Cuando el Valencia impuso una economía de guerra que afectó hasta a Évole: "Apagaba las luces como me enseñó mi abuelo y prohibí el ascensor a los del primer y segundo piso"
Manuel Llorente, que fue director general (1995-2005) y presidente (2009-2013), analiza su paso por el club antes del duelo del sábado en el Bernabéu: "De nano llegué a colarme en ese estadio".

Valencia.- Manuel Llorente (Benetúser, 1952) fue presidente del Valencia del 7 de junio de 2009 al 5 de abril de 2013 y anteriormente ocupó el cargo de director general, en tiempos de Paco Roig, de 1995 a 2005. Por eso, es una de las voces más autorizadas para hablar del pasado del club (la época más gloriosa con varios títulos importante y la disputa de las finales europeas), el presente (visita al Bernabéu) y el futuro (Peter Lim, la venta de la entidad, el Nuevo Mestalla...).
El dirigente, que comenzó su carrera en Mercadona y pasó por el Pamesa Valencia, nos cita en el centro de la capital del Turia donde la gente no sólo le reconoce y saluda sino que, además, le pide que vuelva cuanto antes. Con 73 años y un físico que ya quisieran muchos de 50, le brillan los ojos con sólo imaginar ese regreso. Opuestamente a como suele actuar un alto cargo, charla con cercanía, sin prisa, no rehúye las preguntas y se moja. De ahí que haya que dividir este largo cara a cara en dos capítulos.
¿Qué hay de su vida? ¿A qué se ha dedicado en esta década desde que salió del Valencia?
Bueno, seguí de directivo en la Federación y ahí es donde tenía un poco el entretenimiento. Y luego, pues a cosas mías. Tengo una parcela, un campito de naranjos y cosas de esas... Vamos, rápidamente me prejubilé y ya está, pasé a vivir sin obligaciones.
¿Añora el fútbol o se le quitaron las ganas de seguir ligado a este berenjenal con polémicas diarias?
Añoro la gestión de llevar un club. Estuve también en Mercadona, y echas de menos el estrés del propio trabajo. Yo en el fútbol estaba prácticamente 24 horas al día. Dormía cuatro horas. Me venían todas las ideas juntas y ya no podía más. Y no era el peso de la gestión propia de la sociedad, sino de los factores externos que influyen, llámese medios de comunicación, afición, oposición... Eso te crea mucha tensión. Si encima sumas que tienes que buscar patrocinadores, hacer que el equipo funcione, que el entrenador se sienta motivado, respaldado y exigido, pues... Cuando perdíamos o cuando las cosas iban regular se pasaba mal.
¿El fútbol pasa factura a la salud?
A mí no. Pasa factura a la salud el no estar ahora mismo ahí, en el tema, viendo lo que está pasando y sabiendo lo que podría ayudar.
¿Sigue yendo a Mestalla?
Sí, sí, voy alguna vez. Cuando hay partidos interesantes. Voy al palco. Tengo posibilidades de ir cuando lo deseo. Otras veces voy con amigos a sus pases de tribuna.
¿Le duele ver a este Valencia?
Pues sí. Me duele todo lo que ha pasado, por ineptitud y la poca capacidad que tuvieron los que vendieron, como el presidente de la Fundación y el presidente del club. Hubo muy poca visión y engañaron a la gente. Siempre he dicho que el Levante se puede vender, pero el Valencia no. Puede venderse el Rayo o el Leganés, pero ni Atlético ni Real Madrid ni el Valencia pueden hacerlo. El Espanyol sí, pero el Barcelona no. Hay ciertos clubes que no pueden. El Valencia es la sociedad más importante de la Comunidad, un equipo que te mete 45.000 personas cada domingo en Mestalla. Miras al palco y ves ahí a un hijo de Peter Lim, un señor del lejano oriente, y pienso 'y éste, ¿cómo siente lo que pasa?'. No lo puede sentir, porque no lo entiende y no conoce la mirada de un aficionado por la calle. Yo antes entraba en un restaurante y no sabías si te miraban bien o mal, ¿sabes? Pero tenías esa presión. Estos, no.
