MUNDIAL 2030

Una inversión de 60 millones, un proyecto de ciudad y otro anfiteatro en Tribuna: las claves de la insistencia de Abel Caballero con Balaídos para el Mundial 2030

El club, que no se ha posicionado públicamente, ha dado el visto bueno al Concello en su plan de reformar el estadio para ser sede.

El estadio de Balaídos, en un partido esta temporada. /GETTY
El estadio de Balaídos, en un partido esta temporada. GETTY
Óscar Méndez

Óscar Méndez

"Todo lo que ayer decíamos hoy se ve agravado, es un esperpento y toda la ciudad está indignada.", apuntaba ayer Abel Caballero, alcalde de Vigo, una vez desvelados por El Mundo los audios de la reunión en la que supuestamente el Comité Ejecutivo del Mundial 2030 instaba a hacer las pruebas necesarias para que saliesen elegidas las sedes que ellos querían. "Le falta tiempo al señor Louzán para salir a dar explicaciones. ¿Por qué no está hablando? Lo que vemos es que guarda silencio", añadió después el regidor de la ciudad olívica.

Estos días ha estallado la polémica sobre la elección de las once sedes españolas para el Mundial de 2030 que compartirá con Portugal y Marruecos. Según desveló El Mundo, Vigo había pasado la criba definitiva, aunque 48 horas después y sin que se hubiese celebrado ninguna reunión adicional, fue adelantada por San Sebastián. Eso se ha sabido esta misma semana, aunque Caballero lleva meses con la mosca detrás de la oreja con la RFEF.

"Hay algo que no cuadra, que no nos obliguen a ir a los tribunales. Queremos saber cómo se valoraron en cada uno de sus apartados, solo eso", apuntó el alcalde ya el pasado mes de octubre después de que varias semanas antes mandase una carta a la RFEF para que hiciese públicas las valoraciones de todas las sedes. Ahora, con mucha más munición, el alcalde de Vigo vuelve a la carga y tiene varios elementos por los que seguir con su cruzada contra la RFEF.

El primero de todos es que Balaídos es un estadio prácticamente 'nuevo'. Aunque se levantó hace décadas, desde 2015 lleva transformándose en un escenario mucho más acorde a los tiempos modernos. Se han cambiado por completo las gradas de Tribuna, Río Alto y Río Bajo (correspondientes a los laterales del terreno de juego), se ha levantado de cero la grada de Marcador y ahora mismo se está haciendo lo propio con la de Gol, que estará terminada en 2027.

En total será una inversión que ronde los 60 millones de euros y que en su mayoría sufragarán el Ayuntamiento de Vigo y la Diputación de Pontevedra, aunque también participó el Celta en la remodelación de Tribuna. Caballero se ha cansado de señalar que el estadio, que es de propiedad municipal, será uno de los mejores del planeta. Además, tal y como avanzó Relevo, dentro de poco firmará con el Celta una concesión para los próximos 50 años que dará total libertad de uso al club olívico.

Pero para Caballero, el hecho de que Balaídos sea una de las sedes del Mundial 2030 va mucho más allá del estadio. Es un proyecto de toda la ciudad y sabe que su inclusión en la exclusiva lista implicará que la urbe olívica reciba un retorno económico muy alto. Además, Vigo juega con el hecho de que otras sedes como A Coruña u Oporto están muy cerca, tanto en tren como por carretera. Al igual que con las ya famosas luces de Navidad, el ayuntamiento vigués entiende que el nombre de la ciudad resonará en todo el planeta, una publicidad impagable.

Una nueva reforma

Pese a la reforma actual, Balaídos se queda lejos de la capacidad mínima que exige una competición como es el Mundial. Sin embargo, el ayuntamiento ya ha enviado toda la documentación necesaria a la RFEF para hacer ver el nuevo proyecto con el que sí se cumpliría la normativa de aforo. Consistiría en añadir gradas supletorias en Tribuna Alta, con lo que se generaría una especie de nuevo anfiteatro.

Esta nueva obra implicaría un gasto de alrededor de 60 millones de euros que llevaría también inversión de la Xunta de Galicia, algo que ya ha confirmado el Gobierno autonómico. Y esta vía cuenta con el apoyo del Celta, que en los últimos meses ha estrechado mucho sus relaciones con el Concello. Además, no le obligaría a tener un aforo muy superior a sus necesidades actuales.