Sandro, la debilidad de Valdano que tocó fondo en el Real Madrid: "La situación me sobrepasó, empecé a ser yo mismo cuando nadie me quería"
En el día en que se cumplen 30 años de su debut con el Real Madrid, el canario de abre en canal con Relevo para repasar una carrera que ilusionó, se torció y resucitó al calor de 'su' Málaga.

Carlos Alejandro Sierra Fumero, Sandro (Las Galletas, Tenerife, 49 años), tenía en el Real Madrid un horizonte iluminado. Captado con 15 años, este canario menudo pero picante y vertiginoso con la pelota era un futbolista de alto linaje, de esos que llaman la atención desde infantiles y que merecen el calificativo de joya. Jorge Valdano, maestro orfebre, quedó prendado de su talento. Primero como entrenador del Tenerife y, después, cuando en 1994 empuñó el volante del Real Madrid. Fue sentarse en el banquillo del Bernabéu y ascenderle al primer equipo. No podía negar su condición de canterano predilecto. El 10 de septiembre de 1994, hoy hace 30 años, Sandro debutó con la camiseta blanca y cumplió su fantasía. "¡De pequeño, yo gritaba soñando los goles de Santillana! Tenía que venir mi madre a despertarme y a calmarme", confiesa en conversación telefónica con Relevo.
Llegar fue la gloria; mantenerse le provocó dolor. La primera temporada resultó ilusionante. El equipo acumulaba buenas noticias: Valdano reanimó el pulso con un fútbol agraciado, se sacó de la manga otra perla como Raúl, el Madrid le devolvió el 5-0 al Barça, conquistó la Liga… Sandro participó de todo aquello con hambre y dinamita, alternando ventanas con el Castilla y los mayores. Todo se torció en la segunda temporada. Las antorchas que le alumbraban comenzaron a apagarse. Una a una. Fue perdiendo protagonismo hasta que desapareció. Al principio, sin saber muy bien por qué. Después, el tiempo le dio la respuesta: "Yo no estuve fuerte psicológicamente, no estaba bien". La burbuja de la Ciudad Deportiva le comenzó a asfixiar. Vivió un espejismo en el Newcastle y el Coventry y probó en Las Palmas. Pero fue 'su' Málaga, con un paréntesis feliz en el Levante, quien le devolvió a la vida. "Es otro mundo, otro sentimiento", se emociona un Sandro que, tres décadas después de tocar el cielo en el Madrid, repasa su vida con el sosiego que da la edad.
¿Sigues tirando caños?
Cada vez menos, tengo casi 50 años [risas].
¿De quién aprendiste esa frivolité?
Desde muy pequeño empecé a hacer cositas. Yo estaba siempre en la calle con la pelota. Somos de Las Galletas, un pueblo costero y había dos opciones: o se jugaba al fútbol o se hacía surf. Aunque yo le daba a las dos cosas. Y luego ya en la Unión Deportiva Ibarra. Para mí es algo innato, algo que uno tiene, que luego debe trabajarlo y a partir de ahí llevarlo a cabo. Todo el mundo puede tener aptitudes pero luego hay que darle. Yo tuve la suerte de cumplir lo que soñaba cuando era pequeño. Ya hace 30 años del debut con el Madrid. Madre mía.
De ese día hablaremos después. Antes me gustaría rebobinar para ir construyendo a Sandro y entender qué pasó con tu carrera. ¿Quién te introdujo el 'veneno' del fútbol?
Mi padre es muy futbolero. Se ve todo lo que tiene que verse. Le da igual fútbol inglés que español. Él jugó pues como se jugaba antes. No tenía tiempo, estaba todo el día trabajando. Como mi madre. Ella era empresaria. En los años 80, la época en la que comenzó el boom del turismo en Canarias, tenía tiendas. Mi padre tiene en aquí en Tenerife una empresa de guaguas [autobuses], que es donde trabajamos casi todos. El negocio ya tiene 54 años de vida.
¿Conduces guaguas?
