Los que no salen en la foto del 12-1 a Malta envejecieron en el banquillo: "Comencé a sentir un algo interior que me subía desde los pies..."
Zubizarreta, Salva, 'Tente' Sánchez, Güerri y el difunto Marcos, que jugó tres minutos, acabaron con la cabeza llena de chichones de tanto salir y entrar del banquillo.

Han pasado 40 años de tan memorable noche, pero la foto, la alineación, los goleadores de esa docena de tantos y el 'gallo' del maestro José Ángel de la Casa, narrador del partido para RTVE, los tenemos todos entre la retina y el cerebelo. Unos porque estuvieron allí presentes en el Benito Villamarín; otros porque lo vivimos desde la redacción, donde tocaba hacer ese trabajo sucio que en esta ocasión salió más limpio que nunca. Muchos ni habían nacido, pero seguro que lo han visto, escuchado o se lo han contado... El caso es que no debe existir ni un español, le gustara o gustase el fútbol o no, que no sepa que un día de diciembre de 1983, 21, miércoles para más señas, España le metió 12 goles a Malta y se clasificó para la fase final de la Eurocopa que al año siguiente se jugaba en Francia, donde llegó hasta la final para perder con honor ante la anfitriona (2-0).
Ahí están. Los estoy viendo. Preparados para la gloria. En la fila superior, de pie, de izquierda a derecha: Camacho, Maceda, Goikoetxea, Gordillo (todos los con los brazos cruzados), Señor y Buyo. De cuclillas, abajo: Carrasco, Víctor, Santillana, Rincón y Sarabia. El nombre de los goleadores se ha recitado hasta en verso: cuatro de Santillana, que marcó los tres primeros; otros cuatro de Rincón; dos de Maceda y los dos últimos de Sarabia y Señor.
Fueron bajas para el partido, Luis Arconada, lesionado de gravedad, lo que permitió el estreno de Buyo con la Selección, y Ricardo Gallego, que estaba concentrado con el resto de sus compañeros en el Parador de Oromana de Alcalá de Guadaira y el domingo anterior se tuvo que retirar con molestias del partidillo de entrenamiento. Muy a su pesar tuvo que abandonar la concentración. Su cara cuando abandonó el Parador era el reflejo de su alma. "No es nada del otro mundo, pero me duele. Llegué ya con molestias, pensaba que en una semana me podía recuperar, pero no ha sido así". Le sustituyó Víctor que, curiosamente, fue titular.
Ese equipo que se recita de memoria tenía en nómina cinco jugadores más. Son los que nunca salieron en la foto. Los medio olvidados. Los que estaban sentados en el banquillo al lado de Miguel Muñoz y su ayudante Vicente Miera, el doctor Jorge Guillén y el delegado Julián del Amo. En sendos bancos a cada lado del banquillo, el responsable del material y conserje de la Federación, Antonio García, y los masajistas, Ángel Mur hijo (Barcelona) y José Luis Rubio (Sporting de Gijón). En la segunda parte se infiltró también en el banquillo el secretario general, Agustín Domínguez, que no paraba de escribir en unos folios que llevaba en la mano. Como invitados de piedra, dos micrófonos de TVE que habían puesto allí, Alfonso Azuara y Jesús Álvarez, entonces reporteros, para recoger todo lo que se pudiera decir en ese concurridísimo banquillo.
Ellos, los jugadores, eran Andoni Zubizarreta, con el 13 a la espalda; Salva (12); Tente Sánchez (14); Paco Güerri (15) y Marcos Alonso (16), que jugó tres minutos, sustituyendo a Rincón. Con ellos ha hablado Relevo cuatro décadas después. Del anonimato de aquella noche sevillana al primer plano de este reportaje y el recuerdo de todos para el malogrado Marcos Alonso, precisamente el único suplente de aquel partido que tuvo minutos de juego.
Andoni Zubizarreta sonríe y 'pone cara' cuando tiene que retroceder en el tiempo para explicar cómo vivió el partido en el banquillo. Tenía 22 años. Era su primera convocatoria con la Absoluta, pero 'La Roja' no le era extraña. Había sido ya 12 veces internacional con la Sub-18; una con la Sub-19; 11 con la Sub-21, con la que después sumaría seis partidos más durante los primeros meses de 1984. Preámbulo de su convocatoria para la Eurocopa como tercer portero. No debutó. Compartió habitación de novatos con Emilio Butragueño, que tampoco jugó un minuto.
