El 'Superenfado' de Florentino se apagó... por ahora
Se mostró muy disgustado tras la Supercopa, por la derrota, la imagen y el físico. Pero el equipo ha reaccionado, sofocando el cabreo.

"El Madrid es completamente diferente a otro club. Una derrota aquí tiene muchísima más trascendencia que en cualquier otro y cambia todo el panorama en segundos". Ese es el sentir general en el club y en un vestuario donde se han vivido unos días, los que van desde la derrota en la Supercopa de España (15 de enero) a la nueva remontada frente al Atlético (26), de más tensión de la que pueda podría en un principio en un equipo que aspira a todo.
Pese a que el Madrid viene de ganar un doblete la pasada temporada (Liga y Champions), de que ha levantado cinco Orejonas de 14 en una década prodigiosa con Zidane y Ancelotti y de que esta temporada camina segundo en Liga a tres puntos del líder, espera al Liverpool en octavos y ya está en semifinales de Copa, el desastroso partido en Riad frente al Barça desató un enfado en Florentino Pérez como no se recordaba otro similar en mucho tiempo.
El presidente del Real Madrid mostró en Arabia una cara de pocos amigos tras concluir la final. Disimuló bien junto a su amigo Joan Laporta y estuvo muy cariñoso y respetuoso en la entrega de premios sobre el césped. Pareció incluso adoptar la misma actitud que a esa hora tenían otros muchos madridistas: total, se trataba de una competición menor... Pero la procesión iba por dentro. Más allá de la derrota, a la que no está acostumbrado en las finales y que era la primera frente a su homólogo en el Barça, le dolió especialmente la gestión de la plantilla en este inicio de 2023 y la imagen mostrada a ojos de todo el mundo. Sobre todo, se encontró a un equipo físicamente abatido, sin chispa, sobrepasado y con varios jugadores fuera de tono. Como ya le había sucedido, sólo una semana antes, en La Cerámica en la última derrota liguera. Así que, en cuanto pudo, pidió explicaciones a Ancelotti.
Según ha podido saber Relevo, el entrenador italiano, y por extensión su preparador físico, Antonio Pintus, se llevaron una buena cornada que tensó a todos en el viaje de vuelta y dejó un aire enrarecido en Valdebebas para los siguientes días. La directiva comenzó a recordar los fantasmas de 2015, donde el equipo se cayó a partir de enero. Por eso, Florentino pidió una reacción inmediata de forma contundente. Por un lado necesitaba desahogarse y hacer ver que en el Madrid no hay títulos menores. Y, por otro, quería poner en marcha la estrategia de devolver cuanto antes la tensión al equipo. Algo que ha surtido efecto a vista de los siguientes resultados: victoria en Vila-real en Copa, golpe de autoridad en San Mamés en Liga y remontada frente al Atleti en el derbi. Esta reacción exigida ha dejado el enfado del presidente en un conato de incendio que, al final, sólo ha durado cuatro días.
Mensaje entendido
Carletto captó el mensaje a la primera tras aquel dardo de Riad. De ahí que, para la siguiente cita después del palo en el Clásico, la Copa en Vila-real, inculcara en su vestuario que estaban ante otra final. Pese a que sólo unos días después viajaban a Bilbao a otro partido clave y lo más normal, en unos octavos de final, hubiera sido rotar. Y más teniendo en cuenta que había jugadores tocados y que muchos futbolistas aún estaban recuperando las sensaciones después de un Mundial exigente.
La prueba evidente de que Ancelotti veía peligrar su puesto con otra hipotética derrota, y que no era una invención o un simple rumor, es que llamó a filas hasta a Courtois. El belga, suplente habitual en esta competición hasta los partidos más decisivos, recuperó la titularidad por sorpresa. El técnico sabía que iba a disgustar a Lunin, al que consiguieron convencer en verano de que siguiera en el equipo ofreciéndole este tipo de encuentros. No le importó. No era momento de premios ni de pruebas. Llegó incluso a confirmar, sin titubeos, su decisión en la previa ante los medios de comunicación.
A vueltas con la planificación
Ancelotti es un hombre de club y es alérgico a los incendios pese a que arda por dentro. De hecho, muchas veces refuerza públicamente posturas de la entidad con las que él no comulga del todo. Un ejemplo es la planificación en cuanto a los fichajes de esta temporada. Por eso, aunque acató el toque de atención con la máxima profesionalidad, también le hizo ver una vez más a la dirección deportiva de que ese bajón de la Supercopa era más normal de lo que parecía.
El italiano se viene quejando de que, quieran verlo o no en las oficinas de Valdebebas, realmente cuenta con 14 ó 15 futbolistas. No más. Vallejo, Odriozola, Hazard y Mariano no cuentan. De ahí que le hubiera gustado desde hace tiempo que el club, más allá de señalarle lo que tiene en la cantera, hiciera un esfuerzo por reforzar el equipo con algún retoque, aunque ya haya asimilado que no será así. El ejemplo del Barça, en continua crisis económica pero en continua renovación, le amarga.
Lo que no apoya es la visión que tiene el equipo de captación dirigido por Juni Calafat de que, si acaso hay una prioridad a la hora de mirar el mercado, esa es la de reforzar los laterales. Antes que mejorar la delantera, que es lo que él desea desde verano. Lo entiende como una excusa para no gastar dinero en complementos y guardarlo para poder afrontar una operación multimillonaria (Bellingham, Mbappé...) que nadie sabe si algún día llegará y que, veremos, Carlo no sabe si podrá disfrutar. No es casualidad que el cuerpo técnico ni se haya planteado apretar esa semana para que Fran García llegase en enero, que era una opción, y no en junio, que es la decisión que se ha adoptado con el actual jugador del Rayo Vallecano para no perder al prometedor lateral y verlo volar al Bayer Leverkusen.
Para Ancelotti, el mercado está cerrado desde que empezó. No quiere que nadie se distraiga. La calma y alegría ha vuelto al vestuario, pero sabe que, para evitar nuevas tensiones, quedan muchas curvas que sortear en un mes que asoma decisivo: Real, Valencia, semifinales de la Copa del Rey (¿dos Clásicos más, con todo lo que ello conlleva?), Mundialito, Liverpool… Los resultados y los títulos, como siempre, pondrán a cada uno su sitio. A él, con contrato hasta 2024, el primero.