Nacieron en un campo de refugiados y jugarán su primer Mundial
Camavinga, Alphonso Davies, Mabil, Deng y Kuol tuvieron una infancia marcada por la guerra.

El crack existe cuando su vida está rodeada de cierto dramatismo. Escribió Juan Villoro que hay que haber sufrido lo suficiente como para tener ganas de patear al ángulo. El sufrimiento no está fijado con unas coordenadas en el mapa, pero no se encuentra muy alejados de lugares como los campos de refugiados. Fue ahí, en esos asentamientos, donde se forjó el carácter de varios jugadores que van a disputar su primer Mundial: Eduardo Camavinga, Alphonso Davies, Awel Mabil, Thomas Deng o Garang Kuol.
Camavinga arrastra el pasado desde Miconje (Angola). En un campo de refugiados de aquella pequeña comunidad de la provincia de Cabinda, nació en 2002 el jugador del Real Madrid. Allí se establecieron sus padres, Celestino y Sofía, huyendo de la segunda guerra del Congo, la más mortífera desde la Segunda Guerra Mundial. 5,4 millones de personas murieron en el conflicto africano más grande de la historia. "Haber tenido que escapar de la guerra me ha podido ayudar, hacerme más fuerte. Pero sobre todo es que mi familia me ha ayudado mucho y cuando juego, juego por ellos", manifestó Camavinga en su presentación con el Real Madrid, el 8 de septiembre de 2021.
De nacer en Miconje a estar sentado en la sala de prensa del Santiago Bernabéu pasaron 19 años a la misma velocidad con la que galopa sobre el césped. En 2003, Celestino y Sofía decidieron dejar atrás las penurias de África en busca de una vida más próspera para sus seis hijos en Europa. En Francia. En Fougéres, a 6.000 kilómetros del campo de refugiados. Fue en esta pintoresca localidad de la Bretaña donde Camavinga comenzó en el fútbol. Pero Europa no le libraría de vivir otro episodio trágico que 'enganchó' su vida: en 2013, con sólo 11 años, la casa de la familia en Fougéres ardió por completo, perdiendo todos sus bienes materiales y documentos (eso provocó que después tuviera problemas para lograr la nacionalización francesa).

Mientras su casa se quemaba, Eduardo Celmi Camavinga estaba en el colegio. Fue después de clase cuando una profesora se acercó a su hermana y a él para contarle la triste noticia. El Drapeau Fougéres, su primer club, montó una cadena solidaria para ayudar a la familia y que pudiera salir adelante. "No te preocupes, tú vas a ser un gran futbolista y levantarás esta casa", le dijo su padre para secar el mar de lágrimas. Como se suele decir, el resto es historia. Años después el Rennes se fijó en Camavinga, en 2021 fichó por el Real Madrid y ahora disfrutará en Catar de jugar su primera Copa del Mundo con la selección francesa de fútbol.
La gloria no solo no le ha borrado sus orígenes sino que le sirve para mirarlos con gratitud. "Mis padres me trajeron a una nueva vida en Francia y el fútbol me llevó a la final de la Champions. Estoy agradecido de jugar y orgulloso de hacerlo como exrefugiado. Espero que los millones de refugiados de todo el mundo que también aman el fútbol sepan que estamos unidos", declaró el centrocampista de la Selección francesa, de 22 años, en una entrevista con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Alphonso Davies, entre Ghana y Canadá
El estallido de otro conflicto, la segunda guerra de Liberia, impulsó a Debeah a huir de su país junto a Victoria. Era 1999. Atravesaron Costa de Marfil y sus deseos de salvación acabaron en un campo de refugiados de Buduburam, Ghana. Poco menos de un año después, nació Alphonso, el primer hijo de la pareja. La escasez de agua y comida y la metralleta como principal arma de supervivencia grabaron los primeros pasos de la que hoy es la gran estrella del fútbol canadiense. Debeah se negó a empuñar un arma y detestaba imaginarse a su hijo haciéndolo. Por lo que tomó la determinación de inscribirse en un programa de Reasentamiento. "Me dijeron: 'Está bien, tienes que completar un formulario para Canadá'. Pasamos por la entrevista y todo, lo logramos y vinimos aquí", recordó el padre de Alphonso en una entrevista con la Bundesliga.

