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Álvaro Vadillo resurge tras las cicatrices de Alex Ferguson y el Bernabéu: "Vivía un sueño y se cortó de raíz"

La perla del Betis era objetivo de United y Real Madrid cuando se rompió la rodilla en Concha Espina. 12 años y dos cruzados después, renace en el Racing de Ferrol.

Álvaro Vadillo celebra su primer gol con el Racing de Ferrol. /LALIGA
Álvaro Vadillo celebra su primer gol con el Racing de Ferrol. LALIGA
Manuel Amor

Manuel Amor

La vida de Álvaro Vadillo (Puerto Real, Cádiz, 1994) siempre ha sido un ir y venir de emociones. Con 13 años, el Betis le amenazó con echarle de su cantera por su nivel "malo malo"; con 16, sólo tres después, se convirtió en el jugador más joven en debutar en Primera con los verdiblancos. Su aparición supuso un rayo de luz en una etapa de poco lustre para el club: un extremo habilidoso, con gol, desborde innato y asombrosamente precoz. Tanto es así que la Fiorentina le puso un contratazo sobre la mesa con 15 años ("una tarde rompí a llorar y dije que no me iba"), Mourinho reconoció que el Real Madrid estaba haciendo "gestiones" para ficharle y el Manchester United y Ferguson persiguieron su firma con una insistencia pocas veces vista. Pero todo se rompió en el peor momento.

Con 17, cuando su estrella comenzaba a brillar con fuerza, la rodilla derecha se le dobló en un lance con Sergio Ramos en el Bernabéu un 15 de octubre del 2011. El diagnóstico, doloroso: rotura del ligamento cruzado. Le visitaron Florentino, Butragueño y el propio Mou, pero nada volvió a ser igual. Cuando regresó al primer equipo, más de un año después, recobró la continuidad y alcanzó su mejor nivel a los 20. En ese momento, un nuevo 'crac': la rotura del otro cruzado. "A veces estás en la cama antes de dormir y piensas: '¿Qué hubiera pasado? ¿Dónde estaría yo a día de hoy?'. Trato de ser positivo, pero mi trayectoria se truncó totalmente".

El fútbol, aun así, le regaló más momentos bonitos: un ascenso con el Huesca, otro con el Granada, un liderato en Primera con los nazaríes... Salir de Los Cármenes fue a la postre "lo peor". Firmó tres años con el Celta y se marchó a los dos meses ("sigo sin saber qué pasó; Óscar García ni me probó"), en el Espanyol se hundió ("estaba muy mal, no salía de casa"), Málaga fue un oasis efímero y en Eibar le mataron las lesiones. Este verano, con 28 años, pensó en salirse de la rueda del fútbol profesional y empezar a arrojar la toalla de la élite. Sobre la bocina, el Racing de Ferrol le dio la oportunidad y el domingo pasado marcó un golazo ante el Cartagena que, confía, supondrá un punto de inflexión: "Entré en un bucle fatal, pero siento que ahora estoy en plenitud".

¿Cómo te encuentras?

Muy feliz. En mi presentación con el Racing (se le vio sin energía) di otra sensación. Me lo dijeron mi novia y mis padres: 'Coño, parece que estás triste'. Venía de pasar un proceso raro y complicado en el verano, pero estaba encantado y, a día de hoy, con la adaptación al completo, todavía más.

¿Cómo se fraguó tu llegada a Ferrol?

El proceso desde que rescindí con el Espanyol el 9 de agosto fue duro. No saber dónde vas a estar en tres semanas es lo peor que hay en este mundo. Lo del Racing fue así (hace un chasquido de dedos). Dos días antes del cierre del mercado, se pusieron en contacto con mi agente y vi que era una oportunidad bastante buena para lo que yo necesitaba en este momento: un club humilde, sencillo y que me diera cariño. Todo se cerró rápido.

El Racing te llamó a 48 horas del cierre del mercado. De no haber recibido esa oferta... ¿qué hubiese sido de Álvaro Vadillo?

