"Tras la agresión no me acuerdo de 35 minutos de mi vida": las trifulcas del fútbol español antes de Valverde y Baena
Una lista innumerable: la de Munúa con Aouate, Navarro con Burdisso, el 'Mono' con Serrano, Dragutinovic con el de Los Morancos...

Ocurrió el pasado sábado, en los exteriores del Bernabéu. La agresión de Valverde a Baena mostró la otra cara del fútbol, menos visible desde que los clubes profesionales bunkerizaron sus entrenamientos y a sus jugadores, pero que sigue encontrándose ahí. Más de lo que nos imaginamos. El exceso de testosterona, la competitividad mal entendida, un insulto fuera de lugar o hasta una mala mirada han provocado, provocan y provocarán entre los jugadores una extensa lista de guantazos, puñetazos, cabezazos, codazos, patadas y pisotones.
El extenso repertorio de calentones se produce entre rivales, entre propios compañeros, contra entrenadores, contra aficionados, contra árbitros, entre presidentes y hasta con directores deportivos. "Hay más hostias de las que se cuentan", nos afirman varios de los implicados en este historial gris que guarda nuestro fútbol. Ésa es la penitencia con la que tendrá que cargar Fede Valverde, la de ingresar en esa memoria colectiva de momentos desagradables. En definitiva, sufrir dentro de 20 años la llamada de periodistas que tiran de hemeroteca para preguntarle por lo inexplicable: "¿Qué se te pasó por la cabeza?".
Guantazos entre jugadores rivales
Ese estigma, el de no caer en el olvido por una acción puntual, es con el que carga Carlos Diogo, que fue sancionado con cinco partidos por su famosa pelea con Luis Fabiano en enero de 2007, un partido televisado en abierto para todo el país a través de La Sexta, con la narración de Andrés Montes y los comentarios de Julio Salinas. "Al que no hace nada, no le pasa nada. Eso le digo a mi hijo. Hay veces que tomas decisiones erróneas y tienen sus consecuencias. Pasó porque ocurrió en ese momento, con las pulsaciones altas y con la tensión que se vive en los partidos", comenta en Relevo el ahora entrenador del Ateca, en Segunda Regional Aragonesa.
Unos meses después de aquel partido en La Romareda, en marzo de 2007, tuvo lugar otro capítulo sonado, como el de David Navarro, que aprovechó la trifulca final del Valencia-Inter, de octavos de final de la Champions, para propinarle un puñetazo a Burdisso y romperle la nariz. El que fuera central valencianista acarreó una inhabilitación por parte de la UEFA de seis meses. La mayor presencia de cámaras de televisión en los campos propició la práctica desaparición de acciones macarras de este tipo.
Aunque el 21 de abril 2009, los aficionados del fútbol se quedaron perplejos con la agresión de Pepe a Casquero, al que pateó en el suelo y luego dio un puñetazo a Albín. Le cayeron 10 encuentros de sanción, la mayor en toda la historia del Real Madrid en competición nacional (en Europa, eso sí, recibieron una sanción para Juanito de cinco años por pisar la cabeza a Matthaus en las semifinales de Copa de Europa ante el Bayern). "Digamos que Pepe tuvo un mal día en la oficina. El auténtico jugador leyenda en el Real Madrid es el que juega más de 10 años en el club y Pepe consiguió sobreponerse a esa situación complicada. La gente le quería mucho y pidió perdón por lo que pasó. Fue capaz de encajar con talante todas las críticas que recibió por ese episodio y ganarse el cariño del madridismo y del vestuario. Pepe es una persona muy risueña, de las mejores que he conocido", subraya Luis Villarejo, actual director de Deportes en la Agencia EFE y director de Comunicación del Real Madrid en aquella época.
