ASCENSO A SEGUNDA

El verdadero 'match-ball' que levantó a Idiakez en el Deportivo

El entrenador se jugó el puesto hace poco más de tres meses, cuando su equipo viajaba a 10 puntos del liderato.

Imanol Idiakez, en un entrenamiento. /RC DEPORTIVO
Imanol Idiakez, en un entrenamiento. RC DEPORTIVO
Manuel Amor

Manuel Amor

A Coruña.- No hay periódico este lunes que no eleve a su titular la palabra Lucas, el gran héroe del ascenso del Deportivo a Segunda con su gol de falta ante el Barça Atlètic. Si hubiera que buscar un segundo nombre propio, ese sería sin duda el de Imanol Idiakez (52 años). El técnico vasco ha sido capaz de conseguir lo que no lograron Fernando Vázquez, Rubén de la Barrera, Borja Jiménez y Óscar Cano y comandará el proyecto coruñés la próxima temporada en el fútbol profesional.

Idiakez era todo emoción este domingo, acompañado de sus padres (no pudieron contener la emoción al abrazarse con su hijo tras el partido) y de su hermano Iñigo, también entrenador y que finalizó hace semanas su etapa en el Real Unión. Ellos le han acompañado durante este curso de alegrías y, por momentos, de máximo sufrimiento. Antes de dirigir al Dépor, el donostiarra pasó por el Leganés (destituido en abril en la 22-23), Villarreal (segundo de Unai Emery entre 2020 y 2022) o AEK Larnaca (2016-18; 2019).

Tras el encuentro, el preparador cogió el micrófono para dirigirse a un Riazor todavía abarrotado y agradecer el apoyo a la afición. Lucas Pérez, en su entrevista exclusiva con Relevo, se deshizo en elogios hacia el patrón del barco. "Es la parte más importante de este vestuario, de esta piña, de este grupo. Lo queremos mucho. Se ha portado de 10. Hemos confiado en él y en nosotros", aseguró con tono sincero. Antes, Imanol había sido manteado por toda la plantilla y el staff.

Lucas Pérez habla sobre el papel de Imanol Idiakez. RELEVO / MANU AMOR

Pero no todo ha resultado tan bonito, ni mucho menos, a lo largo de la temporada. De hecho, su mero aterrizaje despertó un enorme recelo en una parte relevante de la grada. No por él, sino sobre todo por el técnico al que venía a sustituir: De la Barrera, un coruñés que había revitalizado al equipo el ejercicio anterior y cuya salida provocó manifestaciones en la sede del accionista mayoritario ABANCA. Con ese caldo de cultivo, el mal arranque del Dépor -una victoria en las primeras ocho jornadas- provocó que la grada se volviese en contra del guipuzcoano.

No fueron pocos los que entonaron el "Idiakez, vete ya" en aquel momento, con la sensación, otra vez, de proyecto a la deriva y de no tener capacidad de reacción. Pese a todo, el director deportivo Fernando Soriano mantuvo su confianza en él... aunque en realidad Imanol sobrevivió a varios 'match-balls' que estuvieron a punto de cortar antes de tiempo su andadura en Galicia. Él mismo, en una entrevista en AS, reconoció que se vio "fuera" del Deportivo en la jornada 15, antes de ganar al Barça en el Johan Cruyff (1-2): "Esa semana lo tenía claro. No es que lea la prensa, pero la familia y los amigos, sí. Te mandan, te preguntan y cuando el río suena… ya sé que no se lo inventa todo el mundo".

Aquel día se salvó gracias a un gol de Davo en el 93', pero, según ha podido saber Relevo, el verdadero ultimátum que pendió sobre su cabeza se produjo varias semanas más tarde: después de caer en León (1-0) en la jornada 19 y quedarse a 10 puntos del líder -y fuera del playoff- al término de la primera vuelta. El siguiente duelo ante la Ponferradina era una prueba de fuego, su última bala; la jugó bien (el equipo convenció y ganó 2-0) y volvió a salvar el segundo test frente al Celta Fortuna en Balaídos siete días más tarde (1-2). De ahí, cuando estaba más cuestionado que nunca desde dentro, pasó a convertirse en el hombre de moda al enlazar ocho victorias consecutivas que han derivado en este final glorioso.

Idiakez, cuentan los que le conocen, ha mantenido la calma en todo momento. En la mañana del domingo, horas antes del partido decisivo, corrió en cinta y trabajó con pesas en el gimnasio de su comunidad de vecinos. Allí atendió a los curiosos que le trasladaron mensajes de ánimo e hizo hincapié en el mensaje que ya había transmitido a los jugadores: el asunto había que liquidarlo esa misma tarde, no dejarlo para más adelante.

Su éxito llegó después de Navidad y en parte gracias a sus soluciones tácticas, con un cambio de sistema al 4-2-3-1 que ha potenciado a sus piezas clave y especialmente a Lucas, mucho más cómodo en la mediapunta y sin la necesidad de fajarse fijando a los centrales. Esa labor ha sido la de Barbero, con las bandas liberadas para los puñales Mella y Yeremay y un doble pivote (Villares-José Ángel) que ha funcionado de maravilla.

Por el camino, Idiakez se ha apuntado algún que otro tanto: su apuesta por la cantera (tiene plena confianza en jóvenes como Rubén López y Barcia y también ha tirado de Kevin u Ochoa) y su papel como gestor de grupos, generando un ambiente inmejorable en el vestuario y consolidándose a ojos de unos aficionados que al principio le cuestionaron y ahora le corean.