El reencuentro de Pablo Alfaro con Capi y una entrada durísima que acabó en gritos de "asesino": "Me equivoqué"
Tras esa jugada se gestó una amistad que perdura hasta hoy. Relevo habló también con el árbitro de aquel partido, Pérez Lima: "Entré en una iglesia el día antes y el cura me dijo: ¿Te vas a portar bien mañana, no?'".

En una ciudad tan dual como Sevilla se dispara la pasión en cuanto se acercan esos días clave de cada año. Las tradiciones, tan instaladas en el sevillano, marcan a la hora de vivir y comportarse. Entre ellas, obviamente, está el fútbol, capaz de dividir los corazones de los que habitan en la capital de Andalucía. Aquellos que no conozcan a Pablo Alfaro y a Jesús Capitán Prada podrían pensar que aquella durísima entrada del central en el primer derbi entre Betis y Sevilla para ambos disputado en el Benito Villamarín -19 de noviembre de 2000- provocó un enfrentamiento irreconciliable. Nada más lejos de la realidad. El fútbol siempre se queda en la hierba. Corría el minuto 75 cuando un pase de Cañas a Capi desemboca en un balón dividido en el que el camero acaba llevándose la pelota y el maño lo arrolla poniéndole los tacos en la rodilla.
El '14' verdiblanco tuvo que retirarse lesionado; el central, obviamente, expulsado. "La recuerdo como siempre. Hay mucha gente que me lo dice también e incluso algunos lo hacen hasta mal. A mí me paran muchas veces y me comentan: 'Hay que ver que después de esa jugada ya no fuiste el mismo'. ¡Eso fue en mi primer año! Luego fui internacional, jugué Europa League… sólo se quedan con esa jugada". Han pasado 23 años después de aquello. "Yo no le di mucha importancia, ni en su momento ni tampoco ahora. Es una entrada dura, pero estás haciendo un deporte de contacto y ese tipo de acciones muchas veces aparecen. Yo también en mis tiempos he hecho alguna entrada igual por muchos condicionantes. Por eso no le di importancia", prosigue Capi. "Incluso Pablo vino al vestuario a verme, a saber cómo estaba. Y yo ya le dije que no se preocupara, que no había ningún problema", desvela el camero, quien ahora colabora en distintos medios comentando y analizando los partidos de su Betis.
Su rival por aquel entonces, Pablo Alfaro, con el traje de futbolista dentro del armario desde hace tiempo y ahora con el de entrenador, expone su punto de vista sobre aquella acción y sus consecuencias: "Fue una jugada que jamás debió darse. Fue un error mío tremendo el entrar a destiempo y con esa fuerza. El árbitro hizo lo que tenía que hacer, mostrarme la cartulina roja porque era merecida. Nadie que haya jugado al fútbol puede pensar que fuera algo premeditado y esperado para que el desarrollo del partido cambiase. Al final hay un compañero de profesión que tiene que irse, yo me marcho y el rival se queda con uno más. Cuando en teoría peor se ponen las cosas fue cuando se dio la vuelta a todo. Fue un derbi muy especial, con una jugada en la que vuelvo a reconocer que me equivoco. Me acerqué rápidamente porque sabía que podía haberle hecho mucho daño. Gracias a Dios no fue así". "Cuando pasa el tiempo te lo vas tomando de otra manera, lo ves como anécdota", explica un Alfaro al que esa última etapa de su carrera, con el Sevilla, es la que mayores recuerdos le ha dejado.
Desde ese momento, un cántico resonaba en la parte verdiblanca cada vez que Alfaro estaba sobre el verde, ese "asesino, asesino" que intentó que no ocupase su mente y que se tradujera en una consecuencia de aquel acto pasado. Los derbis ya iban a estar marcados para él, con el 'acoso' de la parte bética y la 'bendición' de su propia hinchada. "Aquello, lógicamente, me marcó para el resto de los derbis porque es una jugada que marca. Al final tiene repercusión. Como hay derbi todos los años, siempre sale, siempre se recuerda. Pero ya está. Son situaciones que cuando uno las ha cometido tiene que saber convivir con ello", sentencia.
La visión del árbitro, Pérez Lima
Más de 20 años después, Relevo se ha puesto en contacto con Manuel Pérez Lima, el árbitro canario que tuvo que arbitrar aquel derbi en Segunda. "Son partidos que de por sí solos son atractivos. No necesitan nada más, te dan ganas de verlos, de jugarlos, de comentarlos y por supuesto de arbitrarlos. Ese encuentro fue especial. Fue una semana movida entre medios de comunicación, declaraciones de dirigentes diciendo que no querían a un árbitro canario porque el Tenerife se estaba jugando el ascenso… ¡Aquello fue una locura!", recuerda.
