Griezmann, un milagro del Cholo
Hace un año nadie apostaba por su liderazgo, pero hoy vuelve a comer en la mesa de Messi tras un Mundial impecable.

"Quiero darlo todo por el club, por el Cholo y por la afición", decía Griezmann el pasado mes de septiembre, después de marcar el 2-1 ante el Oporto en el 101'. Por aquel entonces estaba condenado a jugar sólo a partir del minuto 60; aún se encontraba lejos de recibir el perdón de su propia afición y de que se hiciera oficial el fichaje por el Atlético. El técnico rojiblanco fue su principal valedor, el que pidió su vuelta en la 21-22 contra la opinión de la grada y la propia directiva y el que defendió pagar su cláusula pese a que su rendimiento en ese primer año de cesión fue malo (tal y como reconoció el propio técnico). Deschamps ha heredado la versión cholista de Griezmann: es el delantero con más asistencias (tres), con más ocasiones creadas (21), con más tackles (11), más recuperaciones (33) y más remates bloqueados (3).
Ese Griezmann 'todocampista' se moldeó este verano en Los Ángeles de San Rafael, a la vista de los irregulares estadísticas que protagonizó en la 2021-22: ocho goles y siete asistencias. El Grizi de la primera etapa en el Atleti (2014-19) nunca bajó de los 21 tantos por temporada, pero en su segundo ciclo como rojiblanco el Cholo quería seguir sacando jugo a su vertiente de asistente: capaz de correr, sacrificarse, defender y ponerse el mono de trabajo, como pocos jugadores top son capaces de aceptar (de ahí que el técnico rojiblanco no case con Joao Félix, porque no es capaz de imitar el esfuerzo de un campeón del mundo como Griezmann).
"Es un jugador muy completo, que conoce lo que queremos y que ya el año pasado ha jugado algunos espacios de partidos en esa función (de interior) y que lo vemos adaptable, porque tiene visión de juego y nos permite jugar con un jugador más ofensivo de mitad de cancha hacia adelante", explicaba Simeone al principio del curso ante el superávit de delanteros junto a Morata, Joao Félix, Correa y Cunha. El técnico rojiblanco estaba dispuesto a pagar el peaje: retrasar su posición (por la pérdida de cara a gol de la temporada anterior) a cambio de que siguiera repartiendo asistencias, corriera como un defensa y sirviera como espejo al grupo. Le rentó.

Griezmann aún no ha marcado con Les Bleus (en el Atleti suma seis dianas y cuatro asistencias), pero oposita junto a Messi a ser el mejor del mundo. "Ya me siento en la mesa donde comen Messi y Cristiano", decía en 2018 después de ganar su primer Mundial. Cuatro años después, acompañado de Mbappé y bajo la batuta de Deschamps, ha vuelto a obrar el milagro y no sólo almuerza en la misma mesa de Messi sino que además ha echado a Cristiano (actualmente sin equipo después de que en verano fuera ofrecido al Atlético). Pocos pensaban este verano que el futbolista rojiblanco fuera a dar la vuelta a la tortilla a la situación: salió rebotado del Barça y en el Atleti hasta su propia afición le insultaba.
Griezmann no escatimó esfuerzos con el Atlético este curso, pese a que casi siempre estuvo en entredicho. Nunca puso una mala cara, a pesar de que tuviera que jugar de interior muchas veces y a partir del minuto 60. Al revés. Ni con el Atleti fuera de Europa y quinto en LaLiga se escondió en el último choque antes de irse a Catar: completó los 90 minutos el 12 de noviembre, en Los Pajaritos, para jugar ante el Almazán (3ª Federación) en Copa. Pocos pensaban también que el Atlético fuera a ser el club en todo el mundo con más jugadores en la final del Mundial: De Paul, Nahuel Molina, Correa y el francés. Simeone bancará por su Argentina, pero una parte de su corazón está con su amigo Griezmann. Sus triunfos son también los suyos, aunque amenacen incluso a su querida patria...