"Algunos compañeros utilizan vocablos raros y en un vestuario hay gente a la que le cuesta leer y escribir"
El exentrenador del Burgos, todavía sin equipo, defiende la simpleza en el fútbol: "Mendilibar nos ha dado una lección".

Julián Calero (Parla, 53 años) ha sido uno de los técnicos de la temporada en el fútbol español. Su buen papel con el Burgos, un equipo con el cuarto límite salarial más bajo de Segunda y que coqueteó con el ascenso, ha disparado el valor de un entrenador valiente y que nunca deja indiferente a nadie. Sus mensajes en las ruedas de prensa acostumbran a viralizarse, alejados de la contención y la homogeneidad que suele predominar en el discurso de sus homólogos. "Algunos, en su afán de querer demostrar todo lo que saben, enrevesan tanto las cosas que cuesta entenderles. Que estamos hablando de fútbol, ¿eh?", recuerda, sonriente, en conversación con Relevo.
Después de cerrar por decisión propia su ciclo en El Plantío, Calero se encuentra ahora en busca de un nuevo desafío que vuelva a ilusionarle. Experiencia, desde luego, no le falta: un ascenso y dos años sobresalientes en Burgos, un Mundial como segundo de Hierro, dos temporadas al lado de Lopetegui en el Oporto, tres en el Real Madrid... Es, como él mismo reconoce, "un tío peculiar y muy exigente", pero avalado por los resultados y por el cariño que le profesan la mayoría de sus exfutbolistas. Liberado de la tensión de la competición, el madrileño atiende a este medio y no deja ningún palo por tocar: la figura del psicólogo, el vestuario por dentro, el lastre de las redes sociales...
¿Cómo se llevan los primeros días sin equipo?
Tienes la sensación de que has terminado un trabajo y que hay que parar los motores. En la vida, los tiempos de descanso son tan importantes como los períodos de trabajo. Los nórdicos lo entienden mucho mejor que nosotros. En Suecia, a veces, acumulan una serie de horas y descansan para que la mente vuelva a resetearse. Creo mucho en esa faceta. Es la época de recuperar, pero no estándote quieto: analizas qué podías haber hecho mejor, tus ideas para tu próximo equipo… Va por ahí, pero llevamos pocos días parados. Estoy todavía adaptándome y con la mudanza. Tengo un mes por delante para darle vueltas a algunas cosas.
¿Qué tiene que tener el siguiente proyecto para convencer a Julián Calero?
Ilusionarme. Con eso es suficiente. No busco categorías, no busco ciudades extraordinarias, no busco nada exótico; simplemente que me motive. Soy una persona muy visceral y, sin objetivos, me cuesta mucho más. Trabajo bien bajo presión, pero lo hago peor cuando tengo tiempo y estoy en relax. Necesito algo que me inspire, ver objetivos para ir hacia ellos. Eso me hace moverme. Otras personas son de otra manera y prefieren más tranquilidad, pero yo preciso esos estímulos. Que lo que me venga, realmente, me emocione.
Has demostrado sobradamente en Segunda tu capacidad para dirigir. ¿Esperas la llamada de algún Primera? Hay cuatro banquillos todavía sin dueño.
El fútbol es totalmente irracional. Nadie sabe qué va a pasar. El mejor ejemplo es Mendilibar: hace tres meses estaba en el paro y ahora es campeón de Europa. Y además nos ha hecho un bien… Su éxito me ha dado una alegría tremenda. Es muy bueno para el fútbol. Mendi es un tipo normal. Estamos anormalizando el fútbol. Hay una tendencia a usar vocablos que se entiendan poco, demasiado rebuscados, a darle muchas vueltas a cosas que no tienen tantas, a buscar en el fondo del tarro cuando te dejas la superficie… Mendilibar ha dado una lección. Tengo varias entrevistas suyas y he leído cosas de él, como que sale de la ciudad deportiva al mediodía y dice que con eso le sobra y le basta. Nos ha demostrado que la simpleza es muy importante.
Mendilibar es un ejemplo de un tipo normal que ha tocado el cielo, pero hay más triunfando: tú, Rubén Albés... ¿Se está imponiendo ese perfil?
