Sandro Tonali se abre en canal sobre su adicción a las apuestas: "Mi situación financiera no me hizo darme cuenta de la gravedad del asunto"
El jugador del Newcastle, que estuvo diez meses sancionado, ha repasado cómo vivió y se recuperó de su problema en 'La Repubblica'.
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El pasado 28 de agosto Sandro Tonali volvía a disputar un partido de fútbol con la camiseta del Newcastle. El mediocentro italiano, que había estado diez meses alejado de los terrenos de juego por realizar apuestas ilegales, cumplió la sanción y por fin pudo volver a sentirse futbolista. Mucho trabajo psicológico detrás para salir de esa adicción, Tonali se ha abierto en canal en una entrevista en La Repubblica para recordar aquellos duros meses.
"No, no es exagerado hablar de que tuve una primera y una segunda vida tras la sanción. Mi estilo de vida era negativo. Me cerré a todo el mundo y eso me hizo cambiar mi comportamiento, incluso con la gente que me quería y a la que yo quería. Era así tanto en el campo de entrenamiento como en casa, con amigos y familiares. Hoy, afortunadamente, soy diferente", confiesa un jugador que este curso se ha convertido en un fijo para Eddie Howe en las "urracas".
Su adicción por las apuestas empezó cuando tenía 17-18 años. "El hecho de que fuera online me cegó a todo, me encerré en mi caparazón", señala. "¿Y cómo te diste cuenta de que el juego se estaba convirtiendo en una adicción?", le pregunta el periodista. "En realidad, no creo haberla tenido nunca. Cuando una persona se encuentra en una situación como esta, es difícil preguntarle si está enferma. Él siempre te dirá que no, aunque parezca que lo es. Él no puede creer que tiene ese problema y por eso tiende a ocultarlo".
La pesadilla de Tonali comenzó en octubre de 2023. El jugador, que admitió haber apostado a partidos del Milán mientras pertenecía al conjunto rossonero, fue sancionado por la Federación Italiana de Fútbol con 10 meses alejado de los terrenos de juego. "En esos meses pasé mucho tiempo con el psicólogo. Su trabajo era hacerme entender cómo había llegado hasta allí. Generalmente, lo entiendes cuando pierdes algo: familia, trabajo, salario. En mi caso, sin embargo, mi situación financiera no me hizo darme cuenta de la gravedad del asunto. Fue un trabajo de recuperación difícil. No podía tomar medicamentos específicos, porque con el 95% de ellos habría dado positivo en dopaje, así que fue todo un viaje mental: duró meses, con un psicólogo y un psiquiatra", explicó. Esa ayuda resultó clave.
"El primer mes estuve viajando entre Italia e Inglaterra. Nunca rocé la depresión porque inmediatamente trabajé en mí mismo. Tenía tres sesiones online por semana y una en persona una vez al mes. No me perdí ninguna. Siempre hablábamos del día anterior, con tres obras concretas: una sobre mí, otra sobre el juego y la última era el compendio. Hice los 16 partidos organizados por la FIGC (Federación Italiana de Fútbol). Después de los primeros seis meses de la descalificación estuve en Bari, Roma, Florencia, Milán y Verona".
De todas las reuniones y encuentros con otras personas que también habían pasado por lo mismo que él, la que más le emocionó tuvo lugar en Newcastle. "Fue en una fábrica que produce tapas para tuberías de gas en el océano. Fui allí porque los juegos de azar son muy populares en Inglaterra. Hubo quien me dijo, varios meses después de la descalificación, 'dejé de apostar por lo que te pasó'. Habían sido jugadores compulsivos durante años", recordó.
«Los aficionados rivales nunca me han juzgado»
El vestuario y demás empleados del Newcastle siempre fueron un gran apoyo para él. "Mis compañeros de equipo y el entrenador siempre me han mantenido dentro, al igual que el personal y la gerencia. Los aficionados del Newcastle y los del equipo rival nunca me han juzgado.Aquí respetan los problemas de cada uno, no presionan demasiado y tratan de ayudarte. La mayor ayuda que recibí fue del profesor Gabriele Sani, jefe del departamento de psiquiatría del hospital Gemelli de Roma, de mis familiares...".
Recuperado y feliz de haberle podido poner remedio a su adicción, el teléfono móvil ha pasado a ser un objeto secundario en su vida. "Antes no podía ir sin él de una habitación a otra. Hoy lo cojo al salir de casa y lo dejo al volver. Solo lo cojo si me llaman mamá, papá o alguien de mi familia. Y con las redes sociales la relación es mínima".