Me planteé muchas cosas. Lo dije en rueda de prensa y la gente interpretó que era retirarme, pero no. Pensaba en bajar una categoría, estar cerca de casa… Con el paso de los años empiezo a priorizar otras cosas. Llevo fuera de Cádiz desde los 13 años, es mucho tiempo en este mundillo con una pasión increíble. El fútbol es lo que amo y me hace muy feliz, pero, como no había nada que me llamara la atención, porque tenía claro que quería quedarme en España, pensé: 'Bueno, quizá sea mejor venirme y estar aquí con mi gente'. Salió la opción del Racing, un equipo ideal, y estoy muy feliz de haber tomado esa decisión. No hablé con el entrenador, pero Carlos Mouriz (el director deportivo) me transmitió desde el primer momento el cariño que me iban a dar. Sabían de qué situación venía y que necesitaba un club en el que me arroparan.

Tu carrera ha pasado por muchas estaciones en las que nos iremos deteniendo. La primera: ¿es verdad que empezaste como central?

Totalmente cierto (risas). Eso fue en mis inicios en La Salle, el equipo de mi pueblo. Destacaba, porque cogía el balón e iba para adelante. Después firmé por un equipo de Cádiz, el Loreto, y pasé a ser lateral derecho. En mi primer año de infantil en el Betis también jugué de lateral. Un entrenador al que estaré eternamente agradecido, Gustavo, empezó a colocarme de extremo... pero yo no estaba acostumbrado. Mis primeros años de extremo fueron muy lamentables. Hasta el Betis me dio un toque: 'Jugadores así no van a estar en nuestra cantera'. Estaba dando un nivel malo malo. Por suerte, con trabajo, todo salió bien. Eso me lo dijeron en Infantil A, y tres años después debuté con el primer equipo. Pasé de estar fuera de la cantera a estrenarme en Primera en un abrir y cerrar de ojos.

¿Cómo recuerdas ese debut en Los Cármenes con Pepe Mel? Fuiste el más joven de la historia del Betis en conseguirlo.

Cuando salen jugadores como Lamine Yamal o Bryan Zaragoza, yo sólo pienso una cosa: por favor, que se cuiden. Que valoren realmente la salud, el hacer un trabajo previo y posterior. Una lesión te corta totalmente la proyección y yo lo he vivido en mis carnes. Soy un afortunado por la carrera que he tenido después de haberme roto dos veces el cruzado, pero piensas: '¿Qué hubiera pasado si...?'. Nunca lo sabremos y no pierdo el tiempo en ello, pero cuando veo chavales así se me viene a la cabeza. Que sean conscientes de cuidarse, que no tengan lesiones gordas y que miren mucho por su salud. Eso, realmente, es lo que hace la diferencia entre un jugador y otro.

Con 16 años y la inocencia de un niño... ¿Se llega a notar la presión de jugar en un equipo como el Betis?

Qué va. Con el paso del tiempo eres consciente de la magnitud de club que es el Betis, pero yo pasé de estar jugando en cadetes a verme en el Benito Villamarín con 50.000 personas… y parece que es lo mismo. Ni escuchas a la gente de fondo. Sólo piensas en disfrutar del momento, de la afición y de jugar en Primera y te abstraes. Luego, cuando vives más partidos, te das cuenta de que es una barbaridad.

Ese verano tenías casi cerrado tu fichaje por la Fiorentina con apenas 15 años.