Sí, puede ser. Algunos entrenadores, en su afán de querer demostrar todo lo que saben, enrevesan tanto las cosas que cuesta hasta que les entiendan los jugadores y su entorno. Estamos hablando de fútbol, ¿eh? Cada uno tiene su propia jerga. Yo le digo a mis futbolistas que somos una secta. Eso está bien y forma parte del fútbol, pero hemos llegado a un punto en el que te cuesta hasta comprender a algún compañero. Eso no es bueno. En un vestuario te puedes encontrar gente con carrera y gente a la que le cueste leer y escribir, porque su educación y su base han sido esas. No es menospreciarlos, ni mucho menos. Entonces… ¿a dónde vas? ¿A lo más o a lo menos? Es preferible ir a lo menos y que te entiendan todos. Albés me parece un extraordinario entrenador, ha hecho un trabajo tremendo en el Albacete. Es la normalidad hecha fútbol. Y así da gusto, me encanta. Soy una persona que se alegra mucho de las cosas buenas de las demás, que es algo difícil de ver en este deporte. Parece que los entrenadores estamos siempre esperando a que pierda el compañero para que me llamen a mí. Yo ya he llamado a los dos técnicos que han ascendido (Paco López y García Pimienta) para darles la enhorabuena. No sé si lo habrán hecho muchos… Creo que se lo han merecido y que es bonito.
¿Por qué se ha ido Julián Calero del Burgos?
Porque uno, en la vida, tiene que saber cuándo debe marcharse de los sitios. Ha habido un agotamiento de mi mensaje. Yo soy muy intenso. Esa intensidad es muy positiva mientras las cosas van bien; cuando se tuercen… Los resultados del último tercio de temporada no fueron los mismos que en los dos primeros. Es normal, porque nuestro potencial era para salvarnos y estuvimos donde no nos tocaba, pero hemos querido seguir. Ese bajón ha hecho que mi intensidad y mi mensaje se hayan desgastado, que no agotado. ¿El mensaje se puede renovar? Sí: cambiando de entrenador o cambiando de jugadores. Y cambiar de jugadores en el Burgos, con 14 con contrato en vigor, era prácticamente imposible. Creo que era el técnico el que tenía que dar el paso al lado. Llevaba tres años en el cargo, con un ascenso y dos temporadas fenomenales en Segunda, y pensaba: 'Creo que no voy a poder sacarle más rendimiento a lo que tengo. A lo mejor viene otro y sí es capaz'.
En tu despedida afirmaste que habías "agotado" al personal.
No es ninguna mentira: yo agoto. Soy intenso, exigente y estoy en todo. Julián Calero no es sólo el entrenador. En el Burgos he sido un gestor de todo y eso ha conllevado un desgaste. He exigido que se hicieran cosas y ha costado mucho hacerlas. A la gente que está conmigo en el día a día la consumo. Llega un momento en que eso te lleva irrevocablemente al cansancio y a decir: 'A lo mejor ya hemos terminado'. Después, cuando me he despedido, todo el mundo me ha dado abrazos y parabienes. Efectivamente, les había agotado, pero también les había dado mucho. Los jugadores son muy agradecidos. Saben que todo lo que les he exigido ha sido por su bien y para que el club creciera. Me he aprovechado de haber estado con Lopetegui, con Hierro o con Luis Milla, de mis tres años en el Real Madrid, del Mundial. Eso me ha ayudado para ayudar yo al Burgos. Han querido continuar, pero he tenido que ser muy exigente y eso ha terminado agotando un poco.
¿Cómo se llega a la conclusión de que uno ha terminado por cansar a la gente? El proceso tiene que ser doloroso...