Ya hablaremos largo y tendido de la actual situación de la entidad y del futuro, pero antes queríamos hacer un repaso a su carrera. Siendo huérfano muy joven, ¿cómo forjó esa realidad su carácter?
Mi padre murió cuando tenía seis años y mi madre, cuando tenía 10. Pero yo a los ocho años me fui a Madrid al Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil, que sigue donde estaba, en Príncipe de Vergara 248. Estaba interno. Lo que a ti te forja ahí en un colegio así, en la inclusa, es que teníamos mucha competitividad entre nosotros. Como éramos pocos, a veces venían externos, que eran hijos de generales y de coroneles de la dirección general, y siempre teníamos una competitividad enorme hicieras lo que hicieras. Jugando al fútbol o haciendo labores. Y te categorizaban como el primero de la clase, el segundo, etc. De ahí sales con muchas ganas de hacer cosas. Te marca.
¿Cuándo comienza su vínculo con el balón?
Yo iba al fútbol. Tenía abono del Valencia y también iba a verlo con mi hermano cuando venía a Madrid. Recuerdo que, cuando estaba la Esquina del Bernabéu y por ahí entraban los autobuses, veía a mis ídolos a través de la ventana del autobús. Íbamos al tercer anfiteatro, al Fondo Norte. Luego, cuando volví al tiempo al estadio, ya como presidente de Valencia, me sentaba ahí en en el palco y me acordaba de todo eso. De nano, incluso me colé alguna vez. Subíamos por la parte más baja del Bernabéu de antes, la que daba al [restaurante] José Luis. Entonces fue cuando empecé a trabajar con Juan Roig en Cárnicas y en Mercadona. Y un buen día, entra Paco Roig en el Valencia, las cosas no le iban bien, tenían muchos líos, y Juan me propone ayudar a su hermano. No es lo que tenía pensando, pero…
Le convencieron.
Así es. Fue en aquel partido Valencia-Depor de la final de Copa con la lluvia en el Bernabéu. Entonces dije en mi trabajo 'no puedo decir que no' y que iba a estar dos o tres meses hasta que se celebrara una asamblea de accionistas de donde posiblemente Paco iba a salir fuera. Entonces yo le comuniqué al propietario de mi empresa 'por las mañanas vengo aquí y por las tardes me voy al Valencia'. Y así estuve un par de meses. Luego, una vez dentro, vives lo que es la oposición y entonces dices 'vamos a luchar por esto'. La competitividad otra vez. Entré cuando llegaba Luis Aragonés, del que aprendí mucho. Al final es una empresa normal: trabajar todos los días y exigirle a la gente.
¿Se puede decir que Juan Roig le cambió la vida?
Efectivamente, en aquel momento sí. Fui cogiendo más y más responsabilidades y empecé a cambiar cosas. Cuando yo llegué, los porteros del estadio eran fijos discontinuos, sindicalistas totales, y como tenían ese sobresueldo, tú veías que entraba allí un montón de gente de gratis. Había que poner orden.
¿Cómo conoció a Juan?
Buff, lo conocí en el año 77.
Dicen que él y su hermano Fernando, ahora al frente del Villarreal, le metieron en el Valencia, con Paco Roig de presidente, para vigilarle. ¿Es cierto?
No, no. Paco es una persona que siempre ha tenido grandes ideas pero que luego en el desarrollo... Era muy visceral. Lo que yo hice fue asumir responsabilidades como director general. Yo estaba ahí para resolver problemas. Sobre todo si venían a pedir dinero y no había y teníamos que ir a buscarlo. Para mí siempre lo que vale dinero y lo que es importante es la toma de decisiones. Siempre hay problemas. Me acuerdo un día que iba por la calle, por Marqués del Turia, y en la zona de Cánovas teníamos un fotógrafo del Valencia que le llamaban El Mudo, y en el semáforo me para y me dice que Luis Aragonés está un poco… Luis era un fenómeno y he aprendido mucho de él pero se ponía... Luis estaba enfadado con Paco Roig y decía que no iba con el equipo pese a que teníamos que jugar contra el Recreativo o el Compostela. Repetía 'que no voy' una y otra vez. Y lo tuve que convencer. 'Si voy es por ti, nada más', decía. Yo, en vez de ir al presidente con problemas, los resolvía.

