El miedo invade a los clubes y a las marcas con las nuevas camisetas de fútbol: PSG y Bayern confirman una nueva realidad
Las equipaciones han perdido su esencia en los últimos tiempos y la tendencia pasa por ver menos diferencias entre vestimentas.

¿Tú también te has fijado en que últimamente las primeras camisetas no son tan revolucionarias? ¿Recuerdas cuando el Barça cambió franjas por cuadros o cuando las rayas del Atlético fueron curvadas? Cada vez verás menos extravagancia en la equipación titular de tu club. La explicación tiene lógica emocional y… económica. Los lanzamientos y filtraciones oficiosas de las últimas semanas confirman una tendencia que se venía cocinando a fuego lento: las camisetas locales están recuperando la sobriedad perdida. Como consecuencia, cualquier excepción desespera al aficionado como si se tratase de un cambio de escudo.
PSG, la muy necesitada Juventus, Milan o Bayern —este último sin éxito— estrenan equipaciones cuyo objetivo primario, con permiso de las ventas, parece ser el de firmar las paces con su gente. Otros equipos que ya venían de una Home (camiseta local) conservadora mantienen la prudencia para la 2024-25, toda una novedad en la industria. Real Madrid, Barcelona, Athletic Club, Manchester City o Arsenal, entre muchos otros, vestirán de forma reconocible, al menos en los partidos de casa. Este curso que estamos a punto de archivar ha estado marcado por dos hitos estéticos complementarios: los escudos temporales y las camisetas titulares sencillas. El pasado verano, Barça, Valencia, Sevilla, Nápoles, Liverpool o Roma abrieron esta nueva fase en el ciclo vital de la indumentaria.
PSG y Bayern son ejemplos opuestos y, por ello, significativos. Los parisinos, que abanderan la fusión moda-fútbol y la ambición por ser una marca global a toda costa, se reconcilian con sus seguidores gracias a un anhelado icono local. Nike x PSG recuperan le maillot Hechter tras varios años tergiversando la indumentaria titular con colores invertidos, franja discontinua o directamente ausente. El modelo Hechter —línea roja con bordes blancos sobre fondo azul— es una institución del diseño. El estilista, presidente y fundador del PSG Daniel Hechter lo introdujo en 1973 inspirándose en el Ajax y en la característica franja central del Ford Mustang. La reinterpretación artística de un símbolo reclamado con vehemencia calma las aguas de una afición que siente recibir suficiente dosis fashion en sus prendas alternativas.

Por el contrario, el Bayern sigue sin dar con la tecla pese a recibir instrucciones claras y concisas de su afición, pancarta XL mediante. El público del Allianz Arena ya no sabe cómo expresar que quiere una camiseta fundamentalmente roja y residualmente blanca. En la 23-24, Adidas entendió el mensaje al revés; y en la 24-25, una tonalidad de rojo que flirtea con el color negro vuelve a incendiar al pueblo bávaro. En 2018, la presión de ciertos sectores obligó al club a endurecer su código cromático. Quedó por escrito: la local solo podría incluir rojo y blanco. Esta rigidez sorprende a los neutrales, que siempre disfrutamos de la imprevisibilidad de las equipaciones del Bayern —algo frecuente en Alemania— y recordamos con cariño un catálogo impregnado de casacas lisas o con franjas donde el rojo ha sido hilo conductor y el blanco y el azul, atractivos complementos, sobre todo en los 90. Nota al margen: todos somos flexibles y progresistas cuando se experimenta con las camisetas de otros.

¿A qué se debe esta sensatez que parece lógica y a la vez sospechosa?
Dos factores fundamentales explican esta curiosa vuelta a los orígenes. El más obvio es el amplio fondo de armario del que disponen clubes y fabricantes. El fútbol actual viaja a la velocidad de la luz con tres, cuatro y hasta cinco equipaciones de juego por año. Así las cosas, hay espacio de sobra para la creatividad y la osadía en las prendas alternativas, donde al hincha le duele un poco menos la disrupción. Las firmas diseñan para todos los públicos. Solo hay que observar cualquier terna o cuarteto de camisetas de un club de élite. Además, se han asentado las colaboraciones con el mundo de la moda y unas ediciones especiales que hace tiempo dejaron de serlo. El cliente está aturdido por los lanzamientos y preocupado por los símbolos identitarios, con el escudo y la camiseta local como principales quebraderos de cabeza. Casi nadie se rasga las vestiduras ante una casaca de usar y tirar, que dura solo 90 minutos, o un logotipo monocromático, problemas secundarios en la experiencia de usuario.
El segundo factor tiene que ver con el auge posmoderno de la simbología futbolera, encarnado en la resistencia social ante cualquier cambio identitario. En pocas palabras, #elescudonosetoca. A lo largo de la última década, los clubes han jugado con fuego heráldico. Se han quemado con varias renovaciones de marca apresuradas o unilaterales. Los temidos rebrandings han agitado realidades tan dispares como la del Atlético de Madrid, Leeds United, Juventus, Alavés o Valladolid y siguen provocando incendios cada vez que se modifica un pilar fundacional. Diría que los clubes han aprendido la lección, o están en ello. Las revisiones de logotipos han sufrido un frenazo generalizado y el siguiente paso es preservar la indumentaria local. En un momento histórico caracterizado por la mercantilización de nuestras pasiones, la sociedad líquida y el contenido efímero, el sentido de pertenencia es una suerte de burbuja para el aficionado. Los símbolos siempre importaron, pero hoy importan más que nunca. Después de dejar claro que la optimización de un escudo es lo de menos, el siguiente tótem al que se aferra el cliente es la camiseta local.
Si se confirman rumores y bocetos, Adidas-Real Madrid, Hummel-Betis, Nike-Barcelona o Castore-Athletic Club, entre otros equipos y marcas, seguirán bajando el volumen de la equipación titular en LaLiga. Me sorprendería que Puma-Valencia, Castore-Sevilla o Joma-Villarreal abandonasen la sobriedad de su ropa local... aunque las filtraciones de Nike-Atlético o Puma-Girona se alejen de la sencillez generalizada. Son excepciones que confirman la regla. Y las reacciones airadas, termómetro de las aficiones.

Merecería un apartado especial el Atlético de Madrid, una institución a vueltas con su escudo desde que lo modificó sin consultar a finales de 2016. Siete largos años y una Comisión Social después, tuvo que rectificar —es de sabios— tras dos votaciones, la última vinculante, que movilizaron a la afición. El Atleti recuperará por fin su emblema clásico, pero a falta de oficialidad, vestirá otra camiseta controvertida. Paradójicamente, su local 23-24 era un perfecto ejemplo de las prendas para llevarnos bien, que marcan tendencia, salvo por un pequeño gran detalle. Contenía un escudo rechazado enérgicamente por su hinchada. La 24-25 retoma el ansiado emblema, pero se sale de la línea conservadora y deja al colchonero con la sensación de que club y patrocinador técnico no acaban de sincronizarse. Un diseño recargado donde no toca y una invasión del azul que, un momento, quizá habría que prohibir por escrito como el Bayern.
La camiseta local ya está en territorio #elescudonosetoca. Son demasiados años estirando el chicle del diseño y saturando el mercado, responsabilidad que se dividen al 50% clubes y fabricantes. Sobran prendas alternativas donde arriesgar con patrones fantasiosos y desplegar escudos efímeros, así que la reconciliación con el hincha-cliente pasa por la equipación titular. En 2024, Home is the new Badge (la camiseta local es el nuevo escudo).