todo tan crudo? Imagino su opinión sobre Luis Helguera…
Es indignante la falta de competencia en la dirección deportiva. Me mencionas a Helguera, quien no está capacitado para dirigir este proyecto, pero es que es una gestión de amiguetes sin el menor criterio. Aquí necesitamos personas con verdadera brillantez, como Monchi en su época, alguien que sepa descubrir talento y realizar fichajes inteligentes. Pero lo que tenemos es un equipo directivo que parece actuar sin el menor rigor ni estrategia, y eso está dañando gravemente al club.
Estrategia debe haber, Néstor.
Sí, la de fichar, en su mayoría, a jugadores "low-cost". Los resultados están a la vista. Desde febrero no ganamos un partido, lo que subraya el fracaso de esa estrategia. A peor, han traído jugadores mediocres, muchos de ellos provenientes de la Segunda División, sin el nivel necesario para competir en la élite. La plantilla está completamente descompensada y la defensa es un verdadero despropósito. No es tanto un problema de entrenadores, sino de la evidente ineptitud en la gestión de fichajes. Hay muy pocos que realmente puedan competir al más alto nivel.
Menciona la defensa y me vienen a la mente Saúl Coco y Sergi Cardona, dos pilares curtidos en la cantera y presentes en la mejor etapa de García Pimienta.
Y ya no están. La gestión de la defensa raya en lo patético. Coco era un central, formado en Las Palmas Atlético, con un futuro brillante, y lo dejaron marchar sin tener un sustituto adecuado. Sergi Cardona igual. Bueno, peor, porque se fue como agente libre. Son ejemplos de esa desorganización, de salidas mal manejadas sin reemplazos de calidad. Álex Suárez, que lo veo más de suplente, es el único central titular que se salva de este naufragio defensivo. Mika Mármol es pobre cubriendo su espalda, Marvin es irregular, McKenna es lento, Sinkgraven y Benito, los laterales, ni siquiera tiene nivel para competir en Primera. Herzog y Muñoz… Lo que tenemos ahora es una defensa de Segunda División, una realidad penosa para un equipo que aspira a mantenerse en la élite.
Se olvida del «culebrón» Álvaro Valles.
Otra más. El trato a este portero ha sido lamentable. No han sido caballerosos, ni han actuado con la clase que un club de la trayectoria de la UD debería mostrar. En situaciones como esta, el diálogo es esencial para encontrar una solución, pero lo que hicieron fue una medida drástica, una decisión que revela una falta de moral y educación. La Unión Deportiva Las Palmas debería ser un modelo de comportamiento y saber que siempre existe una alternativa antes de condenar a un jugador de esa manera.
¿Y cree que hay alternativa para el bajón del equipo? ¿Puede estar ligado, también, al aspecto psicológico, a no saber moverse en estas situaciones?
Algo debe afectar, claro. Es casi inexplicable que hayamos pasado de estar en puestos europeos, en la primera vuelta de la 2023-2024, a no ganar a nadie. El año pasado, cabe decir, nos salvamos únicamente porque hubo tres equipos que fueron peores. Y, a día de hoy, tenemos una plantilla que, en muchos casos, no tiene nivel para competir en Primera, y esa es una realidad que debemos afrontar con pragmatismo.
¿Y qué pasa con la cantera, cómo ha visto su evolución? ¿Considera que se le da el valor y el cuidado que necesita?
Lamentablemente, la cantera ya no se cuida como en otros tiempos. En Canarias siempre hubo talento, pero el futbolista grancanario tiene una idiosincrasia particular, que debe ser entendida y apreciada por entrenadores que conozcan la realidad local. Quique Setién, de los mejores técnicos que han pasado por la isla, lo entendió a la perfección y supo sacar lo mejor de esos jugadores. Hoy en día, ese apoyo y ese nivel de profesionalismo parecen haberse perdido. No sé quiénes son los entrenadores actuales de la cantera, pero deben ser personas que comprendan y respeten el fútbol canario si queremos volver a ver surgir ese talento natural. Tampoco veo grandes técnicos, de élite, curtidos y nacidos en Canarias.
Volviendo a usted, en un club con tanta historia como la Unión Deportiva Las Palmas, el reconocimiento a los socios históricos es fundamental. En este sentido, ¿ha sentido el club alguna vez ese reconocimiento hacia usted, sobre todo en su 75 aniversario?
No, en absoluto. Me parece que la UD ha sido poco considerada conmigo, sobre todo teniendo en cuenta mi antigüedad como abonado. En otros clubes se hacen gestos de reconocimiento hacia los socios más antiguos. Sin embargo, a mí no me llegó ni una invitación personal en el 75 aniversario. Quizá sea porque he sido crítico, pero mis críticas siempre han sido hacia la gestión y hacia lo profesional, no hacia lo personal.
En lo que respecta a su asistencia al estadio, ¿ha continuado acudiendo a los partidos o las circunstancias actuales han cambiado esa dinámica?
Hace tres o cuatro años, tuve que dejar de ir al estadio cuando se averió mi coche. Intenté seguir yendo en guagua, pero se convirtió en una auténtica odisea, regresando a casa a altas horas de la noche. Además, con los problemas de salud que he ido desarrollando, especialmente respiratorios y de visión, prefiero ver los partidos por televisión. Recuerdo que incluso en mis últimas visitas al estadio llevaba prismáticos, pero la experiencia se tornaba incómoda.
La relación entre la afición y el equipo ha sido siempre un pilar fundamental. ¿Cómo percibe usted el vínculo entre la afición actual y el nuevo estadio en comparación con la conexión que se vivía en el Estadio Insular?
La afición de la UD Las Palmas ha sido tradicionalmente leal, y cuando el equipo rinde a buen nivel, el estadio suele estar abarrotado. Sin embargo, cuando los resultados empiezan a flaquear, la asistencia cae de manera notoria. En el Estadio Insular, incluso en los peores momentos, contábamos con un núcleo de 3,000 o 4,000 aficionados que se mantenían firmes. El nuevo estadio, aunque moderno y de mayor capacidad, parece haber perdido esa mística y esa conexión tan íntima con el alma del equipo. El Insular. que me acuerdo que incluso se planteó un proyecto sólido para reformarlo, era más que un recinto deportivo, era una extensión de nuestra identidad como club.
Ya la última, porque me genera curiosidad. Dígame su futbolista canario favorito, de todos los tiempos.
Sin lugar a dudas, David Silva es el mejor futbolista que ha dado Canarias. Lamentablemente su carrera nunca estuvo ligada a la UD Las Palmas. Por tanto, encuentro un tanto desacertada la idea de rendirle homenaje con una estatua en nuestro estadio. En Arguineguín, su tierra natal, es lógico que reciba ese tipo de reconocimiento, pero no en un recinto que debería honrar la historia del club. Silva es un jugador extraordinario, pero no representa la esencia de nuestra grandísima entidad.