Hace poco entrevistamos a Paco Roig aquí en Valencia y no tenía muy buen recuerdo de usted. Entre otras muchas cosas, dijo algo así como que se la había jugado. ¿Y eso?
A ver... Cuando él dimite, lo que pensamos todos era que Pedro Cortés debía asumir la presidencia. Yo era el que tenía el apoyo accionarial de los hermanos Roig. Y él quería seguir dominando, hacer fichajes y manejar todo desde fuera. Y yo, que entonces era el consejero delegado y tenía firma y poderes, le dije ' Paco, que tú ya no eres el presidente, no podemos tomar estas decisiones porque luego los que estamos sentados ahí y los responsables somos nosotros'. Y eso a él le molestó. La situación se enquistó. Entonces luego él quiso volver y nosotros decíamos que no porque ya había una directiva donde habíamos hecho cosas. Él se convierte en oposición, con todo lo que ello conlleva...
Ahora que ha prescrito, y sabiendo que él mismo contó en Relevo un intento de soborno a un árbitro, el pago en negro que supuestamente prefería Aragonés y cosas de ese pelo,....
De todo esto les puedo dar mi visión, pero cuando acabemos de grabar.
De acuerdo. Pero, ¿alguna vez se llevó las manos a la cabeza con él?
Lo que pasa es que Paco siempre fue... Cuando yo entro en Cárnicas él era el hermano mayor y yo lo conocía de cómo actuaba y sabía sus decisiones dentro del comercio internacional de carne. Los hermanos y todos sabemos cómo es él, no te extraña nada. Pero prefiero no hablar aquí de esas cosas.
Entendido. ¿Guarda mejor recuerdo de su primera etapa como gerente y director general o como presidente?
Como director general, que es cuando yo empecé, ganamos en el 99 la Copa del Rey. Yo fui a por Ranieri, con Pedro Cortés, a Italia. Mirad, este reloj es conmemorativo de aquello y está grabado. Entonces yo no vivía el desgaste todavía que luego se tiene. Porque más tarde, cuando llegamos a las finales de Champions, teníamos en la oposición a Paco Roig. Y eso es peor es peor que una plaga de ladillas. Eso es, vamos... Te duraba nada la satisfacción de ganar un partido. La alegría no te duraba ni cinco horas, porque te caía un problema en paracaídas al rato, ¡pum! ¡Que están vendiendo a Mendieta al Milan! Todo era así. En esos inicios fue cuando más disfruté. El propio Ranieri ya veía como Paco Roig iba desde la izquierda a la derecha en un segundo. Y entonces él estaba obsesionado en establecer en su contrato una cláusula por la cual se reflejara el motivo objetivo por el cual pudiera ser cesado. No porque por la mañana una visceralidad se lo llevara por delante o porque el presidente, de repente, haya conocido a un entrenador que le gusta más y se carga al otro. Y yo estuve en mi casa con Ranieri para solucionarlo. Vives muchas cosas de esas. Como cuando Mendieta hace el golazo de córner y te llama al instante Toldrá, su agente, para revisar su contrato antes de tiempo y le tienes que decir que... Muchos apretones que te obligan a buscar fórmulas nuevas. Yo aplicaba mucho en el club lo que había hecho en las empresas en las que había trabajado como Mercadona.
"Tener a Paco Roig en la oposición era peor que una plaga de ladillas"
¿Era un duro negociador?