No. No tengo el carné. Tenemos coches pequeños, que esos sí los he conducido cuando se ha necesitado. Si hay mucho curro... Después de la pandemia trabajamos un poquito en la empresa, Sierra y González.
Dijiste antes que para ti el fútbol es algo innato. ¿Cuándo lo notaste?
Pues desde niño. Yo estaba arriba y abajo. En aquella época las categorías eran infantil, juvenil y los mayores. Creo que con 11 años comencé a jugar infantiles del Ibarra, el equipo del pueblo. A mí ya se me daba bien. Lo notaba. Date cuenta que empecé a jugar con ficha falsa.
No había categoría de alevines.
Claro. No podrías jugar con 11 años con infantiles, que eran de 13, 14 y 15. Desde muy pequeño empecé a darle patadas a la pelotita y a jugar con mayores, que es lo que hacíamos diariamente en Las Galletas.
¿Tu familia era madridista?
Muchísimo. Me acuerdo del Madrid en Copa de Europa, luego mi padre nos llevaba al trofeo Santiago Bernabéu. Y sobre todo los goles de Santillana. ¡Yo los gritaba soñando! Tenía que venir mi madre a despertarme y a calmarme.
Intuyo que cuando el Madrid te llamó la familia estaba hundida.
[Risas] Imagínate. Mira, yo estoy en las categorías inferiores del Ibarra y me viene a buscar el Tenerife, que en aquella época ya jugaba en Primera División. Fui el primer año. Por entonces ya empezaba la Selección española Sub-15, que la entrenaba Teodoro Nieto. Llamó al entrenador de la selección de Tenerife, que era Santos, el de los Cinco Magníficos del Zaragoza, para decirle que la nuestra era el único equipo que no había mirado y que si tenía algo interesante. Le contestó que tenía dos futbolistas y del mismo equipo, un mediocentro y un mediapunta, que era yo. Y fuimos a jugar un torneo en Francia. Llamaron a 24 jugadores y sólo podían ir 16. Tuve la suerte de que Teodoro Nieto me escogiese. Y me salió un buen torneo. A partir de ahí comenzaron a llamar a mi padre para ficharme: el Barça, el Madrid...
¿A quién hay que colgarle la responsabilidad de que te convenciese para ir al Madrid?
Quienes llamaron fueron Del Bosque y Ramón Martínez. También Paco de Gracia, que estaba de ojeador. Hay que tener en cuenta que nuestros entrenamientos con la Selección Sub-15 los hacíamos en la capital. Así que con 15 años me voy para el Madrid.
¿Solo?
Me fui a la residencia del Madrid, la que estaba en Recoletos. Pero luego tuve la fortuna de que mi hermana Mónica se encontraba estudiando ya en Madrid. Llevaba tres años en INEF. Mi padre le dijo al club: 'Mira, ¿os puedo pedir una cosita? Quiero que los dos niños vivan juntos'. El Madrid, encantando. Yo iba a comer a la residencia, pero hacía vida con mi hermana. Fue como una madre para mí.
¿Impactó entrar el primer día en la Ciudad Deportiva?
Yo llegué al equipo juvenil y conocía de la Selección a Joyce Moreno. Me ayudó mucho. El entrenador era Luis Palmero y tuve la suerte de encontrar una gran plantilla, espectacular. A día de hoy tenemos un grupo de WhatsApp. El capitán era Fernando Sanz y era un equipazo: Víctor; Dani; Marcos; Rober Suárez; Molina, que en paz descanse; Gómez; Bartolomé... Y lo de La Fábrica es... Un respeto, una educación, un sentido de la responsabilidad, de que ahí ya estás metido para lo que quería ser, futbolista. Yo cuando me voy al Madrid, Javier Pérez, que era el presidente del Tenerife, me hace una oferta de ocho años para entrenar ya con el primer equipo. Mi padre y yo salimos de la reunión y le digo: '¿Qué hacemos?'. Y me contesta: 'No, qué hacemos, no; ¿qué quieres hacer tú? Porque tú eres el que tienes que decidir'. Y lo hice: 'Quiero ser futbolista. Me voy para el Madrid'. Así fue.