Por intuición. Hay una cosa muy importante que le digo siempre a la gente con la que trabajo: la intuición, en la vida, es fundamental. Te la da la experiencia y el conocimiento del medio. Si tú conoces el periodismo, intuyes cosas. Eso yo no lo tengo, pero sí lo tengo en el fútbol. Saco a olfatear mi nariz, huelo, veo las caras de uno, las reacciones… Y digo: 'Empieza a agotarse el asunto'. Aun así, cuando eso pasa, tratas de reconducirlo con una conversación, con un cara a cara, desde la tranquilidad. Y lo solucionas, pero vas notando cierto agotamiento. En la vida, donde más se nota es en las parejas. Estás enamorado y te tiras así dos años o tres. Después no dejas de estarlo: la quieres igual, pero probablemente se ha agotado algo. ¿Se puede reanimar? Claro. Yo llevo casi 30 años casado con mi mujer, pero el desgaste del día a día sí se nota. En Gran Hermano acaban matándose porque dejas ahí a 15 personas de diferentes características sin aire. Eso agota y hay fricciones.
¿Te queda el mal sabor de boca de no haber peleado más por el playoff?
No. Cuando te tienes que ir con mal sabor de boca es cuando hagas análisis propio de conciencia y digas: 'Aquí hice menos de lo que debía'. Entonces sí te tienes que ir con una rémora. Dadas las circunstancias y el camino que había cogido la temporada, creo que si hubiésemos podido darle un toque más a la plantilla… podríamos haber tenido un poquito más de opciones de llegar arriba. Era muy difícil porque no teníamos capacidad económica. Con un poquito de acierto y de fortuna, en varios partidos, como ante el Granada en casa, hubiéramos sacado más. De haber ganado nos hubiéramos puesto a un punto de un equipo que ha terminado líder. Son puntos de inflexión. A medio plazo, estoy convencido de que habría subido al Burgos a Primera si la estructura del club hubiera crecido en la dirección que les habíamos marcado. Yo les dije que lo institucional tenía que desarrollarse a la misma vez que lo deportivo. Pero lo institucional estaba aquí (sube la mano) y lo deportivo, aquí (baja la otra). El ejemplo es el Atlético y Simeone. Simeone ha exigido muchísimo al Atlético, pero a través de darle 11 años consecutivos de Champions. Yo te doy en lo deportivo, pero tú me haces fichar cada año mejores jugadores y me ofreces los recursos y las instalaciones necesarias. En Burgos están todavía con pañales.
Por cierto, tus mensajes en rueda de prensa han sido muy comentados esta temporada. ¿Cómo y cuándo te preparas tus comparecencias?
No me las preparo. Ni en ningún sitio, ni en ningún momento. Absolutamente cero. Es todo improvisación absoluta. El que me conoce de verdad sabe que soy así. El año pasado fui pregonero de las fiestas de Burgos junto con Michu. Todo el mundo llevaba una hoja para leer y yo preferí que no: tres ideas en mi cabeza y ya desarrollo. Nada de lo que veas de mí estará enlatado. Mentiría si no te digo que alguna vez quiero lanzar un mensaje, pero las ruedas de prensa que se han hecho tan virales han sido absolutamente espontáneas. Esa es la realidad. Nadie me ayuda a prepararlas ni las preparo. Dejo que mi cabeza, mi fútbol y mi expresión me lleven. Yo escucho las conferencias de casi todos los compañeros y me doy cuenta de que hay poca naturalidad. Nos cuesta mucho dar mensajes, explicar las cosas como son, y a veces no nos entienden. Yo soy de los que opinan que las cosas hay que decirlas para que la gente de a pie las entienda. Entre el de EGB y el licenciado en Física… voy a ir al de EGB, que el de Física me va a entender. No hago los símiles para lo que me dice alguno por redes sociales: 'Mira qué listo este, el meacolonias, el inventor del fútbol'. La gente es la leche. Tratas de explicarte con naturalidad, pero la red social se te tira encima. No sabes cómo acertar.
Me han dicho que te pregunte por un papel que llevas siempre en la parte de atrás del pantalón en los partidos...