Sí, sí. Defendía lo que yo consideraba que era justo. Decía, 'pero ¿por qué tengo que pagarte a ti tanto?'. Eso me pasó sobre todo con Rafa Benítez. Era como cuando venían y me decían 'no, quiero cinco años de contrato' y al año venía el jugador y su agente y me comentaban 'hay que subirlo'. ¿Cómo que hay que subirlo? ¿Pero no tenemos cinco años de contrato? No es que fuera duro, es que tenía la experiencia de haber gestionado una empresa donde mi obligación era hacer que el personal funcionara, como era en ese momento en Mercadona, que tenía casi 20.000 personas ya. Mi cometido era que las personas funcionasen. Por la noche estás pensando '¿y cómo le digo esto y cómo hago ahora esto otro?'. No desconectas. Ahora, la gente del Gobierno dice que no se les puede llamar a partir de las 18:00. A mí, siempre, a cualquier hora.
¿Le imponía más tratar con un futbolista que con el trabajador más duro de Mercadona?
Disfrutaba más negociando con el entrenador porque ¿cómo diría yo...? Con un empleado en aquel momento, era mucho más sencillo, no aplicabas toda tu sapiencia. No sacaban la artillería. Recuerdo que Ranieri, cuando él ya lo tenía hecho con el Atlético, estaba negociando y me viene y me dice, 'mira, yo me quedo aquí si me fichas a cinco cinco o seis jugadores, entre ellos a Míchel Salgado del Real Madrid'. Y yo le contesté: 'No te enfades Claudio, pero me resulta mucho más económico cambiarse a ti porque traigo a un entrenador y con los jugadores el discurso es nuevo'. El técnico tiene un problema: cuando pasa un tiempo, su discurso es el mismo. Tiene que cambiarlo o cambiar jugadores. Y yo le insistía que no. Debe ser así. Lo más importante en un club es saber si su presidente es ejecutivo o no. Miguel Ángel Gil, es el más importante en el Atlético por eso. Es que ahí dentro vives mil anécdotas. Otra con Cúper.
Diga, diga.
Se va Ranieri y viene Cúper del Mallorca. Fenomenal. A mí me gustaba en los desplazamientos cenar con el equipo. Siempre que podía cenaba con el entrenador, el médico, el fisio, el preparador físico... El equipo por un lado y nosotros por otro. Y te das cuenta que el primer entrenador y el segundo no se hablan. Que cuando Cúper decía algo, el otro estaba con una copa de vino mirando y sin contestar. Y me di cuenta de que pasaba algo. Así que llamé a su representante, a Caamaño, y al que montó Bahía y participó en la operación del fichaje de Cúper. Y le digo 'ven aquí'. Se lo expliqué y le dije que no podíamos estar así. Y me reconoció que era verdad. Así que le pedí 'o quitas a uno o quitas al otro'. Se fue el segundo. Hay que estar en la faena, porque si no... Con Cúper también la tuve cuando se fue al Inter de Milán. Estuvimos negociando, pero cobraba 400 millones y él quería 700. Le dijimos que se fuera. Y entonces, estando allí, me llama Toldrá para contarme que Cúper quiere a Cañizares. Y yo, que no y que no. Toldrá se enfada mucho. Cogí y llamé a Héctor: '¿Por qué tienes que llevarte a Cañizares? Si estaba aquí cuando tú llegaste, llévate a Fagiani que lo trajiste tú'. Se lo comenté muy enfadado y me respondió que se olvidaba de Cañizares. Esto es una empresa, y en la empresa tienes que estar así: encima de todo.
"Había que estar en la faena. Si no llego a cenar con el equipo no sé que Cúper no se hablaba con su segundo. Se tuvo que marchar. No se puede estar así"
¿Lo peor que le puede suceder a un dirigente es que le piten en el palco?