"Era mi primera convocatoria. Era de los de tocar para creer y sólo cuando marcamos el noveno gol toqué y creí. Veía a Camacho gritando que les podíamos meter 11 y pensé que estaban todos locos"
Internacional"Estaba lesionado Arconada. Buyo, que era entonces el suplente, saltó a titular y como yo estaba en la Sub-21 corrió el escalafón. Llegué a Alcalá de Guadaira y todos mis compañeros decían que podíamos conseguir la clasificación. Fueron 10 días escuchando lo mismo. Yo, que llegaba con las matemáticas hechas, sabía que había que meter 11, y pensaba que estaban locos, pero como era el chaval nuevo tampoco decía nada. La verdad y 40 años después no tengo por qué mentir, hasta que no marcamos el noveno gol no comencé a creer. Llegamos al descanso con 3-1, nos habían marcado encima un gol, habíamos fallado un penalti. Yo venía del Athletic, donde la lógica siempre nos había funcionado muy bien. Era de los de tocar para poder creer. Y a partir del noveno gol, toqué y creí".

Cuando más alucinó con la situación fue antes de comenzar el partido. En el autobús camino del estadio, en los vestuarios. "Veía a Camacho gritando que se les podía meter 11 y pensaba para mí: 'Estos están locos'. No lo decía, pero lo pensaba. A veces los sueños se cumplen sin que tengas convicción en ellos. El algoritmo decía que no, y en el descanso, con 3-1, me descubrí a mí mismo animando a mis compañeros a pesar de que no creía en el sueño de la goleada. No sé qué pasó en el banquillo después del séptimo gol, pero todos nos pusimos a gritar como locos.
Paco Güerri jugaba entonces en el Zaragoza, donde estuvo 11 temporadas (1978-89) antes de retirarse en Las Palmas (88-91) y tenía 24 años. También había pasado por las selecciones inferiores, Sub-21 y Olímpica, antes de debutar ese mismo año, en el mes de octubre, con la 'A'. Su estreno había sido contra Francia (1-1) en un amistoso en París. Después jugó contra Holanda (2-1) en Rotterdam. Esa derrota y la diferencia de goles con los holandeses era la que obligaba a la goleada en el duelo contra Malta. También él tiene que concentrarse para recordar detalles puntuales de lo que sucedió en ese banquillo.
"En un momento del segundo tiempo, un temblor me recorrió todo el cuerpo, desde los pies a la cabeza, nunca me había pasado. Era la emoción de ver que podíamos remontar"
Internacional,"La verdad es que yo lo veía muy difícil. Había otros compañeros más convencidos de la remontada. Y ya, cuando nos marcaron aquel gol, pensé que todo estaba peor, que era imposible. Desde el banquillo nuestra obligación era seguir animando con la misma intensidad que lo habíamos hecho hasta entonces, pero hubo momentos que costaba. Sin embargo, en la segunda parte, según caían los goles, comencé a sentir un algo interior que me subía desde los pies. Fue una sensación que nunca había sentido.Me recorría todo el cuerpo. En ese momento yo no pensaba ni en jugar. Ni me acuerdo si llegué a calentar. Solo queríamos marcar otro y otro... Fue algo tan bonito, tan intenso que no encuentro las palabras. Sí recuerdo que nos dimos bastantes coscorrones con el techo del banquillo porque salíamos todos a la vez y no había sitio para todos. Hubo momentos que se nos escuchaba más a nosotros que al propio Muñoz, que estuvo mucho tiempo de pie".
De las consignas tácticas, ni se acuerda. "Algo nos dijo antes de empezar y en el descanso, pero realmente solo se hablaba de marcar 11 y después 12. La emoción fue tremenda al final. En el campo, en los vestuarios. Al margen del resultado, lo que sí quiero resaltar es que aquella era una buena Selección, como luego demostró en la fase final de la Eurocopa en la que llegamos a la final. Yo no fui y fue un golpe duro porque pensaba que ya estaba dentro del grupo, jugué un tercer partido en febrero y me imaginaba otra vez cerca de Platini, con el que había coincidido mucho en el campo el día de mi debut. No fue un marcaje al hombre como tal, pero sí estuve muy pendiente de él".
José Vicente 'Tente' Sánchez llegó a ese partido del Benito Villamarín con 27 años y 13 partidos jugados ya con la Absoluta, después de un largo recorrido por los Sub-18 (2), Sub-21 (3), Selección B (2) y Selección aficionada (2). Canterano del Barcelona había debutado en Zagreb contra Yugoslavia en 1978, con Kubala de seleccionador. Esa noche le tocó banquillo, la competencia era grande y Muñoz apostó por Señor como lateral derecho para dar un aire más ofensivo al equipo, aunque Sánchez también era más de atacar que de defender. Su máquina del tiempo se pone en marcha.
