FÚTBOL

El trágico relato de Oleg Salenko entre las bombas de Ucrania: "He visto morir a niños..."

El goleador ruso, leyenda de los Mundiales, atiende a Relevo en Kiev, donde vive y presta ayuda al ejército de Zelenski.

Oleg Salenko posa para Relevo en Kiev./
Oleg Salenko posa para Relevo en Kiev.
Sergio Gómez
Álex Corral
Patryk Jaracz

Sergio Gómez, Álex Corral y Patryk Jaracz

Son las dos de la tarde, el termómetro marca cinco grados bajo cero y Kiev, nevado, se prepara para la noche. La capital ucraniana encara un día más otra batalla dentro de la guerra. La del frío. Desde el pasado mes de octubre, el ejército ruso ataca infraestructuras civiles con la intención de dejar a la población sin agua ni luz y desprotegida ante las bajas temperaturas y el peor invierno que se prevé en años. A medida que se avanza en el calendario, el drama humano se agrava. "¿Cómo quieres que esté si están cayendo bombas a 300 metros?". Oleg Salenko (25 de octubre de 1969, San Petersburgo)  contesta con cierta aspereza al saludo protocolario. Suena a reprimenda, aunque en el fondo es resistencia. El delantero, que jugó en el Logroñés y el Valencia, y que en 1994, contra la Camerún de Roger Milla, fijó el récord de goles marcados en un partido de un Mundial (cinco), vive ahora entre bombardeos y tragedias.

Salenko: «Mi vida ya ha pasado. Si cae una bomba, pues cae».EDICIÓN: ÁLEX CORRAL.

Salenko atiende a Relevo en Kiev después de la última ofensiva rusa que afectó a varias ciudades. La capital, protegida por la defensa aérea, no tuvo que lamentar daños esta vez. El lugar de encuentro es un pub de estilo inglés, a un kilómetro del Estadio Olímpico. Este establecimiento cuenta con generadores para disponer de electricidad en los apagones. Suena la música porque la vida se esfuerza en continuar. Cuando Salenko llega y comienza a hablar, uno percibe al instante cómo el paso de los años y, sobre todo, el rigor del conflicto pueden modificar el rostro de un hombre. Con el cabello un poco descuidado, barba y vestido con el chándal del Dinamo de Kiev, su aspecto parece el de un estibador.

"No puedo decir cómo está la situación sin pronunciar una palabrota. No hay luz, no hay Internet, muchas cosas", arranca el relato, casi con resignación. "Debo admitir que la capital vive más tranquila, aunque hay cortes de electricidad, gas, calefacción... Una vez me quedé atrapado en el ascensor, en la planta 15, una hora y media. Es el periodo que tenemos que vivir. A pesar de esto la gente lo entiende. Tenemos una guerra. Toda esta situación se va a quedar en el recuerdo para toda la vida. Los que viven el infierno y lo pasan mal son los chicos que están en la batalla. Mejor preguntadle a ellos cómo están".

"¿Cómo quieres que esté si están cayendo bombas a 300 metros?"

OLEG SALENKO

Al pensar en los soldados, el exfutbolista recupera el tono de dureza inicial para mandar un mensaje que tiene tanto de desesperado como de esperanza. Una contrariedad lógica en mitad de una contienda. "Si yo te llego a contar realmente cómo es la situación... Mejor no decirlo. Apesta. No hace falta que lo traduzcas. Pero todo se está moviendo, todo tiene un rumbo adecuado para que vaya cambiando. La situación es de mucha tensión. No pasa nada, lo vamos a superar, vamos a sobrevivir. Vamos a aguantar esto", sentencia con frialdad. Y lanza un primer aviso: "No quiero hablar de política".

Salenko, un punto de inflexión en el fútbol soviético

En Oleg Salenko confluyen toda la complejidad de la desintegración de la Unión Soviética y la crudeza de la guerra. Nació en 1969 en San Petersburgo, cuando ésta se llamaba Leningrado, en una familia en la que el padre era ucraniano y la madre, rusa. El fútbol también contribuyó a esa suerte de bicefalia. Con sólo 16 años comenzó su carrera profesional en el Zenit. Gorbachov ya era secretario general del Partido Comunista (1985) y con él se dio inicio a la Perestroika, una reforma destinada a liberalizar la economía con políticas aperturistas. En este contexto, en 1989 Salenko fichó por el Dinamo de Kiev de Valeri Lobanovski, un punto de inflexión en el fútbol soviético: fue el primer futbolista en ser traspasado a cambio de dinero dentro de la Unión Soviética. El Dinamo pagó 36.000 rublos, según las informaciones de la época. Ese mismo año se proclamó Bota de Oro con la URSS en el Mundial Sub-20.

Tras la disolución de ese estado federal de repúblicas socialistas, en medio de la confusión y los cambios políticos y económicos, jugó un partido con la selección ucraniana, la de su padre (el primero en la historia del país, en abril de 1992), antes de elegir definitivamente representar a la de su madre, la rusa. Con ella acudió al Mundial de 1994. No volvió a residir en el país materno. Cuando se retiró por culpa de una lesión, en 2001, echó raíces en Kiev. Allí estaba cuando el pasado 24 de febrero Vladimir Putin anunció el comienzo de una "operación militar especial" en Ucrania y sus tropas emprendieron la invasión.