Evidentemente, es como a los toreros. Es molesto. Igual que en una empresa tú tienes un examen cada mes, que es cuando sabes los resultados, en el fútbol el examen lo tienes cada semana. A mí me pitaron porque había un grupo… Estaba Paco Roig, estaba Fernando Gómez Colomer, al que también quité. Y así varios. Empezaba uno y seguía el resto. Nosotros, cuando ganamos la primera Liga con Jaime Ortí de presidente, Paco Roig ya estaba en la oposición. Pues Paco repartió pitos a la entrada de Mestalla en la presentación. Seguía entonces la costumbre de que cuando se presentaba el equipo salía también la directiva al césped. Y yo sabía que, de siempre, el público no quiere oír lo que dice la directiva. Y le dije a Jaime Ortí en ese momento de no salir más. Se ha ganado, ¿para que queríamos salir? No le dejaron ni hablar cuando lo intentó. Pues fíjense, mi hijo tenía siete u ocho años y ese día pitaba también. Claro, te dan un pito y todo el mundo pita. Pitaban porque no habíamos hecho fichajes. Y yo decía, 'pero ¿por qué vamos a hacer fichajes si tenemos el equipo que ha ganado la Liga?'.
"Cuando era presidente Jaime Ortí nos pitaron en una presentación, por no hacer fichajes, porque Roig repartió pitos en Mestalla. Fíjense: hasta mi hijo, que tenía siete u ocho años, también pitaba..."
Se contaba que su obsesión era mantener a flote la economía de la entidad y que, para ello, la obligación era entrar en Champions. Y que incluso era conocido en el club por el hecho de que, al irse a casa, iba planta por planta apagando la luz. ¿Es verdad o es una leyenda?
No, no… A ver… Bueno, yo apago las luces aquí, lo mismo que ustedes en su casa. Lo que sí que pasaba es que yo siempre he apagado las luces en mi casa porque así me lo enseñaba mi abuelo. Cuando vamos a las primeras oficinas había un ascensor y entonces sí dije que los del primer piso y el segundo piso no podían utilizar el ascensor. Había que meter esa cultura. Que suban por la escalera. Los del tercero, cuarto y quinto que vayan en el ascensor. Aunque lo que ahorras es nada, prácticamente, era una medida para inculcar un poco el que se miren las cosas. Lo que he hecho siempre ha sido lo que me enseñaron desde pequeño. Mi hija vive en Berlín y cuando viene aquí yo le digo: 'Natalia, ¿allí en Berlín no pagas la luz?'. Aquí se la deja encendida y la tendría así todo el rato y voy yo detrás. Recuerdo que vino Évole un día a hacerme una entrevista para Salvados y me dijo, como quejándose, que había subido cuatro pisos caminando. Le tuve que aclarar que él sí podía coger el ascensor, ya que iba a la cuarta planta, pero que no podía hacerlo si iba al primer o segundo piso. [Risas]
Usted salió en 2013 y parece que ya tenía algunos fichajes cerrados para la siguiente temporada. ¿De quiénes estamos hablando?
Sí. Tenía un fichaje muy bueno: Iago Aspas. Lo teníamos cerrado con Braulio, todo firmado. Teníamos un fondo de inversión que era Doyen, ya que no teníamos liquidez y había que pagar un dinero. Lo compraban por 10 millones de euros, tres de ellos al contado y el resto en dos o tres años. Negociamos con Carlos Mouriño, del Celta. Y cuando ya estaba todo, Amadeo Salvo dijo que no lo quería. Y así hay más.
Pues cuente.
También teníamos a Cristiano Ronaldo. Fui yo con García Pitarch a Portugal y estuvimos en Lisboa con Jorge Mendes y todo. Antes de que firmara por el Sporting. Nosotros teníamos a Diego Alonso de delantero y el Sporting había vendido a Quaresma al Barça. Junto a Cristiano, eran los dos figuras que tenían. Por eso decían que ya habían vendido a uno y que no les hacía falta vender al otro. La Juventus les ofrecía nueve o 10 millones al Sporting. Y nosotros les hicimos una propuesta: damos a Diego Alonso más tres millones. Y estuvimos así un par de días con el consejero delegado del Sporting y con Jorge Mendes, con los que íbamos a comer. Quedamos en seguir hablando. Hasta que inauguraron el estadio del Sporting para el Mundial o el Europeo de Portugal, invitaron al Manchester United y todo se acabó.