"Yo tengo la costumbre de visitar algunas iglesias cuando viajo. En aquella época como árbitro también lo hacía. El partido era un domingo por la mañana pero recuerdo que viajé un viernes. El sábado por la tarde salí a dar una vuelta y decidí entrar en una. ¡La gente me había reconocido y me miraba! Incluso cuando el cura estaba hablando, hubo un momento que dijo: '¿Pérez Lima, mañana te vas a portar bien, no?'. Todo fue muy especial. Recuerdo cuando salíamos del hotel el domingo, la cantidad de gente que iba al estadio del Betis. Yo le tengo mucho cariño a aquel encuentro porque, que cuenten contigo, saber que te designan para un partido de éstos, es especial. Quiere decir que estás a la altura. El ascenso a Primera está muy bien, que te designen mejor árbitro durante dos años consecutivos está muy bonito, pero lo que me queda a mí son este tipo de partidos", dice entre risas. Y cuenta otra anécdota: "La gente me mostró un cariño que ni te lo imaginas. Había gente de mi pueblo de vacaciones en Sevilla que se fueron a los bares a verlo y cantaban 'Perez Lima, Perez Lima'".

Por último, nos cuenta cómo vio aquella jugada y aquel partido que tanto le marcó y que acabó con Alfaro y Capi en los vestuarios: "El partido en el campo fue una locura. Yo decía: '¿Dónde voy?'. No había manera de hablar con los jugadores del ruido que hacía. Al final pude controlarlo. La jugada se ve muy clara ahora, viéndola por la tele. La acción fue muy fuerte pero si te das cuenta, yo mantengo la calma. Fue un partido de mucha intensidad, de muchas entradas. La acción se puede ver muy clara desde la tele pero en el campo es tan rápida, hay tantos jugadores por medio y tanta presión que no es tan fácil. Yo voy con la cartulina y voy mirando. Yo ya tenía clara la roja, pero la jugada fue tan rápida que quise ver qué había sucedido. Cuando veo que la entrada en sí ha dejado daños, ya se la enseño. Quise esperar para tranquilizar un poco los ánimos y cuando lo conseguí, se la enseñé. Es un partido de una dificultad extrema. No sólo porque tienes que acertar, las tarjetas, tienes que hablar mucho con los jugadores, tiraron palos al campo, Olivera vino a dármelo y la gente se enfadó conmigo… Fue partido difícil, pero salí muy contento con el trabajo que hice".
Un sentimiento que se transmite
En Sevilla, por su idiosincrasia, se da una paradoja difícil de explicar pero fácil de transmitir. Para el futbolista profesional que aterriza en la ciudad, ya sea para jugar en el Betis o en el Sevilla, les resulta imposible aislarse de todo lo que supone un derbi. En cada lugar, en la calle, en el interior de los clubes, todo hace referencia al duelo entre ambos. Pablo Alfaro, que recalaba en el 2000 procedente del Mérida a un Sevilla en construcción, recuerda cómo pronto palpó que aquel partido tenía una rivalidad fuera de lo normal: "Cuando llegué me tocó un cuerpo técnico muy sevillista: estaban Joaquín Caparrós, Antonio Álvarez, Paco Leal, Ramón Orellana, Monchi en la dirección deportiva… Eran muy sevillistas. Ellos te lo hacían ver desde el lunes y durante toda la semana la activación era importante. Me acuerdo que un lunes aparece en el vestuario una prenda de color verde. En la charla, para hablar un poco del partido anterior, Caparrós empezó a chillar: '¿Quien ha traído una prenda de ese color?. ¿Estamos locos?'. Luego nos enteramos que todo estaba preparado. Sentías que el partido era de un color especial".
Para Capi, uno de los muchos canteranos que pertenecía a aquella plantilla verdiblanca, la motivación era inherente a su pasión por el club que le había visto crecer, aunque también vivió como un entrenador mallorquín se convertía en ídolo, especialmente en estos duelos, porque los preparaba de una manera exagerada. "Imagínate cómo vivía yo los derbis. Soy de Sevilla, de Camas, bético desde pequeño. Tengo a mucha gente sevillista en mi familia. Para mí es el día más especial. Durante el año hay muchos partidos importantes, pero un derbi es un derbi. Lorenzo (Serra Ferrer) era mortal. Es verdad que he tenido muchos entrenadores, pero Lorenzo al igual que Caparrós son personas que lo viven intensamente. A diferencia de Joaquín que nació sevillista, Serra desde que llegó parecía que era bético desde chico. Él no te hablaba durante la semana del derbi, lo hacía dos semanas antes. Sabía que antes había otro partido pero ya te iba tirando cosas para que supieras que ya venía el derbi. Te mandaba mucha información durante esos días", recuerda el camero.
A partir de 2002 fueron derbis muy calientes
Tras esos primeros derbis, comenzando el año 2000, el ambiente se enrarece. El mal camino estaba abierto y, con la gasolina que además aportaban los directivos, se terminó incendiando con aquellos duelos para el olvido. Las candelas romanas lanzadas al sector sevillista en el Ruiz de Lopera en marzo de 2002 (0-0); los muletazos a aquel vigilante de seguridad y el espectador que agredió al portero bético Toni Prats; la réplica de la segunda vuelta sin espectadores sevillistas en Heliópolis; o el esperpéntico partido de cuartos de final de la Copa de 2007, que empezó con el busto de Manuel Ruiz de Lopera presidiendo el palco del estadio que por entonces llevaba su nombre y que acabó antes de lo previsto por el botellazo a Juande. En ese ambiente crispado no fue fácil para los jugadores que representaban a ambos equipos tener relación entre ellos.