En los partidos hago varias cosas. Primero, voy siempre de negro por mi madre, que falleció hace unos años. Ella creía mucho en el luto; yo ya no confío, pero es mi homenaje hacia ella, al ser que me dio la vida y que me la salvó. Te explico lo del papel. Mis ayudantes hacen la alineación que le presentamos a los jugadores. Tenemos el sistema puesto y yo, en esa hoja, me imagino cosas. En la mañana del partido o mientras los jugadores están calentando, me hago cuatro anotaciones por si pasa algo malo o si pasa algo bueno. Tengo pensadas estructuras para poder variar, con posibles jugadores que puedan entrar. Así, si pasa algo, me ayuda a refrescar. Un entrenador tiene que pensar rápido y bien. Rápido pensamos todos. Por ejemplo: se lesiona el portero. Tienes que pensar muy rápido, no hay tiempos muertos, pero hay que pensar bien. Es más importante pensar bien que rápido; si haces las dos cosas, eres fantástico. Si pasan cosas buenas o malas, me ayuda a tirar por un lado u otro. ¿Cómo puedo cambiar la estructura del equipo con un solo movimiento de un jugador? Elgezabal, por su versatilidad, nos hacía pasar de 4-3-3 a 5-4-1. Esa me la sé de memoria, pero a veces juega Raúl Navarro y puedo meterlo por dentro, por fuera, poner dos carrileros largos más extremos… Esa es mi función. Siempre lo llevo ahí atrás y se ha hecho mi seña de identidad. Ya no salgo sin el papel.
Tus tres años en Burgos han tenido de todo. ¿Cómo ha terminado tu relación con Michu?
Muy bien. Que un director deportivo, en tres años, no me haya insinuado ni una sola vez un once o que un jugador deba participar más… Hubiera sido hasta lo normal. Por contra, yo no me he metido nunca en su trabajo. Hemos currado de la mano. A veces teníamos entre una y cinco opciones y hemos podido fichar a la octava. El dinero y los medios eran los que eran, pero hemos trabajado de forma muy coordinada. Estos días nos estamos intercambiando mensajes. Tenemos una relación de amistad. No he podido acabar mejor con él. El fútbol nos va a volver a juntar. Seguro. ¿Cuándo, cómo y dónde? Ni idea.
En tus primeros meses en Burgos el equipo no cobró y tú no pudiste sentarte en el banquillo hasta bien avanzada la temporada. ¿Te hubieras creído que tu aventura iba a terminar así?
Jamás. Todo lo que ha pasado es irracional. Normalmente, un equipo que no cobra no sólo no asciende; se disuelve. Esa es una anormalidad. Otra es que el primer año de Segunda, con lo difícil que es, tuvimos que hacerlo con la base de los jugadores de Segunda B. Hasta la última semana LaLiga no nos dio el visto bueno para poder competir y se rumoreó que volveríamos a Segunda B. Eso hace que no puedas fichar jugadores por la incertidumbre que se genera. Aun así, logramos salvarnos con holgura. Y este año ha habido un crecimiento exponencial en cuanto a la ilusión. Hemos llegado a ser líderes y a estar 20 jornadas en playoff siendo el segundo límite salarial más bajo (fueron el cuarto). Eso levantó euforia en la ciudad, que hubiese partidos de 12.000 personas cuando la media el primer año era de 2.500-3.000. Hemos triplicado los socios y los espectadores. Sólo hay motivos para estar feliz y tener la sensación de que hemos hecho algo impresionante en Burgos.
Comentaste que te habías equivocado con varios jugadores. ¿Con alguno en especial?
No hay ningún caso puntual. Cuando tienes 25 futbolistas en plantilla año tras año, más del 50% no juega y piensa que te estás equivocando. Mantener la dinámica en un juego así es complicado. Hay mucha gente descontenta, y eso hace que yo piense: 'Joder, le podía haber dado más minutos a este y menos a aquel'. Es bueno que el entrenador se haga esas preguntas. Me habré confundido con muchos por no haberles dado más continuidad. Uno de ellos es Riki Rodríguez. Lo ves jugar con el Albacete y... Entono el mea culpa. Una serie de condiciones mentales me condicionaron, y sólo lo hubiera averiguado ofreciéndole más continuidad. No se la di porque se la di a otros. Y tampoco nos fue mal, pero te quedas con ese lastre.
¿Decirle a un símbolo como Saúl Berjón que no continuaba fue el momento más difícil?