¿Cómo?
En ese partido, los propios jugadores del United le dijeron a Ferguson que fichara a Cristiano. Y lo hizo por 15 millones de euros. Si nosotros hubiéramos tenido un poco más de cash… O si yo, a lo mejor, hubiera sido un poco más…
¿Valiente?
A ver, es que si veías los números entonces, no podíamos meternos en ese fichaje. Era un chaval de 17 años. ¡Cómo vamos a gastar ese dinero en un chico tan joven! Pero si nosotros cogemos y decimos 'oye, 12 millones así como estos, te pago ahora cuatro y luego lo otro'... Cristiano hubiera estado en el Valencia. [Después de aquello, el Valencia y el propio Cristiano confirmaron que entre sus etapas en el United y el Real Madrid también tuvo opciones de ir al Valencia en 2006]
"Teníamos a Iago Aspas cerrado y Amadeo Salvo no lo quiso. Y a Cristiano, yo fui a Lisboa a por él. Si hubiéramos tenido más 'cash' y hubiéramos dado 12 millones, hubiera estado en el Valencia"
Es economista y le van los números. ¿Cuál fue la contratación más rentable?
Más que contrataciones rentables, les puedo hablar de ventas rentables. Claudio El Piojo López y Mendieta a la Lazio, Gerard al Barcelona, Farinós al Inter. Que esa es otra…
¿Por?
A Farinós lo tenía fichado el Milan. Pero Berlusconi habla con José María Aznar y le pregunta 'oye, qué tal es ese Farinós'. Y Aznar, que entonces era presidente del Gobierno, le dice 'no lo fiches, ése es muy bajito y tal…'. No lo quisieron y no se hizo. Y vino el Inter al día siguiente y se lo quedaron por la cláusula. Y luego, una operación de la que estoy muy contento fue la de Ayala.
¿Por qué?
Se dieron unas circunstancias… Tienes que aprovechar todo. Tú nunca vendes cuando tú quieres, sino vendes cuando te compran. Entonces, a mí me vienen también los del Milan, me llama en aquel momento Umberto Gandini, que era el director general, y me dice: '¿Quieres que te cedamos a Ayala? Se lo dije a Cúper, me dijo que le gustaba y que, aunque ya tenía cerrada la defensa, que si se podía venir, mejor. Entonces me fui a Milán. Y antes de llegar, el día anterior, me dicen que lo quieren vender, no ceder. Y entonces les contestamos que no. Pero insistieron. Vente y ya hablamos. Voy yo solo y le digo que se una allí a nuestro asesor fiscal, que era el de Ranieri, Antonio di Natale. Les dije que lo máximo que podíamos pagar eran cuatro millones de dólares. Y nos hicieron ver que no podía ser. Pero, de repente, que sí, que sí. Cuatro millones a pagar en cinco años con la carencia de dos años al principio. Yo, cuando decían que 'de acuerdo', pensaba que tenía que haber algo raro ahí. Entonces llamé al médico del Valencia para decirle 'Jorge, mírale muy bien en el reconocimiento'.
"A Farinós lo tenía fichado el Milan. Pero Berlusconi habla con Aznar y le pregunta 'oye, qué tal es ese Farinós'. Y el entonces presidente del Gobierno, le dice 'no lo fiches, ése es muy bajito y tal…'.
¿Y qué pasó?