"Si bien el campo de refugiados proporcionó un lugar seguro para mi familia cuando huyeron de la guerra, a menudo me pregunto dónde estaría hoy si me hubiera quedado allí y no me hubiera beneficiado de las oportunidades que tuve gracias al reasentamiento. No creo que hubiera llegado donde estoy hoy", dijo después Alphonso en un encuentro con ACNUR.
"A menudo me pregunto dónde estaría hoy si me hubiera quedado en ese campo de refugiados"
Así pues, a los cinco años del nacimiento del ahora jugador del Bayern, la familia emigró a Canadá y echó raíces en Edmonton. Los inicios fueron una carretera empinada. Debeah y Victoria trabajaban demasiadas horas y Alphonso se encargaba en muchas ocasiones de criar a sus dos hermanos pequeños mientras asistía a la escuela Madre Teresa. En esas cuatro paredes de educación católica, el talento y la alegría de Davies comenzaron a aflorar. Tocó todos los palos: atletismo, baloncesto y, por supuesto, fútbol.
En todos los colegios hay maestras dotadas con un sentido especial para la detección de ese Factor X que te hará diferencial en el futuro. En el caso de Davis fue Melissa Guzzo, su profesora de sexto grado y entrenadora. Al ver el potencial de Alphonso, habló con Tim Adams, el fundador de una liga de fútbol para niños que había en la ciudad. Y ahí comenzó todo. "Tenía un don. Los niños corren, tiran a portería, pero Alphonso tenía la mente", rememoró Adams.
Su primer paso 'serio' lo dio cuando llamó la atención de Marco Brossio, jefe de la St. Nicholas Soccer Academy. Ahí tomó conciencia de que podía dedicarse al fútbol. Además, tenía una cualidad que el resto de chicos no poseía: una enorme disposición al esfuerzo. Una virtud que el jugador atribuye a la experiencia de sus padres en aquella Monrovia devastada por la guerra y que le convirtió en el primer jugador nacido en 2000 en debutar en la Major League Soccer (15 años, ocho meses y 15 días). Lo hizo con el Vancouver Whitecaps.

Quemó etapas a gran rapidez: con 16 años debutó con la absoluta de Canadá, se convirtió en el goleador más joven de la historia de su selección, el más joven en marcar en una Copa Oro con su doblete contra la Guayana Francesa y, con la mayoría de edad, fichó por el Bayern a cambio de 11,5 millones.
Ahora, con 22 años, lateral, extremo y todo para Canadá, se dispone a jugar su primer Mundial sin perder de vista dónde se prendió la mecha: "Quiero que la gente sepa sobre la importancia de ayudar a los refugiados, donde sea que estén, en campamentos o ciudades, en países vecinos o países de reasentamiento. Los refugiados necesitan nuestro apoyo para sobrevivir, pero también el acceso a la educación y el deporte, para que puedan desarrollar su potencial y prosperar de verdad". En marzo de 2021, Alphonso Davies se convirtió en el primer futbolista y primer canadiense en ser nombrado Embajador de Buena Voluntad Global de ACNUR.
Los tres casos de Australia: Mabil, Deng y Kuol
Cuando el próximo martes se dirija al estadio Al Janoub para jugar contra Francia su primer partido en un Mundial, Awer Mabil (27 años) se acordará de sus padres, sursudaneses. Y de Kakuma, un campo de refugiados al noroeste de Kenia operado por Naciones Unidas donde escaparon en 1994 huyendo de la guerra que devastó la antigua colonia británica. Mabil, que ahora tiene 27 años, pasó los diez primeros en Kakuma, descalzo en campos de tierra y regateando las angustias del único modo que sabía: jugando al fútbol.
