El Madrid cerró a Rüdiger por un gol de cabeza en el Bernabéu

La noche en la que Antonio Rüdiger comenzó a vestirse de blanco, aquella del 12 de abril de 2022, pudo terminar en tragedia para el Real Madrid y, sin embargo, gracias a Rodrygo y Benzema se convirtió en un paso más hacia la 'Décimocuarta'. Antes de esos dos goles salvadores, el defensa alemán había marcado para su equipo de entonces, el Chelsea, el segundo gol, el que igualaba la eliminatoria tras el 1-3 de los blancos en Stamford Bridge.
Ya ganaban los blues 0-1 y llegó un córner muy protestado. Balón largo al palo más alejado al lanzamiento y allí que apareció la figura de Rüdiger para cabecear cruzado. Courtois no llega. Gol. Estaba completamente solo. Atacó desde lejos la habitual defensa zonal del equipo de Ancelotti y nadie cortó su camino. Con el '2' a la espalda y vestido de amarillo, Rüdiger cantó el gol como si fuera el último que iba a marcar en su vida. Esa, su última temporada en el Chelsea, fue la más realizadora de su carrera: cuatro tantos con el del Bernabéu.
Al día siguiente, superado el susto de verse casi fuera de la Champions, en la zona noble de Valdebebas volvió a hablarse de Rüdiger. No era la primera vez, por supuesto. De hecho, estaba en el radar de los técnicos blancos desde 2016, en su último año en la Roma, donde sufrió una lesión grave, rotura del ligamento cruzado de la pierna derecha. Ajeno a que podría volver al Real Madrid, Carlo Ancelotti, en sus tiempos de entrenador del Nápoles (2018-20) intentó su fichaje para que formara tándem con Koulibaly. No pudo, pero cuando de vuelta al Santiago Bernabéu vio que el jugador estaba geolocalizado por el club y además quedaba libre el 30 de junio de 2022, le marcó con una 'x'. "Por mi, fíchenlo"
Y aquí está Antonio Rüdiger. En su segunda temporada de blanco y ofreciendo un rendimiento infinitamente superior al que se podía esperar. Se adaptó a vivir a la sombra de Militao y Alaba y ser el teórico tercer central de la plantilla la temporada pasada (51 partidos, 37 de titular, 36 completos y, en la presente, ya nadie discute que es un hombre imprescindible en la organización defensiva del equipo. A Rüdiger le gusta ser el jefe de la zaga. Se siente importante. Para Ancelotti es un defensa optimista porque no tiene miedo a nada ni a nadie. Prefiere jugar a la derecha, es diestro, que a la izquierda, pero no se inmuta cuando juega Tchouameni y tiene que cambiar de lado.
Sin su presencia en el eje, sin su sentido de la anticipación y de la confianza de defender siempre hacia adelante no se entendería que el equipo madridista defendiese tan arriba. Cierto es, que de tarde en tarde el balón se le lía entre las piernas y provoca algún susto colectivo, pero su regularidad está siendo digna de mención. Se prodiga menos en esas excursiones atacantes que hacía en el Chelsea y que solían acabar con remates desde fuera del área y algunos en gol. Sin embargo, nunca se pierde las subidas a rematar las acciones a balón parado. El punto de penalti es su referencia y tira los desmarques indistintamente hacia la derecha o hacia la izquierda. También domina los bloqueos. Moverle cuando está con los pies plantados es imposible.
Titularísimo desde la lesión de Militao en la primera jornada en San Mamés, solo se ha perdido cuatro partidos. Tres de Liga por lesión y uno por acumulación de amonestaciones y uno de Champions, también por su golpe en Getafe, en el que salió mal parado a pesar de que la entrada había sido suya. Ante el Celta, de dos cabezazos suyos llegaron dos goles de su equipo. No están apuntados en su haber goleador, pero todo el madridismo contabiliza esas dos acciones como suyas. ¡Como para llevarle la contraria!