Nosotros éramos muy austeros y cuando venían representantes o jugadores a firmar no los metíamos en el Westin o en los mejores hoteles. Yo lo que viví allí fue… Cogí un hotel y me llamaron Galliano, Braida y compañía para cambiarme a otro cuando se enteraron. Me pasaron a uno de lujo. Estaban muy interesados en la operación. Vino Di Natale, que en principio se iba ese mismo día a Roma, y dijo que podía esperar y que se quedaba allí a hacer noche… [Risas] La cena ni os la cuento. Pero a lo que vamos: en esa época estaban atando mucho el tema de las nacionalizaciones. Es decir, los italianos nacionalizaban así por las buenas. Entonces, el Milan tenía a Ayala con pasaporte italiano y se lo habían dado de aquella manera… Porque luego, cuando vino a Valencia, el primer año jugó como comunitario, pero en el segundo nos empezaron a pedir unos papeles que no había manera de conseguirlos. Berlusconi lo que quería era quitárselo de encima porque habían hecho trampas. Y Ayala fue el artífice de que nosotros ganáramos la Liga. Ayala era la leche. Hasta Florentino Pérez lo quería comprar.
¿Y la mayor decepción tras acudir al mercado quién fue?
No sé decir…
¿Los italianos aquellos que trajeron?
¿Corradi y Fiore? Pero eran jugadores de la selección italiana. Cuando vendimos a Mendieta por 8.000 millones de pesetas, 6.000 los cobramos y faltaban otros 2.000. Entonces los de la Lazio le dicen a Ranieri 'oye, mira a ver si nos ayudas'. Y Ranieri me dijo 'me gustaría traer a Fiore y a Corradi'. Para cobrar lo de Mendieta hubo que hacer muchos viajes allí. Hasta nos pagó el Barcelona la cesión. Los 400 millones que iban a ir para la Lazio nos los dieron a nosotros. Eso fue lo que pasó. Aquí la gente, ya sabes… Pero Corradi y Fiore eran dos internacionales y dos personas magníficas. Ahí están en la foto de cuando ganamos la Supercopa de Europa en Mónaco. Eran dos fenómenos, pero no se tuvo paciencia.
¿A Romario dónde lo encajamos?
Romario era bueno, lo que pasa es que, como casi todos los brasileños, siempre es el yo, yo y yo. No son conscientes de que están en una sociedad que les paga y que si le va bien a la sociedad les irá bien a ellos. Los jugadores como Romario, o los que yo he conocido al menos, van a lo suyo. Todos excepto uno: Mazinho. Lo vendimos porque Luis Aragonés decía que si teníamos a un jugador extranjero, antes cuando había límites, tenía que tener gol. Pero lo de Mazinho es lo normal. Viola, el primer día que jugamos un partido y lo televisaron, se presentó con su novia y nos dijo que cuánto le correspondía a él por la televisión. Venía a pedirme su parte. Mazinho me repetía, 'no pienses que todos los brasileños son como yo'. Son los figuras y… Ahora lo ves con Neymar. Romario vivía en su ambiente, con sus dos o tres amigos que se traía. Y cuando se cansan, dicen que se quieren a Brasil. Así me lo dijo nada más llegar. 'No soy feliz aquí'. Por eso lo cedimos al Flamengo. Y luego viene Jorge Valdano y dice quiere a Romario. Y Romario lo tenía claro: 'Ahora voy a ir yo ahí otra vez…'.
¿Y con Mijatovic quién tuvo de verdad la culpa de lo ocurrido?
Él, el Madrid, que no tenía un duro entonces, y los contratos de televisión. Cambiaron de la noche a la mañana. Antena 3 le paga al Real Madrid, a cambio del contrato futuro, un dinero. Es cuando compra a Suker, que lo queríamos nosotros también, y a Mijatovic. Paga su cláusula de 1.000 millones de pesetas. Aquí lo trataba todo el mundo con mucho cariño. La primera vez que le conocí yo estaba en el despacho y Mijatovic entra, se sienta delante de mí y me decía 'nano' y todo con mucha cercanía y normalidad. Un gran tío. Después he tenido una gran relación con él.
Presume de las buenas ventas que hacía el Valencia, pero ¿entiende que esa fuga de talento a lo largo de los años le pueda doler a la afición que tenía un equipo campeón?
