OPINIÓN

Será de las pocas veces que, tras ascender, un equipo empeore el nivel general de su plantilla

Aledaños del estadio José Zorrilla. /Getty
Aledaños del estadio José Zorrilla. Getty

Cada vez parece más inevitable el sufrimiento y más difícil pensar que la afición del Valladolid pueda vivir algo distinto. Los viejos del lugar —aunque ocurrió hace menos de 30 años—, nos cuentan los años del Europucela y los más jóvenes sueñan con conocer algún día una etapa similar. Un Real Valladolid que viajó por Europa varios años, que llegó finales de Copa y que incluso levantó un título en el José Zorrilla. Sin embargo, con el paso del tiempo, se pone el listón cada vez más bajo y se conformarían con no más que alguna temporada tranquila en Primera. No sé si es lo correcto ese conformismo en el decimotercer club en la clasificación histórica de nuestro país, pero al menos parece un primer paso para volver a lo que el Pucela debe ser.

El club tiene una afición que, aunque algunos quieran vender lo contrario, supone un regalo caído del cielo. Un regalo de los que se dan, sin merecerlo, a un niño caprichoso. Un amor incondicional del que poder aprovecharse porque, pase lo que pase, sabes —o crees— que siempre lo vas a tener ahí para ti. Los dos récords consecutivos de abonados que se han batido el año pasado y el presente, en Segunda y en Primera División respectivamente, lo demuestran. ¿Qué afición rompe récords de socios tras descender… otra vez?

Una afición que no falla a su equipo, pero que lo hace mientras pide explicaciones. Una afición que llena el estadio mientras cuestiona una planificación económica y deportiva que deja mucho que desear y de la que, aunque se trate de tapar con parches, ellos mismos son conscientes. El propio Paulo Pezzolano, en las pasadas derrotas en casa ante Mallorca y Rayo Vallecano, mandó un mensaje con los jugadores que alineó.

Empezando con la tercera titularidad de Juma, que si bien ha sorprendido con su calidad, hace unas semanas su única experiencia era en la liga de Sierra Leona, donde trabajaba en una panadería. Ante el conjunto mallorquín, en la segunda parte debutaron otros dos canteranos, Mario Maroto y Raúl Chasco, por delante de jugadores ya asentados en el primer equipo y que se quedaron sin minutos. Y todo esto sin entrar a hablar de la adaptación de Lucas Rosa al lateral izquierdo, demarcación que ha quedado vacía tras el pasado mercado. Está claro que hay cosas que fallan, y no son pocas.

Será de las pocas veces que se haya visto que un club, tras ascender, empeore el nivel general de su plantilla tras el mercado de verano. Y ya no es el hecho de empeorar, sino la manera de hacerlo. Malvender a uno de tus mejores jugadores a un rival directo en los últimos días de mercado ha afectado mucho a la afición, que vive con impotencia cada fin de semana. Tampoco vino nadie que igualase, ni de lejos, a Boyomo. De nuevo, solo parches que tardaron pocos días en verse rotos. Y de qué manera. Un 7-0 ante el Barcelona que supuso la mayor derrota en liga en la historia del club.

El técnico uruguayo, que desde que cerró el mercado avisó que sería una temporada difícil, no solo ha dejado ver su disgusto con la calidad de la plantilla con sus alineaciones, sino que también lo ha hecho en rueda de prensa. ¿Qué le queda a la afición cuando escucha a su entrenador asegurar que, ni dando más del 100%, es suficiente para empatar contra un rival directo? Si el techo de este equipo es este, parece imposible ser optimista. ¿Quizá otro entrenador sería capaz de encontrar soluciones? Pezzolano cree que no y que el problema "va por otro lado". Todos sabemos cuál es ese otro lado. Muchas preguntas a las que solo el tiempo dará respuesta.

Sería mentir decir que Ronaldo Nazário ha hecho todo mal. El club ha mejorado en muchos aspectos gracias al brasileño. Pero falla lo más importante: lo deportivo. De poco sirve pintar el estadio, mejorar las oficinas y crecer en redes sociales si el equipo va ofreciendo una imagen paupérrima por los estadios de España. Devuélveme el foso antes que perder el respeto que se nos tenía en el resto de España. Tampoco quiero ser hipócrita, porque no están directamente relacionadas una cosa con la otra, pero quizá debió invertirse más en lo deportivo antes que en otros aspectos, y a veces parece que esto ha quedado relegado a un segundo plano presumiendo de otras mejorar que sí, también eran necesarias, y sí, también son importantes. Suponen una base para el crecimiento del club. Pero, ¿cuánto tiempo debemos esperar para exigir resultados en el campo?

Concuerdo con Pezzolano cuando habla de la importancia de sufrir juntos. Sufrir es inevitable, el hacerlo juntos será beneficioso. No es cuestión de sonreír ante lo que creemos que está mal, pero sí de remar en una misma dirección en favor de un objetivo común. Se seguirán pidiendo explicaciones y exigiendo mejoras a quien corresponda, porque así también se consiguen avances.

Una mínima estabilidad en la élite es el primer paso para poder margen de maniobra y mejorar. Y habrá que sufrir. En el campo y en la grada. Admito que a veces me cuesta hablar de sufrir cuando hay otros clubes que han caído mucho más bajo, es como escuchar hablar de sufrir a clubes que ganan títulos cada temporada. Pero el Real Valladolid aspira a más que esto, y año tras año parece imposible. Porque hemos pasado del "en cinco años en Champions", a estar ascendiendo a Primera otra vez pasado ese lustro y de nuevo con el miedo real a otro descenso.