GIRONA FC

Xevi Masachs, autor de la 'Biblia' del Girona que relata cómo se construyó el sueño europeo: "Lo veo siendo un Villarreal"

El periodista y escritor revela los secretos del gran momento del club catalán en su libro 'Endevant Girona'.

Xevi Masachs, con su libro en el estadio de Montilivi. /QUIM PUIG / L'ESPORTIU
Xevi Masachs, con su libro en el estadio de Montilivi. QUIM PUIG / L'ESPORTIU
Marc Mosull

Marc Mosull

Xevi Masachs (Amer, 1979) se conoce Montilivi como la palma de su mano. El actual director del periódico L'Esportiu lleva casi media vida yendo cada 15 días al estadio gironí. Sus primeras crónicas, cuando empezaba a ejercer como periodista, fueron de un Girona que jugaba en Primera Catalana. Si nada se tuerce, la temporada que viene podrá escribir desde Anfield o el Allianz Arena.

Nadie mejor que él, pues, para desgranar los éxitos en la última década de un club que está en el mejor momento de su historia. Lo hace en su nuevo libro, en catalán, 'Endavant, Girona! Les claus de l'èxit' y a través del testimonio de sus protagonistas: Pere Guardiola, Quique Cárcel, Míchel, Stuani… Un imprescindible para entender que hay detrás de la temporada de ensueño de un Girona que está a las puertas de la Champions League. 

¿Cuándo comienzas a interesarte por el fútbol?

Yo soy de Amer, un pequeño pueblo relativamente cercano a Girona, y mi padre era presidente del Amer. De pequeño siempre iba a ver los partidos del primer equipo, y cuando podíamos íbamos con la familia al campo del Figueres -estuvo en Segunda A del al 1986 al 1993-. Muy de vez en cuando, nos desplazábamos hasta el Camp Nou para ver al FC Barcelona.

Entonces, el Girona estaba lejos de la élite.

En los años 80, el Girona llegó a estar en Regional Preferente, y en la década de los 90, en Primera Catalana. Es un club con mucha historia que pronto cumplirá 100 años, pero que ha tenido episodios oscuros. Cambia todo con el ascenso a Segunda A en 2008, que fue una apuesta a cara o cruz del presidente Josep Gusó. Aquello fue como una partida de póker porque si el equipo no llega a subir, no sé donde estaría ahora mismo. Desde entonces, siempre se ha mantenido en el fútbol profesional.

¿Dónde nace tu relación profesional con el club?

Cuando estaba estudiando la carrera de periodismo empecé a trabajar en el periódico El Punt. Uno de los primeros partidos que cubrí in situ fue en Montilivi, cuando el Girona estaba en Primera Catalana. Fue algo esporádico. Yo empiezo a seguir al club gironí de forma habitual en la temporada 2007-08, la del ascenso a Segunda A.

¿Cuál es el punto de partida de tu relato?

Nos remontamos al 2015 porque es el punto de partida de la primera aparición de Pere Guardiola -hermano de Pep Guardiola-. Al principio, como ideólogo de un proyecto dirigido por una sociedad francesa que sirvió como puente entre el anterior propietario, Josep Delgado, y los actuales. El relato empieza con Pere Guardiola rememorando el porqué de la elección del Girona. Me cuenta que tuvo algunos momentos de duda, pero que Quique Cárcel, entre otros, le convencieron para que invirtiese en el club -junto al City Football Club-.

¿Quién más trató de convencer a Pere Guardiola?

Como decía, lo termina de convencer el director deportivo del Girona Quique Cárcel, que entonces ya estaba en el club. Pero también Domènec Torrent y Carles Planchart, que formaban parte del cuerpo técnico de su hermano, ponen su granito de arena. Ambos son entrenadores gironins que habían pasado por la entidad en sus etapas más oscuras. Entre todos le convencieron. Y no era una decisión fácil para Guardiola, porque tenía claro que si daba el paso, lo daba con todo. Se trataba de Girona y Cataluña, un club y un territorio con el que tenía una vinculación muy especial. En el libro explica que "es el proyecto de nuestras vidas".

¿Cómo se reparte la propiedad del Girona?