"Tenía el partido en la cabeza desde que sabía que teníamos que marcar 11 goles. Se lo repetía una y otra vez a los delanteros. Vamos a tener dos mil ocasiones, pero acertad, por favor, acertad"
Internacional"Yo tenía el partido en mi cabeza desde que sabía que teníamos que marcar 11 goles, que luego fueron 12. Se lo decía a los compañeros, ocasiones vamos a tener dos mil, lo que tenemos que hacer es marcarlas. Acertad. Acertad. Aunque al final, por el resultado, no lo pueda parecer, en el momento ese gol de risa que nos metieron nos complicaba mucho el partido. Era sólo uno más, pero nos hizo daño. Aunque suene mal, nos 'cagamos' todos y más en el banquillo que puedes hacer menos. Tuvimos la fortuna de acertar en un momento justo de la segunda parte. De no haber marcados esos cuatro goles seguidos no hubiéramos llegado. Ese día el banquillo fue importante por lo especial que tenía el partido. No nos cabía otra que animar, que gritar, a veces se nos escuchaba más a nosotros que a Muñoz. Nos salíamos fuera... Parecía el camarote de los hermanos Marx. La intensidad era máxima. Mi obsesión era que no nos marcaran otro y hablaba mucho con los dos defensas que se quedaron atrás. Todos éramos entrenadores. Todos sabíamos lo que nuestros compañeros tenían que hacer, pero a veces no lo hacían y nos desesperábamos".
Aquella fue una experiencia única, a pesar de no jugar. "No recuerdo de haber calentado por la banda, pero a lo mejor sí lo hice cuando algún compañero caía al suelo. Aquello era incontrolable. Todos gritábamos a la vez. Solo les pedíamos que remataran, que remataran. Es que ahora se ve muy fácil, pero había que marcar 12 y eso no es fácil sea como sea el rival. Disfruté mucho por mucho que sufriera. De lo que sí nos dimos cuenta es que comenzamos sentados de una manera y acabamos de otra. De hecho, cada vez que volvíamos al banquillo nos sentábamos donde había hueco. Aquello era un foso. A mí cada vez me parecía más pequeño... Pasé momentos de impotencia. Formas parte del equipo, pero ves que no puedes hacer nada, no los puedes ayudar. Ellos, por lo menos, corrían, golpeaban el balón. Yo no participé directamente, pero participé directamente... Se me entiende, ¿no?".
Salvador García Puig, 'Salva', recuerda aquella temporada 83-84 como la mejor de su carrera. Había llegado al Zaragoza cedido por el Barcelona y jugó 42 partidos, entre ellos los seis con la Selección. Tres en la Eurocopa 84, final incluida contra Francia. Con el debut recién estrenado en el amistoso contra Francia del mes anterior, el defensa sufrió el España-Malta en el banquillo. No era un partido para zagueros. Sí para delanteros.
"Me llamó la atención que el árbitro metía prisa a los malteses porque desde el primer minuto perdían tiempo... Con su gol pensé que ya no teníamos nada que hacer".
Internacional"Tengo grabados en mi memoria varias secuencias del partido. Lo primero que me llamó mucho la atención fue que el árbitro, desde el principio, metiera prisa a los malteses que, por otra parte, desde el primer minuto querían perder tiempo. Y luego, el gol de Malta. Fue un remate desde su casa. No sé si tocó en Maceda. Nos mirábamos todos en el banquillo. No sabíamos que decirnos. Se escucharon tacos y hubo unos momentos de desilusión generalizada, en el campo y nosotros en la banda. Muñoz salió pidiendo calma. Yo tenía al lado a Zubi, con el que había jugado un partido con la Sub-21 con Luis Suárez contra Italia... y fue mi compañero de habitación en el Barça. Después ya coincidimos en la convocatoria para la Eurocopa. Lo mejor que tenía aquella Selección era que tenía jugadores de mucho carácter y ellos fueron los que nos arrastraron a todos los demás. El banquillo fue una locura colectiva. Con el séptimo, el octavo... comenzamos a creer porque ya la lógica había desaparecido".
Salva no jugó ni un minuto esa noche, pero celebró el triunfo como el que más. Muñoz le incluyó en la lista de la Eurocopa y las circunstancias en forma de lesiones y sanciones quisieron que terminara siendo titular y hombre clave en el equipo que se metió en la final. "Son las cosas del fútbol. Se lesionó Goiko en el tercer partido del grupo contra Alemania y jugué 65 minutos. Lo pasamos muy mal. No nos metieron cuatro de milagro, bueno por Arconada. Lo primero que pensé es que tenía un embolado por delante, pero nos asentamos. Al final de la primera parte en una de esas arrancadas que yo tenía me planté en el área alemana, hice la pared con el 'Soso' Gallego y me derribo Stielike. El penalti lo erró Carrasco, pero yo me vine arriba. Yo marcaba a Voller y Camacho a Rummenigge... Bueno que me desvió del partido contra Malta, pero es que me pongo a hablar de aquella Eurocopa y no paró. Jugué la semifinal y la final".