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Sergio Ramos desata la locura ante 23.000 sevillistas: "Vengo a matar por este escudo"

El defensa, emocionado en su regreso a Nervión, reconoce que ha pasado un verano complicado. Sonó el himno, estuvo arropado por Caparrós, Navas, Rakitic... El camero vivió una jornada inolvidable.

Sergio Ramos desata la locura ante 23.000 sevillistas: «Vengo a matar por este escudo»
Samuel Silva
Alonso Rivero

Samuel Silva y Alonso Rivero

Tan sólo 48 horas le han bastado a Sergio Ramos para desatar la locura entre el sevillismo. El Ramón Sánchez-Pizjuán, escenario de la puesta de largo del camero, era un hervidero de aficionados desde horas antes de que se abrieran las puertas a los aficionados. El regreso de Sergio al Sevilla 18 años después ha significado su reencuentro con la afición que lo vio despegar en el fútbol profesional. Más de 22.000 aficionados acompañan al camero en su vuelta, una cifra récord para recibir con honores al internacional criado en la cantera sevillista.

Ramos sale al Pizjuán en su presentación. RELEVO/ALONSO RIVERO

"Ha sido una grata sorpresa y una alegría tremenda. Estoy sin palabras y emocionado al ver la gente que viene a tu presentación", ha reconocido el camero, exultante en un día que ha esperado durante todo el verano. Ovaciones y cánticos por doquier, con un sevillismo entregado a Sergio. Rodeado de niños, como ejemplos de esa misma cantera de la que él salió; con su familia, desde sus padres a su mujer, Pilar Rubio, y sus hijos. Y, sobre todo, con el cariño del sevillismo, que disfrutó casi tanto como el propio defensa de un día para el recuerdo.

Más de 40 minutos después de ese acto sobre el césped, Sergio continuaba firmando autógrafos y recibiendo peticiones de los hinchas. Su sueño de volver a casa tenía el mejor inicio posible. Con lágrimas y sonrisas. Con el orgullo de sentir que el sevillismo lo ha perdonado. Un día que comenzó muy pronto para los hinchas, que desde primera hora de la tarde ya llegaron a los alrededores del estadio y que pasadas las diez de la noche continuaban junto a su ídolo.

"La esperanza es lo último que se pierde. No había habido nada real hasta el último día en el que se dio. Hice la maleta y la volví a llevar. La primera opción era volver a casa, era una necesidad emocional", ha indicado Sergio, que ha desvelado cómo fueron esos momentos en los que su sueño de volver al Sevilla ya era una realidad.

"Suena la llamada y era mi hermano. Me dijo 'vamos a sentarnos, que hay que hablar'. Hubo poco debate con la propuesta del Sevilla. Era la última en llegar pero la primera en tomar. Llevaba tres meses entrenándome en la finca".

También han sido días duros para Sergio, que quedó libre tras acabar contrato en el PSG y que esperó en solitario esa propuesta del Sevilla. "Me he entrenado duro y nunca lo había hecho así tanto tiempo solo. Psicológicamente también te hace aprender, es una lucha que requiere de mentalidad. Me encuentro bien, aunque necesitaba oler a hierba y entrenarme con mis compañeros", decía el sevillista.

"Poco a poco iré encontrando mi mejor versión física. No hay que tener prisa, pero espero que sea cuanto antes", ha señalado Sergio, que también ha querido pasar página de cómo se produjo su fichaje: "Siempre he sido una persona optimista y hay ciertas cosas quedan como anécdota. Si estoy aquí es por algo, tanto Víctor, como el 'presi' o José María... Será una decisión consensuada. Me dan esta oportunidad de volver a casa y voy a estar agradecido. No voy a tener en cuenta nada, remamos en la misma dirección y el escudo que defendemos es el mismo. Son comentarios del pasado".

La expectación también era enorme en la sala de prensa, con el departamento de comunicación incluso teniendo que restringir la entrada. También personalidades importantes del Sevilla como Joaquín Caparrós, el entrenador que hizo debutar a Sergio en la primera plantilla, o Pablo Blanco quisieron acompañar al camero en su regreso a Nervión. O los capitanes Jesús Navas e Ivan Rakitic, buenos amigos del camero.

De todos ellos también se acordó Sergio, en esa vuelta a los orígenes. "Pablo fue uno de los pioneros que me vio. Me dijo que cambiara de posición. El objetivo era meterme de central, pero había muchos y laterales. Medio me convenció, me quedé de lateral y no salió mal. El ojo no te falló", le dijo el camero al mítico exjugador y director de cantera del Sevilla. "Míster, qué puedo contar, cuando una estrella llega arriba es que ha habido una apuesta por ella. Viste un diamante en bruto en mí. Gracias de corazón, de mi familia por apostar por la juventud".

Todos ellos lo acompañaron más tarde sobre el terreno de juego. Desde el centro del campo, donde el club había colocado el escenario para que Sergio pudiera dirigirse a un Ramón Sánchez-Pizjuán que desbordó las previsiones y obligó a abrir más gradas. El sevillismo le dio el cariño al internacional que otras veces le había negado.

Las polémicas del pasado han quedado casi enterradas con esas disculpas que el propio futbolista expuso como primeras palabras como sevillista. La figura de Sergio Ramos pudo con todo. Con los malos resultados del inicio liguero o con ese extraño cierre de mercado de fichajes, que concluyó precisamente con su regreso al Sevilla tras un verano de calabazas. "Quiero ser respetuoso con todo el sevillismo, con las personas que sigan molestas. Ojalá con rendimiento y mis disculpas pueda cambiar la opinión. Demasiados enemigos tenemos fuera, para pelearnos nosotros mismos. Todos debemos remar en la misma dirección. Cometí errores y espero que sepan perdonar", ha asegurado Sergio.

"Vengo a matar por este escudo, que nadie tenga duda", dijo Sergio ante un estadio entregado y tras recibir los mensajes de amigos y excompañeros como Carlos Marchena, Javi Navarro, Pablo Alfaro, Luka Modric o Andrés Iniesta. "Sevillistas, agradecer, desde fondo de mi corazón, de otro sevillista a todos los que habéis venido. Estoy deseando que llegue el fin de semana para ganar el primer partido de la temporada todos juntos", se despidió Sergio de los aficionados desde el mediocampo. El colofón a un día inolvidable en el que se reencontró con el sevillismo, ese que ya le ha perdonado esas rencillas del pasado.