Ya solo quedas tú

Ya solo quedas tú. Es el mes de mayo y el curso se acaba. Hoy no hay deberes. Juega el Barça. Tu Barça. Te sabes el once de memoria, lo repites en voz baja, tan baja que solo lo escuchas en tu cabeza mientras intentas curar los nervios previos a otra final de Champions, como si repetir once nombres fuese a calmar algo, usándolos como antídoto previo a lo que pueda pasar. El fútbol deja de ser fútbol para convertirse en algo más. Tú no lo sabes, todavía no. Pero nunca serás tan feliz como aquel 28 de mayo de 2011. Ya solo quedas tú.
En el patio nadie quería ser Sergio Busquets. Nunca escuché a ningún niño autoproclamarse "Busquets" mientras juega al primer toque, a ninguno obsesionado por devolver una pared de espuela o a recuperar un balón defendiendo siempre hacia delante. Los niños siempre quieren ser protagonistas y Sergio nunca lo quiso. Puede que lo más hipnótico en su figura fuese precisamente su fútbol silencioso; jugaba renunciando constantemente a cualquier atisbo de halago. El único jugador que ha jugado para que ningún niño se quiera hacer llamar Busquets en el patio.
Pero escondía un truco. Si te fijabas en él, si le seguías de cerca los 90 minutos, descubrías el partido. ¡De repente lo entendías! Busquets nunca tuvo pretensiones porque su fútbol era honesto. No había nunca ningún añadido, ningún alarde. Eso hacía que si te acercabas lo suficiente a él, dejases de ver el partido para pasar a entenderlo. Y cuando eres pequeño no quieres entender nada; quieres jugar. Es por eso que Busquets golpea más fuerte cuando eres adulto, porque ves en su forma de jugar algo que te ata a él de forma salvaje. Un fútbol desnudo, tan pulcro que hasta duele.
Nadie nunca jugó tan bien al primer toque como Busquets. Lo hizo tan bien, que cuando el Barça le pidió que jugase a más toques nos pareció menor. ¿Le podemos culpar de haber nacido al lado de Xavi, Iniesta y Messi? ¿A alguien se le puede culpar de haber nacido en el paraíso? Cuando las figuras fueron cambiando a su alrededor, su juego siguió siendo el mismo. Si devolvía una pared ya no estaba Iniesta, si abandonaba su zona ya no aparecía Xavi. Hace dos años que cuando filtra un pase ya no aparece Messi.
Busquets hemos sido un poco todos nosotros estos últimos años siguiendo la misma rutina que cuando éramos pequeños. Todo era igual excepto que nada lo era. Te repites el once en voz baja, enciendes la tele, miras el partido. Busquets da un pase, sale de su zona, busca a Messi. En el fondo, tú eres Busquets. Nunca fuiste tan feliz como aquel 28 de mayo. No lo sabías. Y la vida consiste en seguir viviendo cada día como si en realidad lo mejor estuviese por llegar asumiendo, demasiado lentamente, que aquel día es ya inalcanzable. Juzgar a Busquets es juzgarnos a todos nosotros. El reto de cualquier aficionado al FC Barcelona y a este deporte es que en diez años, en algún sitio, los niños quieran empezar a llamarse Busquets en el patio.
Crecer es morir muchas veces. Demasiadas, quizás. Sin Busquets aquel equipo ya no existe, pero tú lo sigues haciendo. Y la realidad es que ya solo quedas tú. Seguiremos pensando que lo mejor está por llegar y que una pérdida no es más que una oportunidad para crear en nuestro interior una imagen que no nos abandone nunca.