Xavi no tiene defensa

Visto el Clásico y el nuevo batacazo del Barça, el cuerpo pide cargar a estas horas contra Xavi y maldecir a la cara del que un día pensó en Sergi Roberto como defensa. Sería repetirse. Un par de párrafos que bien podrían haberse escrito en la sobremesa, cuando se conocieron los onces, porque el desenlace era más que previsible. Esta vez, dicen, Vinicius comenzó a bailar nada más salir de su habitación en Valdebebas. El análisis en torno a este equipo sin liderazgo debería ir mucho más allá. Que Araújo y Gavi sean indiscutibles a estas alturas habla a las claras del presente culé, donde pese a la activación de mil palancas importa más el amor propio y el físico que la visión de juego y el manejo del balón.
La cosa es bien seria. Y Luis Enrique debería estar más preocupado que yo. Eric García, un central correcto, no sólo está llamado a defender al Barça varios años si nadie lo remedia, sino que habrá que ponerse en sus manos cada cuatro días en Catar. Balde, teniendo un porvenir esperanzador y pese al globo que se ha hinchado, es ahora mismo la mitad que el peor Jordi Alba.
Con Pedri hay quien ya reza para que no se contagie de esta depresión, se canse pronto y emigre. ¿Y Ansu? Pobre Ansu. El heredero del diez de Messi no entró en el equipo inicial en otro día grande y fue el cuarto revulsivo en el Bernabéu, algo que habla mal del entrenador viendo su fabulosa aportación.
De Jong merece un párrafo aparte. No deja de amagar con ser un histórico interior y, en realidad, no pasa de ser un trilero elegante. Ver a Modric y Kroos enfrente es un buen termómetro para comparar lo que supone tirar del carro, como hacen ellos, o complementar, para lo que ha quedado definitivamente él. Ya paro. Soy de todo menos pesimista. Y hay brotes verdes en clave culé, no crean, aunque convendría no secundar al míster y hacer más caso a las estadísticas que al resultado. En el Madrid son todos flores.
Sería injusto meter en el mismo saco a Dembélé, pese a que se le salga tantas veces la cadena. O a Raphinha, que encaró con decencia. O a Lewandowski, que se pega con todos esperando que a su espalda llegue Müller y no algún becario pidiendo permiso. Sin embargo, uno mira el calendario y sólo ve más madera en la hoguera de Laporta. Villarreal, Athletic, Bayern y Valencia llegan seguidos. Si Xavi quiere salir vivo de ésta, más le vale volver a vestirse de corto.