Leí a Xavi Hernández decir que el día que tuvo que hablar con Piqué o Jordi Alba no durmió. Tenía la sensación de haber fallado como compañero a Jordi. Es lógico y normal. Le estás diciendo a un futbolista que no sigue. Es muy duro. Con Saúl, con todo lo que nos dio el primer año… me dolió muchísimo. Se lo comenté: 'Saúl, no tengo nada en tu contra, pero te tengo que decir lo que pienso'. Ahí utilizo mucho una frase que suele usar Lopetegui: 'Vamos a hablar a calzón quitado'. Es mejor una vez colorado que ciento amarillo. Él decidió quedarse. Le dije que iba a ser difícil, pero que continuase por todo lo que había hecho. Llegó Navidad y estábamos en las mismas. Creía que no debía tener ese final, que tenía que elegirlo él. A mí no me molestaba, al revés, pero creía que iba a ser duro. Fue una conversación cara a cara, entre dos hombres, pero le estabas diciendo a alguien que no iba a continuar y no le gustaba. Al final, decidió tomar las riendas y no seguir.
Cambiemos de tercio: ¿Julián Calero es capaz de desconectar del fútbol?
Es muy difícil. No desconecto casi nunca. Mi mujer tira de mí y me obliga a salir al cine, pero me meto en la cama y empiezo a darle vueltas. A veces me despierto a las cuatro de la mañana y no soy capaz de dormir. Me bajo a mi oficina, empiezo a hacer garabatos… No es bueno, porque no te permite estar fresco, pero es complicado de evitar. He tenido ayuda de algún profesional que me ha dado herramientas psicológicas para sortear la frustración de la derrota y el sobreexceso de responsabilidad. Pero me cuesta mucho. La obsesión no es buena.
Eres uno de los pocos entrenadores que reconoce recurrir a la figura del psicólogo.
Sí. Hablamos sobre mis reacciones, la dinámica de grupo, el tono a utilizar con los futbolistas, los mensajes cuando has perdido… Me enseña a tranquilizarme, a convencerles. Siempre me apunto mensajes que tengo que dar y los consulto con esta persona, a la que me une mucha confianza. Cada vez tengo más independencia, pero cuando he notado una sobrecarga me ha echado una mano. Como el segundo entrenador te ayuda en lo táctico o el preparador físico en lo físico, el psicólogo lo hace en lo mental. Se nos olvida que las cabezas son lo más importante. Todos pensamos en el nutricionista, en los vídeos, en el trabajo individual de los chicos… ¿y en sus cabezas? Tienes a un jugador al 110% físicamente y resulta que tiene a su hijo malo y no rinde, y tú ni siquiera te has enterado. A lo mejor ahí que ir a la cabeza. En ese caso, el GPS dice que ha corrido menos. ¿Y? ¿Ha corrido menos porque está mal físicamente o porque tiene un problema gordo en su casa?
Otro factor que puede afectar a los jugadores son las redes sociales. ¿Cómo se trabaja ese aspecto con ellos?
Es algo en lo que todavía estoy en fase de encontrar un equilibrio. No quiero que pongan absolutamente nada del equipo que no sean mensajes positivos. Tienen permitido escribir cosas como 'Qué equipo tan grande', pero no reivindicarse con mensajes como: 'Esta suplencia me hace más duro. La vida me va a recompensar'. Esas cosas se hacen cara a cara, no por las redes para que 200 personas se compadezcan de ti y digan que el entrenador es muy malo. Eso no se hace así. Los nuevos valientes de la sociedad, bajo un nombre falso, dicen que te hablan a la cara, cuando en mi época te tenían que mirar a los ojos. Como hay muchos que no se atreven, no te lo decían. Las redes sociales equivalen a los bares de antes. La gente hablaba, pero no le dabas más importancia porque eran conversaciones de bar. A los jugadores les afecta. Si te dicen muchas veces que eres muy feo, te miras al espejo y te ves muy feo; si te dicen que eres muy guapo, te ves hasta flequillo. Hay que buscar un punto medio. Creo que los futbolistas de equipos importantes van a necesitar ayuda. Si no, les influenciará en su rendimiento. Las redes son peligrosas. Hay que convivir con ellas, no se van a ir, pero hay que regularlas. Estamos viendo hasta niños que se suicidan. No puede ser que una persona levante un falso testimonio sobre mí llamándose Napoleón24. Dice que te has ido a París con Paris Hilton y una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Hay que tener cuidado. Muchas veces me han dicho: 'Oye, te vas a este equipo, que lo dice todo el mundo en Twitter'... y yo ni siquiera había hablado con ellos.
