Marius Lacatus y los años en los que el Oviedo fichaba campeones de Europa: "Irureta tenía una manía que jamás me explicó"
El exjugador rumano revive con Relevo su carrera, ligada en España al cuadro asturiano.

Puede que no sea del todo cierto el mantra que algunos nos hemos repetido hasta la saciedad: 'en los noventa éramos todos más felices. El fútbol significaba su metáfora'. Han transcurrido treinta años, y quizás cuando vuelvan a pasar otros tantos diremos lo mismo del momento actual, vivido con toneladas de angustia, odio, rencor e incertidumbre. La nostalgia juega malas pasadas, sí.
Una cosa es cierta. Ahí no hay trampantojo que valga. Hoy día, salvo milagro de última hora obrado por la Inteligencia Artificial, clubes como el Real Oviedo no se pueden permitir el lujo de fichar a campeones de Europa aún en el punto álgido de su carrera. Y es que Marius Lacatus (Rumanía, 1964) llegó a la capital de Asturias con 27 años. Ahora, que acaba de cumplir sesenta, se detiene un momento con Relevo para revivir esa experiencia. Insuflándole, desde el recuerdo, dosis de melancolía. ¡Es que eran los noventa! Y él acababa de salir de una dictadura militar.
Antes de la Liga, jugó en el Calcio. En 1990 ficha por la Fiorentina gracias al buen hacer de su patrón entonces: el productor de cine Cecchi Gori. La clave de todo fue el buen Mundial de Rumanía en Italia, eliminada en octavos por penaltis contra Irlanda. Usted y los suyos estaban de moda. Puro rock and roll cuando cayó el Telón de Acero.
Sí, hicimos partidos muy buenos en Italia'90 (contra Argentina o la Unión Soviética). Luego me llamaron algunos directivos de la Fiorentina y nos pusimos de acuerdo rápido gracias al presidente de entonces. Tomé un avión para Florencia.
Jugó sólo una temporada: 1990-91. Acababan de vender a Roberto Baggio a la Juventus. Venía de uno de los mejores equipos de Europa: Steaua de Bucarest. Las cosas, sin embargo, no salieron bien.
Tú sabes que sustituir a Roberto Baggio es complicado. No era yo, a cualquiera le habría costado.

Milan y Steaua dominaban Europa con puño de hierro. Eran dos estilos igualmente potentes y determinados.
Lo pasamos muy bien. Además de la Copa de Europa contra el Barça, también ganamos la Supercopa continental. Llegamos a una final más de Liga de campeones (derrota por 4-0 contra el Milan), una semifinal… Ganábamos casi siempre el campeonato rumano… Fue fantástico. Tres o cuatro años buenísimos en todos los sentidos.
¿Qué sucedió en Italia? El técnico era el brasileño Lazaroni. Cuando usted se marcha, la Fiore ficha a Batistuta. Luego llegó Latorre, que también jugó en España.
Un fútbol muy táctico. Siempre 1-0, 0-1, 1-1… Ahí estaban los resultados. Era raro que un buen equipo recibiera dos goles. Yo venía de una liga con un nivel más bajo. El impacto con Italia fue complicado, sí. Luego llegó Batistuta. ¿Sabes? No coincidimos porque sólo podían jugar tres extranjeros, y el club viola quería un delantero centro killer. Yo jugué algunos partidos en esa posición, pero no me encontraba a gusto. Gabriel era uno de los mejores del mundo entonces.
¿Cómo se produce su llegada a Oviedo?
Yo estaba en casa. Llegó mi representante, Giovanni Becali. Me dijo que había un equipo en España interesado en mí, y que además estaba jugando en Europa. Fuimos a Oviedo, estuvimos hablando y aceptamos. Me encontré bien desde que llegué al aeropuerto. Estaba todo verde, y me parecía Brasov, la ciudad donde nací en Rumanía. Repleta de vegetación, hay montañas… Me encanta Oviedo. Sigo teniendo casa aquí, y vengo frecuentemente.
Balint, el anárquico Hagi, Belodedici… Todos en la Liga.
Te olvidas de Dorin Mateuț, que estaba en el Zaragoza. Cuando íbamos a jugar con la selección siempre hacíamos por coincidir en Madrid. Había veces que nos juntábamos hasta seis compañeros.
Hábleme del Oviedo. Su primer entrenador fue Irureta. Luego llegó Antic.
Con Irureta me encontré muy bien. El problema era lo de los extranjeros… Y allí estaban ya los croatas Janko Jankovic, Nicola Jerkan… ¿Entiendes? Conmigo ya éramos cuatro. A veces me tocaba el banquillo. Tenía una manía que nunca me explicó, y es que me decía que cuando iba a jugar con Rumanía al volver no sería nunca titular. Lo acepté, sin más. Creo que tenía razón, porque pensándolo bien la vuelta a Oviedo era una odisea.
¿Me la explica?
Jugaba el miércoles, el jueves marchaba a Viena porque ese día no había vuelo directo. Al día siguiente a Madrid, donde me quedaba a dormir porque aterrizaba ya tarde. Luego, el viernes por la mañana tenía que ir a entrenar, y el partido podía ser perfectamente el sábado. Jugaban los croatas de titular (risas).
¿Con Antic cómo fue?
Era más comunicativo con los futbolistas. Bromeaba, era abierto… Irureta, sinceramente, no hablaba mucho con nosotros. Estaba a lo suyo, y no quería confianzas con el grupo. Me encontré bien con los dos, la verdad. No quiero dejar pasar por alto el presidente -Eugenio Prieto-, un segundo padre para mí. Era con quien mejor me llevaba. Siempre estaba cerca de mí. Me daba consejos para estar tranquilo y no perder la paciencia cuando no jugaba… Una persona exquisita, muy buena.
¿Cuánto tardó en aprender así de bien el español?
Poco. Fue viendo la tele en Oviedo, desde casa. No es muy difícil, porque ya venía de hablar italiano. Dos o tres palabras en español, otras tantas en italiano y ya me hacía entender con la gente por la calle.