"Importaba el que no te vieran por ahí con un jugador del eterno rival. No a nosotros, pero es cierto que de cara a los aficionados sí importaba. Recuerdo incluso que después de aquella jugada, por la tarde había un programa deportivo en una televisión local. Me llamaron por teléfono. Estaba Pablo, estaba Joaquín y volví a decir lo mismo, que no le daba importancia, que había sido un lance del juego y que afortunadamente se había quedado en nada (estuvo de baja una semana)", rememora Capi, con su habitual naturalidad. "A partir de ahí me cayó lo más grande por parte de los míos. Me decían que cómo podía decir eso. Nosotros hemos quedado muchas veces, hemos estado en muchas tertulias, en la tele y hemos ido a comer. Al final el fútbol es fútbol, cada uno quiere lo mejor para su equipo pero se queda ahí. Con muchos de ellos, Antonio Puerta, Gallardo, Redondo me he intercambiado las camisetas y eso se veía como algo malo. ¡Si eran amigos míos!", comenta el gran '14' verdiblanco.
Para su rival sobre el campo, Alfaro, había que saber diferenciar lo que sucedía dentro del terreno de juego y lo que se vivía fuera: "Entre los jugadores, más allá de la rivalidad que existía, muchas veces coincidíamos o quedábamos y cada uno contaba las anécdotas de su vestuario. Nos moríamos de la risa porque también se juntaron presidentes muy especiales. Eso lo hizo todavía más intenso. Son los momentos más bonitos que uno puede recordar como futbolista". Y manda un mensaje: "Me gustaría trasladar que el derbi es pasión, es fútbol, todo lo bonito que tiene esta ciudad está plasmado en un partido. Los de fuera, los que vamos a disfrutar o a sufrir con el partido nos comportemos como tenemos que comportarnos. Lo que no se puede vender es que haya cuatro locos de cada equipo que queden a pegarse o que tengan que salirse de tono porque eso no es una fiesta como es el derbi sevillano".
Un derbi con color rojiblanco en la última década
En LaLiga, el Sevilla se ha mostrado más fuerte en estos últimos diez años, pese a que el conjunto verdiblanco asaltara el Ramón Sánchez-Pizjuán en el primer duelo entre ambos en el Nervión en esa década. Dos goles de falta de Beñat (1-2) dieron el triunfo al Betis. El otro triunfo bético en el Sánchez-Pizjuán, muy recordado por sus hinchas, fue el 3-5 de enero de 2018. El tercero de estos partidos ganados fue a inicios del pasado curso, con un solitario gol de Joaquín. El Sevilla, en cambio, ha celebrado numerosas victorias. Dos de ellas en terreno bético. 0-2 un Domingo de Ramos, tras la victoria en el Euroderbi, que se decidió por aquella tensa tanda de penaltis. La otra victoria en Heliópolis fue con Sampaoli en el banquillo (1-2). Y la primera con Lopetegui, con goles de Ocampos y de Jong. En Nervión, especialmente recordado el 5-1 de 2012, con Reyes como bandera del equipo.
Este año, después de muchos éxitos rojiblancos, parece haberse cambiado las tornas o al menos, a priori, el Betis llega con un papel más protagonista. "Es verdad que la visión histórica de los derbis refleja mucha igualdad. Ha habido casi una década en la cual, el Sevilla ha estado por encima, sobre todo en cuanto a resultados y consecución de títulos. Eso ha hecho que las miras sean distintas. En el presente actual veo más igualdad. Y es más, y hablo desde la acera sevillista, posiblemente el Betis sea favorito para el partido de este domingo porque llega en mejor dinámica que el Sevilla. Lo cual no quiere decir que vaya a ganarlo porque los derbis son como son y es verdad que el Sevilla siempre ha sabido jugarlo. El Sevilla juega muy bien los derbis y esto te iguala pero en cuanto a trayectoria actual, no cabe duda que el Betis está en mejor momento", refleja Alfaro, que tiene claro que pase lo que pase, marcará: "Los resultados influyen. El que no lo diga o no lo quiera ver está mintiendo. ¿Qué ocurre? También es cierto que cuando los dos equipos no tenían una visión más amplia como ahora, cuando te enfrentas en LaLiga y ninguno participa en Europa, era una visión más ombliguista. Ahora, el Betis está jugando la Europa League, el Sevilla la Champions. Sigue siendo un partido muy importante, pero existen otros alicientes que hace que los dos clubes estén mucho mejor", finaliza. Llega el derbi de Sevilla. Pasional, caliente y muy cercano. Entre familiares y amigos. Entre primos y vecinos. Una batalla de 90 minutos y meses de conversaciones alrededor de algo más que un partido de fútbol.