LA CRISIS DE RUBIALES

¿Puede echar Pedro Sánchez a Rubiales? Así se precipita en España el despido de un presidente de federación

El CSD tiene en estos momentos más presión que nunca para pedir que se abra un expediente.

Rubiales y Pedro Sánchez, en Moncloa./EP
Rubiales y Pedro Sánchez, en Moncloa. EP
Alfredo Matilla
Natalia Torrente

Alfredo Matilla y Natalia Torrente

Rubiales está en el alambre. Son muchas las autoridades de diferente color político en España, con el mismísimo presidente del Gobierno en funciones a la cabeza, las que se han pronunciado sobre el comportamiento inapropiado del presidente de la Federación con una jugadora de la Selección de fútbol, recién proclamada campeona del mundo, en la entrega de medallas en Sídney. Por eso, ahora mismo la pregunta que flota en el ambiente es qué pasaría si el dirigente de la RFEF no dimite por un beso a Jenni Hermoso que ha dado la vuelta al mundo -junto al hecho de que le rogó sin éxito que pidieran disculpas de forma conjunta- y sobre todo si se le puede destituir de inmediato y a las bravas. De ser así, ¿qué tendría que suceder para que pueda dejar su cargo?

Según la legislación deportiva vigente, para que el presidente de una Federación pueda ser cesado de sus funciones, el paso definitivo lo tiene que dar el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) tras abrir un expediente a propuesta del Consejo Superior de Deportes (CSD), dependiente del Gobierno y presidido por Víctor Francos, al detectar una infracción de la Ley del Deporte. Siendo así, en una semana podría estar suspendido temporalmente hasta la tramitación del expediente. El TAD es la máxima autoridad institucional en materia deportiva y, por tanto, tiene competencias para incoar una investigación e inhabilitar a Rubiales. Una vez se alza el correspondiente expediente disciplinario al TAD, a petición del CSD por iniciativa propia o empujado por alguna denuncia, un juez instructor del órgano colegiado elabora un informe. Es entonces cuando se le comunica la decisión al afectado a inhabilitar (o no) y se abre un tiempo de alegaciones en caso de que haya posibilidades de sanción. Una vez escuchada a la otra parte, de nuevo el TAD se pronuncia, esta vez de forma definitiva y refrenda lo que propone el juez instructor del caso. Pedro Sánchez, por tanto, no puede destituir directamente a Rubiales.

De momento, la RFEF ha anunciado una Asamblea General Extraordinaria y ha informado: "Además, y en base a los últimos hechos acontecidos durante la ceremonia de premiación del Mundial femenino conquistado por la Selección Española el pasado domingo en Sídney, se quiere informar de que están abiertas las diligencias internas de la Federación referentes a asuntos de Integridad, así como el resto de los protocolos aplicables". Esto implica la activación del Comité Asesor contra Abusos Sexuales RFEF, para el cual el CSD debería esperar a su resolución para actuar, lo que haría ganar tiempo a Rubiales. Sería natural que así fuese, ya que el propio CSD es el que promovió la existencia de estos organismos. No obstante, podría intervenir de forma independiente.

Tras la destitución, si es que llegara a producirse, los reglamentos federativos de cualquier deporte en España obligan a que se nombre una junta gestora en la Federación mientras no hay presidente y convocar unas nuevas elecciones en los plazos previstos por la legislación actual. Con los candidatos que se presenten a las urnas, la asamblea general votaría al nuevo presidente electo. Es un proceso más largo que complicado, pero no es algo imposible. Cabe recordar que en el fútbol español ya hay un precedente bastante reciente de destitución de un presidente de la RFEF realizada por el Consejo Superior de Deportes. El de Ángel María Villar el 22 de diciembre de 2017.

Precisamente, esta inhabilitación fue consecuencia de un expediente del CSD elevado al TAD tras estudiar una denuncia previa de Miguel Galán (director del centro formativo de entrenadores CENAFE), el mismo que ahora ha denunciado a Rubiales ante el CSD y ante el Órgano de Integridad de la RFEF. También lo ha hecho el exárbitro Estrada Fernández. Villar, pese a los numerosos casos que le mantenían a diario en los tribunales (de los que ha sido absuelto en casi todos), fue destituido entonces de su puesto por el CSD por haber vulnerado el principio de neutralidad en las elecciones a la presidencia de la Federación. Según el juez instructor, se saltó el reglamento electoral en campaña al haber utilizar los medios de la RFEF para su propio interés como candidato.