¿Cómo fue el periodo de adaptación?
Los de aquella época le debemos todo al Madrid y a Vicente Del Boque, que era el coordinador, el jefe de la cantera y el jefe de los equipos. Porque es eso, tiene que haber un tiempo de acople y hay que guiarlo. Él fue una persona muy importante. Yo debí pasar un periodo de adaptación no sólo en lo físico, también en lo mental. Porque es llegar a un club en el que desde pequeño te hacen ver que tienes que vivir como si fueses un profesional. Toda esa metodología que se llevaba en aquel momento era de esfuerzo diario en cuanto a lo mental y en lo físico.
Eras un jugador menudo.
Figúrate. Yo llegué como un canijo, sin una base ni física ni futbolística. Gracias tanto a Luis Palmero como a todo el organigrama del club poco a poco fui creciendo porque ese equipo juvenil ya estaba hecho. Ya había ganado todo. Ese año vinimos nuevos sólo Dani, Víctor y yo. Los primeros meses no jugaba de titular, me costó coger el puesto y amoldarme a la exigencia de un club como el Madrid.
"Cuando llego al Madrid debí pasar un periodo de adaptación físico y mental; es llegar a un club en el que desde pequeño te hacen ver que tienes que vivir como un profesional"
¿Y a la vida en la capital?
Por supuesto. Adaptarme a todo lo que es el colegio... Aunque yo dejé estudiar muy pronto. Y mira que Del Bosque y Ramón Martínez me echaban la bronca.
¿En qué curso te quedaste?
Pues yo creo que en Primero o Segundo de BUP, luego fui a academias de inglés y todo eso, pero el foco lo tenía muy puesto en el fútbol. Mi vida en la capital estaba en eso. Los chicos íbamos al cine, por ejemplo, pero éramos un equipo que se cuidaba. Sabíamos lo que había que hacer. Creo que somos los únicos Sub-19 en ganar Liga y Copa.
El Real Madrid Castilla de la temporada 93-94.
— Hemeroteca RMCF (@HemerotecaRMCF) February 22, 2022
[@KokeContreras1, Jovicevic, Dani, Paco Sanz, Antia, Santamaría, @MoralesRmv, Marcos, Velasco, Luiz Fernando y Sandro.] pic.twitter.com/jZaTPxh6Bi
¿Cuándo empiezas a notar que gustas, y mucho, a Jorge Valdano?
Lo que pasa es que ya se hablaba de nuestra generación. Empezamos a jugar en la Selección y se televisaban nuestros partidos. En 1991 quedamos campeones de Europa Sub-16 ganándole a Alemania y en verano llegamos a la final del Mundial Sub-17 y la perdimos contra Ghana, donde, por cierto, todos tenían 35 años [risas]. Yo ya empezaba a entrenar con el Castilla de García Remón. Debuté en un partido contra el Lleida y comencé a jugar bastante. Al año siguiente, Valdano ya me quiso llevar a ese Tenerife que iba a jugar la Copa de la UEFA. Pero el Madrid no me dejó.
El destino quiso que en 1994 fichara como entrenador del Real Madrid. ¿Intuías que su llegada te facilitaba tu ascenso al primer equipo?
Él llega y me sube automáticamente. Cuando fichó me llamó para tener una conversación. Yo, además, venía de una lesión de pubis. Me recupero y quedamos en un hotel. Me dice que me prepare bien y que confía muchísimo en mí.
Siempre tuvo ojo para captar al diferente.
Tanto él como Ángel Cappa llevaban a cabo cosas que hoy podemos ver normales pero que antes no lo eran. Ellos hacían una especie de selección de jugadores de las categorías inferiores y entrenamientos individualizados. Yo no iba a todos porque estaba en el engranaje del primer equipo.
"Valdano ya me quiso llevar a ese Tenerife que iba a jugar la Copa de la UEFA. Pero el Madrid no me dejó. Cuando luego él ficha, automáticamente me sube al primer equipo"
¿Seleccionaban a una especie de cuerpo de élite de la cantera?
