Manda huevos, Rubiales
El expresidente de la RFEF morirá con las botas puestas, con el exceso de testosterona por bandera.

"No estamos para gilipolleces, Juanma. Yo, con todo lo que he pasado, más gilipolleces y más tontos del culo... no. No hagamos caso y disfrutemos de lo bueno y ni me comentéis cosas de pringados que no saben ver lo positivo... Si hay tontos, que sigan con sus tonterías. Hay más tontos que ventanas", éste fue el último mensaje que transmitió Luis Rubiales a un medio de comunicación antes de la reciente entrevista con Piers Morgan. Tal vez, esa entrevista con Castaño, en la COPE, fue el principio de su fin: la soberbia, a veces llamada vanidad, orgullo o arrogancia, se considera el pecado fundamental y la madre de todos los vicios.
El problema de Rubiales no es que se equivoque sino en que insista todos los días. "Hay poderes fácticos que impedirán mi vuelta", dice ahora en su reciente comunicado de renuncia. Su dimisión la esperaba todo el fútbol español el pasado 25 de agosto, pero, en realidad, sólo le faltó portar un cubata en la mano para entonar aquello de: "¡No voy a dimitir! ¡No voy a dimitir!". Ahora se aparta porque se da cuenta que se está quedando más solo que la una. Hasta Vilda y De la Fuente hacen leña del árbol caído.
Rubiales se disfraza ahora ante la opinión internacional como un incomprendido. Su discurso cada vez tiene menos adeptos en España, pese a que hace cinco años la opinión pública de nuestro país pensaba que el fútbol español se estaba regenerando tras Ángel María Villar casi 30 años en el cargo. Una vez más, en este país, se prioriza sobre lo que llama la atención (el repugnante pico) y no lo importante (¿cómo llegan al poder tantos Rubiales?). Digo esto porque si España no hubiera ganado el Mundial, no estaríamos en esta situación: tal vez continuaría Jorge Vilda como seleccionador y a la mayoría les seguiría dando igual el fútbol femenino.
Pero ahora Rubiales quiere surfear esa ola de extremismo de la sociedad actual con la tabla del victimismo. Si no me quieren en España, ya lo harán en el extranjero estará pensando. "¿Se ha acabado ya el día de la mujer? Es que me estoy muriendo de hambre", escribía Piers Morgan, en Twitter, el 9 de marzo de 2022. Éste es el periodista elegido por Rubiales para transmitir su verdad. En España aguantó escándalos 'menores' (Salobreña, negocios con Piqué o la gestión del caso Negreira), pero no este 'MeToo' que le podría llevar a morir con las botas puestas, es decir, con el exceso de testosterona por bandera.
Ahora dimite, como en su día hizo obligada Cristina Cifuentes (tras la salida a la luz de ese video robando cremas en Eroski, pero acorralada por diversos escándalos). No se va, ni mucho menos, por convicción o pensando que haya hecho algo mal. Se va sin renunciar a su exceso de testosterona. Y así funciona este país. Se cambian muñecos y caras (veáse Rochas y Tomés), pero el "por mis huevos" sigue funcionando en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Manda huevos.