Francos, al mando del CSD

Es el CSD, actualmente presidido por Víctor Francos tras la salida de José Manuel Franco, quien ejerce en nuestro país las competencias de la Administración General del Estado en el ámbito del deporte como institución adscrita al Ministerio de Cultura y Deporte. En un primer momento, en la noche del pasado lunes, Víctor Francos fue muy tibio en El Larguero: "Son comportamientos que no se pueden producir. Yo agradezco que se hayan pedido disculpas y lo que tenemos que hacer es aprender de lo que no tiene que volver a pasar". Tras escuchar a su jefe este martes en Moncloa habrá cambiado algo su tono.

Pero sea como fuere, según indican los expertos consultados por Relevo, el CSD tiene en estos momentos más presión que nunca para entrar de lleno en este asunto una vez que se ha puesto de perfil con Rubiales, con una ola de críticas en contra, durante los últimos años con los diferentes asuntos que han salpicado a Rubiales (audios, espionaje a Aganzo, Supercopa Files...). "No tiene salida política con las últimas declaraciones públicas de varias autoridades", señala un presidente territorial off the record. Por ejemplo, Yolanda Díaz, este martes, volvió a pedir su dimisión. Otras voces, sin embargo, señalan que no sería extraño que, entre tanto ruido, "alguien" denuncie a Rubiales en un juzgado ordinario, de forma que saldría beneficiado aunque parezca lo contrario. El presidente ganaría tiempo. Si esa denuncia fuera aceptada a trámite por un tribunal, paralizaría la vía "deportiva", haciendo que el TAD se tuviera que inhibir y deba esperar, alargando muchos los plazos, por estar el proceso en la justicia ordinaria.

Yolanda Díaz pide la dimisión de Rubiales.

Pero eso son hipótesis y ponerse a aventurar. La realidad es que Miquel Iceta, ministro de Cultura y Deporte, fue quien prendió la mecha y pareció marcar ayer el cambio de rumbo en la estrategia gubernamental. Se expresó con una claridad meridiana, desconocida hasta entonces, calificando como algo "inaceptable" el hecho de "besar en los labios a una jugadora para felicitarla". Iceta exigió incluso que el presidente de la RFEF diera "explicaciones y excusas" sobre este comportamiento e insistió en la importancia de transmitir a la sociedad un mensaje en "igualdad de derechos y respeto". Y añadió en RNE: "Hay que evitar cualquier circunstancia que pueda interpretarse en clave de prevalencia. No es el que manda quien fuerza un beso, no puede ser".

Su denuncia obligó a Rubiales a grabar un vídeo difundido por la Federación en la que se retractaba -con la boca pequeña- de sus actos y de sus declaraciones en Cope ("no estoy para gilipolleces", "son idiotas"...). El presidente dijo: "(...) Hay un hecho que tengo que lamentar y es pues todo lo que ha ocurrido entre una jugadora y yo, con una magnífica relación entre ambos, al igual que con otras, y donde seguramente me he equivocado. Lo tengo que reconocer porque en un momento de máxima efusividad, sin ninguna mala intención, sin ninguna mala fe. Pues bueno, ocurrió lo que ocurrió yo creo que de manera muy espontánea. A partir de aquí, aquí no se entendía porque lo veíamos algo natural, normal. Con ninguna mala fe".

Prosiguió: "Fuera parece que se ha formado un revuelo que, desde luego, que sí hay gente que se ha sentido dañada por esto tengo que disculparme, no queda otra y, además, aprender de esto y entender que cuando uno es presidente de una institución tan importante como la Federación tiene que, en ceremonias y en este tipo de cuestiones, tener más cuidado. Hay también unas declaraciones por mi parte donde, dentro de este contexto, al decir que esto me parece una idiotez, es por eso, porque aquí dentro nadie le daba la más mínima importancia pero fuera sí que se lo han dado". Relevo desveló 24 horas más tarde que Rubiales rogó a Jenni que hiciera un comunicado conjunto con él para pedir disculpas e incluso que Vilda intentó convencer a la familia para que dieran el paso.

