SELECCIÓN

"De la Fuente es un gran gestor de grupos"... y también de la pizarra

Refuerza su liderazgo, donde suele pesar más la personalidad que la táctica, con un partido a cara de perro en Ginebra donde cada una de sus decisiones hicieron resistir y brillar a la Selección.

Luis de la Fuente, seleccionador nacional. /GETTY
Luis de la Fuente, seleccionador nacional. GETTY
Alfredo Matilla
Manuel Amor

Alfredo Matilla y Manuel Amor

A los buenos entrenadores que, además, son reconocidos por todos como buenas personas, les suele suceder. Sus valores, tantas veces aireados como clave del éxito en sus vestuarios, pesan más que sus recursos puramente futbolísticos. Del Bosque, con dos Champions, un Mundial y dos Ligas entre los títulos que adornan su vitrina, aún tiene que reivindicarse en plena jubilación sobre todo lo que hizo en el banquillo y pocos le reconocen. Como si juntar a Xabi Alonso y Busquets en plena crisis en Sudáfrica hubiera sido fácil.

La razón es que, para una mayoría, el exmadridista "era un buen gestor de grupos" sin demasiados méritos tácticos. Así que De la Fuente, en esa línea continuista que mamó del salmantino, de Iñaki Sáez y de otros técnicos de un corte similar -calmado, conciliador, sin estridencias-, está en esa misma tesitura. La diferencia en su caso es que no le inquieta ni le preocupa tener que justificarse para que se le reconozca. Sus futbolistas, los técnicos de la casa y las estadísticas hablan por él.

Los hechos son los hechos. Desde que el riojano se hizo cargo de la Absoluta en enero de 2023, sustituyendo a Luis Enrique, acumula 24 partidos en el cargo con 20 triunfos, dos empates (uno de ellos en un amistoso) y sólo dos derrotas (una, en un bolo ante Colombia). Un balance con el que ganó una Nations League tras superar a Italia y Croacia en la fase final y una Eurocopa -12 años después- con pleno de victorias, con el que ha encarrilado esta nueva fase de clasificación y con el que va acumulando puntos para erigir a la Selección como una de las favoritas para el Mundial 2026 de EE. UU., México y Canadá. Y todo con mucha personalidad y una resiliencia ejemplar. Empezó su reinado con un aplauso que casi le cuesta el puesto y ahora todo el mundo le da las gracias por haber devuelto la ilusión por ver a España.

Primero, porque no ha tenido miedo a tomar decisiones de peso: desde la no convocatoria de su amigo Sergio Ramos o su firmeza con el Caso Brahim. Después, por la apuesta por algunos niños (Lamine Yamal como abanderado) y sus pilares en las categorías inferiores (Oyarzabal a la cabeza). Y también pasando por las continuas renovaciones de la plantilla sin temor a los galones, confiando en Morata y otros pilares pese a las críticas, o repescando a perlas como Fabián que no le valían demasiado al anterior seleccionador. Y, además, todo ello en un clima importante de inestabilidad institucional, en un periodo en el que ha tenido que hacer de técnico, director deportivo (sin Luque) y portavoz sin que le hayan logrado firmar un contrato nuevo. El actual, como detalló Relevo, es una ampliación unilateral.

Poco ruido y muchas nueces

El partido de Ginebra, con una brillante victoria (1-4) pese a jugar 75 minutos con un jugador menos, fue la confirmación -para los que aún dudaran- de que es igual de eficaz en la pizarra que como director de recursos humanos. Si en su lista de convocados en esta semana de selecciones ya fue capaz de que no le temblara el pulso -dejando fuera a Nacho y Merino, recuperando a Robert Sánchez, Yéremy y Pau Torres o llamando por primera vez a Pepelu y a Mingueza-, con sus decisiones en el campo tampoco le importaron los debates. Ni siquiera los más encendidos a colación de la distribución de minutos que tanto preocupa a los clubes. Carvajal y Lamine, por ejemplo, fueron titulares ante Suiza después de haber disputado el partido completo en Serbia. Y ahí está el caso de Rodrigo, que salió de inicio ayer pese a que aún no se ha estrenado este curso con el Manchester City.

Ante Suiza no dejó de tomar decisiones de calado que tuvieron sus consecuencias en el resultado final. Con la inesperada roja a Le Normand, no dudó en volver a tirar de Vivian, un seguro en defensa que siempre que sale -en situación de máxima urgencia, como ante Francia en la Euro- brilla y se impone a las delanteras. Para equilibrar esa defensa no le importó sentar a Pedri, la gran esperanza sin Olmo disponible, cuando otro entrenador igual hubiera prescindido del delantero centro. En ese momento, se olvidó del 1-4-2-3-1, que a veces muta en un 1-4-3-3, para apostar por un 1-4-4-1 replegado con la idea de capear el temporal para salir a la contra. Y ni siquiera el 1-2 varió el plan. Es más, lo reforzó.

Lejos de encerrarse sin amenazar, mantuvo a dos laterales de largo recorrido como son Carvajal y Grimaldo. El partido, para mantener la renta, igual pedía a Cucurella, pero el internacional del Bayer Leverkusen se remangó y demostró que es mucho más que un virtuoso con el balón y que defiende mucho mejor de lo que algunos piensan. Pocas veces habrá acabado tan embarrado. En medio campo, el técnico cumplió con su pacto de dosificar a Rodrigo, dio galones a Zubimendi como en la final del pasado 14 de julio y se atrevió a sentar a Lamine y Nico después de tanto desgaste para matar el encuentro a base de galopadas con Yéremy y, sobre todo, Ferran. El barcelonista dio un gol a Fabián en un momento decisivo y marcó el de la sentencia.

La Eurocopa sólo fue una muestra de la confianza que este staff tiene en los jugadores que empiezan sin contar mucho, pero es una tendencia que comenzó hace año y medio y que se mantendrá en el futuro. Por eso Navas, sin ser fijo, hace nada secó a Mbappé en su último gran servicio a la Roja antes de retirarse. Por eso Olmo acabó siendo decisivo en Alemania tras empezar a la sombra de Pedri. Por eso Oyarzabal marcó el gol de su vida ante Inglaterra. Y por eso también ahora Raya y Joselu han logrado que nadie eche de menos más de la cuenta a Unai Simón y Morata.

En esas labores de tomar medidas contundentes y confiar en los menos habituales, De la Fuente cuenta con un complemento de lujo a su lado. Mientras él se centra en analizar cada una de las cosas que suceden en vivo en el verde, su ayudante Pablo Amo siempre va un paso por delante en la sombra imaginando lo que se avecina. Una labor nada sencilla desde que la pandemia instauró unas nuevas normas en la competición, ampliando las convocatorias y permitiendo meter a cinco suplentes sobre la marcha, con la necesidad de nominar a otros cinco titulares para que puedan ser sustituidos. Cinco sustituciones nada fáciles que a España les están dando la vida gracias a ese gran fondo de armario. Diez movimientos de pizarra en total para lo que hace falta ser algo más que una buena persona.