En primer lugar, entran el City Football Group y Pere Guardiola, que en un inicio se reparten a partes iguales la mayoría de las acciones. Más adelante, aparece Marcelo Claure, que es un empresario boliviano, dueño del Bolívar, y que es el socio más inversor, digamos. Actualmente, es el segundo máximo accionista, por detrás del City, porque Guardiola le vendió buena parte de sus acciones hace unos años.

¿Cómo ha cambiado el club en estos diez años?

El club ha crecido mucho en la última década, pero no ha cambiado tanto. Cuando voy a La Vinya -campo de entrenamiento del Girona- me encuentro a la misma gente de siempre, y nos abrazamos como siempre lo hemos hecho. Mismo delegado, mismo utillero… El equipo de Quique Cárcel se ha ampliado, pero el núcleo duro sigue siendo el mismo. Hay mucha más gente detrás del proyecto, pero la gente de siempre sigue estando. Pere Guardiola los define como el "riñón" del Girona.

El Girona está integrado en el City Football Group, pero tiene identidad propia.

Así es. El Girona tiene una identidad muy propia, eso es innegable. Hay un capítulo en el libro dedicado a ello. El City le ha dado músculo financiero, protección económica y le ha facilitado la llegada de jugadores. Pero, pese a que haya crecido mucho y se esté peleando con los mejores clubs del estado, el Girona no ha cambiado tanto y sigue tiene una personalidad muy marcada. El "riñón" sigue intacto.

Xevi Masachs, en el césped de Montilivi.  QUIM PUIG / L'ESPORTIU
Xevi Masachs, en el césped de Montilivi. QUIM PUIG / L'ESPORTIU

¿Cuál es el día D de la historia reciente del Girona?

Seríamos injustos si no dijésemos que fue el día del ascenso a Primera ante el Zaragoza en 2017 porque el club logró subir a Primera División por primera vez en su historia. Y no había habido nunca un equipo de fútbol de la provincia de Girona en la élite. Lo comentábamos anteriormente, el ascenso de 2008 ante el Ceuta también fue trascendental.

¿Qué papel ha jugado Quique Cárcel en la transformación hacia el éxito del club?

Fundamental. Si tuviéramos que hacer un ranking, estaría seguro en el top 3… o en el top 1. De entrada, y es algo que para mí debería ser habitual en la mayoría de clubs y me da la sensación de que no lo es, Cárcel tiene la máxima responsabilidad y plenos poderes para decidir en el ámbito deportivo. Además, goza de toda la confianza del mundo por parte de los propietarios. De hecho, en épocas de zozobra, han sido los mismos propietarios los que le han hecho ver a Cárcel que el proyecto es de largo recorrido y que los tropiezos forman parte del camino.

El Girona ha forjado su ADN a base de golpes y tropiezos, empezando por el del día del Lugo.

Lugo y Zaragoza (2015), Osasuna (2016), Levante (2019), Elche (2020) y Rayo (2021)… Una auténtica colección de finales crueles en Montilivi en los últimos años. Pero esos episodios han endurecido la piel del Girona y ayudan a explicar sus éxitos recientes. Se ha forjado un ADN de resistencia, de equipo tozudo. Si miramos, por ejemplo, el segundo ascenso a Primera (2021-2022), no era nada fácil. Es un año que cuesta mucho y que tienes que jugarte la vuelta de las dos eliminatorias de play-off fuera de casa, además, con un resultado malo de la ida. Vas a Eibar con 0-1 en contra, y terminas pasando a la final. Y contra el Tenerife, tras un 0-0 en Montilivi, logras el ascenso. La piel dura.

“Míchel fue el motor del cambio”, dice Quique Cárcel en el libro.

Totalmente. El director deportivo se ha encontrado en Míchel un entrenador que habla su mismo idioma y que ha ido con él a muerte en todo, cree totalmente en su trabajo. Hay detalles como el tema Savinho. Míchel le había pedido a Cárcel alguien con experiencia para suplir a Riquelme, y le trae al extremo brasileño, un jugador muy joven y que prácticamente no había jugado en la élite. En el segundo entrenamiento, Míchel le dijo a Cárcel 'hemos acertado con Savinho'. Quizás, otro entrenador no hubiera respondido igual.

También está el tema de su oferta de renovación.

Es la demostración de que Cárcel y la propiedad creían plenamente en Míchel. En su primera temporada, en Segunda, y con el equipo en posiciones de descenso a Segunda B, el director deportivo le dice a Míchel que le quiere renovar. El entrenador ni se lo creía.