En aquel campo de refugiados, que sigue existiendo, el hoy futbolista del Cádiz comenzó a expresarse con un balón. Un niño no mira la realidad con los ojos del adulto y para él aquello era felicidad. Cogía viejas bolsas de plástico y las metía en calcetines hasta convertirlas en un balón. También servían prendas de ropa. "Era un modo de vida. Para mí crecer allí fue muy alegre. Creo que es más duro si eres adulto porque eres consciente de todo, pero como niño estás intentando siempre divertirte", afirmó Mabil en el canal oficial de LaLiga.
Fue en 2006 cuando 'hizo las maletas' junto a su familia y se trasladó a Adelaida (Australia). El proceso fue muy similar al que siguieron los padres de Alphonso Davies. A través de un visado de 'reasentamiento' fueron aceptados en suelo australiano. El trámite duró dos años. Atrás dejaron el polvo y la escasez, pero Mabil se encontró con otro obstáculo: el idioma. Y, de nuevo, su bote salvavidas fue el fútbol, lenguaje universal. Superó sus dificultades de comunicación con el balón y su progreso fue espectacular. Desde juveniles locales hasta llegar al Adelaide United, de Primera, con 18 años.
"Un campo de refugiados es más duro si eres adulto porque eres consciente de todo"
Desde el inicio mostró cualidades en el centro del campo: fútbol de ritmo, habilidad y con cierta facilidad para el gol. Con 19 años, en plena adolescencia, los ojeadores del Midtjylland le captaron y, tras varias cesiones, volvió en 2018 con un sitio asegurado y un rol definido: el de elemento diferencial. En aquel año hizo su debut con la selección australiana y fue clave en la copa de 2019 y en la liga de 2020 conquistadas por el Midtjylland.

Mientras colonizaba su espacio en el fútbol, Mabil también encontró tiempo para marcar la diferencia en la vida de otros refugiados y cofundó, junto con su hermano Bul, la organización benéfica Barefoot to Boots. La organización opera en el campamento de Kakuma, brinda oportunidades de educación, atención médica e igualdad de género. Por todo ello, obtuvo en 2018 el Premio al Mérito FIFPro, reconocimiento por parte de todos sus compañeros del fútbol.
Esta temporada, Mabil aterrizó en el Cádiz y, de nuevo, los inicios están siendo complicados. Confía, según cuenta en el vestuario, que a partir de enero se pueda ver su mejor versión una vez adaptado a la ciudad, LaLiga y el idioma. Pero antes jugará su primer Mundial, otro anhelo cumplido. "Cuando era niño tenía cinco sueños. Uno era venir a Europa, otro jugar la Liga de Campeones, marcar en la Liga de Campeones, otro era jugar en una de las cinco mejores ligas. Y el último era jugar el Mundial con mi país. He conseguido cuatro hasta ahora. Así que el Mundial va a ser un sueño que he estado deseando durante mucho tiempo", reveló en los medios oficiales de su club.
Mabil cofundó, junto con su hermano Bul, la organización benéfica Barefoot to Boots
Por su parte, el nombre de Thomas Deng (25 años) está muy vinculado al de Mabil. Sus carreras han caminado tan paralelas como dos siamesas. Ambos se convirtieron en los dos primeros sursudaneses australianos en representar a la selección absoluta cuando debutaron juntos en un amistoso ante Kuwait (triunfo 4-0). Y, como en el caso del cadista, sus primeros pasos los dio en un campo de refugiados. Sus padres también huyeron de la guerra de Sudán del Sur y acabaron en un asentamiento de Nairobi (Kenia). Allí nació el hoy defensa del Albirex Niigata japonés.