"Tras la agresión de Germán Burgos, no me acuerdo de nada durante 35 minutos de mi vida"
Exdelantero del EspanyolDiez años antes, en 1999 y sin tantas cámaras de televisión, el estadio de Montjuic acogió un Espanyol-Mallorca. En un córner, el Mono Burgos noqueó a Manolo Serrano. "Después de aquel saque de esquina, no me acuerdo de nada durante 35 minutos de mi vida: hasta que me despierto dentro del vestuario. Hasta ahí tengo mi memoria. En ningún momento, a nivel de juego o cualquier cosa, hago una acción para que se tenga que justificar una agresión tal y como fue. Germán hizo unos comentarios que no eran verdad, pero era su palabra contra la mía. Se me prestó la opción de denunciar a Germán ante la Policía, pero no lo hice porque LaLiga ya entró de oficio", recuerda Manolo Serrano a Relevo, quien ahora entrena a varios equipos formativos (masculinos y femeninos) en El Masnou.

El Mono fue castigado con 11 partidos. "No sé si mi caso es parecido al de Valverde y Baena, porque eso fue fuera del partido. Lo mío ocurrió hace mucho tiempo, yo me conozco y sabemos cómo somos. Me informé con compañeros míos y del Mallorca para saber si había hecho algún comentario para pedir disculpas, pero es su palabra contra la mía. Luego jugué contra él ante el Mallorca y con el Elche, en Segunda, cuando estaba en el Atlético, donde le marqué un gol y no le recriminé nada", precisa Serrano. "Cuando luego salió lo de su cáncer, le envié un burofax mandándole palabras de ánimo. Para mí se quedó en un calentón y ya está", insiste el exjugador del Espanyol. El Mono, por su parte, ha preferido no dar su versión de aquello: "¡Eso ya fue! Ya pedí disculpas en su momento".
Bofetones entre compañeros de equipo
Digamos que lo más 'normal', dentro de este tipo de agresiones, sería pensar que ocurren con más frecuencia entre rivales que entre compañeros. Por ejemplo, aún sin cámaras, Ángel María Villar le dio un puñetazo en el año 74 a Johan Cruyff porque, según el expresidente de la RFEF, el holandés le había partido unas espinilleras en el Camp Nou; en San Mamés se la tenía guardada y le pegó un cachetazo en un córner, por el que fue castigado con 200.000 pesetas por el presidente del Athletic, José Antonio Eguidazu. O el puñetazo más estiloso del fútbol español (porque recordó en la técnica a la de un boxeador), el que le endosó el madridista José Luis a Riera, del Espanyol, en medio de una gran trifulca en Sarrià, en 1969.
Pero encontramos muchísimos más casos de trifulcas entre compañeros durante entrenamientos, o en los vestuarios, que entre rivales. Algunos ejemplos a vuelapluma: Quique Setién con Tomás González, en el Racing (1995); Luis Enrique con Overmars, en el Barça (2003); Gravesencon Robinho (2005) o Balboa con Pepe (2007), en el Real Madrid; Forlán con Senna, en el Villarreal (2007); Maniche con Antonio López o Costinha con Jacobo, en el Atlético (ambas en 2007); Cotelo y Contra, en el Getafe (2008); Aspas con Bustos, en el Celta (2010); Luisinho con Arribas, en el Depor (2016); Aridane y Brandon, en Osasuna (2019); Roque Mesa con Malsa, este mismo año en el Valladolid; o la reciente de Mané a Sané, en el Bayern.
Incluso también, entre compañeros de Selección, como la protagonizada entre Vicente y Puyol, en 2005, por una entrada a destiempo del exvalencianista y con los gritos de "¡Así no! ¡Así no!" de Luis Aragonés. "No tengo buena relación con Puyol. No tuvimos un trato de hablar todos los días, sino que nos limitábamos a saludarnos y poco más", reconoció Vicente en su día. Bien en los clubes, bien en la Selección, las sanciones quedan sujetas en la mayoría de los casos al régimen interno: van de simbólicas multas, cuando quieren cubrir un tupido velo, a castigos más severos, como apartarles del equipo.