A principios de la presente temporada, Míchel le dijo a Quique Cárcel que quedarían entres los ocho primeros.

Sí. Cárcel le dijo que estaba loco y se lo apuntó en un papel. Y es que todo el mundo tenía ciertas dudas porque se habían marchado piezas importantes: Oriol Romeu, Taty Castellanos, Santi Bueno, Rodrigo Riquelme… Pero desde el inicio, el míster tenía muy claro que la cosa fluía. Es la demostración que, más allá de nombres, hay un patrón común y una manera de entender el juego que funciona.

¿Cómo es Míchel en las distancias cortas?

Lo que más me llama la atención es su naturalidad. Desde el primer día, ha sido igual. Y con todo el éxito que ha tenido en el Girona, no ha puesto ningún tipo de distancia. Tras las ruedas de prensa, te habla con toda normalidad. Lo mismo con el famoso tema del catalán -si le preguntan, responde en catalán en las previas de los partidos-. Lo lleva con naturalidad y considera que es un tema de educación y respeto. Esa naturalidad es una de sus grandes virtudes como persona y como entrenador: lo que dice en las salas de prensa es lo mismo que le dice a sus jugadores. Y si tiene que dar un palo, lo da en público y en privado.

Háblame de Stuani.

No podíamos hacer un libro sobre la última década del Girona sin dedicar un capítulo a Cristhian Stuani. Hemos citado a Quique Cárcel y a Míchel. Y yo creo que la otra punta del triángulo en el éxito del Girona es Stuani. Ídolo y leyenda, es el máximo goleador de la historia del club. Vale la pena destacar la gestión que ha hecho Míchel con él, porque, hasta su llegada al banquillo, el uruguayo lo había jugado todo. Y Míchel ve que hay un jugador que le gana terreno, que es Taty Castellanos y, esta temporada, Dovbyk aún más. A Stuani le ha costado aceptarlo, tal y como reconoce él mismo, pero lo ha hecho, además teniendo un rol capital dentro del campo. Hay estadísticas que dicen que es uno de los mejores suplentes de Europa. Más allá de eso, es un lujo que alguien como Stuani represente al Girona dentro y fuera del campo.

Este periodo de éxito ha llevado consigo una transformación social. “Los niños y las niñas ya no son del Barça, ahora son del Girona”, asegura Stuani en el libro.

Los niños de Girona lo tiene fácil ahora para ser del Girona porque muchos de ellos han crecido con Stuani como referente y con el equipo en Primera. Y en los más pequeños es donde mejor se aprecia esta transformación social. Pero además, no es algo que solo suceda en la ciudad. También se da en todas las comarcas de la provincia de Girona e incluso más allá, en Osona o el Maresme. Banderas en los balcones, niños y niñas con la camiseta del Girona… era impensable hace algunos años.

¿El Girona se clasificará para la Champions?

Ir a la Champions no es solo un sueño, yo creo que pronto será una realidad. Y será la culminación de esta década, pero tampoco creo que fuera el gran reto. Me da la sensación que el equipo ha acelerado mucho más de lo que preveía el proyecto. Era un proyecto muy ambicioso, es verdad, pero la prioridad era y sigue siendo consolidarse en Primera. Para el Girona sería mucho mejor llegar al año del Centenario -2030- habiendo estado siempre en Primera, que no haber jugado una o dos veces la Champions.

Entonces, ¿el reto es consolidarse en Primera?

Sí, la gran prioridad de cara al próximo curso es mantener la categoría y consolidarse en la élite. En 2030, como dicen la mayoría de entrevistados, esperamos ver a un club establecido en Primera, con un estadio reformado y con una mayor transformación social. No imagino al Girona cada temporada en Europa, pero sí que lo veo siendo un Villarreal, por ejemplo. Es verdad que es muy goloso tomar al Villarreal como espejo porque es el paradigma del equipo de una ciudad pequeña que se instala en la élite haciendo las cosas muy bien. Pero también es cierto que lo ha logrado con un músculo financiero importante detrás, tampoco es un milagro. Pero el club también tiene socios fuertes y la demarcación de Girona tiene potencial. Lo triste es que durante casi 100 años ningún equipo de Girona hubiese llegado a Primera División en fútbol masculino. Ahora que lo hemos conseguido, toca conservarlo.