Nosotros ya fuimos campeones. El Valencia tenía una deuda muy grande cuando yo llego de presidente. Muy grande. Originada desde cuando todo lo del estadio nuevo. Había unos 550 millones de euros. Entonces vienen a por mí, que yo estaba llevando el Pamesa con Juan Roig. Me piden que vuelva al Valencia de presidente. Yo sólo decía que si no me autorizaban no me iba. Llegué y el primer año dije que no podíamos vender todo. Que había que ir despacio. Pero la economía del club estaba muy mal. Algunos jugadores estaban sin cobrar las fichas. Y entonces yo sí dije después que necesitábamos vender a alguno. Vendimos solo a Albiol por 18 millones al Real Madrid. Y eso que ellos querían a más.
¿A quién?
Ahí están los Villa, Silva, Ayala... Y más, luego les cuento.
Qué intriga. Apuntado queda. Usted también fue uno de los más insistentes a la hora de dar cancha a Isco, pero parece que Emery no estaba mucho por la labor. ¿Por qué no le entraba por el ojo?
Isco tenía 17 años. El único partido que jugó con el Valencia [en realidad fueron siete] fue en Copa del Rey ante el Logroñés, fue con Unai. Y lo hizo muy bien y creo que hasta marcó y todo [hizo dos goles]. Yo insistía para que le pusiera, pero me decía 'lo pongo y a quién quito, ¿a Soldado?'. Teníamos una gran plantilla. Luego Isco, como justificación para irse, decía cosas como 'es que yo voy con la Selección en categorías juveniles y no vienen a recogerme al aeropuerto y cuando van otros, sí...'. En fin, cosas… Pero lo de Isco es que es otra historia, de verdad.
¿Cuál?
No lo hizo bien...
¿Y eso?
Vamos a ver, Isco estuvo aquí desde juvenil. Viene su representante, que es Pepe Seguí, y me dice que el papá del jugador ha venido a vivir a Valencia y que hay que pagarle más, mucho más. Yo le dije que no podía hacer eso porque si elevaba lo que él me pedía el salario de Isco, toda la escuela también querría un salario así en caso de destacar. Me insistían en que el chico era muy bueno y le dije 'si el padre quiere vivir aquí, dile al padre que trabaje'. Al final decidí subirle el sueldo a 200.000 o 250.000 euros [lo que ahora cobran jugadores del primer equipo], y además decidimos darle una cantidad extra al padre. Eso sí, le dije al agente que hiciera un contrato de representación con Isco para que lo siguiera llevando él, porque el padre iba por ahí pululando. El agente le compró un coche al padre, le pagaba la vivienda... Pero el padre por su cuenta negoció con el Málaga.
"Con Isco me dijeron que le tenía que pagar más porque su padre quería vivir a Valencia y le dije al agente: 'dile al padre que trabaje'. Al final le pagamos más y un extra al padre, pero..."
Vamos, que se lo olía.
Me llamó el Málaga diciéndome que querían fichar a Isco y nos remitimos a la cláusula. Después, nos empiezan a decir que el chico quiere ir... Entonces yo les contesto que no y mando un e-mail a Isco informándole de que el primer día de pretemporada tiene que ir a entrenar con el filial, no con el primer equipo. A partir de ese momento, el Málaga acepta pagarnos los seis millones de euros. Aunque al principio los talones que nos pagan fueron devueltos porque no tenían fondos. Lo denunciamos a LaLiga y entonces nos pagaron al contado los seis millones además de 300.000 euros extra por el asunto de los talones. Pero al final Isco se va por su padre. Nosotros ya teníamos negociado ampliar contrato con él y pagarle 800.000 euros…
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*En la segunda parte de esta entrevista, Manuel Llorente se centra en algunos capítulos de su paso por el Valencia, como la crisis con Benítez y Koeman o sus roces con Fernando Gómez Colomer. También habla del presente del Valencia, con Peter Lim al frente, y de los movimientos de venta en los que él ha sido protagonista.