¿Qué recuerdo tiene de los derbis con el Sporting?
Los vivía al máximo. En esa época si ganábamos al Sporting de Gijón la gente estaba más contenta que si lo hacíamos contra Madrid o Barça. Te lo digo porque nos impusimos a los dos gigantes, pero la victoria contra el Sporting fue lo mejor. Algo único e indescriptible.
¿Quiénes eran sus amigos españoles del equipo?
Estaban Luis Manuel, Armando, Viñals, Carlos, Bango… Teníamos un equipo muy bien trabajado. Cuando jugábamos en el Carlos Tartiere, con lo pequeño que era, éramos muy difíciles de ganar. Los resultados llegaban porque el bloque era agresivo, generoso y trabajador.
Estabais en Europa.
Joder, no me lo recuerdes. Todo el mundo me comenta siempre este partido contra el Genoa, cuando me expulsaron. Era la UEFA, y en casa ganamos 1-0 con gol de Bango. El Tartiere estaba prácticamente lleno, pero con aficionados italianos. Parecía que jugábamos fuera de casa. Luego, en Italia, perdimos 3-1. Durante mucho tiempo íbamos empate a uno, y el tercero nos lo metieron en el último minuto. ¡Yo vi la roja en el 63! Creo que fue un error arbitral. Ni le toqué, pero ya sabes… El Genoa, un equipo italiano, contra un club pequeño de España… Creo que el colegiado estaba deseando hacer algo así para empujarles un poco más hacia la victoria.

Comprendo sus insinuaciones… Y su cabreo.
Es que si hubiéramos pasado nos habría tocado contra el Steaua o el Dinamo de Bucarest, a la postre el rival del Genoa. ¡Imagínate lo que significaba para mí poderme haber enfrentado a un equipo rumano! Y todo por esa tontería que hice.
¿Le gusta ver a Cazorla ahora allí?
Sí, claro. Hace algunas semanas estuve viéndole en el campo contra el Eibar. Para un equipo que juega en Segunda y mete veinte mil aficionados en su estadio, te puedes imaginar lo que supone eso. Es un equipo histórico, muy querido, un grande. Ojalá suba a Primera este curso. Soy hincha del Oviedo, y lo que sucedió la temporada anterior me enfadó mucho. Deseo verle en Primera ya.