Eso estaba hecho. Es una buena anécdota. Por aquel entonces el director deportivo era Eduardo Macià, que luego estuvo en el Betis, y él insistía mucho en mí. De hecho, recuerdo que me mandaron una camiseta firmada de Stevan Jovetic para darme la bienvenida. Estaba todo cerrado. Las condiciones económicas, para un chaval de 15 años, eran brutales. Yo, pensando, decía: 'Hostia, mi familia, mis hermanos, mis sobrinos… Puede ser un paso importante de cara al futuro'. Pero a mí, realmente, en el fondo no me movía el sentimiento de querer jugar en la Fiorentina. Una tarde, a dos días de irnos a Florencia, a mis padres les daban trabajo y se venían conmigo, rompí a llorar en una comida en casa. Mi padre me preguntó que qué me pasaba y yo me sinceré: 'Papá, yo no me quiero ir'. Inmediatamente, llamó a mi agente y le dijo que íbamos a renovar con el Betis. Firmamos y me estrené ese año. Con esa edad tú piensas en tu familia, en que todos estén bien, pero yo quería jugar en el Betis. Sabía que podía y deseaba debutar en el Villamarín. Y así fue.

Vadillo y su no fichaje por la Fiorentina: "Rompí a llorar en una comida en casa". RELEVO

Tu madre dibujó la situación a la perfección en una entrevista en 'COPE': "Él se iba por ayudarnos, pero yo no lo veía con la ilusión y la alegría de siempre".

Esa entrevista fue justo en la previa del partido en el Bernabéu en el que, desgraciadamente, me lesioné. A Mourinho le habían preguntado por mí, que si había interés… Yo estaba en boca de mucha gente. Mis padres fueron a la 'COPE' y él dijo una frase mítica: "Yo he comido toda la vida papas con huevos, no me pasa nada por seguir comiéndolas".

De estar en la rampa de salida por tu bajo rendimiento a todo esto...

Mi padre me llevaba y me traía de Sevilla a Puerto Real (Cádiz) los dos primeros años. Una vez, paró el coche en medio de la autopista y me dijo: 'Álvaro, o te pones las pilas o yo no voy a estar yendo y viniendo para nada'. Luego, por suerte, las cosas salieron bien.

Mourinho reconoció que el Real Madrid estaba haciendo "gestiones" por ti. ¿Qué pasó con el club blanco?

Esas declaraciones me las pasó mi hermano o algún amigo. Dijo que me estaban siguiendo, pero no sé más.

¿Y con el Manchester United? Salías en todos los medios ingleses...

Mira, para que veas cómo es el fútbol y lo que puede cambiar una lesión: el hermano de Ferguson, que por aquel entonces era el director deportivo del United, fue expresamente a verme a mí el día del Bernabéu. Pero sólo duré 15 minutos. Me lo comentó Pepe Mel a posteriori. Le contesté que era totalmente innecesario cuando me acababa de romper el cruzado (risas). En ese momento había interés del United y yo sabía que me estaban siguiendo.

¿Fuiste consciente desde el primer momento de aquel choque con Sergio Ramos de que la lesión iba a ser tan grave?

Lo que yo sentí fue ese crujido, ese 'crac', como si se rompiera un palo. Sabía que era algo grave. Fue duro. Estaba disfrutando mucho, estaba viviendo un sueño… y se cortó de raíz. Siempre digo que no hay mal que por bien no venga, porque quizá si eso no hubiera pasado, otras cosas hubieran venido. Lo acepté todo de la mejor manera posible.

Vadillo y su lesión: "Fue duro, fue duro...". RELEVO

¿Hablaste después con Ramos?

Sí. El Madrid se portó genial. Ramos fue a buscarme, vinieron al vestuario Florentino, Butragueño, Mourinho, Xabi Alonso… Con la segunda lesión de cruzado que tuve, tres años más tarde, me enviaron un fax para darme ánimos. Es un club increíble.

¿Cómo volviste de todo aquello?

Me costó. Tuve que empezar con el filial y luego, en un partido de Copa contra el Valladolid, salí en el descanso, di una asistencia, provoqué un gol y ya me quedé otra vez en el primer equipo. El año siguiente fue el mejor, pero descendimos a Segunda y llegó la segunda lesión en Marbella. Estábamos haciendo la pretemporada allí. Julio Velázquez (entrenador) y Alexis (director deportivo) hablaron conmigo y me transmitieron una confianza brutal. Empecé esa pretemporada volando. Me dijeron que tenía que ser clave en el proyecto para el ascenso, yo estaba increíble, y me rompí el otro cruzado. En ese proceso de crecimiento como futbolista, en el que debes consolidarte y demostrar, tener dos años y medio de parón es muy jodido. Estoy muy orgulloso de lo que he conseguido después de esos palos tan duros antes de los 20.

