ARGENTINA 3 - CROACIA 0

La mejor asistencia de los Mundiales: así fue otra jugada para el recuerdo de Messi

El argentino rompió con suma facilidad a Gvardiol y le regaló el tercer gol de los suyos a Julián Álvarez.

Gvardiol contra Messi./EFE
Gvardiol contra Messi. EFE
Equipo Relevo

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Fue Julián Álvarez el autor del gol, pero el tercer tanto de Argentina pasará a la historia de los Mundiales por la jugada de Leo Messi. El '10' recibió y consciente de que ya no podía romper en velocidad al rocoso Gvardiol, dio un clínic de amagos y habilidad para dejar al que hasta ahora era considerado el mejor central de este Mundial completamente aturdido.

La jugada de Messi a Gvardiol que llevó al tercer gol a Argentina.

Messi rompió la marca del central del Leipzig y le regaló la pelota a su compañero, que definió a placer. Pese a que Argentina ya dominaba con claridad el partido, la genialidad del futbolista del PSG rompió definitivamente las esperanzas croatas, que buscaron sin éxito el gol en los compases finales.

Pese a que el delantero del Manchester City hizo un doblete, FIFA se rindió a la evidencia y le otorgó el premio MVP a Messi, también autor del primer gol del partido desde el punto de penalti. Es el cuarto que suma en lo que va de Copa del Mundo.

FIFA se cargó de razones para entregarle de nuevo el galardón. Messi lideró a los suyos en fútbol, siendo partícipe en el arranque de las jugadas y dejando conducciones constantes para tratar de romper la muralla croata. Además, en su rol de referente, cuenta con una especial química con Enzo Fernández y Julián Álvarez.

Si sus sensaciones por el césped no han resultado suficientes, sus datos le avalan: tocó el balón 63 veces, completó dos pases claves, repartió 34 envíos a sus compañeros, completó dos envíos en largo, ganó seis duelos, creo dos grandes oportunidades de gol, más el que marcó, más el que le regaló a Julián.

Pese a que se le vio varias veces echarse la mano al aductor a lo largo de la primera mitad, no bajó la cabeza y volvió a ser el alma ofensiva de los suyos. Perder 18 balones no es más que la representación de un jugador que vive siempre al límite de la acción decisiva y que no dejó de asumir riesgos y el liderato para llevar a Argentina a la final. Lo logró y ahora se enfrentará a una final que le puede encumbrar en el olimpo histórico.