Y tanto. Esos entrenamientos eran increíbles. Estaban Riverita, Raúl, Álvaro, Guti... Valdano y Cappa hacían la selección, junto con Del Bosque. Y organizaban una de esas sesiones cada dos o tres semanas por la tarde con esos futbolistas que veían futuribles. Aunque ya te digo, yo ya estaba más en la dinámica del primer equipo.
Debutas con el Real Madrid el 10 de septiembre de 1994. ¿Qué emociones experimentaste en la previa, el mismo día en la concentración...?
Fíjate. No es como con Raúl, por ejemplo, o Guti, o Álvaro. Ellos debutaron con la temporada empezada. Yo debuté estando con el primer equipo desde la pretemporada, desde el primer día en Suiza. Entonces, era algo normalizado. Empecé desde cero, jugamos en el trofeo Carranza, con equipos profesionales... Estaba con ellos. Aunque luego no fuese convocado y bajara al Castilla a jugar para tener minutos, pero fue más normal.
¿Cómo se llega a ese día?
Yo juego la final de la Copa con el equipo de Sub-19 del Madrid y en ese encuentro, que fue ante el Barça y lo perdimos, me expulsan. Entonces yo tenía un partido de sanción para la siguiente temporada. El primer partido de Liga era contra el Sevilla e iba a ir convocado por Valdano. Menos mal que se dieron cuenta a tiempo de lo de la sanción porque yo ya estaba para ir en la lista. Así que me estreno a la siguiente jornada, contra el Logroñés, sustituyendo a Laudrup.

Asciendes a un equipo que acaba de protagonizar un verano movido e ilusionante en cuanto a fichajes: además de Valdano llegan Laudrup, Redondo, Quique, Amavisca... ¿Cómo fue aterrizar en ese vestuario?
Yo he sido un privilegiado, y aún ahora se lo digo a la gente. Para que te hagas una idea. Cuando empezó Redondo en el Tenerife yo estaba en las categorías inferiores e iba a verle porque me encantaba. Yo iba a ver al Tenerife siempre: con Redondo, Ezequiel Castillo, Felipe, Juanele... Un equipazo. Tuve la suerte de que mi ídolo era Redondo. Cuando nos citan para la pretemporada, en la Ciudad Deportiva, yo tenía a Coque Contreras a mi lado y le vimos entrar. A Míchel o Butragueño los veías habitualmente, porque con el Castilla más o menos entrenabas a las mismas horas, era el día a día. Pero cuando veo entrar a Redondo y viene a saludarnos me quedé de piedra.
¿Quién era el 'capo' de todo aquello?
Los nombres que te he dicho hablan por sí solos: estaban el Buitre, Míchel, Sanchis era un capitán que estaba muy pendiente de todo, era el primer año de Redondo pero ya se notaba que tenía un carácter...
¿A ti no te sobrepasó en ningún momento verte rodeado de tanta estrella?
Qué va, muy bien. Te recibían de fábula, me sentí uno más de ellos y, además, Jorge Valdano nos daba esa libertad para el juego. Aparte tú no estás engañando a nadie. Te suben al primer equipo por las condiciones que tienes. Si no das lo que tienes que dar, pues esto no está hecho para ti. El ambiente era muy bueno. Una familia. Hasta cogimos expresiones argentinas.
¡Che, 'decime' un ejemplo!
[Risas] Por ejemplo, Monjo. Coque Contreras y yo nos llamábamos así, monjo. Eso viene porque Redondo no lo paraba de decir. 'Monjo, tal; monjo, cual'. Y nos quedamos con eso. Fue un año muy bueno. Ganamos la Liga jugando muy bien, el 5-0 al Barça, marco mi primer gol contra el Dinamo en UEFA…
Y debuta Raúl. Fue un impacto, pero tal vez nadie podía imaginarse que influiría tanto en la historia del club.
¡El Rulo! Yo hago la pretemporada, debuto y Raúl sube dos meses después en La Romareda. A finales de octubre. Y no hace falta que diga nada más. Rulo es Rulo. Se comió el mundo y todo fue a base de su calidad y trabajo diario. No voy a descubrir ahora nada.