Por las redes o cara a cara, ¿has recibido algún mensaje más especial que otro después de tu despedida?
Sí, de un exfutbolista mío los dos últimos años que esta temporada no estuvo en la plantilla. Cuando se enteró de que no iba a seguir, me mandó un mensaje tremendamente cariñoso. La campaña pasada no había jugado mucho. Es de agradecer. Me recordaba todo lo que había conseguido y me pareció brutal. Es alguien que en la última fase no participó, no le di la confianza que necesitaba, y aun así me trasladó esas palabras. Me emocionó y se lo dije. Para mí, ha pasado a otro nivel como persona.
¿Se puede saber su nombre?
Sí: Eneko Undabarrena.
Mario González, delantero burgalés, dijo en Relevo que la Segunda se había convertido en una liga demasiado táctica y sin gol. ¿Por qué?
A Mario le quisimos fichar este año. Tuvo una oferta del Burgos, pero decidió su futuro como quiso y acertó al irse a Bélgica. Me hubiera gustado tenerle. En Segunda hay un nivel muy parejo y un trabajo muy grande por parte de los entrenadores. La igualdad propicia que los partidos sean tan justos que es difícil que se rompan. En Primera se marca mucho más… pero hay que matizar ese dato. Se marca mucho más cuando juegan el Real Madrid, el Barcelona o el Atlético contra los equipos de abajo, pero un Almería-Real Valladolid acaba 0-0. En Segunda no hay equipos tan dominadores y se anota menos. Había escuchado el dato, pero entiendo que tiene que ver con el nivel y con la dificultad de la categoría.
Ahora que has probado las mieles de ser primer entrenador... ¿volverías al rol de segundo?
Nunca digas nunca jamás, pero mi intención es que no. A lo mejor dentro de algunos años voy para adelante, pero a día de hoy me apetece mucho entrenar. Cuando no seguí con Lopetegui o con Hierro, entre otras cosas, era por mi pasión por querer ser técnico. Llegó un momento en el que me daba igual que fuese en Tercera; quería entrenar yo y sentirme bien. Ahora que he llegado al fútbol profesional, y que me ha costado tantísimo, me gustaría seguir todo lo que pueda. De aquí a cinco años… No voy a hacer como los políticos: 'No voy a pactar contigo'. Puede ser, pero mi intención es que no.
¿Qué te parece Bolo, tu sustituto en Burgos?
Un muy buen entrenador. Michu ha escogido fenomenal. Les deseo lo mejor. Bolo en Ponferrada y yo en Burgos hemos vivido situaciones muy similares: subir al equipo, hacer una buena primera temporada, estar cerca del playoff… Hay una conexión.
¿Qué sueño quiere alcanzar Julián Calero como entrenador?
No me gusta ponerme metas. Me va a lastrar, más que ayudar. Disfruto del día a día. Cuando llego por la mañana genero un ambiente de trabajo bueno, de alegría, de que la gente venga a currar a gusto. Intento que los que están a mi alrededor disfruten y sean felices. ¿Qué me gustaría? Joder, ves a Mendilibar y dices… cómo me gustaría que me pasara eso. Pero entiendo que es muy difícil y que cada uno tiene su camino. Me queda mucho por hacer. Tengo la ambición de llegar a lo máximo, pero para los entrenadores que no hemos sido exjugadores de élite es más complicado. Y es normal. Alguien que ha ganado tres Champions tiene unas experiencias que yo no tengo.
Para acabar, te pregunto por tu hijo Iván. Esta temporada habéis sido rivales (él juega de lateral en el Cartagena) hasta el final.
Ha estado a un nivel muy alto y estoy encantado de verle jugar así. Le quiero muchísimo y le deseo lo mejor, pero si nos enfrentamos a nivel profesional… nos queremos ganar. Siempre intento utilizar mis armas para que se encuentre incómodo a la hora de defender. Yo sé dónde puede sufrir más. En el último partido contra ellos no lo conseguí porque estuvo muy bien y logró que mi plan no saliera.