Pero, sin lugar a dudas, la madre de todas las peleas entre compañeros y la más sonada fue la de Munúa con Aouate, en el Deportivo, el 12 de enero de 2008, con Miguel Ángel Lotina al frente del conjunto gallego. El portero uruguayo le había arrebatado recientemente la titularidad al israelí, pero en un entrenamiento una mala mirada, junto a la tensión vivida toda la temporada, provocó la reacción desorbitada de Munúa. Le partió la cara de un puñetazo: Dudu acabó con ocho puntos de sutura en la cara por dos brechas próximas a su ojo izquierdo.
El Deportivo apartó a Munúa, que salió del club en verano, y a Aouate, que no volvió a jugar hasta siete partidos después. Lotina tiró de los porteros del Fabril, Fabricio Agosto y Manu Fernández. "Me acuerdo del día de la movida, que era viernes de baño y masaje. Ellos se quedaron dentro del vestuario mientras Fabricio y yo nos ejercitamos en el césped. Después de la sesión, vemos al fisio salir corriendo del vestuario y llamar al médico. Nosotros pensábamos que era broma y hasta le vacilamos: 'Anda, cállate la puta boca'. Pero luego cuando entramos en el vestuario, vemos a Auoate tirado en el suelo chorreando sangre. A partir de ahí se apartan a los dos y hubo denuncias de por medio. Una movida, yo tenía 21 años y flipaba. En los vestuarios piques siempre hay, y en los entrenos más. Con ellos se notaba desde el verano que convivían dos gallos en el mismo corral, por el tema de ser el primer espada", rememora a Relevo Manu Fernández, que se retiró del fútbol hace seis años por una lesión en su rodilla izquierda y hoy vive feliz trabajando como técnico de laboratorio y disfrutando de su Harley los fines de semana.
"Entramos en el vestuario y vimos a Aouate tirado en el suelo chorreando sangre"
Exportero del Deportivo"He vivido situaciones muy cabronas en un vestuario, pero lo de Munúa y Aouate fue muy gordo. Al final, en esa situación y con ellos apartados, Fabricio y yo éramos los que poníamos la intensidad y las ganas en los entrenos. Fue una situación muy difícil, porque luego en los entrenamientos se vivía mucha tensión y nosotros estábamos en medio. El preparador de porteros, 'Samba' (José Sambade), nunca se posicionó a favor de ninguno porque fue una situación muy jodida y con una repercusión de la hostia a nivel nacional", añade el exportero.
Puñetazos a aficionados y... ¡hasta al de Los Morancos!
En febrero de 2005, uno de los capítulos más sonados de agresiones fue el que protagonizó el Pato Sosa, en el parking del Calderón, con un aficionado rojiblanco, que le denunció por agresión. Así lo narró para Relevo: "Fue un partido en que yo no jugaba (Levante). Fui con mi padre y mi cuñado, en el Calderón. Estábamos en el parking y se metieron unos hinchas, mientras yo esperaba al Caño Ibagaza y a Richard Núñez. Yo creo recordar que no jugaba porque tenía cinco amarillas. Se metió un aficionado conmigo y me agredió. Sólo me defendí". El castigo para el uruguayo fue salir de la entidad unos meses después.
Unos años antes, no en vano, pudimos observar otra situación bastante desagradable entre jugadores y aficionados, la que sucedió en el último partido de LaLiga en la temporada 2001-02, entre el Villarreal y Zaragoza, que supuso el descenso del conjunto maño a Segunda División. Fruto de la frustración, los nervios y la invasión de campo por parte de los aficionados, varios jugadores del Zaragoza la tomaron contra esos espontáneos que saltaron al césped. "Sinceramente no me acordaba de lo que sucedió, pero he tirado de hemeroteca y he visto el partido. Cuando todo eso se produjo, nosotros ya estábamos en el vestuario y duchados", señala a Relevo el árbitro de aquel encuentro, Pérez Lasa. Acuña y Lainez fueron sancionados con siete partidos. "No me arrepiento de nada, lo volvería hacer", dijo por aquel entonces el paraguayo Acuña. Lamentablemente, tampoco era una imagen nueva en el fútbol español, que ya repitió la vergonzosa escena, pero con menos cámaras, en la final de Copa del Rey entre el Barcelona y Athletic de 1984 y que acabó con una batalla campal entre jugadores y aficionados.