⚽🗓 Tal día como hoy en 1995.
— @Real Madrid Jugadores (@RMJugadores1) September 3, 2024
🏟 @RayoVallecano 1 🆚 @realmadrid 5.
📝 Sandro marcaba su primer gol con el @realmadrid en @LaLiga. #JugadoresdelRealMadrid #HistoriadelRealMadrid pic.twitter.com/pLD0YB3DVM
Valdano fue un defensor tuyo a ultranza. Tanto que hubo roces entre él y Rafa Benítez, entonces entrenador del Castilla, porque no te alineaba tanto como le hubiera gustado a Jorge. ¿Estar en medio te puso en una situación comprometida?
Yo estoy en medio porque le debo mucho a ambos. Después de Luis Palmero, esa generación estuvimos con Rafa y aprendimos mucho. De su metodología, de su psicología, de todo. Y a Jorge le debo muchísimo porque me hizo debutar en el primer equipo. Y como de todo el mundo se aprende, de Jorge aprendí, me dio soltura y libertar para mejorar.
¿Benítez no te daba libertad?
No he dicho eso. Son conceptos de fútbol totalmente diferentes el uno con el otro.
¿Pero es cierto eso de que no jugabas mucho con Benítez porque él no te veía como quería en los entrenamientos?
Con Benítez venía de haber jugado todo en los juveniles. Quedamos campeones Sub-19 y siempre jugué.
"Yo estoy en medio de Valdano y Benítez porque le debo mucho a ambos"
¿Qué pasó en la temporada siguiente, en la 1995/96? Comienzas muy bien, titular en los primeros tres partidos, pero poco a poco fuiste desapareciendo de los planes. Del primer equipo y del Castilla.
En el Castilla ya no estaba Rafa, estuve con Sergio Egea y ahí tengo que decir que no tuve regularidad. Ni con Valdano ni con Egea. Con el tiempo debo confesar que no estuve tan bien como para tener minutos. Psicológicamente no estaba bien. Estaba a caballo entre el primer equipo y el filial y en ese momento no fui fuerte.
¿Qué cambió en ti para que la temporada anterior sí asimilaras mejor esa alternancia?
No sé, me afectó. En la 1995/96 comencé con el primer equipo jugando en Vallecas. Ganamos 1-5 y marqué. Luego nos enfrentamos al Athletic en el Bernabéu y también soy titular por lesión de Laudrup [derrota 1-2]. Y después vamos a la Champions y sigo en el once contra el Ajax [derrota 1-0]. Esto fue un miércoles. Pues bien, el jueves viene Giráldez, uno de los ayudantes de Valdano, y me dice que tengo que ir a entrenar con el Castilla, que esa semana no juego con el primer equipo. Ahí empecé a no saber qué pasaba. Psicológicamente fue duro, me costó adaptarme a esos vaivenes que el año anterior no me afectaban. Ahí subía y bajaba sin problema. Pero fue un año perdido porque cuando echan a Valdano y viene Arsenio, pues tampoco cuenta conmigo. No estuve fuerte psicológicamente. No estaba bien. Entrenado siempre está uno, pero yo creo mucho en que la parte psicológica es algo muy importante.
¿Echaste en falta ayuda en ese aspecto?
En aquel momento se empezaba a oír lo de la figura del psicólogo deportivo, pero no estaba tan metido. Yo lo hablo con mi hermano Tote, y con gente del fútbol: en aquel momento, por supuesto, hubiese necesitado ayuda de un psicólogo. Sin lugar a dudas. Antes te la tenías que comer tú y la tenías que soltar. Eso también te hace más fuerte. Pero el chico que no podía superarlo se lo tenía que comer, no llegas. Creo que si he tenido una virtud es la de ser fuerte psicológicamente, pero aquella situación me sobrepasó. Realmente empecé a ser yo mismo cuando nadie me quería y empecé a jugar en Málaga en Segunda B. Ahí sentí el cariño de la gente.
"En la segunda temporada en el Madrid no estuve fuerte psicológicamente, me costó adaptarme a los vaivenes; hubiera necesitado un psicólogo"
Pero antes de que el Málaga aparezca como un maná, dejas el Madrid y te vas a Las Palmas.
