El problema del Barça es el relato de Xavi, la clac de Laporta y su grada

El resultado es lo de menos. Pensé lo mismo cuando iban 0-2, en el momento en el que llegó la remontada y en el instante en el que la contra de Marcelino resucitó como en las grandes noches. Las sensaciones importantes de verdad para la culerada en este partidazo llegaron mucho antes del pitido inicial. El Barça regresó a Montjuïc un mes después, habiendo perdido dos títulos en tan solo 10 días, y la afición recibió al equipo entre aplausos. No se sabe si por una cuestión de educación, por pena o por pura ironía. Comprar lo de que se está compitiendo, para el que lo compre, suena fuerte e inmaduro. Ni Xavi ya se lo cree.
Uno piensa en el pasado, o compara con lo que se respira en crisis de estas cuando asoman por Madrid, y sólo queda frotarse lo ojos con tantos palmeros. La realidad es que, mientras un aficionado de Ciudad Real ―y sé lo que digo, que tengo varios ejemplos bien cerca― bracea entre bilis, en Can Barça hay cierto runrún pero, a nivel general, se huye de la autocrítica. Ya saben: el Caso Negreira son patrañas de la caverna, LaLiga está amañada y es mucho más importante señalar a la chavalada que viene empujando que a los veteranos que lideran el equipo y se arrastran.
Así no hay quien avance. Xavi vino a decir en Bilbao que el equipo sigue en construcción y que hay que tener paciencia. Como si en vez del FC Barcelona se refiriera a la Sagrada Familia. Y, lo más relevante, puso en valor la valentía de apostar por la cantera, como si fuera el primero o el único. Obviando que el mensaje se lanzó delante de Ernesto Valverde, que puso en Copa a 15 leones de Lezama y a tres que han debutado esta temporada en Primera, y olvidando que ese mismo mensaje se aireó cuando salieron Riqui Puig, Ansu Fati, Pablo Torre, Abde y tantas otras promesas de La Masia que hoy están bien lejos o cobrándose cuentas pendientes como el goleador Ilias. Tras el nuevo caos ante el Villarreal habrá más de lo mismo, aprovechando que la gente al menos se entretuvo. Y las huidas hacia adelante, repetidas tantas veces, ya huelen, cansan y tienen los días contados. Por eso ya ha anunciado que no seguirá tras el 30 de junio. Le honra. Algo hay que hacer. Aunque no es Klopp (querido) y esto puede acentuar la incertidumbre.
Los colegas a los que pregunto y que suelen subir esta temporada a la Montaña Mágica, y que echaron antes los dientes en el Camp Nou, cuentan que pañoladas como tal ha habido bien pocas en la historia blaugrana. No es que la esperara ―ni antes ni después― y no hace falta ni se echan de menos en estos momentos las reacciones desfasadas. Lo único que pide el cuerpo es que se cuente la verdad y que las reacciones tengan más que ver con lo que pasa y menos con lo que gustaría que realmente sucediera. En la sala de prensa, en el palco y en la grada. Tan culpable es Xavi como Laporta que lo alentó y la gente que les creía.
No pasa nada por decir que Iñaki Peña es trasparente. Bien mirado supone alabar a Ter Stegen. Ni reconocer que Lewandowski no puede ser la bandera ni un segundo más y que Ferran, Vitor Roque o Marc Guiu, por este orden, deben jugar muchos más minutos de nueve de lo que lo hacen. Ni apuntar que ochocientos fichajes después, y tropecientos millones gastados más tarde, un equipo que aspira a todo no puede jugar con un lateral derecho que no lo es, no puede medirse con los grandes con un lateral izquierdo que es derecho o interior y no puede dar oportunidades a Oriol como si esto fuera el colegio o una ONG. La gran verdad que dijo Xavi tras el 3-5 fue a medias. Falta madurez, sí, pero sobre todo no la hubo en el banquillo. Hasta hoy. Anunciando su salida lo compensa.
Esto, aunque vean a un equipo sin el diez en ninguna camiseta o al entrenador gritando poseído a una cámara, sigue siendo el Barça y, por tanto, las exigencias tienen que ser máximas en todos los sentidos. No vale con ir paso a paso, que es disgusto a disgusto, y disculpar cada error como se hacía ―con razón― en la era Setién o en la de Koeman, cuando no había palancas y todo era zozobra y remiendos. Aquí juegan ahora mismo, entre otros, defensas por los que se pega media Europa (Cancelo, Koundé ―vaya usted a saber por qué― y Araujo), un mediocentro campeón de la Champions (Gundogan), el Golden Boy (Pedri), la eterna promesa o cara joya (Joao Félix) y varios pilares del ganador de la Nations League (Ferran...). He visto construcciones bastante sólidas con muchos menos pilares.
Ahora el relato se centrará pronto otra vez en el VAR, en cómo juega Lamine Yamal y en que el Barça debe mirar al mercado. Y sería otro error. A no ser que Arabia quisiera llevarse también a Laporta. Xavi, con su salida y con su mejor conferencia de prensa en el Barcelona, empezó a marcar el camino: autocrítica.