¿Piensas mucho en ello?

Te soy sincero: intento no gastar energías en cosas que ya son imposibles de controlar. Pero es evidente que, muchas veces, estás en la cama antes de dormir y piensas: '¿Qué hubiera pasado? ¿Dónde estaría yo a día de hoy?'. Lo mismo, si no me lesiono, con 29 años no estaría jugando al fútbol. Igual las lesiones eran lo que me tocaba. Pero la trayectoria que podía tener se truncó totalmente.

Después te marchaste al Huesca. ¿Cómo recuerdas tus dos temporadas allí?

Fueron una cura de humildad total. Venía del Betis, de un club enorme, con unas instalaciones increíbles y todo a mi disposición, e ir a Huesca fue una de las mejores decisiones de mi carrera. Me salí de la burbuja y me di cuenta de muchas cosas. Nos clasificamos para el primer play-off de la historia del club y conseguimos el primer ascenso a Primera. Una lesión en el isquio me hizo estar cuatro meses fuera el segundo año, pero me llevé una experiencia personal y deportiva increíble.

¿En Granada alcanzaste tu mejor nivel?

Sabía que, si tenía que demostrar algo, era allí. Venía de hacer dos temporadas buenas en Huesca, iba a un club con aspiraciones y me encontré un entrenador que me dio una confianza brutal. Lo de Diego Martínez conmigo fue increíble, exceptuando la última etapa en el Espanyol, en la que no quiso contar conmigo. Teníamos una conexión tremenda. Fueron años espectaculares en los que, incluso, llegamos a ser líderes en Primera. Tengo varias portadas de periódico guardadas de todo aquello.

¿Qué ocurrió con el Celta?

Sigo sin saberlo. Yo tenía una oferta de renovación del Granada en 2020 y no la acepté porque, durante el COVID, me la quitaron. Nunca he hablado de esto porque no le he dado importancia, pero la realidad es esa. No pedía ni más ni menos; iba a renovar justo antes del COVID, pero llegó la pandemia y no lo pudimos hacer. Me dicen que la oferta ya no está y que me busque equipo. Fue lo que hice. Me busqué equipo, apareció el Celta y, cuando estaba a punto de firmar, el Granada me comunica que la oferta de renovación vuelve a estar. No me sentí valorado en ningún momento. Después de dos años buenos, no me trataron de manera correcta: ahora te quito, ahora te doy… Total, que apareció el Celta y firmé tres temporadas. Llegué allí en agosto y el mercado se cerraba en octubre. No sé lo que pasó. Dándole vueltas y rayándome mucho, entiendo que era un fichaje de club que el entrenador (Òscar García) no quería. Llegué allí en pretemporada y entrené de lateral, en los partidos de pretemporada no tuve minutos… Cosas muy raras. En las cinco jornadas de Liga que estuve allí ni siquiera calenté. No es que me rindiese ni tirase la toalla, pero es que directamente en Vigo parecía un fantasma. Buscamos una solución y apareció la del Espanyol.

Vadillo habla sobre la oferta que despareció del Granada y su 'paso fantasma' por el Celta. RELEVO

El director deportivo que te fichó para el Celta fue Felipe Miñambres. ¿No llegaste a preguntarle qué era lo que ocurría?

Sí, claro. No estaba teniendo ningún sentido que el entrenador no me probase ni en pretemporada. Yo se lo pregunté muchas veces a Miñambres: 'Oye, Felipe, ¿tú has hablado con Òscar de que me ibas a fichar?'. 'Hombre, evidentemente, aquí los fichajes se hacen consensuados con el entrenador', me decía. No me cuadraba la situación. Fue raro raro. Al menos comí buen marisco dos meses.

