¡Otro Alcorconazo rumbo a Segunda!
El Alcorcón remontó en la segunda mitad un 0-1 de la mano de un inspirado Addai y un Santo Domingo entregado. Vuelven a la élite un año después.

¡Otro Alcorconazo para la lista! El Alcorcón es nuevo equipo de Segunda División tan solo un año después. Por el camino, sufrimiento, lágrimas y un proyecto que dejó dudas incluso a los más fieles, pero que se traduce en el regreso a la élite de un histórico del fútbol español. Los alfareros se llevaron el triunfo en Santo Domingo a la vieja usanza: remontar de la mano de su grada un resultado adverso, enredando al rival en el miedo escénico. A los visitantes solo les valía la victoria a 120 minutos, ya que el Alcorcón había quedado por encima en temporada regular. En ocasiones, el fútbol es cruel. Los alfareros acabaron la fase regular en segunda posición, rozando el liderato del Racing de Ferrol. El playoff no perdona y lo vivieron en sus propias carnes. Una jugada aislada, vivir de las rentas… Tras el primer tiempo, el billete ponía rumbo a la Comunidad Valenciana. Mientras, Castalia rompía de alegría desde su pantalla gigante. Los suyos volvían a estar con los mejores. Pero el corazón de los madrileños guardaba pareja de ases. Con esfuerzo y tesón, corrieron cada balón como si no existiese mañana. A veces sorprende, pero es así: esta noche aún tendrán una reserva de energías para festejar.
El Castellón, antes, rivalizó con la estadística. El Alcorcón solo había perdido un partido en Santo Domingo en toda la temporada. El Castellón solo había vencido en cuatro como visitante. Tras minutos de trantrán, en los que ambos parecían firmar el empate y el ya se verá, el equipo de Rudé se encontró con el gol. De forma literal. La puso Koné, chutó De León, en semifallo, y Jesús de Miguel recogió la pelota para empujarla en boca de gol al fondo de la red. Estalló el público y todos para reclamar un fuera de juego inexistente. En especial, Moyano, el que lo rompió. Un clásico. El playoff es una quimera y unos segundos en el suelo se pueden traducir en el desenlace fatal al trabajo de toda una temporada.
Hasta ahí, un oasis. Desde entonces, un duelo de alto voltaje. Tensiones en pelotas divididas, un público notoriamente enfadado y, claro, otro Alcorcón. Los de Fran Fernández entendían el empate como una victoria. Así era. El gol en contra les hacía cambiar el plan por completo. Para su fortuna, contaban con soldados de primera fila. Los años no pasan para Javi Lara y Mosquera. O sí, aunque el carnet del liderazgo es posiblemente el único que no tenga fecha de caducidad.
Así celebramos el gol de Castro, el gol con el que, por el momento, hemos dado la vuelta al marcador! pic.twitter.com/LJzZeWcZvT
— A.D. Alcorcón (@AD_Alcorcon) June 24, 2023
Superado el ecuador del primer tiempo, el Alcorcón iba ganando metros a costa del Castellón. Alfonso Pastor, forzado a intervenir dos veces, también cambió de parecer: su partido apuntaba a entrada VIP y se convirtió en el trabajador del mes. Los visitantes, aun así, no se conformaban con la resistencia. Koné mutó en Maradona, rompió a cuatro, se lio entre recortes y no convirtió de milagro. Fueron los últimos coletazos de un primer tiempo que dejó otra máxima: el público local reventó a protestas por la pérdida de tiempo de su rival. Las mismas que ovacionarían si la marea acompañara.
Para eso aún quedaba mucho. Por jugar y por cambiar. Addai fue la primera piedra, en sustitución de un desaparecido Ernesto. Y qué piedra. El recién incorporado hizo estragos por la banda izquierda, pero nada comparable al latigazo que soltó desde fuera del área, imparable para Alfonso Pastor. Un gol de fútbol profesional, de los que llenan de honor la categoría de bronce. Y si se une por el otro costado Álvaro Bustos, ahora volcados sobre el lado de la grada de animación… El Castellón sufría de miedo escénico, algo imperdonable en una final.
Lo que sucedió lo llevaba cantando la grada varios compases, conscientes de que su aliento también cambia el marcador. Javi Castro remató de cabeza a la salida de un córner y dejó al Alcorcón, a media hora del final, con pie y medio en Segunda División. Desde entonces, les tocaba disfrutar, un concepto casi insólito cuando hay 90 minutos y un billete de por medio. Los de Albert Rudé estaban atónitos, superados por la situación y, por supuesto, con la necesidad de intentarlo. Fue con más corazón que fútbol y bastante más que cabeza. Incluso derivando en una expulsión en el descuento, fruto de la frustración. La psicología del gol les pasó factura y ya no había vuelta atrás. Reaccionar o morir contra el júbilo de un equipo que ya se veía subido en el ascensor. Lo mereció, lo ganó y ahora solo les queda traducirlo en las calles de la ciudad. Santo Domingo el que vivirán.