El paso al frente de Iceta fue secundado, entre otros muchos más, por Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda en funciones y ministra de Trabajo, que fue todavía más dura: "Seguimos pidiendo la dimisión de Rubiales, que ha vejado y agredido a una mujer. Sus excusas no sirven en absoluto". Después llegaron otras voces, también desde el PP, a través de su portavoz Cuca Gamarra: "Lo que vimos fue bochornoso; tiene que tener consecuencias". El presidente de Asturias, Adrián Barbón, no se cortó en su análisis: "No hay justificación, es un abuso". Pepe Álvarez, secretario general de UGT, atizó a Rubiales de forma vehemente: "Es tan surrealista ver al energúmeno este actuar, que me cuesta trabajo pensar que un ejemplar de estas características pueda tener la responsabilidad que tiene. Lo mejor que puede hacer es irse".

Unai Sordo, secretario general de CCOO, también fue contundente: "Este hombre sobra en esa responsabilidad y le sobran ya minutos de ser presidente". Y la presidenta de la Liga F, Beatriz Álvarez, vio "inaceptable" la actitud de Rubiales, esperando que actúe el Gobierno para que "no se vuelva a repetir". Yolanda Díaz repitió su discurso a través de Twitter, compartiendo la información de Relevo: "Esto es un jefe presionando a una trabajadora para que encubra el abuso que ha sufrido. Es gravísimo y denigra al deporte español. Rubiales debe dimitir de inmediato".

Pedro Sánchez pide más

Sin embargo fue este martes cuando llegó el turno de Pedro Sánchez después de recibir a la Selección femenina en Moncloa para felicitarles e informarles de que ha propuesto que se otorgue a las campeonas la Medalla de Oro al Mérito Deportivo. El presidente en funciones, una vez que dedicó la mañana a verse con el Rey para intentar dar pasos hacia su investidura, atendió a los medios y se explayó sobre una crisis con Rubiales de tal calibre que el presidente de la RFEF no acudió a los festejos de Príncipe Pío y acudió a la recepción muy serio y con cara de haber dormido más bien poco. "El gesto fue inaceptable, las disculpas no son adecuadas y tiene que continuar dando pasos", sentenció Sánchez.

Eso sí, el dirigente socialista no pronunció la palabra dimisión, confirmando qué él no puede destituir a nadie y explicando cuál es el proceso a seguir en estos casos: "La Federación española de fútbol, su estructura, no pertenece a la estructura ni al organigrama del Gobierno de España. El presidente de turno es elegido y destituido de la Federación por sus asociados, pero he dicho en mi primera intervención que nos parece que son insuficientes [sus disculpas] y tiene que dar más pasos el señor Rubiales para aclarar un comportamiento a todas luces inaceptable, que no conecta con el sentir mayoritario de la ciudadanía, que apuesta claramente por la igualdad entre hombres y mujeres. Hemos visto sus declaraciones de petición de disculpas y creo que son insuficientes. Tiene que ser mucho más claro y contundente en la petición de disculpas".

Pedro Sánchez se pronuncia sobre las denuncias de Rubiales.

La vía de la moción

El presidente de la Federación también podría sufrir una moción de censura de su misma cámara. Es un proceso arduo, que está regulado y que, por ejemplo, no permite presentar este recurso durante los seis primeros meses de mandato ni cuando resten entre un año y seis meses para la celebración de unas nuevas elecciones.

Para presentar una moción, 46 miembros de los 140 deben ponerse de acuerdo para presentar la moción de censura y presentar un candidato a suplir al mismo presidente. El mecanismo es similar al del Congreso de los Diputados. Tras la presentación de la moción de censura, la Asamblea federativa convoca el debate protocolario y la posterior votación, que solo saldrá favorable al nuevo candidato si cuenta con mayoría absoluta.

En caso de que no se presente una moción de censura ni las fuerzas políticas aboguen por la inhabilitación de Luis Rubiales, el actual presidente de la RFEF tendrá que someterse a elecciones rutinarias el próximo verano, tras la conclusión de sus cuatro años de mandato. Ya anunció que se presentaría y ningún otro candidato, por el momento, se ha planteado hacerle frente en las urnas.