Eso es, en 1996 me voy un año cedido. Era otro equipazo. Había subido a Segunda A. Estaban Orlandito, Socorro, Turu Flores, Walter Pico, Manolo, Valerón ya empezaba… Pero no fuimos regulares y, al final, quedamos séptimos. Yo estaba aún en ese proceso psicológico. Empecé muy bien, pero muy bien. El equipo arrancó a medio gas, estaba Ángel Cappa. Empezábamos a jugar Valerón y yo y a desplegar un fútbol de ataque bueno, pero no se dieron los resultados. Después entró Paco Castellano, un capitán de toda la vida en Las Palmas, y trajo otra filosofía. No terminé bien. Las Palmas no ejecutó la compra y tuve que volver al Castilla.
¿Regresar supuso un 'marrón' para ti?
Yo tenía un año más de contrato en el Madrid y De Bosque me mira y me dice: 'Sandro, ¿qué hacemos? No puedes jugar otra vez en el Castilla. Tu ciclo se ha terminado. Esperemos a que llegue una oferta'. Y me voy al Newcastle.
¿Al Newcastle?
Me voy a probar, imagínate. Con Asprilla, John Barnes, Kenny Dalglish de entrenador. Era ese equipo que ganó al Barça 3-2 en la Champions, en St. James' Park. Ese partido lo vi en el banquillo del Newcastle. Yo iba para una semana y estuve probando casi tres. Organizaron amistosos para verme. Ya tenía un contrato con las cantidades y demás. Y un día Dalglish, con un traductor, me dice que ha hablado con Gordon Strachan para que fuera a probar al Coventry, que estaba en la Premier. En el Newcastle mi posición estaba supercubierta. Así que me voy otras dos semanas más allí. Strachan me quería, pero por lo visto el contrato, del que yo no tenía ni idea, era bastante elevado. Y regreso al Castilla.
¿Y cómo fue el retorno después de que te dijeran que tu ciclo en el Castilla se había acabado?
Pues era García Hernández el entrenador. El equipo no había empezado bien y le cesan por los malos resultados. Coge las riendas Miguel Ángel Portugal, que era el ayudante. Yo vuelvo de las pruebas. En el primer entrenamiento llego al vestuario y Del Bosque y Portugal me llaman para hablar en el despacho. Me dicen: 'Sandro, ¿nos echan una manita? ¿Te importa jugar en Segunda B con el Castilla?'. Les digo que una no, que hecho las dos, las que sean. Quería jugar, necesitaba jugar. Empiezo a entrar de nuevo en el equipo poco a poco. Y cuando recibo la oferta del Málaga, que estaba también en Segunda B, Vicente me dice: '¿Qué vas a hacer?'. Me daban dos años y medio de contrato y yo necesitaba salir de Madrid, de esa burbuja madridista en la Ciudad Deportiva. Le respondí: 'Me voy a Málaga'. Y fue llegar y sentirme futbolista.

¿Cuál fue la clave?
Fue como sentirme en mi pueblo. Es un sitio costero, de playa… Yo llego a finales de diciembre y un año y medio después volví a estar en Primera División. Catanha, Dely Valdés, Movilla, Basti, Roteta... Se fue dando todo, fuimos ganando, encadenando ascensos y tocamos la cima. Con Joaquín Peiró, que sabía torearme. Mira que el Madrid me dio todo como persona y futbolista, ahí me hice, pero como mi Málaga no hay nada. Es otro mundo y otro sentimiento. No es comparable y no me gusta comparar. Málaga es mi casa.
"Yo necesitaba salir de Madrid, de esa burbuja madridista en la Ciudad Deportiva. Le dije a Del Bosque: 'Me voy a Málaga'"
Entonces, ¿por qué en 2003 te vas al Levante?