Con sólo seis años, la familia logró el asilo en Adelaide, aunque no se trasladó al completo a Australia. Su padre permaneció en Kenia como médico de Save the Children y nunca acabaron juntándose. En 2007, falleció trágicamente. Su madre se convirtió en el gran referente de Thomas y sus cuatro hermanos mayores. La pelota se convirtió en su rincón de seguridad. Su amor por el fútbol y el hecho de que pudiera hablar inglés hicieron que su adaptación a la nueva forma de vida fuera mucho más fácil que para otros. Que para Mabil, por ejemplo. Fue en la escuela donde ambos se conocieron y generaron el fuerte vínculo que les llevó a compartir primer equipo de fútbol (Adelaida Blue Eagles) y vida a pesar de separar sus caminos en 2011, cuando la familia de Deng se trasladó a Melbourne.
Con 16 años debutó en Tercera con las Western Eagles y en tres años ya estaba en Primera, en el Melbourne Victory. En la capital costera, tal y como reconoció en una entrevista en el medio australiano ABC, vivió algún episodio de racismo: "Cuando caminaba por las tiendas y había guardias de seguridad mirándome de manera extraña o siguiéndome, pensaban que iba a robar". Deng siempre ha intentado mantener su conexión con sus orígenes africanos (aprendió swahili), pero solo se ve a sí mismo como un australiano más. Por eso, cuando llevó el brazalete de capitán en los Juegos Olímpicos fue, hasta ahora, la mayor alegría de su carrera.
"En Melbourne, había guardias de seguridad en tiendas que me seguían: pensaban que iba a robar"
Para Deng, que lleva dos temporadas jugando en Japón, este Mundial vuelve a ser una gran oportunidad para mostrar la diversidad de Australia. "El país está cambiando lentamente... están empezando a aceptar a personas de diferentes orígenes. Ya no se trata del color de tu piel, se trata de quién eres, qué representas y cuánto trabajas por tu sueño", sentenció.
El tercer socceroo 'parido' en un campo de refugiados es Garang Kuol (18 años). El delantero de Central Coast Mariners nació en Egipto después de que sus padres, Antonita y Mawien, escaparan de la guerra civil de Sudán del Sur. Durante los seis años que permanecieron en el país de las pirámides vieron morir a muchos de sus compañeros y eso marcó para siempre a esta familia de diez miembros (ocho hermanos). El estallido de la Primavera Árabe les obligó a emigrar de nuevo y así fue como Kuol llegó a Australia.
Se instalaron a 180 kilómetros de Melbourne, en Shepparton. Allí, Mawien y Antonita comenzaron a trabajaban como tintoreros. La matriarca también era operaria en una fábrica de frutas. Sacar adelante a una familia de diez requería trabajo y desvelos. Sin embargo, encontró en la comunidad de Shepparton un gran apoyo. Los vecinos solían llevar a Garang y a su hermano Alou, que hoy juega para el Stuttgart, a los partidos mientras ella se intentaba sacar el carnet de conducir. Incluso la comunidad ayudó a pagar un viaje a Japón a los dos hermanos para que participaran en un torneo de fútbol.
Kuol nació en Egipto, la Primavera Árabe le llevó a Australia y ahora es una de las perlas del Mundial
La de Garang Kuol parece una vida escrita por un guionista de cine. Con solo 18 años va a jugar su primer Mundial después de un ascenso meteórico. Comenzó su carrera en el Goulburn Valley Suns, de Segunda, y enseguida atrajo miradas. El gato se lo llevó al agua la academia juvenil del Central Coast Mariners, de la A-League australiana. El pasado abril debutó en Primera… y marcó. Esta irrupción le llevo a formar parte del All Star que se enfrentó al Barça de Xavi, en pretemporada. Las declaraciones del técnico azulgrana al finalizar el encuentro resumen las expectativas creadas en el país de los canguros: "Me sorprendió. Es un gran jugador con un futuro brillante, un futbolista talentoso". Antes, en mayo, firmó su primer contrato profesional. Dos años. Pero no los cumplirá. El millonario Newcastle ya le ha echado el lazo para 2023.
Garang no tiene vértigo. "La mejor manera de hacer esto es abrazar la ruta por la que vine y simplemente moverme". Una ruta que comenzó en un campo de refugiados en Egipto y que le ha llevado a Catar.