Salenko celebra uno de sus goles ante Camerún.  AFP
Salenko celebra uno de sus goles ante Camerún. AFP

"Al principio fue complicado. Yo estaba en casa de un amigo y anunciaron los toques de queda, de las ocho de la tarde a las cinco de la mañana. Estuvimos ahí un día y medio sin información ni nada y escuchando cómo caían bombas. Días después, el 28 de febrero di un paseo por Kiev y estaba vacío. Luego cerraron las tiendas, anunciaron la ley seca, que no entiendo por qué. Bueno, porque la gente se volvía loca por estrés y todo... La gente no sabía qué pasaba. Muchos se quedaron sin trabajo, estaba todo cerrado, sin salir. El primer mes y medio fue muy difícil, pero cuando empezó a liberarse el territorio de Kiev todo empezó a cobrar vida", recuerda.

"Mi primera familia está en el país que me está atacando. ¿Entiendes la dimensión de todo esto?

OLEG SALENKO

El diálogo toca los extremos. Pasa de la tranquilidad a la agitación. Parece que pelean tantas palabras por salir que hay muchos discursos en uno. "Yo estaba aquí cuando se desató la guerra y aquí me quedo; no tengo ninguna intención de ir a otro sitio. Aquí estoy con mi actual familia. Pero mi primera familia, un hijo y mi exmujer, está en el país que me está atacando. ¿Entiendes la dimensión de todo esto para mí? Estalló todo y yo estaba aquí, tranquilizando a la gente. Yo soy ruso y estaba tranquilizando a la gente. Soy un ruso que vive en Ucrania, por eso me preocupa tanto esto. En un lado y en otro tengo amigos", manifiesta, airado.

¿Cuál es la postura de su familia rusa?

Cuando se le pregunta cuál es la opinión de esa parte de familia afincada en Rusia, Salenko guarda silencio unos segundos y respira hondo: "No se puede hablar mucho. Yo contacto con ellos y la gente entiende que está mal todo esto, pero tampoco pueden decir mucho. Están en contra de la guerra". Aunque al principio se queda en la cáscara del asunto, profundiza a continuación: "Cuando explotó todo, mi hijo mayor no tocaba el tema de la guerra. Pero mi exmujer, cuando empecé a preguntarle que qué pasaba allí, me contestaba que todo estaba correcto, que tenían que liberar a la gente. Yo le dije: '¿Qué dices? ¿A quién tenéis que liberar? Has pasado conmigo la mitad de la vida, has viajado por todo el mundo y ahora que vivo en Kiev, ¿de qué me tienen que liberar?'. Luego, a las dos o tres semanas la llamé porque pensaba que habría entrado en razón. Pero no, todo igual. Desde entonces, la mandé lejos y ya no quiero hablar con ella. De esta forma les están lavando el cerebro. En diez años han preparado a la gente para que piensen que esto es una liberación de Ucrania".

"En Rusia les están lavando el cerebro"

OLEG SALENKO

El régimen autoritario de Putin le ofrece paralelismos con el pasado de España: "Ocurre un poco lo que sucedió en tu país. A pesar de que Franco era dictador, mucha gente le apoyaba, le respetaba. ¿Por qué? ¿Por qué razón le respetaban? No hace falta que te diga la respuesta a esa pregunta, la vida. Incluso hubo un empresario que empezó a hablar de esto y directamente fue a la cárcel. Hay mucha gente que me llama desde un número oculto. ¿Cómo se sienten si pronuncian la palabra guerra y les meten 15 años en la cárcel? La situación es muy complicada".

Como en Ucrania, un país que se ha desfigurado. Ataques, muerte, escasez. "La vida se ha transformado totalmente. La tranquilidad, eso es lo que echo de menos. He visto morir a gente, a niños. Yo juego al fútbol con amigos que han perdido a sus hijos. Pero no tengo miedo", dice un hombre que, a pesar de no empuñar fusiles, sí se siente parte de las fuerzas armadas.

Oleg Salenko recuerda sus goles en el Mundial de 1994. EDICIÓN: ÁLEX CORRAL

Partidos de fútbol en el frente

Salenko revela que juega partidos con los soldados junto a veteranos del Dinamo. "Un mes y medio después de empezar la guerra comenzamos a ir al frente, a los sitios más destrozados: a Vasilkov, a Borodyanka, por ejemplo, al norte de Kiev. Masacrado. Llegamos, charlamos con ellos, hay veces que es complicado hablar, jugamos. En el frente, ni yo ni nadie va a contar la peor experiencia que ha vivido. En Fastiv, hace un mes, jugamos un partido y fuimos al cementerio: traían a cinco chicos y todos eran de 21 años, 23…".