Mira, ese grupo ya llevaba seis años junto y había que cambiar cosas, pero lo que pasó es que el club de nuestro queridísimo Fernando Puche era uno totalmente diferente a cuando vinieron Antonio Mendoza, que era el director general, y Serafín Roldán. Éramos un grupo unidísimo, en el que todo el mundo se sentía en casa y hacíamos un buen fútbol. Nuestro último año jugamos la Intertoto, que le ganamos al Villarreal en la final. Las primas, como toda la vida, se pactan en pretemporada y ya está. El equipo se clasifica para la UEFA y encima llegamos a cuartos y perdemos en penaltis contra el Boavista. ¿Qué pasó? Que no nos querían pagar nada de lo pactado.
¿Por qué?
Decían que no tenían dinero y no iban a pagar. ¡Lo que habían prometido! Antes no se firmaba nada porque con Puche era de palabra y ya estaba. Nosotros ni peleábamos. Con la mano era suficiente. Pero con estos dos... Faltaron a la palabra y nos dejaron tirados.
Tú ya eras un jugador con ascendencia en el vestuario y entre la afición. ¿Cómo reaccionaste entonces?
Hubo discusiones, claro. A uno de los que querían renovar era a mí, lo sabía. Pero evidentemente después de lo que se armó en el vestuario sabía que no iba a seguir en el Málaga. Y después de todas las ofertas que tuve me decidí por el Levante.
¿Qué decantó la balanza?
Pues fui allí por corazonadas que tiene uno. Tenía cosas de Primera, pero el Levante puso un interés bestial. Y me daban cinco años de contrato. Yo tenía ya 28. Firmé y los tres años en Valencia, genial. Me lo pasé muy bien. En aquel momento, Pedro Villarroel quería subir al equipo a Primera. El primer año ascendimos. Éramos un grupo espectacular con Cuéllar, Riverita, Tito, Limones, Ettiene… Pero ahí se equivocaron. Cesaron a Manolo Preciado. Villarroel tuvo un roce con él, no siguió y trajeron a Schuster. Ese equipo estaba hecho para Manolo. Y bajamos. Al año siguiente volvimos a subir y ahí, después de hacer la pretemporada, Fernando Sanz me llamó. Él había dejado el fútbol y comprado el Málaga. Me dijo que fuera haciendo las maletas porque me iba allí otra vez. Dejé de hablar. No supe qué responder de la emoción que tenía. Me quedaban dos años de contrato en el Levante pero soñaba con retirarme en el Málaga.
Y lo hiciste. Pero, ¿eres de los que dices que fue el fútbol el que te retiró o fuiste tú?
A mí el fútbol no me retira. Me retiro yo y fue muy simple. Cuando firmé con el Málaga, que a mí el contrato me lo pagaba el Levante y luego pasó lo que pasó con la ley concursal y se quedaron cosas a medias, Fernando Sanz sabía que me gustaba la dirección deportiva. Somos amigos de toda la vida y siempre hablamos de eso. Y llegó el momento. Subimos a Primera con Muñiz y me voy de viaje. Muñiz no sigue y la conversación con Fernando es: 'Enano, te llamo para saber si continuas de futbolista o vas a la dirección deportiva'. Yo ya tenía en mente no seguir. Cuando me dice que voy a la dirección deportiva doy un salto de alegría porque ya no me apetecía continuar en el césped. No sentía el aliciente.

Sólo estuviste dos años y medio con traje y despacho. ¿Acabaste quemado?
No. Fue muy, muy bien. Era justo lo que quería y lo que pensaba que había. Estuve dos años con Fernando y medio con los jeques. Y ahí fue ya… Pues lo que es ahora el club. Llegó mucha gente con otro talante económico y demás. Y me di cuenta de que me tenía que volver a Tenerife ya.
¿Desengañado entonces? Porque luego no has vuelto a ningún cargo de ese tipo.
No, no, desengañado no. Solo vi otra situación. Si hubiese seguido Fernando seguramente hubiese estado toda la vida en el Málaga, haciendo una cosa u otra. Pero ahí dije que era el momento de regresar a casa. Desde entonces estoy aquí, en Tenerife, con mi familia, mis cuatro hijos. Y muy tranquilo. Aquí tengo a toda mi banda.