El 5 de mayo de 2002 el Toro Acuña persiguió y pateó a un aficionado del Villarreal en El Madrigal tras consumarse el descenso del Zaragoza: "No me arrepiento, fue para defender a un compañero". pic.twitter.com/U47QAG49Py
— David Mosquera (@renaldinhos) May 5, 2019
Aunque, posiblemente, la situación más cómica dentro de este tipo de situaciones la protagonizaron Dragutinovic y César Cadaval, componente de Los Morancos. El humorista andaba en las instalaciones del Sevilla, por 2006, recuperándose de una rotura que tuvo en el brazo. Solía bromear con diferentes jugadores. "Luis Fabiano, a ver si metes una", por ejemplo.
Cadaval contó en el programa de Bertín Osborne, junto a Joaquín, por qué y cómo Dragutinovic le propinó un sopapo. Antes había bromeado con Aitor Ocio, al que llamó guapo de manera amanerada, y posteriormente hizo lo mismo con Drago, recién aterrizado al equipo, y le lanzó un beso. Algo que no le sentó bien al serbio, que al día siguiente pidió disculpas públicamente.
Agresiones a entrenadores y más
Famoso fue en España el cabezazo que le intentó propinar Djalminha a Irureta en 2001. "Yo no me arrepiento, eso sería en otra vida. Porque si lo hice fue por algo, no estoy tan loco como para dar un cabezazo sin motivo y tenía razón. Aunque no fue una buena actitud. Con el grupo siempre me llevé increíble, tenía muy buena relación con todos y aún mantengo contacto con el 'Turu' Flores, Fran, Naybet, Mauro Silva, Flavio, Donato, Tristán…", confesaba recientemente el brasileño a Lorena González. Increíble, pero cierto: no hubo multa disciplinaria ni económica para el jugador. De hecho, al día siguiente Djalminha, que había perdido la titularidad en favor de Valerón, se ejercitó con total normalidad con el equipo, como si nada hubiera pasado.
Barcelona vs Athletic Bilbao in the 1984 Copa Del Rey got a bit tasty! #ThrowbackThursday pic.twitter.com/S5I6Oy3zKX
— 90s Football (@90sfootball) September 5, 2019
Fuera de nuestras fronteras, en cambio, sí que un episodio similar, aunque más repulsivo todavía (y ya es difícil), acabó con una dura sanción. Lo protagonizó el exfutbolista y ahora entrenador, Ricardo Sá Pinto, en una concentración de la selección portuguesa en marzo de 1997. Esperó en el coche al seleccionador por aquel entonces, Artur Jorge (campeón de Europa con el Oporto), y al verle aparecer salió para emprenderla a puñetazos con él. Fue inhabilitado durante un año, que le privó de jugar con la Real Sociedad. Sá Pinto, como tantos otros protagonistas de este reportaje, han declinado hacer declaraciones. La hemeroteca, incluso, recoge agresiones de entrenadores, como la de Nelson Vivas, actual segundo técnico de Diego Pablo Simeone en el Atlético de Madrid, cuando era entrenador de Quilmes y se descontroló a golpes contra un aficionado después de un empate ante el Atlético Rafaela. "No soy una persona violenta, pero entiendo que no es la imagen que debe dar un entrenador", pronunció tras presentar su dimisión días después.
Los calentones, por desgracia, entre los protagonistas del fútbol son innumerables, con agresiones entre presidentes (la de Gil a Caneda en 1996) o directores deportivos (Paco Jémez le soltó un puño a Cobeño, durante la pandemia, por la tensión del ERTE que existía en el Rayo Vallecano) por nombrar otras rarezas. También, cómo no dentro de esta espiral de calenturas, se agredieron a árbitros, pero, como vimos con el reportaje que nos brindó Enrique Ortego para Relevo, con Urizar Azpitarte y Stoichkov, algunas de todas estas heridas se curan incluso con el tiempo.