Salenko ha soltado el freno de la conversación porque la catástrofe tiene más fuerza que la contención: "Cuando entras allí y ves a los niños jugando, les miro... Cuando preguntamos a la gente que reside allí cómo viven, nos dicen que en sótanos. Les ves con tristeza y ¿cómo les das algo de alegría y empiezan a vivir de nuevo? Hace un mes, por ejemplo, también fuimos a Gostómel a jugar en el estadio. Alrededor, los edificios altos no tenían plantas superiores, ya no existían. Y me pregunto: ¿dónde está la gente que vivía allí? Todavía no hay recursos para arreglar nada. Hay que reiniciar luego todo el país después de la guerra. Nosotros vamos a prestar apoyo. Miras a la gente y ves cómo militares salen de los escondites y nos agradecen que vayamos. Ayudamos como podemos. Jugamos partidos, aunque en invierno paramos por el frío, recaudamos dinero, compramos medicamentos, chalecos antibalas. Ahora vamos a hospitales militares para apoyar a la gente y dejarle lo que necesiten: ropa, trajes, lo que tenemos. Pero también como apoyo psicológico. Cuando termine la guerra esta negatividad irá al país y lo tendremos que sobrellevar".

"En el hospital militar hay gente joven, sin piernas, sin manos. Es muy difícil mirarles"

OLEG SALENKO

El rostro de Salenko se contrae al mencionar las instalaciones hospitalarias. Escuchándole, uno no puede estar más en desacuerdo con aquellos que aseguran que el infierno no es un lugar físico. "En el hospital militar hay gente joven herida, sin piernas, sin manos. Es muy difícil mirarles. Una vez, un chico despertó de la anestesia. Empezó a hablar a gritos por los efectos de las bombas en los oídos. Decía: 'Ponedme cualquier cosa y vuelvo al campo de batalla'. Había perdido la pierna...".

Salenko se entrenó por si tenía que ir al frente

En verano, Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, aumentó los controles para evitar la salida del país de hombres en edad militar. Los varones de entre 18 y 60 años no podían abandonar Ucrania. Salenko tiene ahora 53. "Yo no quiero salir", insiste antes de confesar que, aunque estuvo entrenándose ante una hipotética llamada, él no posee habilidades para pelear en la vanguardia: "Tengo edad para ir al frente pero no me llamarán, no soy apto. Hablé con los chicos que están luchando y me entrené dos semanas, pero soy débil. Por lo menos hay que entrenarse un año para ir allí. En el frente también tienes que pensar, funcionar en equipo para que no haya pérdidas humanas. Hay que entrenarse más para estar con ellos. Cada uno tiene que hacer caso al de al lado. Yo no estoy preparado".

Oleg Salenko, en un momento de la entrevista con Relevo.
Oleg Salenko, en un momento de la entrevista con Relevo.

Salenko no tiene un carácter fácil y alza ligeramente la voz en alguna respuesta. Se muestra especialmente vehemente cuando el foco apunta a la figura de Putin. "¿Te digo honestamente lo que pienso? A Putin le conozco desde hace 20 años. Una persona no puede estar en el poder 20 años. Y ahora su locura le llevó a Ucrania. ¡Ha perdido la cabeza! No puede ser, como dice la Historia, que una persona ostente el poder total y se mantenga mucho tiempo en el gobierno. Incluso por temas psicológicos. Si me dieran su poder me volvería loco. Es lo que pasa ahora mismo con Putin y no se puede esconder. Sufre todo el mundo. Lo único bueno que ha conseguido es unir a toda Ucrania".

"Yo no tengo miedo. Si cae una bomba, pues cae. Tengo miedo por mi hijo"

OLEG SALENKO

El goleador vuelve a recurrir a su experiencia en España para llenar la despensa de esperanza. "En su tiempo, tu país tenía un problema con ETA, en el País Vasco, y lo pudo resolver. Ahora Ucrania tiene un problema con un enemigo mucho más potente al que todavía no puede ahogar. Recuerdo las explosiones cuando viví en España, ese tema me suena. Aunque aquí es mucho peor. ¡Y ya no quiero hablar de política! Ruso, ucraniano… Yo soy ciudadano de la Unión Soviética", pregona. Entonces, gira el diálogo hacia el balón. Es la vía de escape. "El fútbol que se hacía allí, en la URSS, era maravilloso. Luego fui a Logroño. Marcos Eguizábal, el presidente, habló conmigo para convencerme y fichar tres años". Recordar su etapa en LaLiga le hace, por primera vez, soltar una breve carcajada.

Salenko da por concluida la entrevista después de casi una hora de conversación. No obstante, antes de levantarse, reitera su decisión de no moverse de Ucrania: "Yo estoy en Kiev y no tengo miedo porque he vivido ya lo mío. Si cae una bomba, pues cae. Tengo miedo por mi hijo, él necesita vivir. Tiene 19 años y juega en el Dinamo de Kiev. Acuérdate, en tres años estará jugando en el Valencia porque vamos a aguantar esto. Sobreviviremos. Estoy convencido. Lo importante es que todo esto no os afecte a vosotros…".

* Esta entrevista se realizó en el transcurso de dos reuniones con el Sr. Salenko: una virtual, realizada desde Madrid a través de vídeollamada, y un encuentro en persona en Kiev. Por motivos de simplicidad narrativa, el contenido se presenta como una única conversación.