Luego te marchaste cedido a Espanyol, Málaga y Eibar… y perdiste toda la continuidad. ¿Qué pasó?

Todo mal, mal, mal. Ahora, a toro pasado, la decisión de salir de Granada fue lo peor. Me pasó eso en el Celta, llegué al Espanyol y al cuarto partido me rompí el cuádriceps, esa temporada prácticamente me la perdí… Quise darme la oportunidad de jugar de junio a enero, pero nada. Málaga fue un sitio increíble para mí, porque disputé toda la segunda vuelta y me volví a sentir futbolista. Eso supuso un chute de vitalidad brutal para encarar el año siguiente en el Eibar, un equipo con aspiraciones de ascenso. Me encontraba muy bien, pero volví a la misma rueda: a las dos semanas me rompí el sóleo. Cuando parecía que estaba volviendo, me rompí el otro. Cuando me di cuenta ya estaba en enero. Cuando volví a la dinámica, me rompí el isquio. Fue un año fatal. Entre una cosa y otra, me doy cuenta de que en los últimos tres años sólo he jugado media temporada. Ha sido muy duro. Siempre he puesto todo de mi parte para que las cosas fuesen bien fuera del campo: intentar cuidarme, hacerlo lo mejor posible… Pero quizá no era un tema tan físico como mental. Estoy seguro de ello. He trabajado con un psicólogo, Emilio, que me ha ayudado muchísimo. Cuando pones todo de tu parte fuera del campo y aún así te pasa, algo te está fallando en la cabeza. No sabría decirte el qué, porque yo estaba con la ilusión y las ganas de demostrar mi fútbol, pero algo no iba. Ahora, en cambio, siento que este año estoy en una plenitud física y mental increíble. Lo noto. Va a ser una temporada brutal.

Me parece muy interesante que te apoyases en un psicólogo para acabar con las lesiones.

Cuando me rompí la primera vez el sóleo, como mentalmente no estaba bien, lo primero que pensé fue: 'Ya voy a perderme otro año más'. Cuando volvía a arrancar, me lesionaba otra vez. Entré en un bucle fatal. Si la gente se olvida rápido del futbolista que no juega, imagínate cómo se olvidan del que no juega en tres temporadas. Pasa desapercibido. Pero, bueno, eso queda totalmente atrás. Quiero centrarme en lo positivo: en Ferrol estoy muy feliz y sé que va a ser una temporada increíble. Físicamente me encuentro en mi mejor momento. Se lo agradezco mucho a José Costa y José Lete, dos chavales de Cádiz con los que llevo trabajando bastante tiempo; y a mi nutricionista Javi, que me está llevando todo perfecto. Todavía no me encuentro al mismo ritmo que mis compañeros, pero noto que físicamente estoy bien, que no voy a tener ningún problema. Mentalmente también sé que estoy bien, estoy feliz, estoy centrado… Lo noto. Soy un tío intuitivo y sé que voy a hacer un buen año.

Ojalá que así sea. ¿Qué momento de todo este carrusel recuerdas como el de mayor felicidad?

Te diría que el día de la lesión en el Bernabéu. Fue pasar del cielo al infierno en 20 minutos. Pero verme ahí, en un estadio en el que sueña con jugar todo el mundo, en Primera, con 17 años, con mi familia en la grada… Fue un momento de felicidad máxima.

¿Y el peor?

Obviando las lesiones, que también te ayudan a aprender, diría que mi primera temporada en el Espanyol. Estuve muy mal, muy mal, muy mal. Venía de situaciones en las que, si no era titular, entraba siempre desde el banquillo. En Barcelona me podía tirar 10 u 11 partidos sin jugar, luego salía tres minutos… Me afectó mucho, tanto que mi hermano se vino a vivir conmigo. Yo estaba mal, no salía de casa. Fue ahí cuando empecé con Emilio. Ahora intento no trasladar a casa lo que me sucede en el campo. Me ha pasado de todo, pero he aprendido mucho. Eso es lo que me llevo del fútbol y lo que quiero seguir viviendo.